5
Del
8 al 17 de febrero de 1977 celebramos, en Itaici, cerca de São Paulo, la XV Asamblea
General de la CNBB.
Fue
una Asamblea notable, por varias razones. En ella se lanzó el documento 'Exigências
Cristãs de uma Ordem Política' , aprobado por la casi totalidad del
Episcopado, con sólo tres votos en contra. Este documento completa, en la esfera
de los principios, aquel documento profético de la Comisión Representativa,
«Comunicação...».
Pedagógico
y fundamental, este documento de Itaici da, en varios apartados
breves, las líneas maestras de un orden político nuevo, sencillamente humano,
cristianamente humano, mejor:
-La
Salvación inaugurada por Cristo
-La
Misión de la Iglesia
-El
hombre, ser social
-
El origen de la sociedad política
-Los
Modelos
-Derechos
y deberes del Estado
-Deberes
de las personas para con el Estado
-El
Bien Común
-La
Marginación como negación del Bien Común
-La
Participación
-Libertad
y Seguridad
-Regímenes
de excepción
-El
desafío del Desarrollo
-La
Comunidad Internacional.
Hubo
otras cosas buenas en la. Asamblea de Itaici.
La
presencia, cordial y activa, de varios observadores evangélicos, dando un
aliento de Ecumenismo que confortaba. Una notable abertura del
Episcopado, en materia de Liturgia, con la aprobación del «Directorio para
la Misa con grupos populares». El testimonio de varios obispos, perseguidos por
la Represión: Don Adriano, Don Estêvào, Don Alano. La nueva conciencia del
Episcopado, y lógicamente de toda la Iglesia nacional, gradativamente, frente a
las Regiones Misioneras del país.
Hubo
sus cositas malas. La enemiga contra el CIMI, comprada por intereses no
eclesiales o alimentada por notable desconocimiento de la realidad indígena.
Una obsesiva enemiga, por parte de algunos, ciertamente no comprometidos con el
Indio. Durante tres días de CIMI sí, CIMI no, el CIMI estuvo en la picota como
una especie de adversario público número 1, causante de no sé
cuántas discordias diplomáticas...; pero el Indio no apareció en la disputa.
Casi
cinco años de CIMI, con un análisis minucioso de la realidad indígena, por
parte de los inquebrantables Egydio y Iasi; con tantos cursos y encuentros de
mentalización renovador; con las asambleas de los Jefes Indígenas, que el CIMI
posibilitó y que marcan hito en la recuperada esperanza de esos Pueblos
«condenados a morir»; con tanta apasionada voluntad de encarnación sincera, entre
los Indios, por parte los misioneros nuevos, al estilo de Thomaz Lisboa; con
los riesgos de tantos y con las muertes, recientes aún, de Rodolfo, Simão y
João Bosco..., y ... esa historia toda del CIMI se ignoraba o se olvidaba, por
unas palabras más o menos fuertes, que la política oficial justificaba de
sobras. Ciertamente el nombre de Rangel Reis, Ministro del Interior, no pasará
a la historia del Brasil como un nombre glorioso: por los derroteros que impuso
a la FUNAI, por lo que dijo de las Misiones y por la oscura insensibilidad que
está demostrando ante la tragedia y los derechos de la Causa
indígena.
También,
a mi manera de ver, surgió como negativa la vieja obsesión por una
apariencia de unidad en el Episcopado que, como dice Borrat, no corresponde
a la «koinonia» ni se compagina con un pluralismo adulto. Tenemos miedo de
resfriarnos al aire libre. Tenemos miedo de aparecer con nuestros defectos, que
el Pueblo de Dios nos ayudaría a corregir. Quizás no tenemos bastante fe en la
Iglesia, llevada por el Espíritu. Y ciertamente damos muy poca audiencia a la
opinión pública dentro de la Iglesia, que es Pueblo aunque tenga su Jerarquía.
Por
ese mismo motivo la Asamblea se portó un poco quisquillosa con la Prensa y la
trató, en varios momentos, como se trata a un chiquillo. Digo lo que los
periodistas dijeron. Sin embargo, parece que sobre ese particular hay un
verdadero propósito de enmienda.
Pero,
en resumidas cuentas, la Asamblea de Itaici fue una señora Asamblea del
Episcopado brasileño. Por obra y gracia de Dios, por obra y habilidad de Don
Ivo, el secretario, y porque el Episcopado del Brasil ha crecido en juventud de
espíritu -y de Espíritu- y en compromiso con la realidad de su Pueblo.
En
la Asamblea hubo sus dimes y diretes, nunca de tono mayor. Y los tuvimos
también Don Geraldo Sigaud, arzobispo de Diamantina, en Minas Gerais y yo. Por
causa del prólogo de Ernesto Cardenal a mi libro "Tierra nuestra,
Libertad"; por la referencia que yo tuve que hacer a un ex-presidente del
CIMI, y porque Don Sigaud se permitió insinuar, hablando de un tal Prelado, que
yo habría entregado a la Prensa el texto, aún no definitivo, del Documento
sobre Política. Pero todo eso, digo, en tono menor. Incluso le ofrendé a Don
Geraldo un ejemplar de «Tierra Nuestra...», con una dedicatoria cordial.
