sábado, 18 de julio de 2015

San Emiliano de Mesia - San Arnulfo Metz - San Rufilo de Forlimpopoli - San Filastrio de Brescia - Beato Bartolomé Portugal 18072015

San Emiliano de Mesia

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En Silistra, en Mesia, san Emiliano, mártir, que, despreciando los edictos de Juliano el Apóstata y las amenazas de su vicario Catulino, derrumbó el altar de los ídolos para impedir los sacrificios, por lo que fue arrojado a un horno ardiente y alcanzó así la palma del martirio.



San Arnulfo Metz

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San Arnulfo de Metz, eremita y obispo
En Metz, ciudad de Austrasia, san Arnulfo, obispo, consejero de Dagoberto, rey de Austrasia, cargo al que renunció para abrazar la vida eremítica en los montes Vosgos.
Arnulfo, que nació en el seno de una noble familia y se distinguió por su saber y su piedad, fue llamado a la corte de Teodoberto II de Austrasia. Los cortesanos le admiraban por su prudencia en el consejo y por su valor en el campo de batalla, pues Arnulfo unía a las virtudes del cristiano las cualidades de un hombre de estado. Contrajo matrimonio con una noble dama llamada Doda, de lo que tuvo dos hijos: Clodulfo y Ansegiselo. Al quedar viudo se casó en segundas nupcias con una hija de Pipino de Landen, de suerte que los reyes de la dinastía carolingia descendían de san Arnulfo.

Ante el temor de perder su alma en el cuidado de las cosas de este mundo, Arnulfo determinó retirarse al monasterio de Lérins, pero no lo consiguió y, en cambio fue consagrado obispo de Metz, en el año 610. En su nuevo cargo continuó desempeñando un papel importante en los asuntos públicos, sin dejar por ello de cumplir escrupulosamente con sus deberes pastorales. Cuando murieron Teodoberto y su hermano Thierry, san Arnulfo y otros nobles colocaron en el trono de Austrasia a Clotario de Neustria quien, al cabo de diez años de reinado, dividió sus dominios, dejó el gobierno de Austrasia en manos de su hijo Dagoberto y nombró a san Arnulfo consejero principal suyo. Pero éste se abstuvo de desempeñar el oficio, y se esforzó en cambio por obtener al fin el tan deseado permiso de retirarse de la corte, por más que Dagoberto le amenazó al principio con cortarle la cabeza si lo hacía. El santo obispo renunció entonces al gobierno de su diócesis y se retiró, junto con su amigo san Romarico, a una ermita de los Vosgos, que se convirtió más tarde en el monasterio de Remiremont. Allí murió san Arnulfo.

En Acta Sanctorum, julio, vol. IV, se hallarán prácticamente todos los documentos de importancia. B. Krusch reeditó una biografía latina escrita por un contemporáneo del santo, en Monumenta Germaniae Historica, Scriptores Merov, vol. II, pp. 426-446.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



San Rufilo de Forlimpopoli

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En Forlimpopoli, en la Emilia, san Rufilo, obispo, a quien se tiene por el primero que gobernó esta Iglesia y condujo a toda la población rural de los alrededores a Cristo.

San Filastrio de Brescia

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San Filastrio de Brescia, obispo
En Brescia, en la región de Venecia, san Filastrio, obispo, cuya vida y muerte fueron alabadas por su sucesor, san Gaudencio.
No sabemos exactamente dónde nació san Filastro. Lo cierto es que abandonó su país natal, su herencia y la casa de sus padres, como Abraham, para cortar todos los lazos que le ataban al mundo. Viajó por varias provincias haciendo la guerra a los infieles y a los herejes, particularmente a los arrianos, cuyos errores se habían propagado por toda la Iglesia. Tan grandes eran el celo y la fe de Filastro, que se regocijaba, como el Apóstol, de sufrir por la verdad y de llevar en su cuerpo las marcas de los terribles latigazos que había recibido por afirmar la divinidad de Jesucristo. En Milán se opuso vigorosamente al arriano Auxencio, quien estaba tratando de acabar con la Iglesia en aquella diócesis. Igualmente predicó y discutió con los herejes en Roma. Después se trasladó a Brescia, donde fue elegido obispo y cumplió sus deberes pastorales con un celo inmenso. Alban Butler dice que Filastro no igualaba en ciencia a San Ambrosio y San Agustín, sus contemporáneos, pero lo compensaba abundantemente con el ejemplo de su vida, con su espíritu de humildad y piedad y con su entrega infatigable a sus deberes pastorales. San Filastro demostró claramente que un hombre de cualidades normales es capaz de obrar maravillas cuando posee una gran virtud.

