jueves, 23 de julio de 2015

San Valeriano de Cimiez - Beata Juana de Orvieto - Beata Margarita María López - Beato Basilio Hopko 23072015


San Valeriano de Cimiez

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En Cimiez, también en la Provenza, san Valeriano, obispo, que, elevado del monasterio de Lérins al episcopado, puso por escrito ejemplos de la vida de varios santos para edificación de los monjes y del pueblo en general.


Beata Juana de Orvieto

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Beata Juana de Orvieto, virgen
En Orvieto, ciudad de la Toscana, beata Juana, virgen, terciaria dominica, ilustre por su caridad y su paciencia.
Juana era una campesina de la Carnaiola. En Orvieto se la llama todavía Vanna, como lo hacían sus familiares. Como quedase huérfana a los cinco años, sus compañeras de juego trataron de asustarla diciéndole que no tenía a nadie que mirase por ella y que moriría de hambre. Pero la niña respondió sin intimidarse: «Yo tengo un padre mejor que el vuestro». Sus compañeras le preguntaron qué significaba eso y Juana las condujó a la iglesia y les mostró una imagen del ángel de la guarda: «Él velará por mí». Su confianza no se vio frustrada, ya que fue adoptada por una familia de Orvieto, la cual se encargó de educarla y de arreglarle un matrimonio. Pero Juana tenía proyectos diferentes. Así, pues, se refugió en casa de una amiga e ingresó en la tercera orden de Santo Domingo.

A partir de ese momento, se consagró enteramente al servicio de Dios y de los pobres. Según cuenta la tradición, Juana se mostraba particularmente bondadosa con quienes la molestaban y hacía penitencia por ellos; ese era el motivo por el que se decía en Orvieto que si se deseaba que la beata orase por alguien, éste no tenía más que molestarla. Se dice que el cielo concedió a Juana numerosos éxtasis y gracias extraordinarias. El beato Santiago de Mevania, quien se hallaba entonces en el convento de los dominicos de Orvieto, fue su director espiritual durante varios años. Según una leyenda, Juana se confesó con él en Orvieto cuando el cadáver del beato se hallaba tendido en Bevagna. Juana predijo varios de los milagros que iban a ocurrir después de su muerte, pero hizo cuanto pudo por esconder las gracias extraordinarias que el cielo le había concedido. Lo que no podía ocultar en forma alguna era su despego del mundo, su humildad y su mansedumbre. La beata profesó siempre particular devoción a los ángeles. Murió asistida por ellos, el 23 de julio de 1306. Su culto fue aprobado en 1754.

La principal fuente sobre la beata es la biografía latina escrita por Jacobo Scalza; fue editada por primera vez en 1853; más tarde, fue reeditada en italiano por L. Fumi y L. Passarini. Véase también Procter, Dominican Saints; y M. C. Ganay, Les bienheureuses Dominicaines (1913).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI




Beata Margarita María López

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Beata Margarita María López de Maturana, virgen y fundadora
En Bérriz, España, beata Margarita María López de Maturana, virgen, fundadora del instituto de Mercedarias Misioneras de Bérriz.
Nació en Bilbao (España) el 25 de julio de 1884. Fue bautizada con el nombre de Pilar. Mantuvo toda la vida una relación afectiva y espiritual muy intensa con su hermana gemela Leonor. Siendo adolescente, su madre, intentando alejarla de una amistad prematura con un joven marino, decidió llevarla al colegio internado de las religiosas Mercedarias en Bérriz. Allí sintió la llamada de Dios a una consagración total como religiosa misionera.

A los 19 años, el 10 de agosto de 1903 ingresó en la Congregación, tomando el nombre de Margarita María. Pocos días antes su hermana Leonor había ingresado en el noviciado de las Carmelitas de la Caridad, de Vitoria (murió misionera en Argentina, y su causa de beatificación está incoada). Desde el primer momento se entregó a Dios con una fidelidad total en su vida de monja de clausura. En 1906 comenzó a trabajar en el colegio, donde estuvo más de veinte años. Son dos las principales características que la distinguen: su afición a la oración y su caridad exquisita. En ellas su vocación mercedaria, de redención de cautivos, se fue ampliando y actualizando.

