jueves, 17 de marzo de 2016

CURSO “EL HOMBRE NUEVO” (RENUEVA TU PENSAMIENTO, FRUTO DE TU ACTITUD DE CONVERSIÓN) (HN-08)

RENUEVA TU PENSAMIENTO, FRUTO DE TU ACTITUD DE CONVERSIÓN (HN-08)


San Mateo insiste en la palabra griega "metanoeite" –recordemos que San Mateo y San Lucas escriben originariamente en griego–, donde  meta tiene mucha importancia para nuestra reflexión porque quiere decir: darle la vuelta a las cosas, verlas al revés. Y noeite, que viene de nous, significa pensamiento. Por tanto, y en primer lugar, metanoeite quiere decir: hay que cambiar la nous, el pensar, el pensamiento; si bien también veremos más tarde que, debemos cambiar siempre hacia la buena noticia.

Recordemos que San Mateo era un empleado normal de Hacienda, o sea un hombre que estaba acostumbrado al dinero y a la vulgaridad de la vida, a cobrar y a pagar (lo cual siempre tiñe las manos y el pensamiento, de alguna manera); y es precisamente este empleado, supuestamente apegado a lo conservador, quien dice: “Por aquel tiempo, Jesús empezó a predicar...” ¿Y qué predicaba?  San Mateo va a resumir toda la predicación de Jesús con una sola palabra: metanoeite; es decir, la buena noticia. Lo que en mejor traducción al castellano quiere decir: "haceos un pensar nuevo”. Y esto, ¿qué quiere decir? Que si tú estas pensando ahora como judío, has de “pasar a pensar en futuro”; o sea, pasar a pensar en cristiano. Pero, ¡cuidado!, no vayas a quedarte entonces parado porque ya estés pensando en cristiano; porque también tú has de continuar haciéndote “un nuevo pensar cristiano”: has de renovar tu pensamiento cristiano, una vez tras otra. Tú, que a los 7 años tenías un determinado pensamiento cristiano, a los 15 has de tener otro renovado y a los 20 otro, y... así ir renovando tu pensamiento cristiano partiendo del anterior: que actuará siempre como si fuera una simiente, de la que eclosione el pensamiento posterior. Pero antes de seguir, ahora nos toca introducir el tema de la humildad; pues, aún suponiendo que lo que estuviésemos diciendo en este momento fuera la frontera del pensamiento actual, convenzámonos que pasado mañana ésta será ya una forma vieja de pensar. Es decir, que los que hoy estamos haciendo un esfuerzo por metanoein (cambiar) pasado mañana ya no seremos actuales; porque ya no estaremos metanoeite (cambiados) y tendremos que volver a hacer un nuevo esfuerzo para metanoein (volver a cambiar). Esto es ser cristiano, y no lo de aquellos que se hicieron un pensamiento nuevo hace 50 años y siguen anclados en él. Cristiano es aquél que ahora mismo se está esforzando en la elaboración de un pensamiento propio nuevo, evolucionado desde el de ayer. ¿Y todo esto por qué? Porque la vida es historia hacia..., hacia un infinito que es Dios. Entonces, y sobre esto, ¿cuál es el cogollo del anuncio cristiano? Este anuncio, que se puede decir de mil maneras –y que cuando lleguemos a hablar del amor veremos que es la última forma y la más reveladora del cogollo de este anuncio–, ahora  y como introducción Jesús nos lo enuncia así: ...lo fundamental es que cambiéis de pensamiento, es que le deis la vuelta al calcetín de vuestro pensar y lo pongáis al revés; lo fundamental es que os convirtáis. Y este es el núcleo de la predicación de Jesús, según San Mateo.

Lo que llamamos conversión, en latín se dice “convertere”; o, en pasivo, “converti”.  Pero convertere es dar la vuelta y, conversión no es un acto sino una actitud constante. Por esto solemos entender mal la conversión; ya que si tú eres judío y te conviertes, ¿es que te harás cristiano y... ya está? No, tienes que seguir convirtiéndote siempre. Por tanto, si ahora eres un cristiano convertido, mañana tendrás que convertirte en más cristiano y pasado más todavía, y...; pues –volviendo a insistir– la  conversión no es un acto sino una actitud constante. Tampoco olvidemos que, cuando aumenta la conversión aumenta el Reino de Dios; y que este Reino seguirá implantándose hasta la conversión definitiva de todo en Él. O sea, con el comienzo de mi conversión al Reino yo empiezo a abrirme hacia la apertura total; hacia la integración total de todo en Dios: que se producirá cuando Dios sea todo en todo.

En el metanoeite –la buena noticia del nuevo pensamiento como conversión– hay toda una teología, que posiblemente San Mateo no desarrolla del todo; pero sí la propone como, inicio y semilla de la revelación de Jesucristo. Nosotros mismos estamos pensando ahora cosas que no vemos totalmente, pero que dentro de 100 años posiblemente se verán mejor. Es como la semilla del pino cuando la ves tan pequeña en tu mano, sin poder sospechar que dentro haya un pino en potencia; que puede llegar a pesar decenas de  toneladas. Pero cuando ya ves el pino formado, entonces sí dices: ¿Y todo esto ya estaba, en potencia, en aquél piñón? ¿Tantas toneladas potenciales tiene un piñón? Pues sí. Esto es la vida de un cristiano: un infinito potencial, desde su primera semilla como hombre. Pero si te quedas en piñón, o en primera etapa de pino, sólo te quedarás en un comenzar. O al contrario: si te sigues regando y aprovechas tu tiempo, puedes dar de ti muchas toneladas de “ser”. Ésta es la promesa-semilla del Evangelio, como revelación al hombre: somos como un grano de mostaza que al final se convierte en árbol y se llena de pájaros. Qué bonito es ir por la vida como semillas recién eclosionadas, para que los pájaros de las nuevas formas de pensamiento vayan anidando y cantando en nuestras ramas; ya en plena evolución. Y esto aunque te equivoques a veces personalmente, e incluso aunque des marcha atrás alguna vez; pero esto último, siempre que sea desde tu buena intención y tratando de profundizar en la Palabra.

