lunes, 30 de diciembre de 2024

31 de diciembre: Nuestra Señora de Uxue

 

31 de diciembre: Nuestra Señora de Uxue

A escasos 50 kilómetros de la ciudad de Pamplona (Navarra) se alza un inigualable conjunto medieval con una de las iglesias fortalezas mejor conservadas en esta tierra y desde cuya cumbre se puede divisar una impresionante panorámica que abarca a casi toda Navarra….y desde donde casi se toca con el dedo el mismo cielo.


UNA PALOMA HERALDO DE BUENA NOTICIA

Cuenta la leyenda cómo una paloma entraba y salía del agujero de una peña. Un zagal que pastoreaba movido por la curiosidad se acercó con la intención de espantarla.. Al comprobar como la paloma seguía con su aleteo insistente; se acerca y contempla esa bella imagen románica de Ujué, parece provenir del euskera Uxue, que en castellano significa paloma. Sobrecogido por el impacto de la aparición de la efigie mariana avisa a la población, donde hoy se encuentra la ermita de la Blanca, y todo el pueblo cambia de lugar. Así nace la Villa de Ujué. La Virgen dio nombre a este pueblo de la Navarra Media.


UNA VIRGEN QUE MIRA, ESCUCHA Y ACOGE

Es hierática pero serena y se nos muestra sentada como aquella que sabe acoger y esperar a sus hijos peregrinos (cansados de la vida ) con amor de Madre, con brazo poderoso y a corazón abierto.

Su rostro es moreno pero con la claridad y la dulzura de destellar el amor divino en sus ojos. El lugar donde se asienta ha cristalizado, en amores y oraciones, besos y súplicas, llantos y amarguras, en esmaltes y platas, piedras de colores y armas, el amor y el homenaje de Navarra a una de las Vírgenes más querida y venerada desde siglos.

La Virgen de Ujué, del siglo XI, es de madera y el rey Carlos II mandó recubrirla de plata y piedras de colores. A sus pies, y mirando al altar, quiso ese monarca que descansara para siempre su corazón. El Niño lleva en su mano el Evangelio y la Virgen una flor de lis. Fue coronada canónicamente el 8 de septiembre de 1952.


EN UJUE SE ELEVA LA PLEGARIA HASTA EL MISMO CIELO

En los domingos siguientes a San Marcos cientos y miles de entunicados, con la cruz sobre sus hombros, suben penitentes hasta esta cumbre de Ujué siguiendo la tradición y el consejo de sus mayores.

Lo hacen porque saben que la Virgen, desde ese santuario encumbrado casi en el mismo cielo, recoge una a una peticiones y deseos, proyectos y oraciones, acción de gracias y cantos, sacrificios y penitencias, historias, presente y futuro. Mira, uno a uno, los rostros anónimos que vibran de fe.

(fuente: www.mercaba.org)

domingo, 29 de diciembre de 2024

Santos del día 30 de diciembre

 

Santos del día 30 de diciembre
Tertio Kalendas ianuarii
   San Félix I, papa (1 coms.)   
En Roma, en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, sepultura de san Félix I, papa, el cual rigió la Iglesia Romana en tiempo del emperador Aureliano. († 274)
En Bononia, de Mesia Inferior, san Hermetes, exorcista y mártir. († s. III/IV)
Conmemoración de san Anisio, obispo de Tesalónica, en Grecia, que vivió en tiempo del emperador Teodosio y a quien los Romanos Pontífices constituyeron vicario apostólico en Eslavonia, siendo colmado de alabanzas por san Ambrosio. († c. 406)
En Tours, en la Galia Lugdunense, san Perpetuo, obispo, que edificó la basílica de San Martín y muchas otras en honor de los santos, y reguló en su Iglesia la práctica de ayunos y vigilias. († 491)
En Aosta, en los Alpes Graios, san Jocundo, obispo. († c. 502)
En Fly, cerca de Beauvais, en el territorio de Neustria, san Geremaro, abad del monasterio que él mismo fundó en este lugar. († c. 658)
En Worcester, en Inglaterra, san Egvino, obispo, que fundó el monasterio local. († 717)
En la región de los Abruzos, san Rainerio, obispo de Forcone, cuya habilidad en administrar los bienes alabó el papa Alejandro II. († 1077)
En Canne, de la Apulia, san Rogerio, obispo. († c. 1129)
Cerca de la población de Frazzanò, en la isla de Sicilia, san Lorenzo, monje según la disciplina de los Padres Orientales, insigne por la austeridad de vida y por su constante predicación. († c. 1162)
En Palestrina, del Lacio, beata Margarita Colonna, virgen, que a las riquezas y placeres del siglo prefirió la pobreza por Cristo, a quien sirvió profesando la Regla de santa Clara. († 1284)
En Génova, en la Liguria, asimismo en Italia, beata Eugenia Ravasco, virgen, que fundó el Instituto de Hermanas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, a las que encomendó la educación de niñas y el cuidado de enfermos y de la infancia menesterosa. († 1900)
En el territorio de Pancalieri, cerca de Turín, igualmente en Italia, beato Juan María Boccardo, presbítero, el cual, trabajando infatigablemente en el cuidado de los ancianos y enfermos, fundó el Instituto de Hijas Pobres de San Cayetano. († 1913)

