jueves, 12 de mayo de 2016

Beato Álvaro del Portillo - San Epifanio de Salamina (12 de mayo)

Beato Álvaro del Portillo

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Obispo y Prelado
de la Prelatura Personal de la Santa Cruz
y del Opus Dei

 En Roma, Italia, beato Álvaro del Portillo y Diez de Sollano, español, obispo y prelado de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y del Opus Dei. ( 1994)
Hijo de Clementina Diez de Sollano (mexicana) y de Ramón del Portillo y Pardo (español), Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914. Era el tercero de ocho hermanos.

Después de cursar el bachillerato en el Colegio El Pilar (Madrid), ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, en la que terminó sus estudios en 1941. Posteriormente trabajó en diversas entidades oficiales con competencia en materia hidrográfica. A la vez, estudió Filosofía y Letras (Sección de Historia) y se doctoró en 1944 con la tesis Descubrimientos y exploraciones en las costas de California.

En 1935 se incorporó al Opus Dei, institución de la Iglesia Católica que había sido fundada siete años antes por san Josemaría Escrivá de Balaguer. Recibió directamente del fundador la formación y el espíritu propios de aquel nuevo camino en la Iglesia. Desarrolló una amplia labor de evangelización entre sus compañeros de estudio y trabajo, y desde 1939 realizó numerosos viajes apostólicos por diferentes ciudades de España.

El 25 de junio de 1944 fue ordenado sacerdote por el obispo de Madrid, Mons. Leopoldo Eijo y Garay, junto con José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz: son los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, después del fundador.

En 1946 se trasladó a Roma, pocos meses antes de que fijara allí su residencia san Josemaría, con el que convivió también en los años siguientes. Se trata de un periodo crucial para el Opus Dei, que recibe entonces las primeras aprobaciones jurídicas de la Santa Sede. Para Mons. del Portillo empieza también una época decisiva en la que, entre otras cosas, realizará —con su actividad intelectual junto a san Josemaría y con su trabajo en la Santa Sede— una honda reflexión sobre el papel y la responsabilidad de los fieles laicos en la misión de la Iglesia, a través del trabajo profesional y las relaciones sociales y familiares. “En un hospital —escribirá años más tarde, para ejemplificar esta realidad— la Iglesia no está solo presente por el capellán: también actúa a través de los fieles que, como médicos o enfermeros, procuran prestar un buen servicio profesional y una delicada atención humana a los pacientes; en un barrio, el templo será siempre un punto de referencia indispensable: pero el único modo de llegar a los que no lo frecuentan será a través de otras familias”.

Entre 1947 y 1950 empujó la expansión apostólica del Opus Dei en Roma, Milán, Nápoles, Palermo y otras ciudades italianas. Promovió actividades de formación cristiana y atendió sacerdotalmente a numerosas personas. De la huella que su labor ha dejado en Italia hablan hoy las numerosas calles y plazas que se le han dedicado en distintos núcleos urbanos del país.

El 29 de junio de 1948, el fundador del Opus Dei erigió en Roma el Collegio Romano della Santa Croce, centro internacional de formación del que Álvaro del Portillo fue primer rector y en el que enseñó teología moral (1948-1953). En ese mismo año (1948) obtuvo el doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Santo Tomás.

Durante sus años en Roma, los diversos Papas que se suceden (desde Pío XII hasta Juan Pablo II) le llamaron a desempeñar numerosos encargos, como miembro o consultor de 13 organismos de la Santa Sede. 