Para defender a sus fieles contra los errores en materia de fe, Filastro escribió el «Catálogo de Herejías». En dicha obra no toma la palabra «herejía» en su sentido teológico estricto, ya que incluye entre las herejías algunas opiniones simplemente discutibles y llega hasta a llamar «herejes» a los que dan a los días de la semana sus nombres paganos (esta extensión tan amplia del término hereje era bastante común en la antigüedad). La obra carece de valor en sí misma, pero es interesante por la luz que arroja sobre las obras de otros escritores de la época, como por ejemplo, la de san Hipólito. En su panegírico de san Filastro, san Gaudencio alabó su modestia y su trato apacible y bondadoso. La liberalidad de san Filastro no alcanzaba sólo a los pobres, sino que se extendía también a los comerciantes y negociantes para que pudiesen ensanchar sus empresas. San Agustín conoció a san Filastro en Milán, junto con san Ambrosio, hacia el año 384. san Filastro murió antes que su metropolitano, san Ambrosio, el cual nombró a san Gaudencio para sucederle en la sede de Brescia.

Ver Acta Sanctorum, julio, vol. IV. Los escasos datos que poseemos sobre san Filastro provienen en gran parte del panegírico de san Gaudencio, cuya autenticidad ha sido puesta en duda; pero Knappe y Poncelet la defendieron victoriosamente. Cf. Analecta Bollandiana, vol. XXVIII (1909), p. 224; y Bardenhewer, Patrologie, n. 89.
Cuadro de Ponziano Lovarini da Bergamo - 1881, en el pueblo de Ludriano, del que el santo es patrono principal.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



Beato Bartolomé Portugal

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Beato Bartolomé de los Mártires Fernandes
En el monasterio de la Santa Cruz de Viana do Castelo, en Portugal, beato Bartolomé de los Mártires Fernandes, obispo de Braga, que eximio por la integridad de su vida, se distinguió por la caridad en el cuidado pastoral de su grey, dejando muchos escritos de sólida doctrina.
Del arameo, "abundante    en surcos" (1504-1590). Obispo. Vio la primera luz en Lisboa (Portugal).    Fue bautizado en la Iglesia de los Mártires, de ahí su nombre.    Su familia era adinerada y generosa con los pobres.
Nació con una seña    particular: tenía una cruz bien delineada en el exterior de su mano derecha,    con una flor de lis en cada punta. Cursó estudios elementales y después    gramática y latín; en tanto, la predicación de los padres    dominicos inspiraron su vocación al sacerdocio. Ingresó en dicha    orden (1528), donde practicó la penitencia y la mortificación    que le caracterizaron.
Después de su ordenación sacerdotal continuó    estudios en Batalha. En 1551 asistió con su provincial al Capítulo    General en Salamanca (España), donde recibió el doctorado en sagrada    teología. Desempeñó el cargo de prior en el convento de    Benfica (Lisboa) y años después, por obediencia, fue obispo en    Braga (1559). Su celo pastoral infundió en la feligresía el amor    a Dios, por medio de la oración y la contemplación; asimismo,    corrigió con firmeza, las costumbres incorrectas del clero y del pueblo.
Participó en el concilio de Trento (1561) y, al regresar a Braga, convocó    el IV concilio provincial (1564) para dar a conocer los decretos de Trento.    Renunció al arzobispado (1581) e hizo vida de retiro en el convento de    Viana do Gástelo (Portugal) hasta su muerte. Fue sepultado en este lugar,    donde en 1609 colocaron sus reliquias en un mausoleo. Juan Pablo II lo beatificó    en 2001.

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