30 de diciembre: Nuestra Señora de Bologna

 

30 de diciembre: Nuestra Señora de Bologna

El santuario de Nuestra Señora de San Luca (en italiano Santuario della Madonna di San Luca ) es un santuario dedicado al culto católico mariano ubicado sobre el Colle della Guardia, un promontorio cubierto parcialmente por bosques alrededor al suroeste del centro histórico de la ciudad de Bologna, Italia. Es un importante santuario en el historia boloñesa, desde sus orígenes la meta de un peregrinaje para venerar el ícono del la Virgen con el niño llamado de San Luca. Se llega al santuario por Porta Saragozza a través de una larga y característica columnata, que cruza via Saragozza con el monumental y reconocible Arco del Meloncello (1732), para luego subir la pendiente hasta el santuario.

La historia del santuario está unida al icono sagrado custodiado en su interno, que dio origen a la fundación del santuario mismo y determinó su fortuna por siglos, convirtiéndolo en un lugar de peregrinaje.


La Leyenda de Teocle

La leyenda que cuenta la llegada del icono que representa la Virgen con el Niño aparece tardíamente en la crónica de Graziolo Accarisi, jurisconsulto boloñés del siglo XV. Éste narra la historia de un peregrino-ermitaño griego que, en peregrinaje a Constantinopla, habría recibido de los sacerdotes de la basílica de Santa Sofía la pintura atribuida al evangelista Lucas, para que la llevase al "Monte de la Guardia", como era indicado en la inscripción de la misma. Es así que el eremita se encaminó a Italia buscando el Monte de la Guardia. Fue en Roma que supo, a través del senador boloñés Pascipovero, que tal monte se encontraba en la afueras de Bolonia. Cuando llegó a la ciudad emiliana fue acogido por las autoridades ciudadanas y el cuadro de la Virgen y del Niño fue llevado en procesión a la cima del monte.

Con el tiempo la leyenda se enriqueció con detalles fantásticos y las suposiciones de los cronistas. El primero fue en 1539 Leandro Alberti, que mandó a publicar la Cronichetta della gloriosa Madonna di S. Luca del Monte della Guardia di Bologna, donde suponía como fecha de llegada del ícono el año 1160. El fraile Tommaso Ferrari, en 1604, agregó que el ícono fue recibido y llevado al monte por el obispo boloñés Gerardo Grassi. Finalmente, hay un documento falso, producido probablemente por Carlo Antonio Baroni (1647-1704) con fecha el 8 de mayo de 1160, que narra la entrega del ícono de parte del obispo Grassi a dos hermanas, Azzolina y Beatrice, hijas de Rambertino Guezi, fundadoras en 1143 de una ermita sobre la colina de la Guardia, consistente en una cabaña y una pequeña capilla dedicada a san Lucas. Este último documento espurio da también nombre al peregrino: Teocle Kmnya (o Kamnia).


Angélica Bonfantini y Santa María della Guardia

Los documentos considerados auténticos nos hablan en cambio de una figura femenina, Angélica Bonfantini, hija de Caicle di Bonfantino y de Bologna di Gherardo Guezi que, como aparece en un documento con fecha el 30 de julio de 1192, decidió vivir como eremita sobre el Monte della Guardia, con el propósito de construir allí un oratorio y una iglesia. Profesó de este modo los votos de la rama femenina de los canónigos de Santa Maria di Reno, quienes donaron unos terrenos de su propiedad sobre la colina de la Guardia, pidiendo a cambio ayuda para la construcción de la iglesia y alimentar a la canóniga. Sin embargo, se reservaban el usufructo y los ingresos de los bienes cedidos y de aquellos que se habría obtenido de los fieles.

