Santa Mariana Cope de Molokai, virgen
fecha: 9 de agosto
n.: 1838 - †: 1918 - país: U.S.A.
otras formas del nombre: Barbara Koob
canonización: B: Benedicto XVI 14 may 2005 - C: Benedicto XVI 21 oct 2012
hagiografía: Vaticano
n.: 1838 - †: 1918 - país: U.S.A.
otras formas del nombre: Barbara Koob
canonización: B: Benedicto XVI 14 may 2005 - C: Benedicto XVI 21 oct 2012
hagiografía: Vaticano
En Molokai, Hawai, santa Mariana Cope,
virgen, que sirvió a Cristo en los leprosos.
Nació en Heppenheim, Hessen-Darmstadt
(Alemania), el 23 de enero de 1838. Sus padres fueron Peter Kobb, agricultor, y
Bárbara Witzenbacher. La bautizaron con el nombre de Bárbara. Al año siguiente,
la familia emigró a Estados Unidos y se estableció en Útica, Estado de Nueva
York. Su padre obtuvo la ciudadanía norteamericana y la dio a sus hijos. La
familia adoptó el apellido Cope. Bárbara estudió en la escuela parroquial de
San José, en Útica; hizo la primera comunión en 1848.
Siendo aún adolescente, aceptó un puesto
en una fábrica de ropa para ayudar económicamente a la familia. A los 15 años
quería entrar en el convento, pero, al ser la hija mayor y tener a su cargo a
su madre impedida, a sus tres hermanos menores y a su padre inválido, tuvo que
esperar nueve años para cumplir su deseo. Durante esos años de espera se
pusieron claramente de manifiesto su paciencia y su espíritu alegre.
En 1860 una rama independiente de las
Hermanas de San Francisco de Filadelfia se estableció en Útica y Syracuse,
ciudades ubicadas en el área central de Nueva York. Dos años más tarde, a la
edad de 24 años, Bárbara ingresó en la orden y posteriormente emitió la
profesión religiosa, tomando el nombre de Mariana. El apostolado de la orden
consistía en la educación de los hijos de inmigrantes alemanes. Aprendió el
alemán, la lengua de sus padres, y fue destinada a abrir y dirigir nuevas
escuelas.
Dotada de cualidades naturales de
gobierno, pronto formó parte del equipo directivo de su comunidad, que en 1860
estableció dos de los primeros cincuenta hospitales generales de Estados
Unidos, que alcanzaron gran renombre: Santa Isabel de Útica (1866) y San José
de Syracuse (1869). Los dos siguen siendo en la actualidad florecientes centros
médicos. Ambos hospitales, equipados con medios extraordinarios para su tiempo,
ofrecían sus servicios a todos los enfermos sin distinción de nacionalidad,
credo o color. A menudo criticaban a la madre Mariana por atender a los
«excluidos» de la sociedad: los alcohólicos y las madres solteras.
En medio de las dificultades más serias,
la madre Mariana logró realizar un servicio apostólico sobresaliente con los
más pobres de entre los pobres. Fue elegida provincial de su congregación en
1877 y, de nuevo, por unanimidad en 1881. En 1883, cuando las islas Hawai eran
una lejana monarquía en el océano Pacífico, sólo la madre Mariana respondió a
una petición urgente de los reyes de Hawai: se necesitaban enfermeras para los
leprosos del país. «No tengo miedo a la enfermedad -aseguró-. Para mí será la
alegría más grande servir a los leprosos desterrados...». Más de cincuenta
comunidades religiosas habían declinado la petición de los reyes.
Al llegar al hospital de leprosos de
Kakaako, Honolulú, se encontró con problemas muy serios. Su intención era
volverse a Syracuse después de establecer la misión en Hawai. Sin embargo, las
malas condiciones higiénicas del hospital, la falta de alimentación adecuada y
la precaria atención médica, la impulsaron a cambiar sus planes. Las
autoridades eclesiásticas y el Gobierno de Hawai pronto se convencieron de la
importancia de su presencia para el éxito de la misión. Fueron numerosos sus
logros en favor de los enfermos y de las personas sin hogar en Hawai. En 1884
el Gobierno le pidió que estableciera el primer hospital general en la isla de
Maui. En 1885, cuando sólo las Hermanas Franciscanas podían hacerse cargo de
los hijos de los pacientes leprosos, abrió un albergue para ellos en los
terrenos del hospital de Oahu. El rey la condecoró con una preciada medalla en
reconocimiento de su acción en favor del pueblo de Hawai.