            Ahora, intentemos decir lo anterior de otra manera: Si el Evangelio fuera lineal y se lo aplicásemos a un camino humano, este camino partiría de cero –el año del nacimiento– y terminaría en el infinito –año de entrada en la eternidad–. O sea, que con una línea podríamos explicar esta actitud humana de ir dejando unas formas para dar paso a otras –línea recta entre el nacer y el morir–; pero la geometría nos enseña que puede haber otro tipo de línea que no sea la recta, y que posiblemente sea esta otra hacia la que nos está señalando Jesús: pues este nos señala un camino que va en línea recta cuando lo empiezas, pero que a partir de un determinado momento comienza a curvarse –fruto de tu conversión personal–; de forma que a fuerza de tensionarse/convertirse termina curvándose hacia el origen. Con lo que las huellas propias acaban por dibujar un camino en circunferencia: en el que, al llegar al momento final y cuando te hayas convertido del todo, te llevarás la gran sorpresa...  Ya que, a fuerza de caminar hacia Occidente te quedas sorprendido al ver que apareces en Oriente; al ver que el punto de partida se ha convertido también en tu punto de llegada: o sea, al ver que naciste de Dios y –convertido del todo– acabas también en Dios. Sin olvidar que, si no te conviertes totalmente puede ser porque dejaste algunas semillas perdidas por el camino.

He aquí la magnífica idea del esfuerzo humano, capaz de reconducir el camino a base de conversión: ¡Toma la línea recta del camino de la historia y doblégala, siembra y recoge recreación, hasta convertir tu camino en circunferencia!  Posiblemente esta es la maravilla que nos quiere revelar Jesús: que naces niño, y que la vida consiste en ser capaz de irte sembrando más semillas de niño –novedades, alegrías de creatividad…–; ser capaz de irte sembrando Navidades en tu portal de Belén interior, para que el hombre que te vaya creciendo por dentro llegue a convertirse en el Niño que todos debemos llegar a ser. Niño final que obviamente –como suma de las semillas eclosionadas de todos tus niños anteriores navideños– no es aquél que nació y del que vienes, sino ese mismo pero “ya convertido completamente”.

Resulta que yo, que nací niño, al morir llego al punto de partida –Dios–, en la Navidad definitiva. La Iglesia en esto ha sido original, porque al día de la muerte lo llama “dies Natalis”; ya que entiende la muerte como el día del nacimiento para la eternidad. Y este sembrarnos y cosecharnos –a partir del niño inicial– es la experiencia de toda nuestra vida; en la que vamos dando pasos y pasos, sin darnos bien cuenta que Dios –nuestra meta– es Alfa y Omega a la vez: sin darme cuenta que el mismo Dios a quien busco es precisamente la fuerza que me hace buscar; sin darme cuenta que si yo busco a Dios es porque ya lo tengo dentro como “niño tierno”. Pero cuidado, porque los que alegremente dicen que ya lo tienen puede que por esto paren de buscar; al no darse cuenta que tener a Dios es buscarle siempre, es renovarnos sucesivamente y con ternura; es irnos convirtiendo durante toda la vida, punto por punto, paso a paso y a lo largo de toda nuestra circunferencia temporal.
Por eso Cristo, que es el principio de la vida, también es Dios que viene como Navidad; y viene en todo momento: “En el principio existía la Palabra... y la Palabra se hizo carne” (Jn. 1).
Cristo es Alfa y Omega a la vez; Cristo es Hombre-Dios. Este es el mensaje que está contenido en los Evangelios: Cristo es como si fuese nuestra semilla en constante fecundación durante todo nuestro periplo. Pues Cristo, una vez que empezó a predicar, decía: “Haceos un pensamiento nuevo –metanoite–, porque ya se acerca el Reino de Dios”. Que equivale a: dado que el Reino de Dios ya está cerca, convertios. Y el “ya está cerca” significa: está tan cerca que está dentro de cada uno de nosotros; aunque  haya que buscarlo. Otra vez la idea de nuestro movimiento de búsqueda y de la circunferencia.  

Lo que de verdad buscamos es lo que ya está dentro de cada uno de nosotros: pues ya está Cristo (como Dios en el hombre) debido al derramarse de Dios desde el mismo punto de partida; y ya está el Reino de Dios (como punto de llegada), en el que cada uno se ha ido llenando de Dios según se convertía. Jesús, al tiempo que predicaba, caminaba. Y San Mateo, en el versículo 18, dice: “Empezó Jesús a predicar y a decir, haceos un pensamiento nuevo porque se acerca el Reino de Dios; y esto lo dijo caminando por la ribera del mar de Galilea...”. Jesús es consecuente con su predicación: camina constantemente. Y de aquí nace la vocación de los apóstoles: de la predicación de Jesús y del caminar de Jesús. Por tanto, todos los cristianos verdaderos son apóstoles; pues el cristiano nace no solo del predicar de Jesús (con lo que cambia su mentalidad), sino también del caminar de Jesús (pues este atraviesa cada historia personal humana y hace que nos nazca un niño dentro en cada resonar de sus pasos). 

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