Al año siguiente, Angelica llamó la atención del papa Celestino III, quien con un documento datado el 24 de agosto de 1193 ordenó al obispo de Bolonia, Gerardo de Gisla, poner la primera piedra de la "nueva iglesia que se construirá sobre el monte de la Guardia", llevada directamente desde Roma y bendecida por mismo pontífice. Esta piedra fue puesta en su lugar el 25 de mayo de 1194.


La disputa con los canónigos

El santuario pronto se convirtió en un lugar de peregrinación y, debido a su creciente importancia surgió, una disputa entre Angélica y el clero de Santa Maria di Reno respecto a la interpretación jurídica del acto de donación de 1192. Los canónigos sostenían que Angélica, en cuanto canóniga, debería haberse subordinado a su congregación, renunciando a sus derechos relativos a la comunidad eremítica, aparte de las ofrendas y donaciones hechas a la comunidad y la iglesia de Santa María della Guardia. Angélica reaccionó reinvindicando los derechos, incluyendo aquellos económicos, que se había reservado con el acto de donación. La controversia creció el punto de obligar a Angélica a pedir la intervención del Papa, al cual se dirigió en persona siete veces antes que la disputa fuese definitivamente resuelta.

Una primera sentencia a favor de Angélica fue dictada el 25 de febrero de 1195, de parte de Celestino III, a cual sin embargo los canónigos se opusieron. Angélica fue a Roma y obtuvo otra bula, che obligaba al obispo de Bologna y al Abad del Convento dei Santi Naborre e Felice a imponer obediencia los canónigos de Santa María di Reno. Sin embargo, el clero, gracias a los apoyos que poseía en la curia romana, rechazó nuevamente la bula, argumentando ciertos tecnicismos jurídicos.

La disputa llegó a un punto decisivo cuando el papa, con una bula4 fechada el 20 de noviembre de 1197 tomaba bajo su protección "la iglesia y las personas de la misma, con todos los bienes che posee", a cambio de un tributo anual de un libra de incienso.

Este acto, aunque volvía a la ermita de la Guardia dependiente de facto sólo del pontífice, no resolvía el hecho que, de iure, ésta aún erala rama femenina de los canónigos de Santa Maria di Reno.

El 8 de enero de 1198 Celestino III falleció y en su lugar fue elegido el papa Inocencio III, el cual confirmó la protección papal y resolvió el litigio jurídico, estableciendo que el acuerdo de Angélica con los canónigos no debía considerarse come profesión religiosa sino como una simple promesa. Los clérigos apelaron nuevamente hasta que, luego de numerosas derrotas, buscaron un acuerdo.

La controversia se terminó el 13 de marzo de 1206 con la cesión de los terrenos, de la iglesia y de los derechos relativos a Angélica de parte de los canónigos.

Angélica además presentó en 1210 una lista de los daños económicos sufridos a causa de la disputa con los canónigos de Santa María di Reno, que incluía la considerable suma de 1000 liras boloñesas por las oblaciones perdidas (lo que da una idea, aunque sea probablemente exagerada, de la cantidad de ofrendas que llegaban al santuario).

Luego de la muerte de Angélica, acaecida alrededor de 1244, el cardenal Ottaviano Ubaldini confió la gestión de la iglesia a algunas monjas agustinas provenientes de la ermita de Ronzano, entre las cuales estaba sor Balena, sor Dona y sor Marina. El 28 de enero de 1258 éstas obtuvieron del papa Alejandro IV la exención de la ermita del control del obispo de Bologna. La controversia se reinició brevemente en 1271, pero sin ningún resultado concluyente.


La subordinación al monasterio de San Mattia

En 1278, por deseo del cardenal Latino, las monjas agustinas fueron afiliadas a la orden dominica. En 1290 fue permitido a la monjas edificar fuera de Porta Saragozza (donde hoy se encuentra la iglesia de San Giuseppe) un nuevo monasterio dedicado a San Matías, destruido en 1357 pero reconstruido dentro de los muros de la ciudad en 1376 (aún en via Sant'Isaia 18). Las dos comunidades de monjas eran gobernadas por una vicaria ayudada por nueve hermanas, que se rotaban cada dos años. A causa de la creciente prosperidad del monasterio de san Matías, el 3 de marzo de 1438 el papa Eugenio IV ordenó que Santa María della Guardia le fuese subordinada.


