lunes, 20 de julio de 2015

Beato Luigi Novarese - San Aurelio Cartago - Santa Wang-Hoei - San Sanxurjo - San José Justo 20072015

Beato Luigi Novarese

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Nació en Casale Monferrato, Italia, el 29 de Julio de 1914. No había cumplido 9 meses, cuando su padre murió a consecuencia de una neumonía que no se trató de forma adecuada. Teresa, su madre, tenía 30 años y nueve hijos que atender; Luigi era el benjamín. Los bienes que poseían poco a poco se fueron diezmando. La piedad y el espíritu mariano que presidía el hogar, alentado por Teresa, suscitaba en el pequeño un cúmulo de emociones que le instaron a recibir la Primera Comunión por su cuenta, haciendo creer al párroco del lugar que la había tomado mucho antes, cuando éste quiso asegurarse de que no era un neófito. La picaresca del niño, envuelta en un inocente anhelo de apresurarse a obtener esa gracia, causó gran disgusto a su madre cuando le vio en el altar. Pero el buen sacerdote, después de plantearle algunas cuestiones del catecismo, muy satisfecho de las respuestas tranquilizó a Teresa diciéndole: «Su hijo, señora, conoce mejor el catecismo que nosotros. Déjelo que de ahora en adelante comulgue».
El año 1923 una caída con funestas consecuencias dio un vuelco a su vida. Tenía 9 años, un crudo diagnóstico: coxitis tuberculosa con una larga veintena de abscesos abiertos y una pesada escayola que le mantuvo apresado en el lecho. Comenzaba a comprender una de las páginas de la vida que tarde o temprano llega a todos: el dolor. Mientras sus amigos jugaban, su escenario eran los hospitales, todos a los que su madre acudió negándose a aceptar lo que decían era irremediable. Así transcurrió su adolescencia y juventud. La oración, la Eucaristía y su devoción a María le convirtieron en un apóstol entre los hospitalizados de su edad. Siempre ejemplar, se esforzaba por enderezarles en la vía del bien y les enseñaba el catecismo. Los médicos no fueron capaces de cortar la infección que generaba casi un litro diario de emponzoñado líquido. Aconsejaban a Teresa que se rindiera; para qué proseguir con tanto gasto si Luigi iba a morir. Éste la ayudaba a costear tratamiento y hospitales cosiendo botones y ojales. Pero fue más lejos. Escribió al salesiano P. Rinaldi y se encomendó a sus oraciones. Solicitaba una cadena engarzada con la fe de los muchos que suplicarían su curación a la Virgen. Y en mayo de 1931, cuando tenía 17 años, se produjo el milagro, aunque la pierna afectada quedó 15 cm. más corta que la sana. Él supo que se obraría la gracia que solicitó porque vio en sueños a María Auxiliadora. Ella le aseguró, siempre en ese estado de vigilia, que se restablecería en el mes dedicado a su celebración y que sería sacerdote, dando respuesta a estas dos preguntas que Luigi formuló. También quiso saber si iría al cielo, pero la Madre simplemente sonrió. Le prometió que dedicaría su vida entera a socorrer a las personas que sufrían y a evitar que los enfermos recibieran el trato deficiente que él mismo padeció. Don Bosco, Luís María Grignion de Monfort y José Cottolengo tuvieron gran peso en su vida.
En 1938 fue ordenado sacerdote. Pasó por varias parroquias y en 1942 dio el salto al ámbito diplomático de manos del futuro Pablo VI, que le introdujo en la Secretaria de Estado del Vaticano. Tenía tantas virtudes y cualidades que lo eligieron Camarero secreto supernumerario en 1952, y prelado domestico de Pío XII en 1957. Antes, en 1943 creó la Liga Sacerdotal Mariana (LSM), y a partir de ese año inició el apostolado de los voluntarios del sufrimiento, impulsó la publicación «El áncora», emitió semanalmente a través de la radio Vaticana un programa infundiendo esperanza a los enfermos, y en 1950 creó los Silenciosos Operarios de la Cruz. Encabezó peregrinaciones con discapacitados y enfermos, congregó a varios miles recibidos en audiencia por Pío XII, abrió talleres, etc. En 1964 se ocupó de la oficina para asistencia espiritual hospitalaria de la Conferencia Episcopal Italiana. Ello le permitió conocer de primera mano la situación y necesidades de enfermos, sanatorios y hospitales que solía visitar. Su experiencia e implicación en la subsanación de las deficiencias influyó en la legislación italiana que tomó conciencia de los problemas. Paralelamente, impulsó acciones de gran calado dentro de la pastoral del sufrimiento.
Atendiendo al carácter integral de la persona ponía el acento no solo en el aspecto físico, sino en el espiritual. Sabía que sin este ámbito, que enseña a encontrar un sentido al sinsentido del dolor, no cabía esperar óptimos resultados. Fue consciente del potencial que tienen en su mano los enfermos que pueden poner a los pies de Cristo su sufrimiento. Luchó para que se restableciera su dignidad y logró que no se abandonara a los discapacitados. Quiso llevar a todos a Cristo y a María. Hacía notar: «Conocer, amar y servir a Jesús: conociendo bien a Jesús se ama más; amándolo más se sirve mejor; sirviendo mejor se lleva con mas impulso hacia los demás hermanos enfermos». Amaba la cruz y se propuso implicar a enfermos y discapacitados en un apostolado que sabía sería fecundísimo si se abrazaban a ella. Murió el 20 de julio de 1984 en Rocca Priora. El cardenal Bertone, como Delegado de Benedicto XVI, lo beatificó el 11 de mayo de 2013.



