San Venancio
Fortunato, obispo
fecha: 14 de diciembre
n.: c. 535 - †: c. 610 - país: Francia
canonización: culto local
hagiografía: Abel Della Costa
n.: c. 535 - †: c. 610 - país: Francia
canonización: culto local
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En Poitiers, de Aquitania, san Venancio Fortunato, obispo, que
escribió las gestas de muchos santos y con elegantes himnos honró la santa
Cruz.
Patronazgos: patrono de cocineros, pasteleros y gastrónomos.
Una
enfermedad de los ojos cambió su vida. Nació en tiempos del reinado de los
godos (siendo regidora Amalasunta, hija de Teodorico, en nombre de su hijo
Atalarico, menor de edad); y fue a estudiar «al extranjero», lo que en ese
momento significaba a Rávena, capital del imperio bizantino en Italia, uno de
los principales focos culturales de Europa. Estudió gramática y retórica, y
aquí ocurre el episodio de su enfermedad de ojos y la posterior curación, que
Venancio atribuye a la intercesión de san Martín de Tours: por lo tanto decide
ir a dar gracias a su tumba en la Galia. Una peregrinación de la que no
volverá.
Ya en
el camino fue bien recibido, en las sucesivas paradas, por familias nobles,
ganadas por sus poemas en latín, que todos juzgan sublimes. En verdad -de lo
que se conserva-, no siempre es así, pero entre el gran analfabetismo de la
época, su cultura sorprende y encanta. Al llegar a Tours, reza ante la tumba de
san Martín (a quien dedicará un poema) y luego sigue hasta Poitiers. Allí
conoce a una persona excepcional, no tanto porque es una reina, sino porque se
encuentra atrapada en medio de reyes y príncipes que no saben leer. Es santa Radegunda princesa triste de Turingia, casada a
la fuerza con Clotario I, rey de Neustria (noroeste de Francia), a quien dejó
luego de que el rey asesinara a uno de los hermanos de ella. En Poitiers, junto
con su hija adoptiva santa Inés de Poitiers, fundó y dirige un
monasterio. El encuentro con estas mujeres da una nueva orientación a la vida
de Venancio, admirado por las dos a causa de su poesía, y a la vez atraído él
por la forma en que aquellas santas viven su fe.
Es
ordenado sacerdote, toma la dirección espiritual del monasterio, y continúa
escribiendo. Los temas dominantes de su poesía religiosa son. el culto de la
Cruz, la piedad mariana, el sentido de la muerte, y la guía espiritual de los
fieles. Tiene un buen conocimiento de los Evangelios, de los Salmos, de Isaías
y de algunos Padres de la Iglesia, así como de numerosos autores latinos no
cristianos. Su himno «Vexilla Regis prodeunt», en honor de la Cruz, se canta
aun ahora en Semana Santa (en el breviario latino), y también otros se incluyeron
en el Breviario. En latín también compuso la vida de siete santos de la Galia,
incluida la de Radegunda, muerta en 587.
Hacia
el 600 es consagrado obispo de Poitiers, se convirtió en una figura eminente en
la Galia, desgarrada por las guerras entre reinos y las masacres de familia. Su
obra como poeta cristiano está inspirada por una sincera piedad y la ternura
que anima a algunos de sus versos, testimonio poco común de humanidad y fe en
unos tiempos de barbarie. Venancio muere un 14 de diciembre, entre el 605 y el
610, y pronto se lo venera como santo: «santo y beato» lo proclama la
inscripción de su tumba en la catedral de Poitiers, compuesta hacia el 785 por
Pablo el Diácono, historiador de los lombardos, invocando su intercesión.
Himno «Vexilla
regis prodeunt»
|
Vexílla regis
pródeunt,
fulget crucis mystérium, quo carne carnis cónditor suspénsus est patíbulo; |
Los estandartes
del Rey aparecen,
brilla el misterio de la Cruz: en carne el creador de la carne cuelga de un patíbulo; |
|
Quo, vulnerátus
ínsuper
mucróne diro lánceæ, ut nos laváret crímine, manávit unda et sánguine. |
Donde, además
lastimado
por la terrible punta de una lanza para lavarnos del crimen manó sangre y agua. |
|
Arbor decóra et
fúlgida,
ornáta regis púrpura, elécta digno stípite tam sancta membra tángere! |
¡Árbol precioso y
brillante,
adornado por púrpura real elegido de digno tronco para tocar tan santos miembros! |
|
Beáta, cuius
brácchiis
sæcli pepéndit prétium; statéra facta est córporis prædam tulítque tártari. |
Feliz tú, en
cuyos brazos
colgó el precio del mundo (hecho báscula del cuerpo), y arrebató al infierno su presa. |
|
Salve, ara,
salve, víctima,
de passiónis glória, qua Vita mortem pértulit et morte vitam réddidit! |
¡Salve altar,
salve víctima
por la gloria de la pasión en quien la Vida es llevada a la muerte y con la muerte regresa vida! |
|
O crux, ave, spes
única!