Es en esa vida de oración constante, fiel, en su intimidad con el Señor, donde su caridad, su vocación mercedaria de redención de cautivos se fue ampliando y alcanzando nuevos y más amplios horizontes. Fue ahondando en el deseo de hacer llegar al mundo entero la dicha que ella gozaba en la comunicación con Dios y el amor a Jesucristo que sentía crecer más y más en su interior. El 5 de mayo de 1912 escribía: «Yo no deseo más que darle a conocer a los que me ha encomendado, que es el mundo entero». Desde entonces sus ansias de llegar a abarcar el mundo entero se fueron dilatando, primero en la oración y luego en su trabajo con las alumnas del colegio anexo al monasterio. Compartió sus inquietudes con la comendadora del monasterio, María Nieves Urízar y entusiasmó con ellas a la comunidad entera.

En el año 1913 comenta que le gusta pedir por los misioneros. Poco a poco, por diversas circunstancias, fue conociendo a algunos y mantuvo con ellos una comunicación frecuente. Estas cartas, cargadas con abundantes experiencias misioneras, fueron sembrando en su tierra, bien abonada, una semilla que fructificó en realidades insospechadas en aquel entonces convento de clausura. Eran los años del despertar misionero en España. En el colegio inició, en el año 1920, una asociación «Juventud Mercedaria Misionera de Bérriz» y a través de ella formó en el espíritu misionero a varias generaciones de jóvenes que, como religiosas o como esposas, supieron vivir el ideal misionero allí donde Dios las iba llamando.

Todo este movimiento misional no podía quedar encerrado en el interior de un monasterio de clausura. La respuesta a los signos de los tiempos pedía algo más. El Espíritu inspiraba con fuerza y las monjas, impulsadas por él, abrieron las rejas del convento y se dispersaron en el lejano Oriente. China, las islas de Oceanía (Saipán y Ponapé) y Japón, supieron de su audacia misionera. Eran fundaciones vinculadas a la casa madre y en las que el fuego misionero iba creciendo más y más, con el contacto, preocupación y ayuda a aquellas primeras misioneras.

Margarita María, elegida comendadora del convento, acompañó personalmente, en 1928, a la tercera expedición, para ver de cerca las misiones y hacerse cargo de las exigencias apostólicas de la nueva vida misionera, con la mirada puesta en transformar el convento en instituto misionero. Tal transformación tuvo lugar en 1930, por petición de las 94 monjas, petición sellada con un sí unánime en votación secreta, como lo pedía Roma. Este fue el gran anhelo de Margarita María: la formación del instituto de Mercedarias Misioneras de Bérriz, que pudiera llevar la buena nueva de la Redención y liberación hasta el fin del mundo, viviendo el cuarto voto redentor de permanecer en la misión cuando hubiere peligro de perder la vida. Y a este instituto dejó en herencia una rica espiritualidad, que alcanzó su cumbre en los últimos años de su vida, en una experiencia contemplativa y gozosa de Cristo redentor:
«El conocimiento de Jesucristo me absorbe y llena de gozo. Todo parece que contribuye, de un tiempo a esta parte, a esclarecer el misterio de la redención con todas sus derivaciones para mi alma y la Iglesia. Y es un gozo nuevo, cumplido, profundo, que me hace sentirme como radicada en una verdad profunda que da estabilidad a todo mi ser... Todo tiende alegremente a afirmarse en Dios Padre amorosísimo, que por su voluntad libérrima nos envía a su Hijo a redimirnos y a hacernos, por él, hijos suyos adoptivos...» (diciembre de 1933).

Murió el 23 de julio de 1934, dos días antes de cumplir 50 años. Fue beatificada el 22 de octubre de 2006 en Bilbao, España.
fuente: Vaticano



Beato Basilio Hopko

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Beato Basilio Hopko, obispo y mártir
En la ciudad de Presov, en Eslovaquia, beato Basilio Hopko, obispo auxiliar de esta eparquía y mártir, que en tiempo de un régimen contrario a Cristo y a la Iglesia, fue encarcelado por haber vuelto a su ministerio de servicio a los fieles de rito bizantino y, soportando crueles tratos, contrajo una cruel y larga enfermedad que le acompañó hasta la muerte, obteniendo así la palma de la victoria.
Nació el 21 de abril de 1904 en Hrabské, pequeña localidad de la provincia de Bardejov (Eslovaquia). Sus padres eran campesinos pobres. Tuvo una infancia difícil: en 1905 su padre, de sólo veintiocho años, murió; a causa de la pobreza, su madre se trasladó a Estados Unidos para trabajar. Basilio quedó encomendado primero a su abuelo y, desde los siete años, a uno de sus tíos maternos, sacerdote greco-católico.