San Aurelio Cartago

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San Aurelio
Obispo de Cartago. En aquella época la Iglesia de Africa estaba en la cumbre de su esplendor; el obispo de Cartago era a la vez primado o patriarca de Africa, es decir, uno de los prelados más importantes de la Iglesia universal.
San Aurelio tuvo que hacer frente a dos herejías: las de los donatistas y la de los pelagianos. Durante los 37 años que gobernó la sede, San Aurelio convocó numerosos sínodos provinciales y concilios plenarios de los obispos africanos para resolver ésos y otros problemas.
San Aurelio era íntimo amigo de San Agustín y, cuando aquél se quejó de que muchos monjes , so pretexto de vida contemplativa, eran simples holgazanes, San Agustín escribió el tratado "Sobre el trabajo de los monjes" para tratar de mejorar la situación.
San Fulgencio de Ruspe, obispo africano de la siguiente generación, escribió acerca de San Aurelio, como lo hizo también el erudito español Pablo Osorio.


En  Cartago, san Aurelio, obispo, firmísimo pilar de la Iglesia, que protegió a sus fieles para que no se dejasen arrastrar por las costumbres paganas y colocó su sede episcopal en el mismo lugar donde primero se encontraba una estatua de la diosa del cielo.
Hacia el año 392, poco después de que san Agustín recibiera la ordenación sacerdotal y el obispado de Hipona, Aurelio, un diácono, fue elegido obispo de Cartago. En aquella época, esa gran Iglesia de África estaba en la cumbre de su esplendor y de su influencia; el obispo de Cartago era a la vez primado o patriarca de Africa, es decir, uno de los prelados más importantes de la Iglesia universal. San Aurelio tuvo que hacer frente a dos herejías: la de los donatistas, que tocaba ya a su fin, y la de los pelagianos, que apenas comenzaba. Durante los treinta y siete años que gobernó la sede, san Aurelio convocó numerosos sínodos provinciales y concilios plenarios de los obispos africanos para resolver ésos y otros problemas. Los sínodos y los viajes absorbían de tal modo al santo, que se vio obligado a delegar el ministerio de la predicación a los presbíteros de mayores cualidades, lo cual era entonces desacostumbrado en la Iglesia.

