Una lectura de ciego de la
encíclica ecológica Laudato Si'
2020-05-28
Un ciego capta con las manos o con su bastón las
cosas más relevantes que encuentra a su paso. Pues vamos a intentar hacer así
una lectura de ciego de la encíclica ecológica del Papa Francisco, Laudato
Si': sobre el cuidado de la Casa Común, cuyos 5 años (24/05/2015) acabamos
de celebrar. ¿Cuáles son sus puntos relevantes?
Para
empezar, no se trata de una encíclica verde que se restringe al ambiente,
predominante en los debates actuales. Propone una ecología integral que abarca
lo ambiental, lo social, lo político, lo cultural, lo cotidiano y lo
espiritual.
Quiere
ser una respuesta a la generalizada crisis ecológica mundial porque nunca hemos
maltratado y herido nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos» (nº 53).
Hemos hecho de la Casa Común «un inmenso depósito de basura» (nº 21). Más aún:
«Las previsiones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía…
nuestro estilo de vida, por ser insostenible, solo puede desembocar en
catástrofes» (nº 161). La exigencia es «una conversión ecológica global» (nº 5;
216) que implica «nuevos estilos de vida» (lo repite 35 veces) y «cambiar el
modelo de desarrollo global» (nº 194).
Hemos
llegado a esta emergencia crítica por causa de nuestro exacerbado
antropocentrismo, por el cual el ser humano «se constituye como dominador
absoluto» (nº 117) de la naturaleza, desgarrado de ella, olvidando que «todo
está interligado y que por eso no puede declararse autónomo de la realidad» (nº
117; 120). Ha utilizado la tecnociencia como instrumento para forjar «un
crecimiento infinito… lo que supone la mentira de la disponibilidad infinita de
los bienes del planeta, que lleva a estrujarlo hasta el límite y más allá del
límite» (nº 106).
En
la parte teórica, la encíclica incorpora un dato de la nueva cosmología y la
física cuántica: que todo en el universo es una relación. Como en un ritornello
insiste en que «todos somos interdependientes, todo está interconectado y todo
está relacionado con todo» (cf. nºs 16, 86, 117, 120) lo que da una gran
coherencia al texto.
Otra
categoría que constituye un verdadero paradigma es la del cuidado. Este es en
realidad el verdadero título de la encíclica. El cuidado, por ser la esencia de
la vida y del ser humano, según la fábula romana de Higino, tan bien estudiada
por Martin Heidegger en Ser y Tiempo, es recurrente a lo largo del texto de la
encíclica. Ve en San Francisco «el ejemplo por excelencia del cuidado» (nº 10).
«Corazón universal... para él cualquier criatura era una hermana unida a él por
lazos de cariño, sintiéndose llamado a cuidar de todo lo que existe» (nº 11).
Es
interesante observar que el Papa Francisco une la inteligencia intelectual,
apoyado en los datos de la ciencia, a la inteligencia sensible o cordial.
Debemos leer con emoción los números y relacionarnos con la naturaleza «con
admiración y encanto (nº 11)... prestar atención a la belleza y amarla porque
nos ayuda a salir del pragmatismo utilitarista» (nº 215). Es importante
«escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (nº 49).
Consideremos
este texto, cargado de inteligencia. emocional: «Todo está relacionado y todos
los seres humanos caminamos juntos, como hermanos y hermanas, en una
maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una
de sus criaturas y que nos une también con tierno cariño al hermano Sol, a la
hermana Luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (nº 92). Es importante
«fomentar una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad» (nº 231), ya
que de esta manera «podemos hablar de una fraternidad universal» (nº 228).
Por
último, a la ecología integral le es esencial la espiritualidad. No se trata de
derivarla de ideas, sino «de las motivaciones que dan origen a una
espiritualidad para alimentar la pasión por el cuidado del mundo... No es posible
comprometerse en grandes cosas sólo con doctrinas sin una mística que nos
anime, sin una moción interior que impulse, motive, anime y dé sentido a la
acción personal y comunitaria» (nº 216). Nuevamente evoca aquí la
espiritualidad cósmica de San Francisco (nº 218).
Para concluir, es importante destacar que con esta
encíclica, amplia y detallada, el Papa Francisco se coloca, como lo han
reconocido notables ecologistas, a la vanguardia de la discusión ecológica
mundial. En muchas entrevistas se ha referido a los peligros que corre nuestra
Casa Común, pero su mensaje es de esperanza: «Caminemos cantando. Que nuestras
luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la
esperanza» (nº 244).
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