En 1888 la madre Mariana respondió una vez
más a la solicitud de ayuda del Gobierno. El hospital de Oahu se había cerrado
y los pacientes leprosos eran enviados a la aislada colonia de Kalaupapa, en
Molokai. El padre Damián de
Veuster había contraído la lepra en 1884 y su muerte era ya
inminente. En 1889, después de la muerte del padre Damián, aceptó la dirección
del hogar para los varones, además del trabajo con las mujeres y las niñas.
La madre Mariana vivió treinta años en una
lejana península de la isla de Molokai, exiliada voluntariamente con sus
pacientes. Debido a su insistencia, el Gobierno dio leyes para proteger a los
niños. La enseñanza, tanto de la religión como de las otras asignaturas, estaba
al alcance de todos los residentes capaces de acudir a las clases. Dando
ejemplo, promovió en aquella árida tierra la siembra y el cultivo de árboles,
arbustos y flores. Conocía por su nombre a cada uno de los residentes en la
colonia y cambió la vida de quienes se veían forzados a vivir allí,
introduciendo la limpieza, el sentido de la dignidad y un sano esparcimiento.
Les daba a conocer que Dios amaba y cuidaba con cariño de los abandonados.
Los historiadores de su tiempo se referían
a ella como a "una religiosa ejemplar, de un corazón extraordinario".
Era una mujer que no buscaba protagonismo. Su lema, según testificaron las
hermanas, era: «Sólo por Dios». Murió el 9 de agosto de 1918.
fuente: Vaticano
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=4710
Beato Florentino Asensio Barroso, obispo y mártir
fecha: 9 de agosto
n.: 1877 - †: 1936 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 4 may 1997
n.: 1877 - †: 1936 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 4 may 1997
En Barbastro, España, beato Florentino
Asensio Barroso, obispo y mártir, que fusilado por los milicianos durante el
furor de la persecución contra la Iglesia, con su propia sangre dio testimonio
de la fe que había predicado constantemente al pueblo que tuvo encomendado.
Nació en Villasexmir (Valladolid),
entonces de la diócesis de Palencia, el 16 de octubre de 1877 y fue bautizado
ocho días después. Era hijo de Jacinto, vendedor ambulante, y de Gabina, que
atendía una pequeña tienda de pueblo. Una familia numerosa y modesta, de nueve
hijos. Siendo todavía muy niño, sus padres regresaron al lugar de su
procedencia, Villavieja del Cerro (Valladolid), donde transcurrió su infancia.
Siendo joven, respondió a la llamada de Dios a la vida sacerdotal, ingresando
en el Seminario de Valladolid. Ordenado Sacerdote el 1 de junio de 1901, fue
destinado de Párroco a Villaverde de Medina (Valladolid). A los dos años, en
1903, pasó a la capital, Valladolid, como capellán de las Hermanitas de los
Pobres, haciéndose cargo al mismo tiempo del archivo episcopal. En 1905 era
capellán de las Siervas de Jesús, a la vez que profundizó los estudios de
Teología, obteniendo el Doctorado, en Valladolid, en 1906. Por algún tiempo
ejerció de profesor de Metafísica en el Seminario y de Teología en la Universidad
de Valladolid, hasta que en 1910 tomó posesión de una canonjía de la Catedral,
en la cual desempeñó activamente su apostolado ocupándose de la parroquia, de
la que se hizo cargo en 1925, y predicando durante 10 años todos los domingos
en las dos misas principales.
Además, su celo pastoral, ejercido en la
confesión y en la predicación, se extendía por toda la ciudad. Fue consiliario
del Sindicato Femenino desde 1923 a 1935 y confesor del Seminario también
largos años. La fama de su celo sacerdotal llegó a la Nunciatura Apostólica en
Madrid y el Nuncio, Mons. Federico Tedeschini, convocó a D. Florentino a la
ciudad de Ávila el 5 de junio de 1935, para comunicarle la voluntad del papa
Pío XI de nombrarle Obispo Administrador Apostólico de Barbastro, propuesta
que, repetida de modo más apremiante el día 12 de octubre, fiesta de la Virgen
del Pilar, fue asumida por él con gran confusión, y aceptada por obediencia a
la voluntad del Papa. Fue nombrado Obispo el día 11 de noviembre y consagrado
en la Catedral de Valladolid el 26 de enero de 1936, tomando posesión de la
Sede de Barbastro, entonces administración apostólica, el 8 de marzo.