San Aurelio era íntimo amigo de san Agustín y, cuando aquél se quejó de que muchos monjes, so pretexto de vida contemplativa, eran simples holgazanes, Agustín escribió un tratado, «Sobre el trabajo de los monjes», para tratar de mejorar la situación. San Fulgencio de Ruspe, obispo africano de la siguiente generación, escribió en términos muy encomiásticos acerca de san Aurelio, como lo hizo también por la misma época el erudito español Pablo Orosio. La fecha de celebración proviene de un calendario cartaginés del siglo VI que dice lo siguiente: «El 20 de julio, la sepultura de San Aurelio, Obispo».

Ver Acta Sanctorum, octubre, vol. IX, pp. 852-860. No existe ninguna biografía propiamente dicha del santo, escrita por sus contemporáneos; pero se encuentran numerosas alusiones a él en las cartas de san Agustín y en los documentos conciliares, etc.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


Oremos

Señor, tú que colocaste a San Aurelio en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


Santa  Wang-Hoei

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Santa Rosa de Wang-Hoei, Catequista
Etimológicamente significa “jardín florido”. Viene de la lengua latina.
Cuando, desde luego, no se siente el potencial del amor, sólo se piensa en hacer daño a los demás. Tras las confrontaciones entre China y Japón, surgieron grupos de revoltosos que alteraban el orden por todos sitios.
Uno de estos grupos o bandas facinerosas eran los “Boxers”. Ellos solos no hubieran hecho grandes cosas, pero los apoyaba la terrible e insidiosa emperatriz Tzu Hsi y su consejero particular, el malvado príncipe Tuan. Llevaban la xenofobia en sus venas.
Se empeñaron en atacar y acabar con todos los cristianos, fueran de la confesión que fueran.
Esto comenzó en junio de 1900. Entre los muchos mártires de ese tiempo, se cuenta la joven Wang-Hoei.
Una catequista ejemplar por su entrega a dar a conocer el Evangelio, por su conducta y su amor todo el mundo. Se había cambiado el nombre por el bonito de Rosa.
Durante la persecución de lo Boxers tuvo que estar de un sitio para otro escondiéndose para librarse de una muerte segura.
En compañía de una amiga pasó el día 15 de agosto y la noche siguiente en sincera y profunda oración.
El 16 del mismo mes, los soldados invadieron el pueblo con el fin de capturar a todos los cristianos. Buscaron informaciones acerca de una tal Rosa, una excelente joven que desplegaba su celo pastoral haciendo el bien a sus paisanos.
Con la ayuda de los espías la encontraron. La sometieron a un interrogatorio atroz, le dieron azotes. Ella no les tenía miedo, pues confiaba en Dios y en el premio de la vida eterna. La tiraron, con el cuerpo sangrando, a un canal en el que murió a los 45 años.
Juan Pablo II la llevó a los altares en octubre del año 2000.



