San Pionio, presbítero y mártir
fecha: 11 de marzo
fecha en el calendario anterior: 1 de febrero
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 1 de febrero
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Esmirna, en Asia, san Pionio, presbítero y mártir, el cual, según la tradición,
fue encarcelado por haber hecho una apología de la fe cristiana ante el pueblo.
Allí, en prisión, con sus exhortaciones animó a muchos hermanos a soportar el
martirio y, después de sufrir varios tormentos, por medio del fuego alcanzó la
muerte por Cristo.
Pionio
fue un presbítero de Esmirna y un genuino heredero del espíritu de san Policarpo.
Hombre elocuente e ilustrado, convirtió a muchísimos a la verdadera fe. Durante
la persecución de Decio (249 - 251), o quizás la de Marco Aurelio (161-180),
fue aprehendido, junto con Sabina y Asclepíades, al estar celebrando el
aniversario de la fiesta del martirio de san Policarpo. Pionio fue prevenido en
un sueño de su inminente destino. En la mañana, cuando los cristianos estaban
tomando el «pan santo» (probablemente la «acción de gracias» -eucharistía-
bendecida y distribuida en la misa) con agua, fueron sorprendidos y apresados
por Polemón, el sacerdote principal del templo. Durante largos interrogatorios,
resistieron todas las solicitaciones para que ofrecieran sacrificios, y
manifestaron que estaban prestos a sufrir los peores tormentos y aun la muerte,
antes que ceder; declararon que adoraban a un solo Dios y que pertenecían a la
Iglesia Católica. Cuando le preguntaron a Asclepíades a cuál Dios adoraba,
respondió «a Jesucristo». Polemón dijo: «¿es ese otro Dios?» Asclepíades
respondió: «No; es el mismo Dios a quien acaban de confesar», clara declaración
en esta época primitiva de la consubstancialidad de Dios Hijo. Sabina sonrió al
oír las amenazas de que serían todos quemados vivos. Los paganos dijeron:
«¿sonríes? Entonces serás enviada a los lupanares públicos». Ella contestó:
«Allí Dios me protegerá».
Fueron
encarcelados y pidieron que los pusieran en el calabozo menos accesible para
poder orar con más libertad. Por la fuerza fueron arrastrados al templo y se
hubo que utilizar la violencia para obligarlos a ofrecer sacrificios.
Resistieron con todas sus fuerzas, al grado de que, como las actas del martirio
relatan, «se necesitaron seis hombres para subyugar a Pionio». Cuando les
colocaron guirnaldas en la cabeza, los mártires se las arrancaron; y el
sacerdote que tenía la obligación de llevarles el manjar sacrificial tuvo miedo
de acercárseles. Su constancia reparó el escándalo causado por Eudemón, obispo
de Esmirna, que había apostatado y ofrecido sacrificios. Cuando el procónsul
Quintiliano llegó a Esmirna, hizo que pusieran a Pionio en el potro y que su
cuerpo fuera desgarrado con garfios, y luego lo condenó a la muerte. La
sentencia se leyó en latín: «Pionio confiesa ser cristiano, y ordenamos que se
le queme vivo».
Con
ardorosa fe, Pionio fue el primero en apresurarse para ir al estadio (campo
público de carreras), y ahí se despojó de sus vestiduras. Su cuerpo no mostraba
ninguna señal de la reciente tortura. Subió a la tarima de madera, dejó que el
soldado fijara los clavos, cuando estuvo bien sujeto, el oficial que presidía
dijo: «todavía puedes reflexionar y arrepentirte y se te quitarán los clavos».
