San Miguel de la Mora de la Mora, presbítero y mártir
fecha: 7 de agosto
n.: 1878 - †: 1927 - país: México
canonización: B: Juan Pablo II 22 nov1992 - C: Juan Pablo II 21 may 2000
hagiografía: Mártires Mexicanos
n.: 1878 - †: 1927 - país: México
canonización: B: Juan Pablo II 22 nov1992 - C: Juan Pablo II 21 may 2000
hagiografía: Mártires Mexicanos
En Colima, en México, san Miguel de la
Mora de la Mora, presbítero y mártir, que, en el furor de la persecución contra
la Iglesia, fue coronado con el martirio por el hecho de ser sacerdote.
Ver más información en:
Mártires mexicanos (1915-1937)
Mártires mexicanos (1915-1937)
Nació en el Rincón del Tigre, Jalisco, en
1878, pero su hermano Regino vivía en Colima y, enterado de su interés por
ingresar al seminario, lo llevó con él para inscribirlo en ese Estado, luego de
haber vivido su niñez trabajando la tierra. Una vez ordenado sacerdote en el
año de 1906, el Padre Miguel de la Mora de la Mora recibió entre sus
nombramientos, el de capellán de la Catedral de Colima. De mayo de 1918 a junio
de 1926 asistió con asiduidad y puntualidad a la Catedral para participar en
todas las actividades, hasta que el gobernador de Colima, Francisco Solórzano
Béja, puso en vigor la «Ley Calles», antes que en cualquier otro Estado de la
República. El Padre Miguel fue el primer sacerdote de esa diócesis que sufrió
el martirio. la Ley Calles era la reglamentación restrictiva que se puso en
vigor en 1926, con la que el presidente Elías Calles desarrollaba en todo su
potencial antireligioso el artículo 130 de la Constitución Mexicana.
El presbiterio diocesano, con su obispo a
la cabeza, en solemne e histórica Hora Santa, después de la libre manifestación
de la opinión de cada uno de los sacerdotes, unánimemente y por escrito,
rechazaron las arbitrarias disposición gubernamentales y aclararon en el
escrito: «Rechazamos con anticipación el dictado de rebeldía; no, no somos
rebeldes sino simplemente sacerdotes oprimidos que no quieren ser apóstatas».
El Gobernador trató de inmediato, no sólo de aplicar las disposiciones de la
ley, sino también las sanciones correspondientes para quienes no las
cumpliesen. Pero los sacerdotes se habían comprometido a aceptar también las
consecuencias, así fuesen dolorosas y amargas. Estaban dispuestos a sufrir
penurias, ataques, destierros, sobresaltos y aun la persecución misma.
Algunos sacerdotes se ocultaron, tal como
lo hizo el padre Miguel en su propia casa, en donde celebraba la Eucaristía por
lo menos algunos días; sin embargo, como enfrente de su casa habitaba el
General, éste pudo verlo en un descuido del padre y fue de inmediato tomado
preso. Salió de la prisión bajo fianza y con la obligación de presentarse
diariamente en la jefatura de operaciones. El padre fue advertido de que
terminado el tiempo de su fianza iría a prisión definitiva, salvo que abriera
el culto en la Catedral, de la que era capellán. Querían obligarlo a que
abriera el culto bajo vigilancia y obediencia a la autoridad civil; esto y las
continuas molestias de las autoridades civiles, le hicieron pensar que era
prudente alejarse de la ciudad, aunque perdiera su fianza.
Preparadas las cosas y acompañado de su
hermano Regino y el padre Crispiniano Sandoval, salió en la madrugada del día 7
de agosto de 1927 rumbo al rancho del Tigre, en un coche, propiedad de un
amigo. El vehículo los dejó en la Estancia, en donde los esperaban unos mozos
con remudas en las que continuaron su viaje hasta llegar a Cardona, en donde
trataron de tomar el desayuno. En Cardona alguien lo reconoció como sacerdote y
esto bastó para que un agrarista los tomara presos y los trajese a entregar a
Colima, a la jefatura de operaciones militares. Los agraristas no supieron que
su acompañante, el padre Sandoval, era sacerdote también. Por esta razón se
desentendieron de él y pudo huir al llegar a la ciudad. No perjudicaron a los
mozos, a quienes dejaron libres, no así a don Regino de la Mora, el hermano de
Miguel.
Dentro del cuartel, sin cuadro ni
formalismo militar alguno, ordenaron al padre que caminara hacia la
caballeriza; allí, sobre el estiércol de los animales y sin miramientos fue
asesinado, mientras él rezaba el Rosario, iniciado cuando le dijeron que lo
fusilarían. El Capitán encargado de la escolta le dio el tiro de gracia, ante
la mirada atónita de su hermano Regino. Fue llevado al panteón y al parecer
unos parientes pudieron obtener el cuerpo y sepultarlo cristianamente, pero de
prisa. Días después, el General, creyendo que el padre llevaría en sus ropas
dinero, mandó que durante la noche unos soldados exhumaran el cuerpo y le
quitaran el imaginado dinero. Si lo obtuvieron o no, se desconoce, lo cierto es
que de golpe arrojaron nuevamente el cadáver a la fosa sin ningún detenimiento
y sin depositar nuevamente el cadáver en el féretro, sino que sobre el cuerpo
arrojaron la caja y la tierra que sellaría la tumba hasta dos años después,
cuando, formada una comisión especial, exhumaron los restos y los trasladaron a
la Catedral, en la cripta que el pueblo llama «capilla de los mártires» en
donde espera la resurrección final. Fue canonizado junto con los demás mártires
de la Cristíada mexicana el 21 de mayo del 2000.
fuente: Mártires
Mexicanos
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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