domingo, 6 de marzo de 2016

Maestro Eckhart (místico medieval) Sermón XLVI

                                                             SERMÓN XLVI(395)
                                                             Haec est vita aeterna.

Estas palabras están escritas en el santo Evangelio, y Nuestro Señor Jesucristo dice:
«En esto consiste la vida eterna, en que te conozcan a ti solo, como Dios verdadero y a
tu Hijo Jesucristo, a quien enviaste» (Cfr. Juan 17, 3).
Ahora ¡prestad atención! Nadie puede conocer al Padre sino su único Hijo, porque
Él mismo dice que: «Nadie conoce al Padre sino su Hijo, y nadie conoce al Hijo sino su
Padre» (Cfr. Mateo 11, 27). Y por ende: si el hombre ha de conocer a Dios, en lo cual
consiste su eterna bienaventuranza, entonces tiene que ser junto con Cristo un único hijo
del Padre; y por eso: si queréis ser bienaventurados, debéis ser un solo hijo, no muchos
hijos sino un solo hijo. Habéis de ser bien distintos según el nacimiento carnal, mas en
el nacimiento eterno debéis ser uno solo, porque en Dios no hay nada más que un solo
origen natural; y por eso no existe ahí nada más que una sola emanación natural del
Hijo, no dos sino una. Por lo tanto: si habéis de ser un único hijo, junto con Cristo, debéis
constituir una única emanación junto con el Verbo eterno.
El hombre ¿cómo puede llegar a ser un único hijo del Padre? ¡Observad lo siguiente!
El Verbo eterno no asumió [la naturaleza de] este hombre o aquél, sino que asumió una
naturaleza humana libre [e] indivisa que era pura sin rasgo [individual]: porque la forma
simple de la humanidad carece de rasgos [individuales]. Y a causa de esto, porque en la
asunción la naturaleza humana fue asumida por el Verbo eterno, simplemente, sin rasgos
[individuales], la imagen del Padre, que es el Hijo eterno, se convirtió en imagen de la
naturaleza humana(396). Pues, así como es verdad que Dios se hizo hombre, también es
verdad que el hombre se hizo Dios. Y, por consiguiente, la natura humana está transformada,
en cuanto se ha convertido en la imagen divina, que es [la] imagen del Padre. Entonces:
si habéis de ser un único hijo, debéis desasiros y separaros de todo cuanto provoca
diferenciación en vosotros. Porque el hombre [individual] es un accidente de la na-

395 Atribución: «fray Eghard». Uno de los encabezamientos dice: «en la Vigilia del Domingo de Ramos
». El texto bíblico en el cual se basa el sermón, figura en el antiguo misal de los dominicos tanto para
el Evangelio del sábado después del Domingo de Pasión como para el Evangelio de la Vigilia de la Ascensión
de Cristo. Constituye también la base de los sermones LIV a (véase la traducción al castellano) y
LIV b.
396 Quint (t. II p. 380 n. 1) cita a E. von Bracken (Meister E. und Fichte, 1943, p. 73.) quien expone
que en este caso «imágenes» (bilde) significa las representaciones individuales que representan el hic et
hoc de los individuos, mientras Eckhart en otros innumerables pasajes traduce ratio = «idea» con «bilde».

turaleza [humana], y por lo tanto separaos de todo cuanto es accidente en vosotros, y
consideraos de acuerdo con la naturaleza humana libre [e] indivisa. Y luego, por cuanto
la misma naturaleza —según la cual os consideráis— se ha convertido en Hijo del Padre
eterno, gracias a la asunción por el Verbo divino, llegaréis [cada uno] a ser hijo del Padre
eterno junto con Cristo ya que os consideráis de acuerdo con la misma naturaleza
que allí [= en Cristo] se hizo Dios. Por eso, cuidaos de [no] consideraros como sois acaso
ese hombre o aquél, sino concebíos de acuerdo con la naturaleza humana libre [e] indivisa.
En consecuencia: si queréis ser un solo hijo, separaos de cualquier «no», porque
el «no» produce diferenciación. ¿Cómo? ¡Fijaos! Por el hecho de que no seas aquel
hombre, el «no» produce una diferenciación entre tú y aquel hombre. Y por consiguiente:
si queréis carecer de diferenciación, libraos del «no». Porque en el alma hay una potencia
separada del «no», ya que no tiene nada en común con cosa alguna; porque en
esta potencia no hay nada fuera de Dios solo: Él arroja, desnudo, su luz en esta potencia.
Mirad, el hombre que de esta manera es un solo hijo, recoge [el] movimiento y [el]
efecto y todo cuanto toma… lo recoge todo en lo suyo propio. Pues, el que el Hijo del
Padre, según la eternidad, sea Hijo, lo es a partir del Padre. Mas, cuanto tiene, lo tiene
en Él mismo, porque es uno con el Padre, según [el] ser y [la] naturaleza(397). Por eso tiene
[el] ser y [la] esencia totalmente en sí mismo y por ende dice: «Padre, así como yo y
tú somos uno, así quiero que ellos sean uno» (Cfr. Juan 17, 11 y 21). Y del mismo modo
que el Hijo es uno con el Padre, según [el] ser y [la] naturaleza, así eres tú uno con Él
según [el] ser y [la] naturaleza, y lo posees todo en tu fuero íntimo como el Padre lo tiene
en Él; no lo tienes como préstamo de Dios, porque Dios es tuyo. Y por consiguiente:
todo cuanto tomas, lo tomas de lo tuyo; y las obras que no tomas dentro de lo tuyo, esas
obras están todas muertas ante Dios. Son esas las obras que haces movido por causas
ajenas, fuera de ti, ya que no provienen de la vida; por eso están muertas; porque vive
aquella cosa que recoge el movimiento en lo suyo propio. Y por lo tanto: si las obras del
ser humano han de vivir, deben ser tomadas de lo suyo propio [y] no de cosas ajenas, ni
fuera de él, sino dentro de él.
¡Ahora prestad atención! Si amáis a la justicia, por cuanto [la] justicia se halla sobre
ti o en ti, no amáis a la justicia en cuanto es la justicia, y así no la tomáis ni la amáis tal
como es en su simpleza, sino que la tomáis como dividida. Como Dios es, pues, la justicia,
no lo tomáis ni lo amáis de acuerdo con el hecho de que es simple. Y por ello, tomad
la justicia en cuanto es [la] justicia, porque entonces la tomáis según ella es Dios.
Y, por lo tanto: donde opera la justicia, ahí operáis vosotros porque entonces ejercéis [la]

397 Véase la explicación de Quint (t. II p. 384 n. 1): «El sentido […] es que el Hijo, como nacido sin
cesar del Padre, posee su ser-Hijo a partir del Padre, pero que tiene su ser-propio en sí mismo como uno
con el Padre según el ser y la naturaleza».
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justicia en todo momento. Ah sí, y aunque el infierno se hallara en el camino de la justicia,
vosotros ejerceríais la justicia y aquél no constituiría para vosotros ninguna pena, os
redundaría en alegría ya que vosotros mismos seríais la justicia; y en consecuencia debéis
ejercer la justicia. Pues, en la medida en que alguna cosa asciende dentro de la comunidad,
en esta misma medida es uno con la simpleza de esa comunidad(398) y es [proporcionalmente]
más simple.
Que Dios nos ayude a [obtener] esta simpleza de la verdad. Amén.

398 Quint indica (t. II p. 386 n. 1) que la palabra «gemeinheit» = «comunidad» no aparece en la obra
alemana de Eckhart fuera de las dos veces en este contexto.
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