jueves, 10 de septiembre de 2015

Santos Nemesiano y Dativo - San Autberto de Avranches - Beato Oglerio de Vercelli 10092015

Santos Nemesiano y Dativo

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Santos Nemesiano, Félix, Lucio, otro Félix, Liteo, Poliano, Víctor, Jaderes y Dativo, mártires
Conmemoración de los santos Nemesiano y compañeros Félix, Lucio, otro Félix, Liteo, Poliano, Víctor, Jaderes y Dativo, todos los cuales, como obispos, presbíteros y diáconos, en la violenta persecución que se levantó en Africa siendo emperadores Valeriano y Galieno, fueron apaleados por confesar a Cristo y después, atados con grilletes, llevados a cavar en minas de metal, donde, entretanto, recibían cartas exhortativas de san Cipriano para que se mantuvieran firmes en los preceptos del Señor y soportaran las cadenas del suplicio.
Durante el primer año, en el curso de la octava persecución general contra los cristianos, en 257, bajo el reinado de Valeriano, san Cipriano, obispo de Cartago, fue desterrado a Curubis por el procónsul romano en África. Al mismo tiempo, el gobernador de Numidia procedió con severidad Durante el primer año, en el curso de la octava persecución general contra los cristianos, en 257, bajo el reinado de Valeriano, san Cipriano, obispo de Cartago, fue desterrado a Curubis por el procónsul romano en África. Al mismo tiempo, el gobernador de Numidia procedió con severidad primero y luego con crueldad, contra los cristianos; a muchos los sometió a la tortura y después a una muerte espantosa, a otros los mandó a trabajar en las minas de sal y de azufre, lo que equivalía a lo mismo, pero con mayor lentitud. De entre aquel ejército de santos, el gobernador hacía comparecer periódicamente ante él a uno u otro para someterlo de nuevo a los tormentos y matarlo con indescriptible brutalidad, mientras el resto continuaba en el martirio del hambre, la desnudez, la suciedad, el agotamiento por las penurias y el duro trabajo, las diarias golpizas, los azotes, los palos y los insultos.

Desde su destierro, san Cipriano escribía a aquellos cristianos que sufrían por su fe, para consolarlos y alentarlos. Aquéllos a quienes iban dirigidas las nobles misivas, expresaron su agradecimiento a san Cipriano por intermedio de su jefe, el obispo Nemesiano. Le decían que sus epístolas les aliviaban el dolor de los golpes y endulzaban las amarguras de sus sufrimientos, les inmunizaban contra la hediondez, la suciedad y la prisión. Le aseguraban que él mismo, por haber confesado gloriosamente la fe en el tribunal del procónsul y por haber sufrido antes que ellos en el destierro, había animado a todos los soldados de Dios para servirlo. Para terminar, le pedían sus oraciones y le decían: «Ayudémonos unos a otros con nuestras plegarias a fin de que Dios y su Hijo Jesucristo y todo el coro de los ángeles nos den su ayuda cuando mayor necesidad tengamos de ella». Ese glorioso conjunto de mártires es el que conmemora en el día de hoy el Martirologio Romano; hubo varios obispos, pero también sufrieron, como lo dice san Cipriano, sacerdotes, diáconos y clérigos menores, así como laicos de todas las edades y condiciones. Algunos fueron ejecutados deliberadamente, unos pocos sobrevivieron y la enorme mayoría murió en las minas por los malos tratos, las penurias, el hambre, la sed, la fatiga y las enfermedades causadas por el cautiverio.

El Butler-Guinea señala que la fecha en la que están inscritos es objeto de debate, y se inclina por considerarla una fecha incorrecta, que provino de una confusión con un grupo de mártires de Alejandría de nombres semejantes; sin embargo la revisión del Martirologio Romano ha preferido mantener la misma. El texto de san Cipriano, con comentarios, se reproduce en el Acta Sanctorum, sept., vol. III.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI




San Autberto de Avranches

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San Autberto de Avranches, obispo
En Avranches, de Neustria, san Autberto, obispo, promotor del culto a san Miguel Arcángel en el monte Tumba.
Nada definido se sabe sobre este santo, fuera de que fundó la famosa iglesia de Mont-Saint-Michel a principios del siglo octavo. Una tradición dice que el arcángel san Miguel se apareció a san Auberto para pedirle que construyese una iglesia en un islote llamado Rocher de la Tombe, a la orilla de la costa, en el territorio de su diócesis. El obispo se comprometió a hacer lo que se le pedía, pero la empresa se presentó tan llena de dificultades, que pasaba el tiempo sin que se iniciara. Fue necesario que el arcángel se apareciese dos veces más y que reprendiese al obispo por su falta de energía para que san Auberto comenzara a trabajar en serio, y tanto fue así que, en un tiempo relativamente corto, terminó la construcción. En el año 709, la iglesia, casi terminada, se dedicó a San Miguel, para que el arcángel cuidase a todos los que estuvieran en peligro en el mar y se confió al cuidado de un capítulo de canónigos. Estos fueron reemplazados, posteriormente, por los monjes benedictinos. El aniversario tradicional de la dedicación de la iglesia se celebra el 16 de octubre con una fiesta en Mont-Saint-Michel en la diócesis de Coutances y en la abadía de Saint Michael, en Farnborough.

Acta Sanctorum, el 18 de junio, vol. III. Ver también a Motet en Mém. Societé arch. d'Avranches (1847), pp. 28 y ss.; a C. Claireux, en Les reliques de S. Aubert (1909).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



Beato Oglerio de Vercelli

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En el monasterio de Locedio, en Vercelli, del Piamonte, beato Oglerio, abad de la Orden Cisterciense.






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