miércoles, 15 de julio de 2015

San Félix de Tibiuca - San Santiago Nísibe - San Atanasio Nápoles - San José de Tesalónica - San Balduino de Marsi 15072015

 

San Félix de Tibiuca

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San Félix de Tibiuca, obispo y mártir
En Cartago, en la vía llamada de los Escilitanos, en la basílica de Fausto, inhumación de san Félix, obispo de Tibiuca y mártir, que ante la orden del procurador Magniliano de que se arrojasen al fuego los libros de la Biblia, respondió que prefería ser abrasado él antes que quemar las Sagradas Escrituras, y por esta respuesta el procurador Anulino le atravesó con la espada.
A los comienzos de la persecución de Diocleciano, muchos cristianos entregaron a los perseguidores los libros sagrados para que los quemasen. Algunos trataron de disculpar su proceder o disminuir su culpabilidad, como si las circunstancias pudiesen justificar la cooperación en una acción impía o sacrílega. Félix, obispo de Africa proconsular, lejos de seguir el mal ejemplo de tantos otros cristianos, se sintió más bien espoleado a adoptar una conducta vigorosa y vigilante. El magistrado de Tibiuca, Magniliano, le ordenó que entregase todos los libros y escritos sagrados para quemarlos. El mártir replicó que estaba obligado a obedecer a Dios antes que a los hombres, y entonces Magniliano le envió al procónsul de Cartago.

Según cuenta el relato del martirio, el procónsul, enfurecido por la valiente confesión del santo, le cargó de cadenas y le encerró en una horrible mazmorra. Nueve días después, le envió en un navío a Italia para que le juzgase Maximino. La travesía duró cuatro días; el obispo fue encerrado en la cala del barco con los caballos y no probó alimento ni bebida. Los cristianos de Agrigento, de Sicilia y de todas las ciudades por donde pasó el santo, le acogieron jubilosamente. En Venosa de la Apulia, el prefecto mandó quitarle los grillos y le preguntó si realmente poseía libros sagrados y por qué razón se rehusaba a entregarlos. Félix replicó que no podía negar que poseyese libros sagrados, pero que jamás los entregaría. Sin más averiguaciones, el prefecto le mandó decapitar. En el sitio de la ejecución san Félix dio gracias a Dios por su bondad y, en seguida, tendió la cabeza al verdugo rara ofrecerse en sacrificio a Aquél que vive por los siglos de los siglos. Tenía entonces cincuenta y seis años. Fue una de las primeras víctimas de la persecución de Diocleciano.

La leyenda de la deportación de San Félix a Italia y su martirio en ese país es una invención del hagiógrafo, quien quería hacer de él un santo italiano. Pero está fuera de duda que san Félix fue martirizado por el procónsul de Cartago. Sus reliquias fueron más tarde trasladadas a la famosa «basílica Fausti» de dicha ciudad. - 

El P. Delehaye publicó un notable estudio sobre el relato del martirio de San Félix, en Analecta Bollandiana, vol. XXIX (1921), pp. 241-276. Publicó los textos más representativos de los dos principales grupos e hizo una reconstrucción admirable del documento primitivo en el que se basan fundamentalmente las dos familias de textos.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



San Santiago Nísibe

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Santiago, obispo de Nísibe
Santiago, obispo de Nísibe, de Mesopotamia, uno de los obispos más renombrados por su ciencia y santidad, que asistió al Concilio de Nicea, 350.

San Atanasio Nápoles

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San Atanasio de Nápoles, obispo y confesor
En Nápoles, ciudad de la Campania, san Atanasio, obispo, quien, después de haber sufrido mucho por las insidias de su impío sobrino Sergio, fue expulsado de su sede episcopal y, sumido en las tribulaciones, voló al cielo en Véroli, país de los hérnicos.
Atanasio fue elegido obispo de Nápoles hacia el año 850, antes de cumplir los veinte años. Era nativo de la misma ciudad, en la que su padre había sido «Dux». Atanasio se preocupó del progreso moral y material de Nápoles: reparó o reconstruyó los edificios destruidos por los sarracenos, edificó un hospital para peregrinos y ancianos, y organizó el rescate de los cristianos capturados por los mahometanos. El año 863, tomó parte en el Concilio de Letrán, que había sido reunido por el papa san Nicolás I; dicho Concilio declaró a san Ignacio patriarca legítimo de Constantinopla. Después de ayudar en esa forma al Padre de la Cristiandad a reivindicar los derechos de un obispo oprimido por el poder civil, San Atanasio fue víctima de una presión semejante.

El ducado de Nápoles había caído en manos de Sergio II, tirano, turbulento y ambicioso cuya vida privada era tan poco escrupulosa como su política. Sergio consideraba a san Atanasio como un enemigo, tanto más cuanto que éste era tío suyo y tenía, por consiguiente, derecho oficial y personal a reprender a su sobrino. El santo cumplió con su deber y reprochó a su sobrino ciertos tratos simoníacos y otros desórdenes. Entonces Sergio, instigado por su esposa, encarceló a Atanasio en Sorrento. La indignación del pueblo de Nápoles le obligó a ponerle en libertad; pero siguió molestando al obispo y obstaculizando su trabajo en todas las formas posibles, de suerte que, el año 871, san Atanasio salió de Nápoles y fue a instalarse en la isla del Salvador, cerca de la costa.