Estaba en Zaragoza dispuesto para hacer su
entrada solemne en Barbastro el domingo día 15, cuando recibió noticia del
sabotaje que se preparaba para desbaratar la manifestación de acogida que le
habían organizado. Suspendió la marcha aquel día y llegó al siguiente, en forma
privada, a las mismas puertas de la Catedral sin boato externo, limitando la
solemnidad de su entrada a los ritos litúrgicos prescritos, dentro de la
Catedral. Los 4 meses y 23 días que duró su episcopado en la Diócesis, fueron a
la vez intensos y trágicos. Impulsó la pastoral diocesana, predicando todos los
domingos en la misa de 12 en la Catedral porque quería enseñar al pueblo él
mismo el catecismo; alentó y patrocinó la implantación de la C.E.S.O.
(Confederación Española de Sindicatos Obreros), organización promovida por D.
Ángel Herrera Oria, desde su periódico El Debate. El paro obrero, gran azote de
la sociedad española de aquellos días, encontraba remedio en la acogida
generosa por parte del Obispo D. Florentino a cuantos pudieran necesitarle. En
una de las reuniones de la Adoración Nocturna, conoció a Ceferino Giménez
Malla, «El Pelé», un gitano también mártir, beatificado con él.
Al enterarse el obispo de que muchos
sacerdotes estaban siendo detenidos, elevó una protesta al Ayuntamiento, de la
que obtuvo como respuesta el confinamiento en su residencia el día 20 de julio
de 1936. El 22 fue formalmente detenido y llevado al colegio de los PP.
Escolapios, habilitado para prisión del clero y religiosos. Desde las ventanas
del que había sido salón de actos del colegio, que daban a la plaza del
Ayuntamiento, pudo ver y oír todo género de tumultos callejeros y cómo los
sacerdotes y los religiosos eran conducidos a la cárcel o a la muerte. El 25,
fiesta de Santiago Apóstol, pudo celebrar Misa en el oratorio del colegio pero,
enterados los vigilantes, les prohibieron todo acto de culto. Al atardecer del
día 8 de agosto, fue trasladado a una celda solitaria de la cárcel del
ayuntamiento, en la misma plaza. En los interrogatorios a que fue sometido, le
ocasionaron toda suerte de vejaciones, hasta el punto de cortarle los genitales
en medio de todos los allí reunidos, que entre zarandeos y empujones le decían
«no tengas miedo. Si es verdad eso que predicáis, irás pronto al cielo», a lo
que el Siervo de Dios, les contestó «sí, y allí rezaré por vosotros». A la
madrugada del día 9, junto con otros doce detenidos, le llevaron al cementerio
en un camión. Durante el trayecto, dicen que D. Florentino no dejaba de
repetir: «¡Qué hermosa noche para mí!». Los del pelotón del fusilamiento,
extrañados, le preguntaron si sabía dónde iban, a lo que respondió: «Me lleváis
a la casa de mi Dios y Señor, me lleváis al cielo». Se cree que hacia las 2 de
la mañana lo fusilaron. Una vez abatido, le dieron tres tiros de gracia. Murió
rezando y perdonando a sus ejecutores, a los 58 años de edad. Su cadáver fue
arrojado a una fosa común. Al terminar la guerra, se identificó a los allí
enterrados y D. Florentino, a quien encontraron incorrupto, fue fácilmente
reconocible por las iniciales que marcaban su ropa interior. Exhumados los
restos se depositaron en la cripta bajo el presbiterio de la Catedral. Con
motivo de su beatificación, sus reliquias, incorruptas, fueron trasladadas a la
capilla de San Carlos Borromeo en la Catedral, detrás del altar, en un sepulcro
nuevo, donde actualmente se veneran. En la sacristía de esta capilla se puede
visitar también un pequeño museo con objetos y escritos del obispo mártir. Fue
beatificado en Roma el 4 de mayo de 1997.
Tomado de Clerus.org, que remite a
González Rodríguez, Mª E., «Los primeros 479 santos y beatos mártires del siglo
XX en España. Quiénes son y de dónde vienen». Editorial EDICE, Madrid 2008,
pp.273-274.
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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