Beato Jerónimo Gherarducci, monje
y presbítero
fecha: 12 de marzo
†: c. 1369 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío VII 1804
hagiografía: Abel Della Costa
†: c. 1369 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío VII 1804
hagiografía: Abel Della Costa
En
Recanati, en el Piceno, beato Jerónimo Gherarducci, presbítero de la Orden de
Ermitaños de San Agustín, que trabajó por la paz y la concordia de los pueblos.
Los
intentos de los estudiosos por conocer la vida del beato más en profundidad han
resultado, hasta el momento, infructuosos; han llegado hasta nosotros muchos
testimonios de culto, recuerdos de milagros y tradiciones populares, que bastan
para atestiguar su fama de santidad, e incluso son suficientes para la
confirmación canónica del culto, pero no nos sirven a la hora de afirmar
nuestro conocimiento biográfico del beato.
Parece
que su nombre de familia fue Gherarducci. La época en la que vivió, el siglo XIV,
fue la de un extraordinario florecimiento de la santidad en la región italiana
de Las Marcas. El beato vivió en el convento agustino de Recanati, Pcia. de
Macerata, en soledad y oración, y desde allí proyectó su carisma de
pacificación entre las diversas facciones que disputaban (habitualmente de
manera violenta) por aquellos tiempos.
Este
aspecto, además de los milagros, fue el más recogido por la tradición, e
incluso hasta inicios del siglo XX, cuando llegaba la fiesta del beato, se
escogían algunas personas que debían hacer de pacificadores en las disputas de
la ciudad de Recanati.
El
beato murió el 12 de marzo de entre el 1350 y el 1370. Pío VII confirmó su
culto en 1804, otorgando a la diócesis misa y oficio propios.
Basado
en datos de «Santi e Beati» y «Año Cristiano», BAC, 2003.
Abel Della Costa
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o última modificación relevante: 11-3-2013
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=861
Beata Ángela Salawa, virgen
fecha: 12 de marzo
n.: 1881 - †: 1922 - país: Polonia
canonización: B: Juan Pablo II 13 ago 1991
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
n.: 1881 - †: 1922 - país: Polonia
canonización: B: Juan Pablo II 13 ago 1991
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
En
Cracovia, en Polonia, beata Angela Salawa, virgen de la Tercera Orden Regular
de San Francisco, que, eligiendo entregar su vida en el servicio doméstico,
vivió humildemente entre las criadas, y en suma pobreza descansó en el Señor.
Hija
de Bartolomé Salawa y Eva Bochenek, campesinos pobres y religiosos, nació el 9
de septiembre de 1881 en Siepraw, región muy árida e improductiva, distante 18
kilómetros de Cracovia. Ángela era la menor de nueve hermanos, nació y creció
desnutrida, débil y enfermiza, era un tanto desobediente y caprichosa. Hizo los
dos años de escuela posibles en el lugar, y aprendió a leer, aunque para
escribir no tenía buena ortografía. Piadosa, aficionada a leer buenos libros. A
los 12 años comenzó a trabajar al servicio de vecinos en oficios de hogar. A los
16 años, en busca de trabajo, se trasladó a Cracovia, donde ya residía su
hermana Teresa. Esta le ayudó a conseguir su primer trabajo, pero los dos
primeros años debió cambiar de empleo frecuentemente. Ingresó a la Asociación
de Santa Zita, de las empleadas de hogar. En los primeros tiempos era vanidosa
y frívola, y no muy piadosa, y mientras su hermana, según ella, iba de afán
camino del cielo, ella también quería llegar, pero «despacito». Sin embargo,
siguió fiel a sus prácticas de piedad, y a sus deberes religiosos, quizás un
tanto rutinariamente. Los consejos de su hermana y la prematura muerte de ésta,
la movieron a cambiar de conducta y a tomar más en serio su vida. Bajo impulso
sobrenatural abandonó la frivolidad en sus diversiones y en su apariencia
personal.