hoc passiónis témpore piis adáuge grátiam reísque dele crímina. |
¡Oh Cruz, salve,
esperanza única
en este tiempo de pasión! aumenta en los justos la gracia, y limpia a los reos sus crímenes |
|
Te, fons salútis,
Trínitas,
colláudet omnis spíritus; quos per crucis mystérium salvas, fove per sæcula. Amen. |
Y a ti, Trinidad,
fuente de salvación,
te alabe juntamente todo espíritu; a quienes por el misterio de la cruz salvas, protégelos por siempre. Amén. |
El
artículo fue traducido para ETF, con escasas adaptaciones, del original
italiano de Domenico Agasso en Famiglia Cristiana, que se reproduce en Santi e
beati; el himno fue traducido por Abel Della Costa a partir de la versión del
breviario latino (hay variantes del mismo en otras recensiones); el patronazgo
sobre pasteleros y gastrónomos proviene de unos poemas ("Hinc me
deliciis") dedicados al gusto que le produjeron unas glosinas que le
cocinaron Inés y Radegunda, y a quienes agradece en ellos; en este web puede leerse los poemas en latín
traducidos al ingles; el dato de este patronazgo -que no aparece en los sitios
que usamos habitualmente para verificar patronazgos- lo hemos tomado de Misa
Tridentina, que lamentablemente no cita en este caso su fuente. Una vida mucho
más detallada, con abundante mención de fuentes, e introducción a los escritos,
puede leerse en Di Berardino, Patrología, BAC, tomo IV, pág. 394-420. De
la amplísima bibliografía allí mencionada extraemos: para la edición de las
obras, Leo y Krusch, en Monumenta Germaniae Historica, Auctores antiquissimi,
vol. IV (1 y 2); acerca del culto del santo, B. de Gaiffier, en Analecta
Bollandiana, vol. LXX (1952), pp. 262-284.
Abel Della Costa
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modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de
santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta
ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y
servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar
esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el
siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4516
Beato Buenaventura Bonaccorsi, religioso presbítero
fecha: 14 de diciembre
n.: c. 1240 - †: c. 1315 - país: Italia
otras formas del nombre: Buenaventura de Pistoia
canonización: Conf. Culto: Pío VIII 23 abr 1822
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 1240 - †: c. 1315 - país: Italia
otras formas del nombre: Buenaventura de Pistoia
canonización: Conf. Culto: Pío VIII 23 abr 1822
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Orvieto, de la Toscana, beato
Buenaventura Bonaccorsi, presbítero de la Orden de los Siervos de María, el
cual, conmovido por la predicación de san Felipe Benizi, le ayudó a pacificar
las facciones en las ciudades de Italia.
En 1276, san Felipe
Benizi fue a Pistoia a presidir el capítulo general de los
servitas y aprovechó la oportunidad para predicar al pueblo, que estaba muy
dividido. Entre sus oyentes había un hombre de unos treinta y seis años,
perteciente a la noble familia Buonaccorsi, que era el jefe de los gibelinos y,
en materia de piedad, era un caso desesperado. El hombre, que se llamaba
Buenaventura, quedó tan conmovido de la exhortación que hizo el santo por la
paz y concordia, que fue a verle y se acusó de ser uno de los principales
causantes del desorden, la miseria y la injusticia que reinaban. Su
arrepentimiento era tan profundo, que pidió la admisión en la orden de los
servitas. San Felipe, que naturalmente desconfiaba un poco de aquella
conversión tan súbita, le probó imponiéndole una penitencia pública. En efecto,
Buenaventura debía reparar todos sus excesos y pedir perdón personalmente a
todos aquéllos a quienes había hecho daño. Buenaventura se sometió de buen
grado a aquella penitencia y la ejecutó puntualmente. Entonces, San Felipe le
llevó consigo a Monte Senario para que hiciese el noviciado en la casa madre de
la Orden. Buenaventura perseveró en su buen propósito. Después de su profesión,
fue el compañero de viajes de san Felipe y recibió la ordenación sacerdotal.
Durante los años siguientes, acompañó constantemente al prior general, quien,
junto con el legado pontificio, que era el cardenal Latino, trató de
restablecer la paz en Bolonia, Florencia y otras ciudades en las que reinaba la
división. Naturalmente, las gentes quedaban muy impresionadas cuando veían al
antiguo gibelino en hábito de mendicante, predicando el amor fraternal.
En 1282, el beato Buenaventura fue
nombrado superior de Orvieto. Cuando murió san Felipe, el sucesor de éste, que
fue el P. Lottaringo, le llamó a su lado. Más tarde, el beato fue nombrado
predicador apostólico para que misionase en toda Italia y lo hizo con gran
fruto de las almas. En 1303, fue elegido por segunda vez superior de
Montepulciano y ayudó a santa Inés a
fundar una comunidad de religiosas de Santo Domingo, de las que fue director
espiritual. De allí pasó a Pistoia, su ciudad natal, que estaba desgarrada por
la guerra civil y amenazada por los florentinos. El beato hizo cuanto pudo por
renovar en el pueblo la conciencia de sus responsabilidades cristianas, sobre
todo, mediante la creación de cofradías y la difusión de la tercera orden de
los servitas, y predicó incansablemente la paz y la unión. Murió en Orvieto, el
14 de diciembre de 1315 y fue sepultado en la capilla de Nuestra Señora de los
Dolores de la iglesia de los servitas. Así le mostró el pueblo la veneración
que le profesaba. Desde antes de morir, se le llamaba en Orvieto «il Beato», y
se le atribuyeron milagros antes y después de su muerte. Su culto fue
confirmado en 1822.
A lo que parece, no existe ninguna
biografía medieval del beato; pero Poccianti, en su Chronicon (1567), refiere
los principales datos de su vida. En ese documento se basa A. Giani, Annales
Ordinis Servorum, vol. I, pp. 118 ss. y passim. Véase también Sporr,
Lebensbilder aus dem Servitenorden (1892), p. 621; y los primeros volúmenes de
Monumenta Ordinis Servorum B.M.V., publicados a partir de 1892.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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