Sería
bueno apuntar aquí cómo las fuerzas de Seguridad acompañaron la Asamblea,
amenazando con reabrir procesos si publicábamos el Documento y recogiendo, por
sofisticado montaje de captación, lo que se decía en aquel verde cenáculo. Pero
eso ya ha pasado a ser rutina en el Brasil y en otras muchas partes de nuestra
América atenazada.
Asi
las cosas, el día 30 de marzo escribía en mi Diario:
«Don
Sigaud entrega al Nuncio sus pruebas contra mí, dice la radio hoy».
Casi
inmediatamente después de la Asamblea de Itaici, el arzobispo de Diamantina
lanzó a la Prensa -el día 26 de febrero- una denuncia contra mí y contra
Don Tomás Balduino, obispo de Goiás, culpándonos de principales responsables
por la tensión entre la Iglesia y el Estado y de cómplices de la infiltración
comunista en el Brasil. Tachándonos de comunistas rojos, simplemente.
El
arzobispo pedía además que yo fuera removido del País, acusaba también a los
dominicos de comunistoides y reclamaba una intervención gubernamental en las
indefensas Comunidades de Base.
Obispos
y no obispos, periodistas, humoristas, militares, políticos y Pueblo entraron
en la polémica. Y entre iras y rezos y consideraciones y algunos chistes
rasgados, la polémica ha venido arrastrándose hasta hoy, en pleno mes de mayo,
primavera allí en mis Iberias y novena del Divino aquí, en mi Brasil.
Solamente
otro obispo. Don José Pedro Costa, arzobispo de Uberaba, también en Minas
Gerais -donde, por contraste, tengo tan buenos amigos, además del queso y del
dulce de leche- apoyó públicamente, sin mayores insistencias, la posición de
Don Sigaud.
Muchos
hermanos en el Episcopado y muchas comunidades eclesiales y organismos de
Cultura y muchos amigos de todo el País y del exterior nos han demostrado, a
Tomás y a mí, su incondicional solidaridad. Han llovido cartas y telegramas,
otra vez, como en los días de Jentel o de João Bosco o en las otras tentativas
de expulsarme. El «Boletín de diocese de Goiás» publicó, el día 6 de abril de
1977, en número extraordinario, una verdadera antología de solidaridad.
El
Gobierno se ha mantenido a discreta y regodeada distancia. Si nosotros nos
echábamos los trastos a la cabeza, dentro de casa, para qué intervenir los de
fuera.
Cuando
mucho, el líder del Partido del Gobierno en el Senado Federal, senador Eurico
Rezende, además de vocear que el libro -este Credo- estaba entrando
clandestinamente en el País -cosa que me gustaría que explicase-, se permitió
poner las cosas en su lugar -en el lugar de él, quiero decir-: ¡No se trataría,
de un obispo comunista, sino de un comunista vestido de
obispo...!
El
Nuncio, una vez más, ha sido diplomático. A mi Vicario General que lo visitó en
Brasilia, el día 10 de mayo, no le dijo ni sí ni no, y le advirtió formalmente
que si declaraba algo a la Prensa, él, el Nuncio, diría «que era mentira». Uno
que no es diplomático, no entiende nada de nada en esas materias.
De
todos modos, ya el Nuncio, Don Carmine Rocco, se había prestado a comparecer
ante las cámaras de la TV Globo recibiendo de Don Sigaud «las pruebas» de la
acusación...
El
mismo Nuncio, por otra parte, y Don Aloísio, en tonos muy franciscanos -siempre
franciscano él-, nos pidieron a todos los obispos del Brasil que guardáramos
silencio sobre el caso, porque ya se trataba de un proceso encaminado a la
instancia superior de la Santa Sede.
Y
fue en ese momento de armisticio de la cuestión, cuando el arzobispo de
Diamantina, por medio de su Vicario General, Monseñor José Augusto Ferreira,
entregó al «Jornal do Brasil» y a la opinión pública, el día 4 de mayo, su
dossier de acusaciones.
Tratábase
de un conglomerado de textos, casi todos extraídos de mis libros pero fuera de
su contexto y truncados muchas veces en su punto esencial. Venían las
acusaciones en tres enormes páginas del periódico, por apartados. Y por
apartados y en el mismo «Jornal do Brasil», el día 8 de mayo, respondí
yo.
Transcribo
esa respuesta, sintética pero suficiente para quien la lea de buena fe. Dije y
repito que no guardo el menor resentimiento contra Don Geraldo. El ha sido usado,
un poco inconscientemente, por la Represión y por los intereses del Latifundio.
Ese «escándalo episcopal» se echó a la calle para encubrir la luz y el grito
del Documento de Itaici y para avanzar el marco en la persecución contra la
Iglesia del Pueblo, contra nuestra Iglesia de la Amazonia.