Sergio le prometió entonces la paz y la libertad total, con tal de que renunciase a su sede. Como Atanasio se negase a ello, el tirano envió a un destacamento a traerle por la fuerza. Pero el emperador Luis II intervino y ordenó al duque de Amalfi que pusiese a salvo al santo obispo en Benevento. La venganza de Sergio consistió en apoderarse del tesoro episcopal en Nápoles y atacar violentamente a los partidarios de su tío, de suerte que el papa acabó por excomulgarle. Por su parte, el emperador decidió tomar por su cuenta la causa del obispo y estaba ya a punto de restablecerle por la fuerza en su sede, cuando la muerte sorprendió al santo en Véroli, cerca de Monte Cassino, el 15 de julio de 872.

En Acta Sanctorum, julio, vol. V, se hallan la mayoría de los documentos de importancia. E. Gaspar, en su monografía sobre las falsificaciones llevadas a cabo por Pedro, el diácono de Monte Cassino, afirma que la biografía más extensa de San Atanasio (Biblioteca Hagiográfica Latina, 736) es una de ellas; pero tal opinión parece infundada: cf. Analecta Bollandiana, vol. XXIX (1910), p. 169.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



San José de Tesalónica

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San José de Tesalónica, obispo y mártir
En Tesalia, tránsito de san José, obispo de Tesalónica, hermano de san Teodoro Studita, que durante su vida de monje compuso numerosos himnos y, promovido después al episcopado, pronto tuvo que sufrir muchas y ásperas dificultades por defender la disciplina eclesiástica y el culto de las sagradas imágenes, tras lo cual fue relegado al exilio en Tesalia, donde murió de hambre.
José nace en Constantinopla en una familia muy cristiana y en la que un tío materno, san Platón, abad, daba un ejemplo admirable de santidad. Movidos por este ejemplo los miembros de la familia profesaron la vida religiosa: su madre y su hermana se hicieron monjas en Constantinopla y él mismo con sus hermanos y su padre se retiró a sus tierras de Sacudion donde fundaron un monasterio. La familia hubo de correr la suerte de Platón. Cuando éste se enfrentó al emperador Constantino VI a cuentas de su matrimonio adulterino, el monasterio de Sacudion fue cerrado y los monjes tuvieron que dispersarse. Volvieron en 797, pero los ataques árabes hicieron al lugar tan inseguro que los monjes se trasladaron al monasterio de San Juan Bautista de Constantinopla, conocido como Studion, y a sus monjes como estuditas. Superior de este monasterio fue san Teodoro Studita, hermano de nuestro santo.

El año 806 José fue designado obispo de Tesalónica y tres años más tarde tuvo problemas con el nuevo patriarca de Constantinopla,san Nicéforo, cuya designación consideró ilegal porque el designado no estaba todavía ordenado. Y como, además, su hermano y él se negaron a la comunión litúrgica con el sacerdote que había bendecido el citado matrimonio de Constantino VI, san Nicéforo convocó un concilio en el que fueron ellos, san Platón y otros monjes, primero llevados a prisión y luego desterrados a las islas de los Príncipes en el mar de Mármara. Desposeído de su sede, se le nombró un sucesor. Dejado libre, volvió a estar desterrado entre el año 815 y el 821 a causa de su negativa a aceptar la doctrina iconoclasta a la que se opuso con toda firmeza. Relegado a Tesalia, vino a morir de hambre el 15 de julio del 832 y es tenido por mártir. Se conservan de él himnos y homilías.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003



San Balduino de Marsi

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Era hijo de Berardo, conde los Marsi, y hermano de Reinaldo, abad del monasterio de Monte Casino. Más tarde el Papa Inocencio II lo nombró cardenal en 1138.
Balduino prefirió ser un monje cisterciense. Y tuvo la suerte de estar bajo dirección del propio san Bernardo de Claraval.
Apenas se ordenó de sacerdote, lo enviaron a un monasterio en el que encontró muchas dificultades.
Pero detrás tenía a Bernardo para orientarlo y ayudarle en todo lo que necesitaba.
Murió joven en el año 1140, y está enterrado en la catedral de Rieti, Italia.
En seguida empezó el culto a san Balduino. La gente admiraba en él su santidad, la riqueza de gracias con que Dios lo había adornado, los milagros que hacía en su nombre para la mayor gloria de Dios.

De hecho, sus reliquias se conservan en al altar de la Capilla "de las Gracias".
Todo el rico mundo interior d Balduino tenía la fuente milagrosa de la unión con Dios, de su oración continuada. El trabajo era para él oración, y ésta es el mejor medio para avanzar por la senda a la que Dios llama a todo ser humano que quiere ser más él mismo.
La abadía que rigió durante años, es todo un testimonio de cómo viviendo la oración, llevando una vida austera y entregándose con amor a los hermanos, todo resulta fácil. Por eso, Balduino, siguiendo este tipo d vida, escaló la santidad.

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