El "milagro de la lluvia" y la remodelación del siglo XV

Después de años de decadencia, a causa de la inestabilidad política boloñesa y de su posición alejada, el santuario conoció un nuevo período de fortuna gracias al creciente peregrinaje desarrollado luego del "milagro de la lluvia", acaecido el 5 de Julio de 1433, cuando una procesión que llevaba el ícono a la ciudad detuvo las lluvias primaverales que amenazaban con dañar las cosechas.

Las numerosas donaciones de parte de privados y de la Compagnia di Santa Maria della Morte (a la cual se había confiado el cuidado de la imagen sacra durante su permanencia en la ciudad) permitieron en 1481 renovar completamente el edificio, constituido por un espacio rectangular, cubierto por una bóveda de crucería y dotado de una capilla de plata poligonal donde era custodiado el ícono. Sobre el lado meridional permanecía el monasterio, donde se encontraban las monjas provenientes del monasterio de San Matías, encargadas de la custodia del santuario.


Ampliaciones posteriores

Entre 1603 y 1623 fue ampliada e decorada la capilla mayor, y entre 1609 y 1616 fu reconstruido el campanario. Gracias al legado testamentario del cardenal legado pontificio Lazzaro Pallavicini, en 1609 fue comenzada una nueva construcción, se llevó a una ampliación adicional de la iglesia, así como a la adición de cuatro capillas laterales.

Desde 1708 los trabajos fueron dirigidos por Carlo Francesco Dotti y Donato Fasano, que realizaron una nueva y más rica capilla mayor, adornada por un nuevo altar barroco en mármol polícromo, proyectado por Giovanni Antonio Ferri y realizado por el cantero Rangheri. Las obras fueron terminadas en 1713.


El edificio actual

El edificio actual es el resultado de una nueva intervención, más radical, decidida en 1723 y dictada por el contraste entre la nueva capilla mayor y el resto de la construcción. Ésta fue demolida y reconstruida bajo la guía del mismo Carlo Francesco Dotti, siguiendo la idea del fraile servita Andrea Sacchi, que incluía una planta oval. Los trabajos se desarrollaron sin disturbar la llegada de los peregrinos: los muros del nuevo complejo, de hecho, fueron alzados alrededor del viejo edificio, que fue abatido son con el fin de las obras, en 1743. Se procedió finalmente a realizar la decoración interna, terminada en 1748 y el año sucesivo fue completamente refaccionada la capilla mayor.

El 25 de Marzo de 1765, luego de 42 años de trabajos, el cardenal arzobispo Vincenzo Malvezzi inauguró el nuevo santuario. La cúpula, la fachada y las tribunas externas laterales fueron terminadas por Giovanni Giacomo Dotti en 1774, usando los diseños dejados por el padre. Las leyes napoleónicas abolieron, el 11 de Febrero de 1799, el monasterio dominicano de San Mattia y sus hermanas, las cuales estaban encargadas del santuario, y por lo tanto tuvieron que abandonarlo. Fueron sucedidas por los dominicanos hasta 1824, cuando fue subordinado directamente al arzobispo por el cardenal Carlo Opizzoni. Es desde ese entonces que el santuario ha sido gestionado por sacerdotes diocesanos dirigidos por un vicario arzobispal.

En 1815 nuevas obras llevaron al revistimiento en mármol de la capilla mayor y a la construcción de nuevos altares marmóreos, diseñados por Angelo Venturoli.

El santuario de San Luca fue declarado monumento nacional en 1874 y obtuvo el grado de basílica menor del papa Pio X en 1907.

Entre 1922 y 1950 se realizó la decoración de la cúpula. La plaza frontal fue refaccionada entre 1930 y 1950 por deseo del cardenal Giovanni Battista Nasalli Rocca.

Entre 1930 y 1994 estuvo activo en el santuario un orfanato femenino, hospedado primero en las estancias bajo el santuario mismo y posteriormente transferido a una nueva construcción a lo largo del pórtico, aún llamada "de las huerfanitas".

Desde 1931 a 1976 era posible llegar al santuario mediante una funivía panorámica, hoy desmantelada.