Pero él contestó que su deseo era morir pronto para que más pronto pudiera
resucitar de nuevo. De pie y mirando hacia el oriente, mientras amontonaban a
su alrededor la leña, Pionio cerró los ojos, de modo que la gente creyó que se
había desmayado. Sin embargo, estaba rezando en silencio, y una vez que llegó
al fin de su oración, abrió los ojos y dijo «Amén», con el rostro radiante, mientras
las llamas se elevaban a su alrededor. Por fin con las palabras «Señor, recibe
mi alma», entregó su espíritu, tranquilamente y sin dolor, al Padre que ha
prometido guardar a toda alma injustamente condenada.
Todo
lo anterior parece el relato de un testigo ocular, quien añade que, cuando el
fuego se apagó, «los que estábamos allí cerca vimos su cuerpo como si fuera el
de un robusto atleta; ni los cabellos, ni las mejillas estaban chamuscados, y
su rostro resplandecía asombrosamente».
Eusebio
cita las actas del martirio, que se suponen escritas por un testigo de vistas y
han sido publicadas por Ruinart, quien las tomó del latín; pero también existe
un texto griego que probablemente es el original. Lightfoot dice de ellas,
«estas actas tienen todas las pruebas de la autenticidad», y Delehaye, que
discute la cuestión con bastante extensión en Les Passions des Martyrs...
(1921), pp. 27-59, está de acuerdo en todo. El texto griego de las Actas puede
consultarse en O. von Gebhardt, Acta martyrum selecta pp. 96-114. Para la
cuestión de la fecha, Cf. H. Grégoire en Analecta Bollandiana, vol. LXIX
(1951), pp. 1 y ss. La Passio Pionii puede encontrarse en castellano, desde la
versión latina usada por Ruinart, en Actas de los Mártires, de Daniel Ruiz
Bueno, BAC nº 75.
N.ETF:
el relato deja inconsecuente la mención de los mártires Sabina y Asclepíades.
De hecho, la inscripción martirial es sólo de Pionio, aunque en la equivalente
del Martirologio Romano anterior (1 de febrero) era de Pionio y quince
compañeros mártires; esos mártires no son celebrados en ninguna otra fecha. Ya
en época de los Bolandistas se discutía si Asclepíades y Sabina debían o no ser
contados entre los quince. Lo que parece cierto es que por más que se mencionen
otros compañeros de cárcel, las Actas hablan sólo del martirio de Pionio. Ver
AASS, febrero I, pág 40,IV
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=838
Santos Trófimo y Talo, mártires
fecha: 11 de marzo
†: s. IV - país: Turquía
otras formas del nombre: Thalo
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: s. IV - país: Turquía
otras formas del nombre: Thalo
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Laodicea, en Siria, santos Trófimo y Talo, mártires, que en la persecución
desencadenada bajo el emperador Diocleciano, después de muchos y crueles
tormentos, consiguieron la corona de la gloria.
Trofimo
y Talo eran dos hermanos, naturales de Estratónica, detenidos por ser
cristianos durante la persecución de Diocleciano. La detención se practicó en
Laodicea, por orden directa del prefecto Asclepiano.
Se
intentó lapidarlos, pero las piedras no llegaron a tocarlos; parecían estar
protegidos por un escudo invisible que les hubiera enviado Dios. Sorprendido el
prefecto por este prodigio, dejó libres a los mártires, pero de ahí a poco
fueron de nuevo denunciados como cristianos y, como ellos hicieran pública
profesión de su fe en Jesucristo, se les condenó a morir despedazados por los
garfios. Los santos fueron atados a sendos caballetes y los verdugos comenzaron
a arrancar trozos de sus cuerpos. En medio de los tormentos, no hacían sino
rezar y burlarse de los paganos, de modo que el prefecto ordenó que los
crucificaran.
Los
fieles empaparon lienzos en la sangre que corría de sus heridas para guardarlos
como sagradas reliquias y, cuando por fin expiraron, recogieron los cuerpos y
les dieron piadosa sepultura en la iglesia de Laodicea, de donde, más tarde,
fueron trasladados a Estratónica.
Menaias
griegas, y Acta Sanctorum, 11 de marzo.
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