Santos Nicolás Tavelic, Deodato Aribert, Esteban de Cúneo y Pedro de
Narbone, presbíteros y mártires
fecha: 14 de noviembre
†: 1391 - país: Israel
canonización: C: Pablo VI 21 jun 1970
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
†: 1391 - país: Israel
canonización: C: Pablo VI 21 jun 1970
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
Elogio: En Jerusalén, santos Nicolás Tavelic, Deodato Aribert, Esteban de
Cúneo y Pedro de Narbone, presbíteros de la Orden de los Hermanos Menores y
mártires, que por predicar libremente en la plaza pública la religión cristiana
a los sarracenos y confesar constantemente a Cristo como Hijo de Dios, fueron
quemados vivos.
Patronazgos: Nicolás Tavelic es patrono de Croacia
refieren a este santo: Beatos Juan
Lorenzo de Cetina y Pedro de Dueñas, Santos Rogelio y
Servideo
Sacerdotes y mártires de la Primera Orden,
canonizados por SS. Pablo VI el 21 de junio de 1970.
Nicolás Tavelic (1340-1391) es el primer croata canonizado. Su
figura se destaca grandemente en el ambiente de su tiempo. Nació hacia 1340 en
la ciudad dálmata de Sebenic. Siendo adolescente entró en la Orden de Hermanos
Menores y ya sacerdote fue enviado como misionero a Bosnia, donde se prodigó
por cerca de 12 años por la conversión de los Bogomiles, patarenos balcánicos,
junto con Deodato de Rodez. Hacia 1384 ambos se dirigieron a Palestina, donde
se juntaron con otros dos cohermanos, Pedro de Narbona y Esteban de Cuneo.
Todos cuatro entregaron su vida como mártires de Cristo.
Nicolás y los tres cohermanos,
permanecieron en Jerusalén en el convento de San Salvador, en estudio y
oración. Después de larga meditación, Nicolás proyectó una empresa audaz. La
empresa estaba en el espíritu de San Francisco, movido por el Espíritu Santo,
por el celo de la fe y por el deseo del martirio. Se trataba de anunciar
públicamente en Jerusalén ante los musulmanes principales la doctrina de
Cristo.
Deodato († 1391) nació en una ciudad francesa que en
los textos originales latinos de la mayor parte de los autores es llamada
“Ruticinium”, identificada con la actual ciudad de Rodez, sede episcopal.
Todavía joven se hizo Hermano Menor y fue ordenado sacerdote en la provincia
franciscana de Aquitania.
En los años 1372‑1373, el vicario general
Padre Bartolomé de la Verna había hecho un llamamiento para conseguir
religiosos para una particular expedición misionera a Bosnia. Una bula de
Gregorio XI del 22 de junio presentaba en aquel momento buenas perspectivas
para el progreso en la verdadera fe de aquellas zonas devastadas por la herejía
de los Bogomiles, una secta hereje de fuerte tinte maniqueo, que a los errores
dogmáticos unía en sus principales representantes una rígida austeridad de
vida.
A Deodato de Rodez lo encontramos en este
campo de actividad, en compañía de Nicolás Tavelic. Fue a Bosnia para responder
al deseo del Vicario general y del Papa Gregorio XI, en las mismas
circunstancias en que fue Nicolás de Tavelic. De este encuentro entre los dos
santos nace una fraternal e íntima amistad, que los sostiene por doce largos
años en medio de dificultades y fatigas comparables a las de los grandes
misioneros de la Iglesia. Una relación pormenorizada, la “Sibenicensis”
describe esta venturosa expedición apostólica de Bosnia junto con la relación
de su martirio.
Hacia 1384 ambos se trasladaron a
Palestina, donde encontraron, como ya se dijo, a los otros dos cohermanos Pedro
de Narbona y Esteban de Cuneo, con quienes compartieron las actividades
apostólicas y la palma del martirio.
Pedro de Narbona († 1391), de la provincia de los Hermanos Menores
de Provenza, por varios años adhirió a la reforma surgida para una mejor
observancia de la regla de San Francisco, reforma iniciada en 1368 en Umbría
por el Beato Paoluccio Trinci. En poco tiempo se difundió en la Umbría, las Marcas,
tanto que en 1373 contaba con una decena de eremitorios. Era un movimiento de
fervor que tendía a renovar la forma primitiva de la vida franciscana,
especialmente en el ideal de la pobreza y en el ejercicio de la piedad. Que
Pedro de Narbona haya llegado de Francia meridional a los eremitorios umbros,
es indicio del fervor religioso de su espíritu y esto proyecta una luz singular
sobre toda su vida precedente a su permanencia en Jerusalén.
Esteban († 1391) nació en Cuneo en el Piamonte y se
hizo Hermano Menor en Génova, en la provincia religiosa de la Liguria. Durante
ocho años trabajó activamente en Córcega, como miembro de la vicaría
franciscana corsa. Podemos decir que de este modo hizo un buen noviciado
apostólico. Pasó luego como misionero a Tierra Santa, donde el 14 de noviembre
de 1391 selló con el martirio la predicación evangélica. Junto con los tres
compañeros, quería demostrar que el islamismo no es la verdadera religión.
Cristo Hombre‑Dios, no Mahoma, era el enviado de Dios para salvar a la
humanidad.
El 11 de noviembre de 1391 después de
intensa preparación los cuatro misioneros realizaron su proyecto. Salieron
juntos del convento llevando cada uno un papel o pliego escrito en latín y en
árabe. Se dirigieron a la mezquita, pero mientras querían entrar fueron
impedidos. Interrogados por los musulmanes sobre qué buscaban, respondieron:
“Queremos hablar con el Cadi para decirle cosas muy útiles y saludables para
sus almas”. Les respondieron: “La casa del Cadi no es aquí, vengan con nosotros
y se la mostraremos”.
