¡¡ Nos vamos a Roma!!
Traspasado el ecuador de
mi vida, se me ofrece una gracia en este año Jubilar de la Misericordia,
donde la Iglesia nos invita a una remisión completa de nuestros pecados pasados
y a prepararnos para una conversión definitiva del corazón.
No creo en las
casualidades, más bien pienso que éstas no existen: el hecho que no
podamos apreciar la magnitud e inmensidad de la obra creadora y redentora de
Dios por nuestra condición finita de hombres, no significa que esta no se
produzca, día a día en nuestras vidas.
Así resulta que se me
ofrece la oportunidad de obtener la indulgencia plenaria promulgada por
la Iglesia y hacerla en Roma: en los primeros días del mes de Febrero estaré en
la ciudad eterna, Dios mediante, junto con mi familia, para dar cumplimiento a
esta “casualidad” de mi vida.
Me llena de alegría y
gozo el saberme querido por Dios y bendecido por su Hijo Jesucristo, quien me
guía en mi caminar diario, a pesar de mis debilidades, desconfianzas y
pecados que Él conoce mejor que yo y por los que dio su vida en la cruz, junto
con los de los demás.
Preparo el viaje,
dejando atrás el tiempo invertido en las reservas de vuelos, estancias y demás
trámites y ahora me centro en preparar mi alma, a la que está llamada a
convertirse y ser testigo del amor de Dios con nosotros…
En estos tiempos de
incertidumbre que planean sobre nosotros, una oportunidad así, no debe
desperdiciarse, ya que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo y conocedora de
nuestras debilidades y pecados, nos llama para estar preparados, con la luz
encendida, la lámpara llena de aceite y despiertos para no despistarnos
de “los cantos de sirena” que nos anuncian por todos los sitios.
Todos podemos hacerlo,
sin necesidad de ir a Roma, tan solo con hacerlo en las catedrales de nuestras
ciudades o determinados templos y cumpliendo los requisitos conocidos.
Así que desde aquí animo
a todos los que nos leen a no pensárselo dos veces y a prepararnos para esta
gracia que nuestra alma está deseosa de dar cumplimiento para avanzar en
nuestra conversión y camino hacia el Señor.
Como decía al empezar:
no hay “casualidades” en la vida, sino oportunidades que Dios nos
invita para nuestra salvación y depende de nosotros si queremos o no
escucharle.
Eduardo JB
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