Beato Vicente Soler, presbítero y mártir
fecha: 15 de agosto
n.: 1867 - †: 1936 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 7 mar 1999
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
n.: 1867 - †: 1936 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 7 mar 1999
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En Motril, junto a Granada, en la región
de Andalucía, igualmente en España, beato Vicente Soler, presbítero de la Orden
de Agustinos Recoletos y mártir, que en la misma persecución fue condenado a
muerte junto con otros detenidos, a los que él había preparado piadosamente
para morir, y, fusilado ante los muros del cementerio, alcanzó la gloria del
triunfo en Cristo.
Vicente Soler y Munárriz nació el 4 de
abril de 1867 en Malón, Zaragoza. En su juventud ingresa en la Orden de los
Agustinos Recoletos, donde profesa el 15 de mayo de 1883 con el nombre de fray
Vicente de San Luis Gonzaga. Es enviado a las Islas Filipinas, donde concluye
sus estudios y se ordena sacerdote en Manila el 15 de mayo de 1890 y a
continuación hace un fecundo apostolado. Apresado como español por los
insurgentes contra España, estuvo preso hasta el año 1900, en que quedó libre
pudiendo reanudar su apostolado.
En 1906 vuelve a España donde tiene
diversos cargos, entre ellos el de asistente de la provincia de Santo Tomás de
Villanueva, trabajando intensamente en la predicación de la palabra de Dios y
en la formación de los jóvenes religiosos. Prestigiado dentro de la Orden por
sus magníficas cualidades y virtudes, fue elegido prior general en 1926, pero
apenas habían pasado unos meses presentó la dimisión, movido por una sincera
humildad que le hacía sentirse indigno e incapaz de tan alto cargo, y se retiró
a Motril donde continuó su apostolado y donde daba un espléndido ejemplo de
vida religiosa, teniéndolo los fieles por santo. Dio vida a los talleres de
Santa Rita, fundó el Círculo Católico y abrió una escuela nocturna.
Cuando el 25 de julio de 1936 las turbas
se apoderaron de Motril y quemaron las iglesias y conventos, el P. Vicente
buscó refugio en casa de unos amigos, pero el día 29 fue descubierto, arrestado
y llevado a la cárcel. Aquí hizo vida de intensa piedad, entregado por completo
a la voluntad de Dios y a la espera del martirio, ejercitando su ministerio
sacerdotal a favor de los otros presos. La noche del 14 de agosto lo sacaron
con otros dieciocho compañeros de prisión y los llevaron a las tapias del
cementerio donde a la una de la madrugada los fusilaron. El P. Vicente estaba
el décimo de la fila y fue dando la absolución a sus compañeros conforme iban
siendo fusilados. Los demás fueron fusilados de espaldas pero a él se le obligó
a volverse de frente a sus verdugos. Fue beatificado el 7 de marzo de 1999 por
el papa Juan Pablo II.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2884
Beato Claudio Granzotto, religioso
fecha: 15 de agosto
n.: 1900 - †: 1947 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 20 nov 1994
hagiografía: «L`Osservatore Romano»
n.: 1900 - †: 1947 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 20 nov 1994
hagiografía: «L`Osservatore Romano»
En Padua, ciudad de Italia, beato
Claudio (Ricardo) Granzotto, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que
unió el ejercicio de su profesión religiosa con el arte de escultor, y en pocos
años consiguió la perfección imitando a Cristo.
Claudio nació el 23 de agosto de 1900 en
Santa Lucía di Piave (Treviso, Italia). Su familia era económicamente modesta,
pero muy cristiana. La naturaleza le dotó de una voluntad tenaz y de una
exquisita bondad, que lo hacía amable a todos. El duro trabajo en el campo y,
posteriormente, los oficios de carpintero y de albañil templaron su carácter y
le formaron en el sacrificio y la generosidad. A los 15 años sintió
repentinamente la pasión por el arte, especialmente por la escultura, la cual
se convirtió muy pronto en el mayor sueño de su vida. El 2 de abril de 1918 se
vio forzado a partir al frente militar y, tras un período de cuatro años
transcurridos en Roma, Forlí, Nápoles, Sant'Arcangelo di Romagna y Albania, a
la edad de 22 años, gracias a la ayuda de su párroco Mons. Morando, ingresó,
con grandes sacrificios y admirable constancia, en la Academia de Bellas Artes
de Venecia, donde, a los 29 años, obtuvo con la máxima nota el diploma de
profesor de escultura.