En 1923 entró en el seminario de Presov. Realizó sus estudios teológicos en la Academia teológica greco-católica de esa ciudad. Antes de concluir los estudios, su madre le mandó dinero para que se fuera con ella a Estados Unidos, esperando que se ordenara sacerdote en la eparquía greco-católica de Pittsburgh, pero Basilio enfermó y tuvo que ser operado en Kosice. Para pagar a los médicos empleó el dinero que le había enviado su madre. «Todo ello sucedió por voluntad de Dios, pues el Señor quería que yo me quedara en mi patria», comentó posteriormente.

Recibió la ordenación sacerdotal el 3 de febrero de 1929 en Presov. Su primer ministerio lo realizó como administrador en la parroquia de Pakostov, preocupándose principalmente de los jóvenes, los obreros, los desempleados y los huérfanos. Fundó el Círculo de estudiantes greco-católicos y la Unión de la juventud greco-católica. Luego, el obispo lo nombró primer párroco de una nueva parroquia en Praga. Allí se reunió de nuevo con su madre, que volvió de Estados Unidos después de veintidós años. Desde el 1 de septiembre de 1936 hasta el 31 de agosto de 1941 desempeñó el oficio de director espiritual en el seminario mayor de Presov. En abril de 1940 obtuvo el doctorado en teología. Desde el 1 de septiembre de 1941 fue secretario del obispo. Realizó un ejemplar magisterio como profesor de teología pastoral y teología moral en la Facultad de teología de Presov desde 1943. Además, escribió numerosos artículos y varios libros. Fue el primer redactor de la revista Blahovistnik («Mensajero del Evangelio») y en los años 1946-1949 contribuyó a la publicación de una serie de libros de espiritualidad. Nombrado obispo auxiliar de Presov, recibió la ordenación episcopal el 11 de mayo de 1947 en la catedral.

Después de la segunda guerra mundial, Checoslovaquia quedó bajo el dominio del partido comunista, que preparó la eliminación violenta de la Iglesia greco-católica. En abril de 1950 el Estado la declaró ilegal. Monseñor Basilio fue arrestado el 18 de octubre de 1950. Fue sometido a crueles interrogatorios: no le permitían dormir; debía caminar continuamente, le daban poca comida..., a fin de debilitar su entereza. Querían que firmara una confesión de acusaciones inventadas contra él. El 24 de octubre de 1951, después de más de un año de ese tipo de interrogatorios, fue condenado por el Tribunal del Estado a quince años de cárcel, una multa de veinte mil coronas checoslovacas, la pérdida de los derechos civiles durante diez años y la confiscación de todos los bienes. Así se inició el vía crucis del siervo de Dios por cárceles comunistas de Bratislava, Ilava, Leopoldov, Praga, Mírov y Valdice.

El 12 de mayo de 1964, en Valdice, por su mala salud y por buena conducta, lo dejaron en libertad condicional. Las autoridades comunistas no querían que se quedara en la zona oriental de Eslovaquia; por eso, lo obligaron a vivir durante cuatro años en una casa para sacerdotes ancianos en Osek (Bohemia septentrional), donde permaneció vigilado continuamente por la policía secreta. Su estado de salud a consecuencia de las tribulaciones sufridas en las cárceles comunistas durante trece años (hambre, frío, enfermedades...) era muy precario. Además de diversas enfermedades físicas, sufría depresiones psíquicas causadas por las torturas y los malos tratos. Tras su autopsia, se descubrió que sus verdugos lo habían envenenado progresivamente suministrándole pequeñas dosis de arsénico.

Cuando la Iglesia greco-católica, el 13 de junio de 1968, fue rehabilitada, recibiendo el permiso de reanudar su actividad, monseñor Basilio volvió a desempeñar la función de obispo auxiliar, a pesar de su mala salud. Murió el 23 de julio de 1976 en Presov. Fue beatificado por SS Juan Pablo II en Eslovaquia, el 14 de septiembre de 2003.
fuente: Vaticano

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