Participó activamente en el Concilio Vaticano II. Juan XXIII le nombró consultor de la Sagrada Congregación del Concilio (1959-66). En las etapas previas al Vaticano II, fue presidente de la Comisión para el Laicado. Ya en el curso del Concilio (1962-65) fue secretario de la Comisión sobre la Disciplina del Clero y del Pueblo Cristiano. Terminado este evento eclesial, Pablo VI le nombró consultor de la Comisión postconciliar sobre los Obispos y el Régimen de las Diócesis (1966). Fue también, durante muchos años, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La vida de Álvaro del Portillo está estrechamente unida a la del fundador. Permaneció siempre a su lado hasta el mismo momento de su muerte, el 26 de junio de 1975, colaborando con san Josemaría en las tareas de evangelización y de gobierno pastoral. Con él viajó a numerosos países para disponer y orientar los diversos apostolados del Opus Dei. “Al advertir su presencia amable y discreta al lado de la dinámica figura de Mons. Escrivá, me venía al pensamiento la modestia de san José”, escribirá a su muerte un agustino irlandés, el Padre John O´Connor.

El 15 de septiembre de 1975, en el congreso general convocado tras el fallecimiento del fundador, don Álvaro del Portillo fue elegido para sucederle al frente del Opus Dei. El 28 de noviembre de 1982, cuando el beato Juan Pablo II erigió el Opus Dei en prelatura personal, le designó Prelado de la nueva prelatura. Ocho años después, el 7 de diciembre de 1990, le nombró obispo y, el 6 de enero de 1991, le confirió la ordenación episcopal en la basílica de San Pedro.

A lo largo de los años en que estuvo al frente del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo promovió el comienzo de la actividad de la prelatura en 20 nuevos países. En sus viajes pastorales, que le llevaron a los cinco continentes, habló a miles de personas de amor a la Iglesia y al Papa, y predicó con persuasiva simpatía el mensaje cristiano de san Josemaría acerca de la santidad en la vida ordinaria.

Como Prelado del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo estimuló la puesta en marcha de numerosas iniciativas sociales y educativas. El Centre Hospitalier Monkole (Kinshasa, Congo), el Center for Industrial Technology and Enterprise (CITE, en Cebú, Filipinas) y la Niger Foundation (Enugu, Nigeria) son ejemplos de instituciones de desarrollo social llevadas a cabo por fieles del Opus Dei, junto a otras personas, bajo el impulso directo de monseñor del Portillo.

Asimismo, la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (desde 1985) y el seminario internacional Sedes Sapientiae (desde 1990), ambos en Roma, así como el Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa (Pamplona, España), han formado para las diócesis a miles de candidatos al sacerdocio enviados por obispos de todo el mundo. Son una muestra de la preocupación de monseñor del Portillo por el papel del sacerdote en el mundo actual, tema al que dedicó buena parte de sus energías, como se puso de manifiesto en los años del Concilio Vaticano II. “El sacerdocio no es una carrera —escribió en 1986— sino una entrega generosa, plena, sin cálculos ni limitaciones, para ser sembradores de paz y de alegría en el mundo, y para abrir las puertas del Cielo a quienes se beneficien de ese servicio y ministerio”.

Mons. Álvaro del Portillo falleció en Roma en la madrugada del 23 de marzo de 1994, pocas horas después de regresar de una peregrinación a Tierra Santa. La víspera, el 22 de marzo, había celebrado su última misa en la iglesia del Cenáculo de Jerusalén.

Álvaro del Portillo es autor de publicaciones sobre materias teológicas, canónicas y pastorales: Fieles y laicos en la Iglesia (1969), Escritos sobre el sacerdocio (1970) y numerosos textos dispersos, gran parte de ellos recogidos póstumamente en el volumen Rendere amabile la Verità. Raccolta di scritti di Mons. Álvaro del Portillo, publicado en 1995 por la Libreria Editrice Vaticana. En 1992 se publicó el volumen Intervista sul Fondatore dell´Opus Dei, fruto de sus conversaciones con el periodista italiano Cesare Cavalleri, sobre la figura de san Josemaría Escrivá, que ha sido traducido a varias lenguas.

Tras su muerte en 1994, miles de personas han testimoniado por escrito su recuerdo de monseñor Álvaro del Portillo: su bondad, el calor de su sonrisa, su humildad, su audacia sobrenatural, la paz interior que su palabra les comunicaba.



