viernes, 24 de julio de 2015

‘Nos violaban al menos cinco veces al día’24072015

‘Nos violaban al menos cinco veces al día’

Tres jóvenes yazidíes fueron explotadas sexualmente por los yihadistas durante meses. Todavía viven con el miedo a sufrir represalias y sus familias han tenido que huir.
Se niegan a enseñar sus rostros a las cámaras, todavía tienen miedo. “Nos violaban al menos cinco veces al día”, cuenta Bushra, una de las tres jóvenes yazidíes que durante meses fueron explotadas a manos de los muyahidines del Estado Islámico. La yihad sexual dicen, o el vicio y la perversión en el nombre de Alá.
“Una muchacha fue al baño y se cortó una de sus muñecas. Como no murió, se cortó la garganta. Los guardias me buscaron y me dijeron que fuese a identificarla. Dijeron que era mi amiga. No la pude reconocer. Había demasiada sangre en su cara. Los guardias la envolvieron en una sábana y la lanzaron a la basura”, continúa Bushra, que recuerda como los comandantes del Estado Islámico fueron aumentando su crueldad a medida que tomaban más poder.
Los yazidíes no son musulmanes, por lo que son perseguidos por los yihadistas que los consideran “adoradores del diablo y un blanco válido”. El Estado Islámico ha masacrado a todos los pueblos que se ha encontrado a su paso y la peshmerga no pudo detener el ataque a la aldea de Bushra.
“Separaron a los hombres de las mujeres y los niños, se los llevaron y les dispararon. Yo tengo siete hermanos, uno de ellos consiguió escapar. Los otros seis todavía están desaparecidos. A mi madre se la llevaron junto a otras 70 mujeres mayores. Vimos un excavadora y oímos tiros”, explica Noor, otra de las jóvenes secuestradas.
El mercado sexual
Los comandantes del Estado Islámico han creado toda una red de intercambio de mujeres. Las yazadíes, como tantas otras, van pasando de mano en mano y el precio que pagan por ellas es realmente ridículo. Los malos tratos y las violaciones son continuos. De hecho, el califato ha tramitado un servicio de matrimonio exprés para evitar incumplir la Sharia.
Una de las jóvenes, Noor, trató de escapar antes que el resto, pero su plan no salió como había esperado: “Salman y sus guardias me golpearon y me quemaron con cigarrillos. Salman me ordenó que me desvistiera y dejó que los seis guardias entraran, cerraran la puerta y me violaran brutalmente. No sé cuántas veces”.
Tras varios intentos fallidos, las tres muchachas lograron escapar y se escondieron en los campamentos para refugiados en Irak. Gracias al apoyo de numerosas ONG, Noor, Bushra y Munira han podido viajar al Reino Unido para contar su historia.
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