Comenzó
a progresar en la piedad, poco a poco se fue corrigiendo hasta llegar a
convertirse en consejera de sus compañeras. Con cierta frecuencia visitaba a su
familia. Pensó algún tiempo en ingresar a un monasterio. Después de consultarlo
con su confesor, hizo voto de castidad perpetua. Poco a poco comprendió que su
vocación era sufrir con Cristo, y la aceptó resueltamente, pero consciente de
su debilidad. Oraba largamente ante el Santísimo Sacramento y leía libros de
alta mística tomando notas de los puntos prácticos que hallaba. Por orden del
confesor comenzó a llevar un diario, para consignar sus vivencias místicas,
facilitar las consultas y abreviar sus confesiones. Encontró al fin condiciones
favorables de trabajo, llevaba ya cerca de ocho años trabajando con una pareja
de esposos sin hijos. Su confesor estable, cansado de las intrigas de personas
envidiosas, e inclusive de las calumnias movidas contra Angela, se negó
bruscamente a atenderla en confesión, y públicamente la sacó de la fila del
confesionario. Una mujer, en plena iglesia, le dio una bofetada; ella soportó
pacientemente estas dolorosas humillaciones. La señora en cuya casa trabajaba,
enfermó gravemente y murió, asistida por Ángela. Después de esto, dos parientas
del viudo pasaron a vivir con él, y comenzaron a hacerle difícil a Ángela la
vida y el trabajo. Al sentirse abandonada, de repente siente que Jesús le dice:
«¿Hija, por qué te preocupas? Yo no te he abandonado». Toma como director
espiritual a un padre jesuita, el cual la acompaña en su proceso hasta el fin.
Para seguir más de cerca de Cristo pobre y crucificado, se hace terciaria
franciscana el 15 de marzo de 1912, y hace su profesión el 6 de agosto de 1913.
Mientras
dispone de trabajo, ayuda a los enfermos en los hospitales, a los pobres y a
sus compañeras necesitadas. En el otoño de 1916 es expulsada del trabajo,
acusada de ladrona. Las enfermedades la agobian, la necesidad la acosa, y las
envidiosas la persiguen, insultan y calumnian. Consigue algunos trabajos
pasajeros, pero en mayo de 1917 ya no puede trabajar más. En un primer momento
se acoge al hospital de Santa Zita, como cumplida socia que había sido. Pero
también allí la calumnia y la envidia la persiguen, y decide irse a vivir sola,
logra alquilar una pequeña habitación dónde vivir. Allí, en medio de los
sufrimientos, tiene algunas visiones de Jesús que la conforta pero también la
corrige. A veces puede con gran dificultad ir a la iglesia y comulgar; pues una
envidiosa, acusándola de fingir la enfermedad, había logrado impedir que los
franciscanos le llevaran la comunión a su vivienda. Ofrece sus sufrimientos por
la libertad de Polonia, su patria ocupada. En octubre de 1920, participa con
ayuda de sus compañeras en una peregrinación a Chestochowa, que ellas organizaron
para orar a la Virgen de Jasna Gora. A finales de 1920 hasta casi mediados de
1921 sufre terribles dolores, con crueles tentaciones de desesperación, ella
acepta todos sus «queridos tormentos», para unirse a Cristo en su pasión.
Cristo la conforta con algunas visiones, pero luego viene otro período de
tentaciones diabólicas, sugestiones alternativas de desesperación y de orgullo
y presunción. Por fin viene una última etapa de consolación, y finalmente muere
con una envidiable paz del corazón el 12 de marzo de 1922. Fue beatificada el
13 de agosto de 1991 por Juan Pablo II, en Cracovia.
En
la homilía de la misa de beatificación, citando el Santo Padre a santa
Eduwiges, reina y patrona de Polonia, decía: «Que se unan a nuestra
conciencia estas dos figuras femeninas. ¡La reina y la sirvienta! ¿Acaso no se
expresa toda la historia de la santidad cristiana y de la espiritualidad
edificada según el modelo evangélico en esta simple frase: "Servir a Dios
es reinar"? (cf. Lumen Gentium 36). La misma verdad encuentra expresión en
la vida de una gran reina y de una sencilla sirvienta».
La
homilía del papa puede leerse completa (en italiano) en el sitio del Vaticano.
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