Cuando ante la mirada del joven y
apreciado profesor brillaba un espléndido futuro, el Señor lo llamó a la vida
franciscana, injertando su ideal artístico en el ideal todavía más sublime de
la santidad. El 7 de diciembre de 1933 ingresó en la Orden de los Frailes
Menores, en San Francisco del Desierto, en la laguna véneta. Al presentarlo al
ministro provincial de los Frailes Menores de Venecia, el arcipreste de Santa
Lucía di Piave escribía: «La orden consigue no sólo un artista, sino también un
santo».
Comienza su subida al monte santo de Dios,
es un recorrido marcado por un inmenso amor a Dios; un total abandono en sus
manos; una oración hecha vida y que lleva con frecuencia a fray Claudio a la
adoración ante el Sagrario; al amor a todos, especialmente a los pobres y
enfermos; una extraordinaria y suave humildad; una obediencia pronta y
generosa; y una radiante castidad.
Su práctica heroica de todas las virtudes
se alimenta de una piedad eminentemente eucarística y reparadora y de una
devoción filial a María Inmaculada. Amó de corazón a la Madre del Señor, hasta
el punto de poder afirmar: «¡Soy esclavo de la Virgen!... La Virgen quiere mi
salvación, porque desde hace mucho tiempo estoy consagrado a su Corazón
inmaculado, cuyo esclavo me considero». Por amor a la Virgen de Nazaret,
construyó cuatro Grutas de Lourdes, una de las cuales, la de Chiampo, es de
proporciones idénticas a las de la Gruta de Massabielle, en Francia.
Fray Claudio, que había escrito: «Señor,
cuando me concedas el don de las espinas tendré la certeza de que has aceptado
el sacrificio de mi vida», no rehuyó el don conclusivo con que Cristo quiso
mostrarle su predilección. Atacado por un tumor cerebral, el 15 de agosto de
1947, en el hospital civil de Padua se encontró para siempre con Aquel a quien
había confesado: «Quiero vivir y morir diciéndote y demostrándote que te amo
más que a todos los tesoros del cielo y de la tierra». La Reina de los Ángeles,
a quien había venerado y honrado con todo el corazón, lo acogía en la morada
celestial el día de la solemnidad de su Asunción, atendiendo así el deseo de su
siervo: «El día de la Asunción me voy». Sus restos mortales descansan en
Chiampo, al pie de la gruta de Lourdes, convertida, según su promesa, en «lugar
de oración y de encuentro con Dios para tanta gente».
Al principio de su vida franciscana,
escribió: «Quisiera que mi vida permaneciese escondida como un grano de arena».
Pero el proyecto de Dios sobre este humilde fraile menor era muy distinto. La
fama de santidad de que gozaba ya en vida, tras su muerte se difundió
rápidamente por el Véneto, el resto de Italia y otras muchas partes del mundo.
El 16 de diciembre de 1959, el entonces Obispo de Vittorio Véneto, Mons. Albino
Luciani, el futuro Papa Juan Pablo I, iniciaba el proceso diocesano sobre la
vida y virtudes del artista franciscano. Este camino concluía el 7 de
septiembre de 1989, día en que el Santo Padre Juan Pablo II declaraba la heroicidad
de las virtudes del siervo de Dios, y el 6 de julio de 1993, aprobaba el
milagro atribuido a su intercesión, declarándolo válido a los fines de la
presente beatificación.
Con su vida de artista, de franciscano y
de fidelidad al Evangelio, transmitió un mensaje de alegría y de esperanza
tanto a los hombres de su tiempo como a los de nuestros días. Escultor de
materia inerte, que supo convertir en testimonio elocuente de la Belleza
divina, fray Claudio Granzotto fue, sobre todo, un espléndido escultor de sí
mismo: «Me he entregado por entero a Jesús. Esto me ha costado mucho
esfuerzo... Hay que dejarse moldear por él, de lo contrario vivimos la vida en
vano».
En Cristo bebió el ardor que convirtió por
entero su joven existencia en un fuego de caridad. Con la santidad de su vida
heroica, aparece ante la Iglesia, ante los artistas y ante todo hombre de
nuestros días como expresión de la humanidad nueva que el Espíritu de Jesús resucitado
guía hacia los infinitos horizontes del Amor.
Nota de ETF: la publicación original es de
L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 18-XI-94;
nosotros lo tomamos de www.fransciscanos.org.
fuente: «L`Osservatore Romano»
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
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referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2887
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