San Sanxurjo

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SAN JOSÉ MARÍA DÍAZ SANXURJO († 1858 y 1857)
"No hemos tenido un día de paz ni quietud, ni una hora en que nuestra vida no peligrase. El infierno entero se ha conjurado contra nosotros, y estos mandarines, como otros Nerones, se han propuesto concluir con la obra del Señor... Persecución cruel, hambre extremada y guerra civil son los tres azotes con que los neófitos del Tonkín central purgan sus pecados y labran una corona más brillante que el sol, que ceñirán por toda una eternidad. En un día cortaron la cabeza al sacerdote Huang y a cinco cristianos; al día siguiente a diez, y poco después a otros diez; luego a tres sacerdotes, y antes de todos éstos habían hecho pedazos en un solo día a trece cristianos. Ayúdenme con sus oraciones a lavar mis culpas con mi sangre y que consiga la palma del martirio."
Así escribía a su padres asturianos Melchor García Sampedro, religioso dominico, obispo misionero y mártir del Tonkín. Cuando estas líneas llegaban cruzando mares y saltando montañas hasta el concejo de Quirós, en Cortes —pleno corazón de Asturias—, unos ancianos padres se estremecían de emoción y zozobra preocupados por la futura suerte del hijo lejano. Y no iban descaminados. Poco tiempo habría de transcurrir entre esta carta y otra, no escrita ya de su puño y letra, en la que les describían su horroroso martirio. En la casa del mártir, congregada toda la familia, se leía la relación escalofriante de tanta firmeza y de tan heroica muerte; el silencio reinaba en la reducida estancia mientras crepitaban unos ramojos de chámara, hacinados sobre el fogaril. El padre bajaba la cabeza añosa, nevada por las canas, para ocultar las furtivas lágrimas, en tanto que la madre del heroico mártir —parecida en fortaleza a la de los santos Macabeos— le decía: "Juan, Juan, demos gracias a Dios, que nos ha dado un hijo tan santo".
 Nada menos que unos treinta mil mártires subieron al cielo, de 1856 a 1862, en Tonkín, bajo el mandato del feroz y sanguinario reyezuelo Tu-Duc, que en su cólera satánica planeaba exterminar la religión cristiana en sus dominios. Una espléndida floración de heroicos confesores de la fe festonearía aquellos fecundos campos con sus amapolas de martirio en los dilatados arrozales del Río Grande, regados con el sudor de tantos misioneros dominicos a través de los años desde 1676, fecha en que plantaron allí por vez primera la cruz de Cristo los hijos del Santo de Caleruega. Cuando en 1917 se inició el proceso ordinario de la causa de beatificación, englobaba nada menos que a 1.315 compañeros de los 30.000 que fueron martirizados bajo la sañuda égida de Tu-Duc; pero, dado el ingente número de mártires, a fin de acelerar el curso de la causa, se eligió solamente a 25 para que la Sagrada Congregación de Ritos determinara su martirio oficialmente. Así el 29 de abril de 1951 eran proclamados solemnemente Beatos los obispos mártires José Díaz Sanxurjo y Melchor García Sampedro con otros 23 indígenas, entre ellos cuatro religiosos dominicos y los restantes seglares, de los cuales siete padres de familia. ¡Qué fulgente corona en las sienes de la Iglesia!
 Veamos ahora brevemente los principales rasgos biográficos de los dos heroicos obispos dominicos españoles. Galicia y Asturias son la cuna de José María Díaz Sanxurjo y de Melchor García Sampedro, respectivamente. El 25 de octubre de 1818, en la aldehuela de Santa Eulalia de Suegos, diócesis y provincia de Lugo, veía la luz primera el aventajado latinista lucense, notable teólogo y legista compostelano, brillante profesor de la universidad de Manila, fervoroso misionero de Tu-Da y Mi-Dong, obispo de Platea y vicario apostólico del Tonkín central: José María Díaz Sanxurjo. A su vez, tres años más tarde, el 28 de abril de 1821, en una de las "quintanas" del concejo asturiano de Quirós, metido entre las montañas que suben hacia León, dando vista a la llanura castellana, nacía en Cortes el mayor de siete hijos,Melchor García Sampedro, el cual, para aprender los primeros latines, caminaría mañana y tarde tres kilómetros hasta Bárzana de Arrojo, pobremente abrigado, con un "fardel" a la espalda, donde llevaba los libros y una frugal comida. Tras un examen brillantísimo de cultura general pudo matricularse en la universidad de Oviedo y llegar a ser preceptor del colegio de San José, de la misma ciudad.
