Santos Queremón de Nilópolis y muchos compañeros, mártires
fecha: 22 de diciembre
†: c. 250 - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: c. 250 - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Conmemoración de los santos
Queremón, obispo de Nilópolis, y otros muchos mártires en Egipto, que durante
la persecución bajo el emperador Decio, parte de ellos, dándose a la fuga,
erraron por lugares solitarios y sucumbieron, algunos, ante las fieras, otros,
consumidos por el hambre, el frío y la enfermedad, y el resto, finalmente,
exterminados por los bárbaros y los ladrones, y así todos, con muerte distinta,
fueron coronados con la gloria del martirio.
San Dionisio de
Alejandría, casi contemporáneo de los hechos (aunque no murió
mártir, padeció bajo la misma persecución de Decio), en una larga carta a
Fabio, obispo de Antioquía, la llamada «Epístola III», le cuenta diversas
historias martiriales, que dan sobrado ejemplo de esta difícil etapa de nuestra
fe. En el número 9 de esta carta dice lo siguiente:
Por otra parte, otros en grandes
cantidades fueron desgarrados por los paganos a través de ciudades y pueblos.
De uno de estos voy a dar alguna mayor explicación, como ejemplo: Isquirión servía
a un magistrado gentil en cuestiones de administración. Su patrón le ordenó
ofrecer un sacrificio a los dioses, y tras su negativa a hacerlo, lo insultó
gravemente. Y como persistió en su negativa, lo injurió aun más; y como aun se
mantuviera firme, tomó un palo enorme y lo empujó atravesando sus vísceras y
corazón, y lo mató.
¿Mencionaré la multitud de los que debieron vagar en los desiertos y por las montañas, y que fueron cercenados por el hambre y la sed, el frío y la enfermedad, los ladrones y las bestias salvajes? Los sobrevivientes de todo esto son testigos de su elección y su victoria. Una circunstancia, sin embargo, voy a añaddir como ilustración de estos hechos: hubo una persona de edad muy avanzada, de nombre Queremón, obispo del lugar llamado «Ciudad del Nilo» [hoy Dalas en Beni Suef, Egipto. NdT]. Huyó junto con un compañero a las montaña de Arabia, y nunca regresó. Los hermanos no pudieron descubrir nada de ellos, aunque hicieron búsquedas frecuentes; y no sólo no pudieron encontrar a estos hombres, sino tampoco sus cuerpos. Muchos también fueron llevados como esclavos por los bárbaros Sarracenos de las mismas montañas árabes. Algunos de ellos fueron rescatados con dificultad, y sólo mediante el pago de una gran suma de dinero, otros no han sido rescatados hasta hoy.
Y estos hechos los he contado, hermano, no por otro propósito, sino para que sepas cuántos y cuán terribles son los males que han caído sobre nosotros, que los problemas también se entienden mejor si se los ve en aquellos que han tenido más experiencia.
¿Mencionaré la multitud de los que debieron vagar en los desiertos y por las montañas, y que fueron cercenados por el hambre y la sed, el frío y la enfermedad, los ladrones y las bestias salvajes? Los sobrevivientes de todo esto son testigos de su elección y su victoria. Una circunstancia, sin embargo, voy a añaddir como ilustración de estos hechos: hubo una persona de edad muy avanzada, de nombre Queremón, obispo del lugar llamado «Ciudad del Nilo» [hoy Dalas en Beni Suef, Egipto. NdT]. Huyó junto con un compañero a las montaña de Arabia, y nunca regresó. Los hermanos no pudieron descubrir nada de ellos, aunque hicieron búsquedas frecuentes; y no sólo no pudieron encontrar a estos hombres, sino tampoco sus cuerpos. Muchos también fueron llevados como esclavos por los bárbaros Sarracenos de las mismas montañas árabes. Algunos de ellos fueron rescatados con dificultad, y sólo mediante el pago de una gran suma de dinero, otros no han sido rescatados hasta hoy.
Y estos hechos los he contado, hermano, no por otro propósito, sino para que sepas cuántos y cuán terribles son los males que han caído sobre nosotros, que los problemas también se entienden mejor si se los ve en aquellos que han tenido más experiencia.
Ésta es la única mención antigua que
tenemos a los santos mártires celebrados hoy, pero bien puede verse que la
imposibilidad de conocer sus nombres y su número exacto no impide que deban ser
legítimamente honrados por la Iglesia e invocados por todos nosotros, como
aquellos que, en su anonimato, cumplieron hasta el fin el mandato de Cristo de
morir para tener vida, y gozan ahora, en el cielo, de un nombre nuevo mucho más
excelente que el que en este mundo se nos ha perdido.
El texto de la carta es traducción del
inglés de la colección de «Epístolas y fragmentos de epístolas
de san Dionisio», en New Advent. La referencia a san Dionisio
como fuente inmediata de estos mártires la obtuve de Butler, aunque no seguí su
texto, que no incluye la carta. La imagen utilizada es genérica. Aunque el
Martirologio tiene entradas distintas para Isquirión y para Queremón, me
pareció preferible una hagiografía de conjunto, ya que forman parte de la misma
presentación en la carta de Dionisio.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4578
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