San Magnerico de Tréveris, obispo
En Tréveris, ciudad de Renania, en Austrasia, san Magnerico, obispo, discípulo de san Niceto, a quien acompañó fielmente cuando éste fue desterrado, y al que emuló, al sucederle en el episcopado, en el celo por la salvación de los almas.
Magnerico nació a principios del siglo VI. Fue educado por san Niceto, obispo de Tréveris, quien le ordenó sacerdote e hizo de él su hombre de confianza. Cuando el rey Clotario I desterró a Niceto porque éste le había excomulgado a causa de su vida de vicio, Magnerico le siguió al exilio. Al año siguiente, Sigeberto levantó la pena de destierro y, seis años más tarde, Magnerico sucedió a Niceto en la sede de Tréveris. San Magnerico era muy devoto de san Martín de Tours, en cuyo honor erigió varias iglesias y fundó un monasterio. En el curso de sus peregrinaciones a Tours, se hizo muy amigo de san Gregorio, obispo de dicha ciudad, quien dio testimonio de la santidad de Magnerico en sus escritos.
El año 585, Guntramno de Borgoña desterró al obispo de Marsella, Teodoro; éste se refugió en Tréveris, y san Magnerico, lo mismo que san Gregorio, fueron a defender la causa del obispo de Marsella ante el rey Childeberto II, quien profesaba gran veneración al obispo de Tréveris. También otro santo, Venancio Fortunato, conoció íntimamente a san Magnerico y alabó su piedad y saber como el ornato de la Iglesia. San Magnerico tuvo numerosos discípulos; entre ellos se contaba a san Gauderico, uno de sus diáconos, quien llegó a ser obispo de Cambrai. San Magnerico murió ya muy anciano, el año 596.
En Acta Sanctorum, julio, vol. VI, puede verse, entre otros documentos, la biografía relativamente larga que escribió Eberwino, abad de San Martín de Tréveris.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Santa Glodesindis de Metz
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En Metz, ciudad de la Galia Bélgica, santa Glodesindis, abadesa.
Beato Juan Soreth
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Beato Juan Soreth, religioso presbítero
En Angers, en Francia, beato Juan Soreth, presbítero de la Orden de Carmelitas, en la que introdujo una observancia más estrecha y amplió con conventos para monjas.
Juan Soreth nació en Normandía hacia el año 1405. A los dieciséis años, tomó el hábito de los carmelitas. Después de su ordenación, fue a estudiar a la Universidad de París, donde obtuvo el grado de doctor, en 1438. Dos años después, fue nombrado provincial de su orden en Francia. Durante su provincialato, tuvo que intervenir en una disputa que surgió entre los frailes mendicantes y la Universidad de París, así como en un cisma entre los carmelitas de la provincia de Alemania inferior. En ambos casos tuvo éxito, por lo que fue elegido unánimemente superior general de la orden, en 1451. Se le confirmó el generalato en 1456, 1462 y 1468 y siempre desempeñó sus arduas obligaciones con celo infatigable. La Orden del Carmelo, como tantas otras órdenes mendicantes, necesitaba urgentemente una reforma, debido en parte a los estragos que habían producido la «peste negra» y el cisma de Occidente. La decadencia del fervor de los frailes se manifestaba sobre todo en la falta de pobreza personal, en la dispensa del coro y de la mesa común, concedida a quienes estaban dedicados a la enseñanza y, en toda una serie de «privilegios» o dispensas de la observancia de una regla que los frailes habían abrazado voluntariamente para gloria de Dios y bien de sus almas.
El beato Juan fue un precursor de santa Teresa. Aunque no se puede decir que haya sido el primero en intentar la reforma, tuvo el mérito de no poner en peligro la unidad de la orden con su actividad reformadora. Los reformadores religiosos y todos los otros, encuentran oposición aun por parte de los hombres de buena voluntad. El P. Soreth estableció en todas las provincias que visitó uno o dos conventos de estricta observancia de las constituciones y permitió que todos los frailes que lo desearan pudiesen trasladarse a dichos conventos. Para ayuda de sus súbditos publicó, además, una edición revisada de las constituciones, en 1462. También fundó varios conventos de religiosas carmelitas. Emprendió esa actividad en 1452, cuando varias comunidades de «beguinas» de los Países Bajos pidieron la anexión a la Orden del Carmelo. El beato Juan les impuso la regla masculina, a la que añadió únicamente algunas disposiciones relativas al sexo y estado de las religiosas. El primero de tales conventos fue el de Gueldre, en Holanda, al que siguieron los de Lieja, Dinant, Huy, Namur, Vilvorde y otros más. A fines del siglo, el movimiento se había extendido a Italia y España, donde más tarde había de alcanzar el zenit de su gloria.
