San Menigno, mártir
fecha: 15 de marzo
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
En
Pario, en el Helesponto, san Menigno, de oficio batanero, que, según la
tradición, padeció bajo el emperador Decio.
No hay propiamente una «Pasión» de san
Menigno, pero sí algunos relatos más o menos extensos en antiguos menaios
(santorales) griegos; lamentablemente, por el estilo y el modo habitual de
narrar de esta clase de documentos, nos ha llegado lo legendario y portentoso,
sin que podamos enterarnos de lo que es más concorde con nuestro modo de
contemplar la santidad, es decir: sus hechos concretos y la realidad de su
pasión.
Sin
embargo, de las tres inscripciones que se conservan podemos colegir algunos
elementos: san Menigno vivía en Parios (la actual Kemer, en Turquía), una
ciudad del Helesponto donde florecía el paganismo y estaba muy arraigado el
culto a Apolo Marítimo y Artemisa. Era un hombre casado, y trabajaba en la
limpieza de ropa; un día estaba en el mercado y oyó una voz celestial que decía
que los cristianos habían sido liberados de la cárcel (lo que posiblemente
significaba que habían sido llevados junto al Padre), y se encendió en deseos
de martirio.
Era
ahora un intrépido cristiano que alentaba a los pocos creyentes del lugar en
las difíciles circunstancias de la persecución de Decio, a mediados del siglo
III, predicando el evangelio y hablando de la verdadera fe sin miedo alguno.
Cuando estaba en el río lavando la ropa, como era su oficio, Dios le advirtió
por medio de un ángel, que devolviera la ropa que tenía para lavar a sus
dueños, porque le había llegado la hora de dar testimonio. Ordenó sus asuntos,
dio su esposa al cuidado de un tutor, y luego de sufrir horribles torturas (se
le arrancaron uno por uno los dedos de manos y pies), murió decapitado.
Su
culto persiste sobre todo en Oriente, y se lo puede encontrar también inscripto
en el día 22 de noviembre.
Ver
Acta Sanctorum, marzo II, pág. 384 (día 15, ed. 1865).
Abel Della Costa
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o última modificación relevante: 14-3-2013
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=887
San Zacarías, papa
fecha: 15 de marzo
fecha en el calendario anterior: 22 de marzo
†: 752 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 22 de marzo
†: 752 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Roma, san Zacarías, papa, que gobernó la Iglesia de Dios con sumo desvelo y
prudencia, pues frenó el ímpetu de los lombardos, indicó el recto orden a los
francos, proveyó de iglesias a los germanos y procuró el entendimiento con los
griegos.
refieren a este santo: San Lulo de
Maguncia, San Sturmo, San Virgilio de
Salzburgo
Carecemos
de detalles sobre la primera parte de la vida de san Zacarías, pero se sabe que
nació en San Severino, de una familia griega establecida en Calabria y que fue
diácono de la Iglesia romana. Después de la muerte de san Gregorio III,
se le eligió papa por unanimidad. No se pudo haber hecho mejor elección: a su
gran ciencia y santidad personal, unía un espíritu conciliatorio y una
previsora sabiduría; fue capaz de hacer frente a los graves problemas que se le
presentaron en su nuevo cargo. Roma estaba en una posición de gran peligro. Los
lombardos se preparaban nuevamente a invadir el Imperio Romano, cuando el nuevo
papa decidió tratar directamente con su gobernador y fue a Terni para
visitarlo. Se le recibió con respeto y su personalidad produjo tal impresión,
que Liutprando devolvió todo el territorio que había sido arrebatado a los
romanos durante los treinta años anteriores. Más aún, firmó un tratado de paz
por veinte años y dejó en libertad a todos sus prisioneros. Una vez hecha la
paz con Roma, Liutprando se preparó para atacar Ravena. El exarca acudió
inmediatamente a san Zacarías en procura de auxilio. El papa, después de varios
infructuosos esfuerzos, fue en persona a Pavía, donde su intervención indujo al
rey a abandonar su ofensiva. Liutprando murió poco después y su segundo
sucesor, Rachis, fue alentado por Zacarías para hacerse monje en Monte Cassino.
Pero su hermano Astulfo era un hombre del todo diferente: en los últimos años
del pontificado de san Zacarías, se apoderó de Ravena, dando fin al exarcado
del imperio bizantino, y Roma fue de nuevo amenazada.
Las
relaciones del papa Zacarías con Constantinopla, donde el emperador Constantino
V sostenía la doctrina iconoclasta, resultaron infructuosas debido a los
trastornos políticos de esa ciudad, pero en Occidente, el progreso fue
continuo. Se debió, en primer lugar, a san Bonifacio,
con quien el papa se mantuvo en contacto y a quien alentó vigorosamente. En
este tiempo, el poder de los reyes merovingios estaba totalmente en manos de
los mayordomos de palacio y, en el 751, Pipino el Breve envió un embajador al
papa, preguntándole si no pensaba que debía ser rey aquél que ejerciera el
mando supremo. Zacarías, con igual diplomacia, contestó que esa era su opinión
y Pipino, en consecuencia, fue elegido rey de Soissons y ungido por el legado
papal, san Bonifacio. Este acontecimiento revistió mucha importancia, tanto
para el Papado como para el poder secular.
En
medio de sus múltiples actividades, el papa Zacarías encontró tiempo para
traducir al griego los «Diálogos» de san Gregorio; estaba siempre al pendiente
de los pobres y oprimidos; les proporcionó un hogar a los monjes expulsados de
Constantinopla por los iconoclastas; pagó el rescate en el mercado romano por
algunos esclavos que, de otra suerte, habrían sido vendidos a los sarracenos
por los venecianos; al principio de su pontificado, amenazó con la excomunión a
aquellos que vendieran esclavos cristianos a los judíos. Zacarías fue venerado
como santo inmediatamente después de su muerte, que aconteció en marzo del 752.
Hay
un relato bastante satisfactorio acerca de san Zacarías, en el Liber
Pontificalis, pero para más detalles, tenemos que acudir a sus cartas y las
crónicas, tales como Los Anales de Lorsh. Ver a H. K. Mann, Lives of the Popes, vol. II,
pp. 225-288, y cardenal Bartolini, Di S. Zacaria Papa (1879). Hodgkin,
Gregorovius y otros historiadores seglares, hacen comentarios muy favorables de
su obra.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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o última modificación relevante: ant 2012
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