San Epifanio de Salamina

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San Epifanio de Salamina
Obispo de Constancia, antigua Sálamis, uno de los heresiólogos más importantes de la Antigüedad y notable teólogo mariano del s. IV.
     
      Vida. Nace ca. 315 en una aldea cercana a Eleuterópolis, no lejos de Gaza, en Palestina (cfr. Sozomeno, Historia Eclesiástica, 6,32: PG 67,1392). Su formación espiritual es comenzada por S. Hilarión, padre de los monjes de Palestina. Vive algunos años en Egipto junto a los grandes solitarios, donde según su propio testimonio (cfr. Panarion, 26,17: PG 41,360) mujeres gnósticas intentan atraerle a su forma de vida. Adquiere conocimientos de griego, siriaco, hebreo, copto y algo de latín (cfr. S. Jerónimo, Adversus libros Rufini, 2,22: PL 23,462). Ca. el 335 funda en su pueblo natal un monasterio que gobierna durante casi 30 años. El a. 367 los obispos de Chipre le eligen obispo de Constancia, cargo que le hace metropolita de toda la isla. En el cisma de Antioquía se alinea en contra de Melecio (v.) con quien rehúsa restablecer la comunión eclesiástica y a quien acusa de estar en relación con los pneumatómacos (v.). No es seguro que estuviese en el Conc. I de Constantinopla (a. 381), cuyas primeras sesiones preside el mismo Melecio, puesto que no figura entre los firmantes. Se le encuentra al año siguiente en Roma (S. Jerónimo, Epístola, 108,6: PL 22, 881).
     
      Envuelto en querellas eclesiásticas y opuesto a toda especulación metafísica en teología así como a la interpretación de la S. E. en sentido alegórico, no sólo condena al origenismo (v. ORÍGENES Y ORIGENISMO), que estima la más peligrosa de todas las herejías (Panarion, 64: PG 41,1068-1200), sino que es implacable en su persecución. Ca. el 392 pronuncia un discurso en Jerusalén, invitado por el obispo Juan, en el que pide la condenación de Orígenes. Asiste numeroso público y el propio obispo Juan, defensor de Orígenes. Con este discurso comienza la primera controversia origenista, ya que Juan le contesta esa misma tarde (S. Jerónimo, Contra Johannem, II: PL 23,363). En 394, en carta dirigida al obispo Juan (que le había acusado de haber violado sus derechos al ordenar al monje Paulino sin contar con él) expone con detalle los errores de Orígenes y pide a Juan que le condene (S. Jerónimo, Epístola, 51: PG 22,517). Ante la negativa de Juan, E. rompe la comunión con él.
     
      El a. 400 es condenado Orígenes por un Concilio convocado en Alejandría por el metropolita local Teófilo. E. aúna sus esfuerzos con los de Teófilo para expulsar de sus monasterios a los famosos «Cuatro Hermanos Largos» y a otros adeptos a Orígenes. Al darles asilo S. Juan Crisóstomo (v.), E. marcha a Constantinopla para emprender personalmente la guerra contra el Crisóstomo y obtener su condenación. Al llegar a la ciudad, rehúsa la hospitalidad que le ofrece S. Juan Crisóstomo, e incluso se niega a participar en la Eucaristía celebrada por él mismo (Sócrates, Historia Eclesiástica, 6,12-14: PG 67, 700-712). Ante los motines populares en defensa del Crisóstomo, y apercibido de los manejos de Teófilo (ni el Crisóstomo ni los monjes egipcios eran los terribles herejes que se le habían descrito), abandona Constantinopla, y embarca para Chipre muriendo en alta mar el a. 402. Su postura pesará mucho en las decisiones del sínodo de la Encina, que depone al Crisóstomo el a. 403 (Focio, Biblioteca, LIX: PG 103,108).
     
      Existe una biografía suya (PG 41,24-113), que, aunque pretende estar escrita por dos de sus discípulos, Juan y Polibio, es muy posterior y contiene más de leyenda que de historia. Su fiesta se celebra el 12 de mayo.
     
