Beato Jacinto Cormier, religioso presbítero
fecha: 17 de diciembre
n.: 1832 - †: 1916 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 20 nov 1994
n.: 1832 - †: 1916 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 20 nov 1994
Elogio: En Roma, en Santa Sabina del
Aventino, beato Jacinto (Enrique) Cormier, presbítero, el cual, siendo maestro
general, gobernó prudentemente la Orden de Predicadores, fomentando los
estudios teológicos y espirituales.
Enrique Cormier nació en Orleáns (Francia)
el 8 de diciembre de 1832. Ingresó en la Orden de Predicadores y se ordenó
siendo tan joven que el obispo Dupanloup tuvo que pedir a la Santa Sede
dispensa por motivos de edad y aducía como razón «la especial devoción del
ordenando». A los pocos días el joven sacerdote se despidió de los suyos y se
dirigió al noviciado dominicano de Flavigny. Tomó el hábito de Santo Domingo y
desde entonces su nombre sería Jacinto María.
Aunque los biógrafos no se detienen en
esta decisión del beato Cormier de ingresar a la Orden de Predicadores
habiéndose ordenado ya, cabe aquí preguntarnos qué fue realmente lo que sedujo
a este joven francés en aquel tiempo para que quisiese tomar el hábito
dominicano. Sin embargo, de acuerdo con lo que los biógrafos han escrito acerca
de Jacinto, parece que el seguimiento de Jesucristo bajo el estilo de vida y
proyecto de santo Domingo de Guzmán fue lo que ayudó para que el joven Jacinto
pidiera su ingreso en la comunidad dominicana.
Tenía un exquisito sentido de la urbanidad
y de la caridad fraterna. Fue amante de la pobreza, sincero en la humildad,
penitente, y amante del silencio; pues en realidad fue un hombre de profunda
vida interior y espiritual. Propagó el conocimiento y la veneración a los
santos de la Orden.
Parece ser que el beato Cormier seguirá en
este ánimo de oración durante todo el resto de su vida dentro de la comunidad
dominicana; y esto se puede deducir sin muchas dudas debido a su forma de vivir
el carisma dominicano, y más aun, su interés para que todos siguieran el ideal
del padre fundador de la Orden de Predicadores, santo Domingo de Guzmán, pues
esto muy bien lo expresa en la carta que redactó él mismo al ser elegido
maestro de la Orden de Predicadores en 1904, y de la cual vale la pena extraer
uno de sus párrafos en donde escribe:
«Con el mismo ánimo y con el mismo lema que Pío X se fijó desde el inicio de su pontificado -recapitular en Cristo todas las cosas (Ef 1,10)-, del mismo modo, nada desearíamos más que recapitular en Domingo todas nuestras cosas. Así, ha de estar vigoroso en nosotros y hemos de propagar aquel mismo espíritu de oración, de penitencia, de humildad, de pobreza, de obediencia, de compasión hacia el prójimo y de ardiente celo por defender la fe, que sobresalía en el santísimo Patriarca.»
«Con el mismo ánimo y con el mismo lema que Pío X se fijó desde el inicio de su pontificado -recapitular en Cristo todas las cosas (Ef 1,10)-, del mismo modo, nada desearíamos más que recapitular en Domingo todas nuestras cosas. Así, ha de estar vigoroso en nosotros y hemos de propagar aquel mismo espíritu de oración, de penitencia, de humildad, de pobreza, de obediencia, de compasión hacia el prójimo y de ardiente celo por defender la fe, que sobresalía en el santísimo Patriarca.»
De esta forma, nos damos cuenta que toda
la vida del beato Cormier estuvo impregnada de gran oración, que se dirigía
fervientemente a Cristo, y a santo Domingo de Guzmán, pero siempre en los
brazos de la santa Madre de nuestro Salvador Jesucristo, ante la cual ya en sus
momentos de intensa enfermedad y que ni siquiera podía celebrar la Eucaristía
-aunque fuese sentado-, lo único que le quedaba era pedir por lo menos que le
ayudasen entonando la «Salve Regina», pues sabía muy bien a quien era que le
estaba confiando todo su reposo y su descanso; Jacinto sabía perfectamente que
había sido la Madre de Dios a quien se le había otorgado el cuidado de todos y
cada uno de los frailes de la Orden de Domingo de Guzmán, lo que él mismo tendrá
presente durante toda su vida y por lo cual es que no dejará pasar un solo día
en el que no contemple los misterios de Cristo en el Santo Rosario.
Su norma fue evitar todo tipo de
sectarismo en la Orden a la vez que impulsó el respeto de las individualidades
y de las libertades. Falleció el 17 de diciembre de 1916 y está enterrado en el
Convento Angelicum de Roma. Fue beatificado por Juan Pablo II el 20 de
noviembre de 1994.
Escrito por Fray Andrés Felipe Rivera
Gómez , O.P., y tomado -con muy escasos cambios- del web de la Pcia.
Dominica de San Luis Beltrán, en Colombia.
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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calendario
anterior: 16 de diciembre
can.: culto local
país: Francia - †: c. 650
can.: culto local
país: Francia - †: c. 650
En la Bretaña Menor,
san Judicael, que procuró con gran esmero la concordia entre los bretones y los
francos, y, tras abdicar de su realeza, se dice que vivió en el monasterio de
Saint-Méen.
can.: culto local
país: Italia - †: s. X
formas del nombre: Cristóforo de Collesano
país: Italia - †: s. X
formas del nombre: Cristóforo de Collesano
En las estribaciones
del monte Mercurio, en la Lucania, san Cristóbal de Collesano, monje, que junto
con toda su familia trabajó para extender la vida monástica.
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