Las celebraciones

El transporte de la imagen, durante los descensos anuales a la ciudad, fue confiado a los "Padres Jesuates de San Girolamo y San Eustaquio", orden suprimida en 1699 por Clemente IX, mientras la "Confraternita di Santa Maria della Morte" era responsable de ella durante su permanencia en la ciudad. A partir de 1629 la Confraternita estuvo también encargada del transporte desde el monte, con precisas reglas establecidas por las monjas de San Mattia. La imagen, proveniente de la colina de la guardia descendía a la ciudad para ser llevada a al ex iglesia de San Mattia, donde las hermanas dominicanas la adornaban con flores y joyas. Desde ahí se situaba en la iglesia de Santa Maria della Morte (donde hoy se encuentra el palacio Galvani, sede del Museo Cívico Arqueológico), para luego ser transportada en diferentes iglesias de la ciudad, hasta llegar, algunos días después, a la Basílica de San Petronio.

En 1476 las celebraciones de Nuestra Señora de San Luca fueron cambiadas al domingo de las letanías menores de la Ascensión, mientas que en 1718 el cardenal Giacomo Boncompagni estableció que debían ser celebradas el sábado. Las leyes napoleónicas suprimieron, en 1796, la compañía de Santa María della Morte y en 1799 el monasterio de San Mattia: de ese entonces el ícono ha sido llevado a catedral de san Pietro.

Aún hoy las celebraciones comienzan con el descenso de la imagen el sábado que precede el quinto domingo después de Pascua. El ícono es llevado a Bolonia a través del pórtico de San Luca por una procesión de fieles y, pasando por las calles del centro, llega a la catedral acompañado por el doblar de las campanas ubicadas en los campanarios cercanos al cortejo. El miércoles anterior a la Ascensión, la imagen es portada en procesión a la basílica de San Petronio, desde cuya explanada se imparte desde 1588 una solemne bendición a la ciudad.

Luego de permanecer por una semana, la venerada es acompañada de al vuelta el día de la Ascensión.

En sólo dos ocasiones no ha sido posible celebrar el descenso de la Virgen: en 1849, durante la ocupación austríaca de las colinas y en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial.


El ícono

Centro de la devoción popular, el ícono representan una Virgen con el Niño según la clásica iconografía oriental de tipo 'hodegetria, que quiere decir "Aquella que muestra el camino", considerada la "Virgen de los viajeros".

La versión actualmente visible del ícono, probablemente datable entre el fin del siglo XII e inicios del siglo XIII, parece atribuible a una mano occidental, pero seguramente perteneciente a un ambiente cultural bizantinizante, como lo es gran parte de la cultura figurativa del período.

El ícono mide 65x57 cm y tiene un espesor de alrededor de 2 cm. Está realizado en témpera y pan de plata aplicada sobre una tabla central de álamo, a la cual están añadidas dos tablas superiores de olmo y castaño.


Según la consolidada iconografía, la Virgen, representada a medio busto, tiene en sus a Jesús que bendice. La virgen lleva puesto un vestido de color azul-verde, bajo el cual se asoma unas enaguas rojas. Las facciones son alargadas, los dedos de la mano puntiagudos. El Niño, con la cabeza pequeña respecto a cuerpo, tiene al brazo derecho en actitud de bendición, mientras la mano izquierda hace un puño. La túnica del Niño es del mismo color de las enaguas de la Virgen. En el fondo se notan filas de pequeñas hojas de hedera, insertas unas en las otras e intercaladas por pequeñas perlas. Dos bandas laterales de alrededor de 4 cm decoradas con motivos florales rodean la tabla, mientras la parte superior parece cortada.

De acuerdo a estudios, algunos de ellos radiográficos, se ha notado la existencia de otra pintura, más antigua, bajo la imagen hoy visible.El estilo, en este caso, es bizantino y presenta numerosas afinidades con la copias sobrevivientes de la Virgen en Santa Sofía en Estambul fechadas presumiblemente entre el siglo X y el siglo XI. El presunto origen oriental de la primera pintura, además, es apoyado por el uso de índigo para las vestiduras de la Virgen en uso en Asia Menor, pero no en Italia.

En 1603 la Virgen fue coronada por el arzobispo Alfonso Paleotti. Desde 1625 la pintura está recubierta por un lámina de plata que deja descubiertos sólo los rostros, obra de Jan Jacobs de Bruselas. En 1857 recibió una preciosa diadema del papa Pio IX.

(fuente: wikipedia.org)

sábado, 28 de diciembre de 2024

Todo se acaba y pasa. - 29.12.2024. Domingo de la Sagrada Familia C: Lucas 2,41-52.(Jesús de Nazaret decidió enfrentarse al Templo) y CINCO MINUTOS con el Evangelio de Lucas (Semana 5ª (29.12.2024): Lucas 1,57-80. Juan Bautista, ¿hereje y blasfemo?)