      Obras. Ancoratus (El hombre seguro, anclado). Compendio del dogma escrito en el a. 374, trata especialmente cuestiones trinitarias. Termina con dos profesiones de fe: en torno a la primera (cap. 119: PG 43,232233), se duda si era el símbolo bautismal de la Iglesia de Constancia y después aceptado por el Concilio de Constantinopla con ligeros retoques, o si E. transcribía el símbolo de Nicea, después retocado o cambiado por un copista. La segunda (cap. 120: PG 43,233-236) está compuesta por el propio E.
     
      Panarion (Botiquín o remedio contra todas las herejías). Escrito entre 374-377, citado comúnmente Haereses, enumera 80 herejías, incluyendo doctrinas anteriores al cristianismo. El epítome final (PG 42,833-886) no parece que sea del autor.
     
      Escritos contra las imágenes. El escrito más antiguo, ca. 394, califica de idolatría la fabricación de imágenes. El mismo año dirige una carta al emperador Teodosio I sugiriendo que sean retiradas. Finalmente, lega un testamento en él que ordena a sus fieles que nunca coloquen imágenes en las iglesias y cementerios (v. IMÁGENES; ICONOCLASTAS).
     
      Escritos sobre arqueología bíblica: De mensuris et ponderibus (Sobre los pesos y medidas del Antiguo Testamento, escrito en 392) y De XII gemmis (Sobre las 12 piedras preciosas del pectoral del Sumo Sacerdote, escrito en 394).
     
      Cartas. De su abundante correspondencia sólo nos han llegado fragmentos y dos cartas traducidas por S. Jerónimo (PG 22,517-526 y 758).
     
      Doctrina. Radicalmente tradicionalista, su obra es esencialmente polémica. Defensor intransigente del omousios (consustancial) de Nicea y hostil a toda fórmula de compromiso. Encuentra en la educación griega la fuente principal de las herejías. Intolerante en la cuestión de las imágenes y en su lucha contra Orígenes, no aprecia los valores positivos de aquellos a quienes combate. Afirma repetidas veces que el Espíritu Santo (v.) procede del Padre y del Hijo (PG 43,148). Coloca en la profesión de fe que María (v.) fue siempre virgen (PG 43,233). La Iglesia (v.), depositaria de la verdad, es al mismo tiempo vía de acceso a la misma (PG 41,1036).
     
    BIBL.: Ediciones: PG 41-43; K. HOLL, Ancoratus et Panarion, en Corpus Berolinense, Leipzig 1915-22, 1931-33; ÍD, Gesammelte Aufsätze zur Kirchengeschichte, II, Tubinga 1928; J. LEBON, Severi antioqueni liber contra impium grammaticum; orationis ter tiae pars posterior, Lovaina 1952. Estudios: V. BOUBLIK, Epifanio di Costanza, en Bibl. Sanct. 4, 1258-1264; B. ALTANER, Augustinus und Epiphanius von Salamis, en Melánges I. de Ghellinck, I, Gembloux 1951, 265-275; ÍD, Patrología, 5 ed. Madrid 1962, 292-295; D. FERNÁNDEZ, Función de María en la salvación según S. Epifanio, «Revista Española de Teología» 19 (1959) 253; P.FRANKEL, Histoire sainte et hérésie chez S. Épiphane de Salamine, d'après le tome I du Panarion, «Rev. de théologie et philosophie» 12 (1963) 175 ss.; J. DUMMER, Epiphanius, Ancoratus 102,7 und die Sapientia Salomonis, «Klio» 43-45 (1965) 344 ss.









Oremos

Confesamos, Señor, que sólo tú eres santo y que sin ti nadie es bueno y humildemente te pedimos que la intercesión de San Epifanio de Salamina venga en nuestra ayuda para que de tal forma vivams en el mundo que merezcamos llegar a la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.






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