 La vida de ambos santos discurre bastante paralela, desde el mismo parecido de su cuna en humildes hogares de labrantío, que si escasean en fortuna sobreabundan, en cambio, en fe y piedad, hasta su glorioso martirio como misioneros y obispos del mismo Vicariato Apostólico, sucesivamente. En efecto, terminados sus estudios de filosofía, despreciando los halagos y oropeles mundanos, sintiendo entrambos la vocación religiosa al claustro dominicano, corren hacia el convento de Ocaña el uno en 1842 y el otro en 1845.
 Luego de vestir el santo hábito, emitir sus votos solemnes y completar sus estudios eclesiásticos reciben la ordenación sacerdotal. Los inefables consuelos de su primera misa son ya el anticipo del caudal de energía sobrenatural que almacenarán sus almas generosas, prestas a sacrificar sus vidas en lejanas tierras de infieles. Ocaña era entonces el mejor plantel de la Orden de Predicadores para la exportación de misioneros al Lejano Oriente.
 El 10 de mayo de 1844 embarca en Cádiz, rumbo a Manila, el padre José María Díaz Sanxurjo, y el 7 de marzo de 1848 el padre Melchor García Sampedro. Corta es su permanencia en Filipinas. Fray Díaz ocupa una cátedra durante medio año en la famosa universidad de Santo Tomás, de Manila. Luego pide y logra partir para Macao, y de aquí, el 18 de agosto de 1845, para el Tonkín. Ya está en su centro y de lleno en su ambiente: infieles, neófitos, cristianos viejos, valientes, esforzados y a dos pasos siempre del martirio...
 Igual trayectoria sigue su compañero fray García Sampedro. Quieren utilizarle para profesor en Manila, pero a poco consigue llegar a Doun-Xu-yen, en el Tonkín. Contaba entonces la misión de aquel Vicariato con 150.000 cristianos, rodeados por todas partes de infieles. Cuando llegaron nuestros dos misioneros el vicario apostólico del Tonkín, monseñor Martí, previendo el desastre de la lglesia anamita, obtuvo de la Santa Sede bula para consagrar a fray Díaz Sanxurjo como obispo coadjutor suyo, y así se hizo el 8 de abril de 1849, cuando éste apenas contaba treinta años de edad, resistiéndose a tan alta dignidad con muchas lágrimas. Muerto monseñor Martí, el nuevo prelado obtuvo, a su vez, bula de la Santa Sede para consagrar obispo coadjutor suyo a su compañero fray García Sampedro (en septiembre de 1855), que frisaba en los treinta y cuatro abriles.
 No se equivocó en sus cálculos, pues a poco de consagrarle era delatado por un cristiano traidor, y preso el 20 de mayo de 1857, el vicario apostólico, fray Díaz Sanxurjo, siendo martirizado el 20 de julio y muriendo a consecuencia de tres sablazos. Su cabeza, recogida tras mucha búsqueda en el río, donde había sido arrojado su cuerpo, fue traída a Ocaña en 1891.
 Presintiendo también un fin parecido el nuevo vicario apostólico, fray García Sampedro, consagró obispo coadjutor suyo al Beato Valentín Berrio-Ochoa, vasco, también dominico, a los treinta años. Apresado fray García Sampedro el 8 de julio de 1858, el tirano quería ensañarse con su víctima. El 28 fue sacado para el lugar de ejecución entre gran algarabía y aparato de tropa, elefantes y caballos. Tras ellos, con su "canga" o cepo al cuello, se arrastraba extenuado el mártir. "Cortadle primero las piernas, después las manos, luego la cabeza y por fin abridle las entrañas", gritó el mandarín.
 Después de atarle a unas estacas, distorsionando todo el cuerpo, le desnudaron y estiraron por pies y cabeza con gran fiereza y griterío. Luego, como quien hace leña, con hachas romas, sin corte, para que durara más el tormento, empezaron por las piernas, cortándolas por sobre las rodillas con doce golpes. Después hicieron lo mismo con los brazos con siete golpes. Con otros quince golpes le machacaron la cabeza, y, en fin, con un cuchillo le abrieron el vientre y con un gancho le sacaron el hígado y la hiel. Luego cogieron la cabeza y la suspendieron junto a la puerta del Mediodía, y el hígado y la hiel a la de Oriente. Al día siguiente, 29 de julio, hecha pedazos la cabeza, la arrojaron por la noche al mar.



San José Justo

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San José, llamado el Justo, a quien los Apóstoles propusieron para ocupar el lugar de Judas en el apostolado, s. I.

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