Santos Jacobo Do Mai Nam, Antonio Nguyen Dích y Miguel Nguyen Huy My, mártires
fecha: 12 de agosto
†: 1838 - país: Vietnam
canonización: B: León XIII 27 may 1900 - C: Juan Pablo II 19 jun 1988
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
†: 1838 - país: Vietnam
canonización: B: León XIII 27 may 1900 - C: Juan Pablo II 19 jun 1988
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En la ciudad de Nam Dinh, en Tonkin,
santos mártires Jacobo Do Mai Nam, presbítero, Antonio Nguyen Dích, labrador, y
Miguel Nguyen Huy My, médico, que en tiempo del emperador Minh Mang, por ser
cristianos, fueron decapitados tras sufrir crueles torturas.
Ver más información en:
117 mártires de la persecución en Vietnam (1740 a 1883)
117 mártires de la persecución en Vietnam (1740 a 1883)
Al comienzo del verano del año 1838 se
presentó en el pueblo de Ké-Vinh, en el Tonkín occidental, acompañado de una
fuerte escolta militar, el mandarín Trinh-Quang-Khanh, conocido como «el
carnicero de los cristianos» por su odio al cristianismo y su refinada crueldad
con los cristianos. Sabía que en el pueblo había una floreciente comunidad
cristiana y venía a buscar los misioneros europeos y los principales cristianos
que pudiera haber en ella. Se fue primero a casa de Miguel Nguyen Huy My,
prestigioso médico, al que enseguida mandó arrestar. Miguel aseguró al mandarín
que no había misioneros europeos en el pueblo, pero el mandarín insistió en
registrar también la casa de su suegro, Antonio Pedro Nguyen Dich, un labrador
rico, igualmente cristiano, ya anciano, y resultó que en su casa se encontró al
sacerdote nativo Santiago Do Mai Nam, albergado por Antonio Pedro, tal como era
su costumbre alojar a los sacerdotes que visitaban el pueblo.
El mandarín condujo a los tres a Nam-Dinh
y los encarceló. Luego hubieron de comparecer ante el tribunal de los
mandarines, los cuales les mandaron apostatar del cristianismo, según
preceptuaba la ley vigente, y en señal de ello pisotear la cruz. Los tres de
forma firme y unánime se negaron. Al anciano intentaron repetidamente que al
menos de forma material, es decir llevándolo por la fuerza, pisara la cruz,
pero el anciano encogía las piernas para hacer ver que no quería y protestaba
que el acto sacrilego no le sería imputable si se lo hacían cometer por la
fuerza. Los jueces entonces ordenaron que el anciano fuera flagelado, y Miguel
pidió que el castigo no se le diera a su suegro sino a él. No sirvieron las
amenazas ni los tormentos. Los tres perseveraron firmes y fueron devueltos a la
cárcel. Tuvieron el consuelo de que un sacerdote pudo llevarles la eucaristía.
Insistieron los jueces en que apostataran, avisando que si no lo hacían se
verían obligados a condenarlos a muerte, pero los tres mantuvieron su noble
confesión. Entonces se dictó contra ellos la pena de muerte, y una vez
confirmada, el 12 de agosto de 1838, fueron llevados al campo llamado de las
Siete Yugadas y allí, mientras oraban, fueron decapitados. Fueron canonizados
por el papa Juan Pablo II el 19 de junio de 1988.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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