Los esfuerzos del beato Juan en la reforma de los conventos masculinos sólo obtuvieron un éxito parcial. A pesar de ello, el papa Calixto III, reconociendo la santidad y habilidades del beato, trató de hacerle obispo y cardenal. Pero el P. Soreth no había predicado a otros la humildad a expensas de la propia; la Santa Sede aceptó su negativa y le permitió continuar su tarea. En el desempeño de su cargo, el beato viajó por Alemania, Inglaterra, Italia, Sicilia y el resto de Europa. Generalmente iba acompañado de un fraile y de un mulero. Su rostro estaba tan tostado y curtido, que las gentes le llamaban «el negro» y aun «el diablo». El P. Juan iba todos los años a Lieja, que estaba entonces muy lejos de ser una ciudad tranquila y apacible, y se interesaba mucho por los asuntos de la ciudad. Cuando Carlos el Temerario saqueó a Lieja, en 1468, el beato, a riesgo de su vida, sacó el Santísimo Sacramento de una iglesia para evitar que las tropas lo profanasen. Un benedictino de aquella época escribió: «Era un hombre muy versado en las ciencias sagradas y en la filosofía profana. Pero la mayor de sus cualidades era su espíritu religioso y su bondad, que hicieron de él la gloria de su orden y el más ilustre de los reformadores del Carmelo. Como lo mostraban su ejemplo y sus palabras, había alcanzado ese estado de despego total de las vanidades del mundo, al que sólo llegan las almas escogidas. Era un modelo de observancia regular y de virtudes cristianas».
Aunque ya existían antes de él algunas cofradías locales, la institución de la tercera orden del Carmelo se debe fundamentalmente al beato Juan. En 1455, publicó en Lieja una especie de regla para los terciarios; aunque con muchas adiciones, dichas normas siguen siendo todavía la base de la regla de los terciarios carmelitas calzados. El beato murió en Angers, el 25 de julio de 1471. Se ha dicho que fue envenenado por un fraile que se oponía a la reforma; pero tal acusación es falsa. El P. Juan Soreth, consumido por el trabajo y los viajes, falleció a causa del cólera que contrajo al comer fresas poco maduras. Desde su muerte, el pueblo cristiano comenzó a venerarle. El proceso de beatificación de la beata Francisca de Amboise renovó, en 1863, la memoria del P. Soreth, y la Santa Sede confirmó su culto en 1865.
Muchos de los principales documentos relativos al P. Soreth se hallan reunidos en Monumenta Historica Carmelitana de Zimmerman (1907) ; véanse particularmente las pp. 410-411. También hay un esbozo biográfico del beato en la obra del P. Daniel, Speculum Carmelitarum, reproducido en Analecta Ordinis Carmelitarum, vol. XI, pp. 24 ss., con algunas notas importantes. Cf. Francis, Les plus vieux textes du Carmel, donde se halla el original de la regla de los terciarios, pp. 236-243. Decreto de confirmación de culto en ASS 01 (1865-1866) pág. 654)
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Beato Pedro Corradini
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Beato Pedro Corradini de Mogliano, religioso presbítero
En Camerino, del Piceno, beato Pedro Corradini de Mogliano, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, insigne por la predicación del Evangelio, por el ejemplo de sus virtudes y por la fama de sus milagros.
Pedro nació en Mogliano, de la Marca de Ancona, en 1442. Durante tres años estudió leyes en la Universidad de Perusa. En 1467, quedó muy impresionado por la predicación de un dominico de Leonissa y de un franciscano de Ancona. Tras de madura consideración, pidió el hábito de san Francisco y fue recibido en la Orden. Sus superiores le enviaron a acompañar en sus misiones a san Jacobo della Marca, quien, después de san Juan Capistrano, fue el más distinguido de los discípulos de san Bernardino de Siena. El beato Pedro era un predicador y director espiritual muy hábil. El duque de Camerino, cuya hija, la beata Bautista Varani, se santificó en parte gracias a la ayuda de Pedro de Mogliano, le tomó por director y confidente. Pedro fue vicario provincial de su orden en las Marcas, durante tres períodos, y en Roma, durante un período. En 1472, fue enviado como comisario a Creta. En todos esos cargos dio muestras de gran prudencia y de comprensión sobrenatural de los hombres y de los problemas.
eis años después de la muerte del beato, Bautista Varani relató por escrito los acontecimientos de sus últimos días a la duquesa de Urbino. El día de la Visitación, el beato tuvo el presentimiento sobrenatural de que se aproximaba su muerte y, pocos días más tarde, contrajo una dolorosa enfermedad. Fiel a la tradición franciscana, Pedro soportó sus sufrimientos con tal paciencia, que el enfermero le dijo: «¡Padre, os vais a morir riendo!» La beata Bautista Varani continúa así: «Habéis de saber, querida señora, que desde tres años antes de la muerte del P. Pedro toda la ciudad y toda la provincia le llamaban simplemente 'el santo padre'. Las gentes le querían tanto que, a dondequiera que iba le seguía una muchedumbre. Cuando se dirigía al capítulo de Urbino, pasó por Camerino y se detuvo en nuestro monasterio. Al partir, encontró a la puerta tal cantidad de gente que, de no haber sido por la amable ayuda que le prestaron algunos jóvenes, hubiese muerto asfixiado ... Su alma santa y bondadosa voló al cielo en la noche del sábado al domingo 25 de julio (1490), fiesta de Santiago Apóstol, en el momento en que los frailes entonaban el 'Te Deum' de maitines. Poco antes de expirar, murmuró varias veces el nombre de Jesús, de suerte que partió de este mundo pronunciando el dulce nombre de Aquél por cuya virtud había obrado tantas maravillas durante su vida». El culto del Beato Pedro de Mogliano fue confirmado en 1760.
Se conoce al Beato Pedro, sobre todo, por sus relaciones con la beata Bautista Varani. Véase Mazzara, Leggendario Francescano (1679), vol. II, pp. 153-155; Léon, Auréole Séraphique (trad. ingl.), vol. VII, pp. 1-8; y Le opere spirituali della B. Batista Varani (1894) , pp. 61-101.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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