 Todo se acaba y pasa.

Hemos llegado al último domingo del mes de diciembre y del año 2024. No importa si se vive en los polos o por el centro de la redonda casa de la llamada Tierra. Esta tierra permanece y el tiempo sigue. Sigue o, ¿se acaba? Lo uno y lo otro. Permanece la casa y los vivientes pasamos. Permanece el aire, que nada sabe de nacimientos, crecimientos ni acabamientos... Permanece el aire y permanece la vida. 

Tú y yo ahora estamos y dejaremos nuestro lugar para los que van viniendo.
Semana a semana y domingo tras domingo hemos llegado hasta aquí, por ahora. Y caminamos.  

Tú y yo somos dos y nunca viajaremos solos. Compartimos aire y luz. Y, mientras tanto, el tiempo nos acompaña. Luego nos despedimos, normalmente, como si fuéramos un punto y seguido. Y en otro momento, siempre desconocido, escribimos el punto final y el escrito de la vida se nos queda balanceándose en la brisa.
 
En este domingo dejo de lado el asunto de la familia. Confío en que la Buena Noticia sea, una vez más, eso, una buena noticia. Todo lo demás lo pongo en las manos de esa noche vieja del año. 
Con estas idas y venidas de la mente y del corazón, no dejo en el olvido mis jaculatorias que, como estrellas brillantes, iluminan mis pasos dentro de esta casa del Cosmos universal y único:
Junto a esta jaculatoria me sigo identificando con esta otra que voy repitiendo como un nuevo mantra litúrgico: Vive Jesús en nuestros corazones. Siempre.
Nada más ya para este nuevo domingo del 29 de diciembre de 2024.
A continuación se encuentra, primero, el comentario del Evangelio propuesto desde el ámbito vaticano para las Eucaristías. Y, en segundo lugar, el comentario del relato que nos correspondería proclamar, si se ha comenzado a leer ordenadamente el Evangelio de Lucas a lo largo de los cincuenta y dos domingos de este año eclesiástico católico. 
Felices días en la recta final del año 2024. Carmelo Bueno Heras

29.12.2024. Domingo de la Sagrada Familia C: Lucas 2,41-52. Leo y escribo CONTIGO:

Jesús de Nazaret decidió enfrentarse al Templo

De manera premeditadamente sistemática la Iglesia del Vaticano propone celebrar la fiesta de la familia en el domingo posterior a los días de la Nochebuena y de la Navidad. ¿Será, seguramente, por el propicio ambiente de la Navidad? Será, me lo he constatado en más de una ocasión, por volver a insistir en los valores, realidad, misión... de la familia cristiana frente a otras maneras de ser familia que poco o nada tienen que ver con el modelo católico.

 

Para esta celebración de la realidad familiar cristiano católica se nos propone leer el texto de Lucas 2,41-52 que es el relato con el que este Evangelista pone punto final a la Infancia de Jesús de Nazaret. Una infancia programada por Yavé Dios de Israel y realizada punto por punto por su agente divino el ángel Gabriel (en hebreo, la fuerza ejecutiva-ejecutora de Dios). ¿Cómo se entiende, en este contexto, la libertad de pensar y de decidir de los humanos? No se sabe.

 

Sin embargo, se pone en labios de Jesús de Nazaret alguna que otra actitud que nace más de su libertad de decidir que de su obediencia a la tradición familiar, como luego se volverá a contemplar en su vida de evangelizador: “¿Por qué me buscabais?” (Lc 2,49).

 

La infancia de este Jesús de Nazaret concluye a los doce años de su nacimiento. Desde entonces comienza su adultez o mayoría de edad. Al menos sucede así para los varones judíos. En el caso de la mujer nunca hay adultez o mayoría de edad. Mientras se es niña se es una propiedad del padre y cuando se casa, sea cuando sea el acuerdo matrimonial, pasa a ser propiedad de su marido. Será adulta de edad, pero jamás persona con capacidad para decidir.

