San Niniano de Galloway
San Niniano de Galloway, obispo
En Cándida Casa, actual Whitehorn, en la región de Galloway, en Escocia, conmemoración de san Niniano, obispo, bretón de nacimiento, que llevó el pueblo de los pictos a la verdad de la fe, y fundó allí una sede episcopal.
La Iglesia de Escocia y las diócesis inglesas de Hexham y de Lancaster, celebran en este día la fiesta de san Niniano, «el primer personaje auténtico que se pueda encontrar en la sucesión de misioneros escoceses», de quien tenemos informaciones dignas de confianza en un breve párrafo de la «Ecclesiastical History» de Beda: «Los pictos del sur -nos dice el historiador-, que habitan a este lado de las montañas, habían olvidado desde tiempo atrás los errores del paganismo para abrazar la verdad, gracias a las predicaciones de Ninias, un obispo muy venerable y un hombre santo de la nación británica, que había sido instruido en la fe y en los misterios de la verdad en la misma Roma. Su sede episcopal, que lleva el nombre de San Martín el Obispo, y que es famosa por la iglesia dedicada a él (y en la que descansan los restos de Ninias y de otros santos), se encuentra ahora en posesión de la nación inglesa. El lugar pertenece a la provincia de los bernicianos, y a la iglesia se le llama, por lo general, la Casa Blanca, porque Ninias la construyó con una piedra de ese color, poco conocida entre los británicos». San Beda declara, en forma definitiva, que san Niniano era británico y no hay razones para pensar que haya estado siquiera en Irlanda, a pesar de que algunos escritores e historiadores irlandeses le han identificado con Moinenn de Cluain Conaire en el condado de Kildare.
En el siglo doce, san Aelredo nos proporciona nuevos detalles sobre la vida de san Niniano y afirma que tuvo en sus manos «un libro con relatos de su vida y milagros, escrito con un estilo bárbaro». Sin embargo, la biografía que nos dejó Aelredo tampoco es digna de confianza. El autor afirma que san Niniano fue el hijo de un caudillo de los británicos cumbrios, convertido al cristianismo y que envió a su hijo a estudiar a Roma. Allá pasó algunos años, pero antes de regresar a su país para predicar el Evangelio a sus compatriotas fue consagrado obispo por el Papa. En su viaje de regreso, pasó por Tours, donde conoció a san Martín, quien le dispensó su amistad. Ya por entonces, Niniano tenía la intención de construir en su tierra una iglesia de piedra semejante a las que había visto en Roma y, con este propósito, contrató algunos albañiles de los que trabajaban para San Martín. Cuando estuvo en su país, estableció su sede y edificó su iglesia en el lugar que ahora se conoce como Whithorh o Whitern en la región de Wigtownshire. Aquel sitio se hallaba en una lengua de tierra que se metía en el mar y sólo por el norte podía llegarse a él a pie. Ahí fue donde se construyó la primera iglesia de piedra que hubo en Gran Bretaña, según dice el historiador Aelredo. Es posible que aquella famosa iglesia fuese la primera construida en piedra en la región de Strathclyde, pero ciertamente no fue la primera de la Gran Bretaña. Desde un principio se le dio el nombre de Casa Blanca (Whitern); fue el centro de la fundación eclesiástica de Escocia y, hasta hoy, el nombre oficial de la diócesis católica de Galoway, es el de Candida Casa.
La abadía adjunta llegó a ser el Gran Monasterio desde el cual san Niniano y sus monjes partieron a predicar no sólo a los británicos de los alrededores, sino también a los pictos de la antigua provincia romana de Valencia. Es posible que hayan penetrado incluso más allá de Grampians, hasta donde habitaban los pictos del norte. La misión de los monjes entre los pictos tuvo éxito gracias a que san Niniano devolvió la vista a un caudillo local ciego. al que convirtió después. Gran número de británicos y de pictos recibieron el bautismo, y Niniano consagró obispos para que atendieran a los fieles. San Aelredo relata muchos milagros por los cuales san Niniano confirmaba la autenticidad de su mensaje. Gracias a la fundación de Whitern, fue considerable el efecto que ejerció san Niniano en el cristianismo de los celtas; en cambio, su éxito entre los pictos fue menor y de muy corta duración, puesto que san Patricio, en su carta a Coroticus se refiere a ellos como apóstatas. De todas maneras, se puede decir que abrió camino para las actividades de san Colomba y san Kentigern, y aun se ha sugerido que contribuyó al establecimiento de la fe en Gales, al convertir a los miembros de la familia Cunedda, quienes procedían posiblemente del distrito de Kyle, en Ayrshire.