Cuando llegaron a su presencia, abrieron
los papeles y los leyeron, explicándoselos y presentando con firmeza sus
propias razones. Dijeron: “Señor Cadi y todos ustedes aquí presentes, les
pedimos que escuchen nuestras palabras y pongan mucha atención a las mismas,
porque todo lo que les vamos a decir es muy provechoso para ustedes, es
verdadero, justo, libre de todo engaño y muy útil para el alma de todos
aquellos que quieran ponerlo en práctica”. Luego hicieron una prolongada
relación que ilustraba la verdad del mensaje evangélico de Cristo, el único en
quien está la salvación y demostraron la falsedad de la ley de Mahoma. Se
reunió una enorme turba de mahometanos, primero asombrados, luego irritados,
finalmente hostiles. Nunca se habían oído ante una turba de musulmanes
semejantes afirmaciones contra el Corán y contra el islamismo. Al oír este
discurso pronunciado con fervor de espíritu por los cuatro Hermanos, el Cadí y
todos los presentes se airaron grandemente. Comenzaron a llegar innumerables
musulmanes.
El Cadi entonces dirigió la palabra a los
cuatro religiosos en estos términos: “¿Esto lo han dicho ustedes en pleno
conocimiento y libertad, o en un momento de exaltación fanática, sin el control
de la razón como tontos o locos? ¿Han sido enviados a hacer esto por el Papa de
ustedes, o por algún rey cristiano?”. A tal pregunta los religiosos
respondieron: “Nosotros hemos venido aquí enviados por Dios. Por tanto si
ustedes no creen en Jesucristo y no se bautizan, no tendrán la vida eterna”.
Fueron condenados a muerte y el 14 de noviembre de 1391 fueron asesinados,
despedazados y quemados.
Nota de ETF: En la propia homilía de la misa
de canonización (en italiano), SS. el Papa Pablo VI explica
las razones del retraso de tantos siglos en finalizar el proceso de
canonización de los mártires en esta dificultad que se percibe a poco de leer
la historia: ¿se trata verdaderamente de "martirio" una muerte que de
alguna manera fue provocada por ellos mismos? Sin embargo el Papa reconoce que,
estudiado pormenorizadamente el caso, y puesto en el contexto del momento,
obraron en todo conforme a lo que propiamente los llevaba su preparación religiosa,
y que era explícito en la misma Regla de San Francisco: «[...] cuando vean que
agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios, para que crean en Dios
omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas, y en el
Hijo, redentor y salvador, y para que se bauticen y hagan cristianos, porque el
que no vuelva a nacer del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el
reino de Dios (cf. Jn 3,5).
[...]
Y todos los hermanos, dondequiera que estén, recuerden que ellos se dieron y que cedieron sus cuerpos al Señor Jesucristo. Y por su amor deben exponerse a los enemigos, tanto visibles como invisibles; porque dice el Señor: El que pierda su alma por mi causa, la salvará (cf. Lc 9,24).» (Regla no bulada A, XVI).
[...]
Y todos los hermanos, dondequiera que estén, recuerden que ellos se dieron y que cedieron sus cuerpos al Señor Jesucristo. Y por su amor deben exponerse a los enemigos, tanto visibles como invisibles; porque dice el Señor: El que pierda su alma por mi causa, la salvará (cf. Lc 9,24).» (Regla no bulada A, XVI).
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4165
Beato Juan de Licio, religioso presbítero
fecha: 14 de noviembre
n.: c. 1400 - †: 1511 - país: Italia
otras formas del nombre: Juan Liccio
canonización: Conf. Culto: Benedicto XIV 25 abr 1753
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 1400 - †: 1511 - país: Italia
otras formas del nombre: Juan Liccio
canonización: Conf. Culto: Benedicto XIV 25 abr 1753
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Cáccamo, lugar de Sicilia, beato Juan de Licio, presbítero de la
Orden de Predicadores, eminente por su gran caridad hacia el prójimo, por la
propagación del rezo del Rosario y por la observancia de la disciplina regular.
Descansó en el Señor a los ciento once años de edad.
Patronazgos: protector de las lesiones de cabeza
La madre de Juan murió al darle a luz. Su
padre, ya fuese por pobreza o por considerarlo el culpable de la muerte de su
esposa, le abandonó. Juan hubiese muerto, a no ser por una tía suya que le
recogió y se encargó de su educación, y el niño dio pronto muestras de ser
excepcionalmente piadoso. A eso de los quince años conoció en Palermo al beato Pedro
Jeremías, quien le infundió su entusiasmo para tomar el hábito
de Santo Domingo. Con el tiempo, Juan llegó a ser un buen predicador. Sus
superiores le enviaron a fundar una casa de su orden en Cáccamo, donde había
nacido. La construcción progresó con muchas dificultades sobre los cimientos de
un antiguo edificio. Como nadie recordaba que existían aquellos cimientos,
todos consideraron la erección del edificio como un hecho extraordinario. Juan
fue nombrado prior de aquel convento en 1494; lo gobernó con gran virtud y obró
muchas maravillas. Las lecciones de su oficio afirman que murió a los 111 años
de edad; pero, por más que haya sido discípulo de Pedro Jeremías, es poco
probable que tuviera más de setenta y cinco años. Su culto fue aprobado en
1753.
Véase Monumenta Historica, O. P. vol. XIV,
pp. 229-230; Procter, Dominican Saints, pp. 318-321; y las biografías de M.
Ponte (1853) y G. Barraca (1926). Cf. la bibliografía de Taurisano, Catalaogus
Hagiographicus O.P.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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