 

El relato de la adultez de Jesús sucede en el Templo de Jerusalén, en el mismo lugar donde comenzó su Infancia con el anuncio de Gabriel al anciano Sacerdote Zacarías (Lc 1,5). Por eso, lo volveré a sugerir, siempre hay que leerse muchas veces desde Lc 1,5 hasta 2,52. Es decir, hay que aprender a desentrañar el mensaje de la narración mítica del ‘hijo’ nacido de una virgen que llega a convertirse en el ‘niño sabio’ por el que habla Dios: “Le encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y preguntándoles...” (Lc 2,46)

 

Cuando uno llega a este punto del relato, creo que es bueno recordar al ‘niño Daniel’ en medio de y frente a los inhumanos jueces de Israel (Daniel 13), por un lado. Y por otro se debe leer atentamente los capítulos vigésimo y vigésimo primero de este mismo Evangelio de Lucas. Este Jesús, como aquel Daniel, acaba por desautorizar a la autoridad constituida de la Religión de Israel que se creía ser la encarnación de la Ley de Moisés y del proyecto de su Dios Yavé.       

 

Si nos quedamos en la literalidad de este relato de Lucas 2,41-52 y, por ampliación, en la literalidad de toda la narración de la infancia según Lucas 1-2, llegaremos a la conclusión de que José, María y Jesús fueron una familia no especialmente normal o modelo de referencia para la que luego parece ser la familia cristiano-católica.

 

Según el texto, José y María no eligieron ser matrimonio, ni fue normalmente humana la concepción y el nacimiento tanto de Juan el Bautista como de Jesús de Nazaret. Por eso, este relato de los orígenes extraños de Jesús anticipa una vida y misión sorprendentes de este hombre y de su buena noticia en su pueblo, Israel.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 30 de diciembre de 2018 y 29 de diciembre de 2024.

 

CINCO MINUTOS con el Evangelio de Lucas para leerlo completo, ordenadamente, y desde el principio hasta el final.

Semana 5ª (29.12.2024): Lucas 1,57-80. Juan Bautista, ¿hereje y blasfemo?

Después de las tres primeras piezas del puzle narrativo, elaborado por el Evangelista Lucas para contarnos las infancias de Juan el bautizador y de Jesús de Nazaret, podemos contemplar y comprender las tres siguientes piezas, correspondientes una a una con las tres primeras.

 

. Al anuncio del nacimiento de Juan el bautizador (1,5-25) corresponderá el anuncio del nacimiento de Jesús de Nazaret (1,26-38).

. Al relato del nacimiento de Juan (1,57-66) corresponderá el relato del nacimiento de Jesús de Nazaret (2,1-21).

. Y al encuentro de Isabel, la madre de Juan, con María, la madre de Jesús (1,39-56) corresponderá el encuentro en el templo de Jerusalén de la vieja Ley de Israel con la nueva buena noticia de la presencia de Jesús de Nazaret (2,22-40).

 

La pieza final, la séptima, de este doble tríptico será el relato del acabamiento de la infancia de Jesús y el inicio de su vida adulta (2,41-52). Una medieval práctica piadosa en nuestra iglesia reunió y simplificó esta narración de ‘la infancia de Jesús’ en los llamados ‘Cinco misterios gozosos del santo rosario’. ¿Cuántas personas devotas de esta práctica diaria del santo rosario se han leído, al menos una vez al año, estos dos primeros capítulos del Evangelio de Lucas? ¡A los pastores de la iglesia les importa más este santo Rosario que leer con criterio el Evangelio!

 

En el texto de Lucas 1,57-80 se alude al nacimiento de Juan el bautizador y nada se dice sobre dónde y cómo aconteció. Lo que sí es muy importante de todo este relato es la pregunta de 1,65-66: “En toda la montaña de Judea se comentaban estas cosas… y se preguntaban: ¿qué será este niño?”.

 

Esta fue seguramente la pregunta que se hicieron muchas personas a lo largo de la vida de este hombre llamado Juan, judío y sacerdote por haber nacido en la familia sacerdotal de una mujer y madre judía y de un hombre y padre judío y sacerdote del Templo de Jerusalén. Muy pronto, en el capítulo tercero de la narración de este Evangelista, encontraremos los primeros datos para empezar a responder la tan significativa pregunta ‘qué será este niño’.

 

Cuando el narrador Lucas elabora, desde su experiencia, el tejido de este texto de las infancias de Juan y de Jesús tiene en su mente y en sus manos los datos suficientes de la vida y muerte de ambos protagonistas y de cuantos se relacionaron con ellos. Conoce sobradamente sus tareas de adultos, sus hechos, sus dichos y cómo acabaron condenados y ejecutados por una Ley -de Moisés, del templo, de su sacerdocio y del poder de los judíos- que calificó a ambos como herejes y blasfemos. Merecedores de la pena de muerte.