Las notas de C. Plummer en su edición de la Ecclesiastical History de Beda (vol. II, pp. 128-130) nos dicen todo lo que se sabe sobre san Niniano. Sin embargo, debe consultarse a A. P. Forbes, en Lives of St. Ninian and St. Kentigern (1874); a L. Gougaud, en Christianity in Celtic Lands (1932) pp. 26.27; a J. Ryan, en lrish Monasticism (1931) pp. 105-107; y a W. D. Simpson, en St. Ninian and the Origins of the Christian Church in Scotland (1940). La declaración de Aelredo de que Niniano dedicó su iglesia de Whithorn a San Martín, no puede ser cierta en una fecha tan próxima a la muerte de san Martín.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
San Prisco de Nocera | |
En Nocera, en la Campania, san Prisco, obispo y mártir, a quien san Paulino de Nola dedicó loas poéticas.
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Santa Edita de Wilton
Santa Edita, virgen
En Wilton, en Inglaterra, santa Edita, virgen, hija del rey de los anglos, que desde su más temprana edad se consagró a Dios en un monasterio, ignorando, más que abandonando, el mundo.
Edita era la hija del rey Edgardo y de Wulfrida (a veces, llamada santa), venida al mundo en circunstancias oscuras y aun extremadamente escandalosas. Poco después de haber nacido en la localidad de Kemsing, en Kent, en el año de 962, según refiere la tradición, fue llevada por su madre a la abadía de Wilton, donde quedó hasta su muerte, de manera que las palabras del Martirologio Romano son literalmente ciertas: «... desde su más temprana edad se consagró a Dios en un monasterio, ignorando, más que abandonando, el mundo.»
Aún no cumplía quince años, cuando su real padre la visitó en Wilton para asistir a su profesión. En aquella ocasión, el rey hizo que se pusiera ante el altar una carpeta con oro, plata, ornamentos y joyas, para mostrar lo que perdía su hija, mientras Wulfrida se hallaba de pie al lado de la carpeta con un velo de monja, un salterio, un cáliz y una patena. «Todos rogaban a Dios, que conoce todas las cosas, un signo claro para demostrar a una joven doncella de tan poca edad y experiencia, la clase de vida que debía escoger». Es posible que Edgardo orase para que su hija eligiera el mundo y las riquezas, puesto que trató de adelantarse a su decisión y, antes de que Edita tomara uno u otro partido, le ofreció el puesto de abadesa en tres casas distintas (Winchester, Barking y otra), aunque evidentemente no tenía edad suficiente para gobernarlas más que de nombre. Pero de todas maneras, Edita declinó aceptar los bienes, las dignidades y los superioratos para quedarse en la co munidad de Wilton, sujeta a su madre, Wulfrida, que era la abadesa. Al poco tiempo, las monjas insistieron para que Edita aceptara el título honorario de abadesa, y así lo hizo la joven, «aunque continuó como antes al servicio de sus hermanas en los oficios más arduos, como una verdadera Marta». Al poco tiempo murió el rey Edgardo y le sucedió su hijo, Eduardo el mártir. A raíz de la trágica muerte de éste último, la nobleza, adicta al monarca asesinado, pidió que Edita, su media-hermana, dejara el monasterio para ocupar el trono; pero ella se negó rotundamente y, a las perspectivas de la corona, prefirió el estado de humildad y obediencia en el servicio de Dios.
Edita construyó la iglesia de San Dionisio, en Wilton y, a la ceremonia de dedicación de la misma, invitó a san Dunstano, el arzobispo de Canterbury. Los fieles observaron que, al oficiar la misa, el prelado derramó abundantes lágrimas y, al preguntársele las razones de su llanto, dijo que se le había revelado que Edita iba a ser arrebatada pronto de este mundo, «mientras nosotros -agregó- tendremos que continuar aquí abajo, en la oscuridad y a la sombra de la muerte». De acuerdo con la predicción de san Dunstano, cuarenta y tres días después de la solemne ceremonia, el 16 de septiembre de 984, Edita se fue a descansar en el Señor, cuando no tenía más de veintidós años de edad. Hay una tierna fábula donde se relata que santa Edita se apareció poco después de su muerte, cuando se bautizaba a un recién nacido del que ella se había comprometido a ser la madrina; la aparición de Edita sostuvo a la criatura sobre la pila bautismal. También se apareció, aunque esta segunda vez llena de santa indignación, ante el rey Canuto, que había tenido la temeridad de poner en tela de juicio algunas de las maravillas que se relataban sobre la bienaventurada Edita.
Las autoridades en la materia son Guillermo de Malmesbury, Simeón de Durham y Capgrave; pero conviene consultar también la Analecta Bollandiana, vol. LVI (1938), pp. 5-101 y 265-309, dónde Dom A. Wilmart incluye y comenta la leyenda en prosa y verso, escrita por Goscelin (y dedicada a Lanfranco de Canterbury), que fue tomada del MS. de Rawlinson, en la Bodleiana, leyenda ésta que resulta muy distinta a la versión abreviada que se imprimió en el Acta Sanctorum, sept. vol. V, p. 369.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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