 

Juan se atrevió a crear un bautismo para perdonar los pecados que solo el templo y su sacerdocio podían perdonar. Éste fue su profetismo, como puso Lucas en boca de su padre Zacarías en el canto del ‘nacionaljudaísmo’ llamado ‘el Benedictus’ (2,76). ‘Qué será este niño’ era la pregunta que se hacían y nos hacemos. Personalmente siempre me gustará llamar ‘el bautizador’ a este Juan porque su bautismo sigue siendo, ¡aún!, un reto… ¡muy sorprendente!

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 24 de diciembre de 2017.

Santos del día 29 de diciembre

 

Santos del día 29 de diciembre
Quarto Kalendas ianuarii
   Santo Tomas Becket, obispo y mártir - Memoria litúrgica   
No se celebra hoy, porque hay una celebración de mayor rango (Sagrada Familia, fiesta)
Santo Tomas Becket, obispo y mártir, que, por defender la justicia y la Iglesia, fue obligado a desterrarse de la sede de Canterbury y de su misma patria, Inglaterra, a la que volvió al cabo de seis años y donde padeció mucho hasta que emigró hacia Cristo, al ser asesinado en la catedral por los esbirros del rey Enrique II. († 1170)
Conmemoración de san David, rey y profeta, hijo de Jesé betlehemita, que encontró gracia ante Dios y fue ungido con el santo óleo por el profeta Samuel para regir el pueblo de Israel. Trasladó a la ciudad de Jerusalén el arca del Señor, y Dios le juró que su descendencia permanecería para siempre, porque de él nacería Jesucristo según la carne. († c. 940 a.C.)
En Arlés, de la Provenza, en la Galia, san Trófimo, considerado como el primer obispo de esta ciudad. († s. III)
En Cartago, san Libosio, obispo de Vaga y mártir, que en el concilio de Cartago afirmó acerca del bautismo de los herejes: «Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre». († c. 258)
En Milán, de la Lombardía, san Martiniano, obispo. († c. 431)
En Constantinopla, san Marcelo, abad del monasterio de los «Akoimetoi» en el Bósforo, donde día y noche, sin parar, se cantaban salmos. († c. 480)
   San Ebrulfo, abad (1 coms.)   
En Oroër, de Neustria, san Ebrulfo, abad del monasterio de Saint-Fuscien, en tiempo del rey Childeberto. († c. 596)
En Palermo, de Sicilia, beato Gerardo Cagnoli, religioso de la Orden de Hermanos Menores, que durante mucho tiempo hizo vida eremítica. († 1342)
En Londres, en Inglaterra, beato Guillermo Howard, mártir, que, siendo vizconde de Stafford, profesó la fe católica, y por esto fue acusado de conspirar contra el rey Carlos II y sentenciado a morir degollado por su fe en Cristo. († 1680)
En Seúl, ciudad de Corea, santos Benedicta Ion Kyong-nyon, viuda y catequista, y seis compañeros, mártires, todos los cuales sufrieron muchos suplicios a causa de ser cristianos, y acabaron decapitados. Sus nombres son: san Pedro Ch'oe Ch'ang-hub, catequista; Bárbara Cho Chung-i, viuda de san Sebastián Nam I-gwam; Magdalena Han Yong-i, viuda; Isabel Chong Chong-hye, virgen, hija de santa Cecilia Yu So-sa y hermana de san Pablo Chong Ha-sang; Bárbara Ko Sun-i, mujer de san Agustín Pak Chong-won; y Magdalena Yi Yong-dog, virgen, hermana de santa Catalina Yi. († 1839)
En la ciudad de Paterna, en la región de Valencia, en España, beato José Aparicio Sanz, presbítero y mártir, que derramó su sangre por Cristo cuando arreciaba la persecución contra la fe. († 1936)
En el Picadero de Paterna, de la misma región de Valencia, beatos mártires Enrique Juan Requena, presbítero, y José Perpiñá Nácher, los cuales lucharon noblemente por Cristo. († 1936)
En la localidad de San Miguel de los Reyes, de nuevo en la región valenciana, beato Juan Bautista Ferreres Boluda, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús y mártir, que durante la misma persecución, imitando la pasión de Cristo, consiguió la palma del martirio. († 1936)