Refleja,
también, claro, un reaccionarismo eclesiástico -sobreviviente al Vaticano II y
recalcitrante contra él- que quisiera mantener en su status quo el pensamiento
teológico y la vida comunitaria de la Iglesia: haciendo de la Tradición un
pasado estático y sirviendo al juego del status quo de nuestra Sociedad de
privilegios y dominaciones. Porque no hay modo de separar lo uno de lo otro, si
la Iglesia no es una Sociedad aparte sino el fermento evangélico en la masa de
los Hombres, una Luz -compañera o incómoda, según los casos- dentro de la
oscura Ciudad Secular.
Pero
como yo creo que Dios tiene sus carambolas, pienso que esta tragicomedia
político-episcopal acabará siendo servicio de Redención.
“D.PEDRO
CONTESTA ACUSAÇOES DE D. GERALDO”
Por
qué responder
Me
parece importante, en términos de episcopado, por espíritu de colegialidad,
dejar claro que preferiría no responder: el asunto está en la Santa Sede y
sería mejor dejar que las cosas siguieran su propio curso. Sin embargo, la
publicidad que la Prensa ha dado al documento de denuncias de Don Sigaud me
obliga a responderlo, aunque sea sumariamente.
Esta
respuesta me parece un deber pastoral. Yo se la debo a la Iglesia del Brasil y
a la opinión pública de todo el País.
No
tengo nada personalmente contra Don Sigaud, sinceramente. Hasta creo que él
actúa con la mejor buena voluntad eclesial y que sigue los dictados de su
conciencia. Por eso mismo no he querido entrar en polémica. No voy a responder
a Don Sigaud sino al documento presentado a la opinión pública, porque este
documento es simplemente un conglomerado tendencioso de textos mutilados y que
no expresan correctamente mi pensamiento y mi actitud.
Es
evidente que mis escritos sólo tienen valor probatorio si se publican íntegros
y dentro de su contexto. Varios de los textos citados en el documento están
truncados en sus puntos más significativos.
Por
otro lado no hay posibilidad de publicar en el Brasil, por ejemplo, mi libro
«Yo creo en la Justicia y en la Esperanza», como no tengo posibilidad de hablar
por la radio y la televisión.
Esta
documentación que el Arzobispo de Diamantina ha entregado a la Prensa y ha
presentado a la Santa Sede, hace mucho tiempo que está en las manos de los
diferentes órganos de la Seguridad y sé, de fuentes oficiales del propio
Congreso Nacional, que fueron los militares de la llamada «línea dura» los que
entregaron la documentación, pronta, al Arzobispo.
Admito
que Don Sigaud no concuerde conmigo en las ideas sociopolíticas y hasta en la
pastoral y en la teología, pero en eso veo, sencillamente, una manifestación
normal del pluralismo que, afortunadamente, la Iglesia está viviendo cada vez
con más libertad, sobre todo a partir del Concilio Ecuménico Vaticano II.
Evidentemente ese pluralismo no podría sobrevivir en un clima de denuncias y
sanciones.
Sobre
los textos
Los
textos citados en las denuncias son públicos. El libro «Yo creo en la Justicia
y en la Esperanza» tiene varias ediciones en español, ya fue traducido al
italiano y ahora se está traduciendo al francés. Los poemas de «Tierra Nuestra,
Libertad» también ya fueron editados en español y en francés y se está
preparando la publicación en italiano. El propio «Jornal do Brasil», no hace
mucho, publicó una pequeña antología de esos poemas.
En
cuanto al prólogo de «Tierra Nuestra, Libertad», quiero dejar bien claro que no
fui yo quien lo pidió. Fue la propia editora quien convidó a Ernesto Cardenal
para escribirlo. Yo no lo conozco (personalmente, a Cardenal), aunque lo admiro
en su poesía y en su opción de vida.
Otros
documentos citados por el Arzobispo de Diamantina fueron sacados del boletín de
la Prelatura, «Alvorada», cuyo tiraje es de 1.600 ejemplares mensuales y que
también es remitido a la CNBB, a muchos obispos, al INCRA y a otros órganos que
actúan en la región.
El documento-denuncia hace también referencia
a reuniones del CIMI, Consejo Indigenista Misionero, citando declaraciones, de
las cuales el propio Don Sigaud tiene duda, en cuanto a sus autores: si fui yo
o Don Tomás, puesto que se trata de declaraciones orales...
Sobre
su posición sociológica
Decir
que estoy «contra todo y contra todos» es una afirmación que no necesita ser
respondida. Estoy, incluso, a favor de la utopía. Ciertamente estoy a favor del
Evangelio, por el cual estoy arriesgando mi vida; sobre todo, a favor del
Evangelio de las Bienaventuranzas y del Anuncio de la Buena Nueva a los Pobres,
a. los Prisioneros, a los Ciegos. Y estoy apasionadamente a favor de los
indios, de los posseiros y de los peones, como también de toda esta naturaleza
amazónica que está siendo destruida, profanada.
Estoy
también muy a favor de la conversión de los opresores que, una vez convertidos,
dejarían de oprimir.
Sobre
su posición política
Nunca
jamás dije, ni en público ni en particular ni en mis escritos, que fuera
comunista. Categóricamente, no lo soy. Puede subrayar. Don Sigaud, o su
documento, confunde constantemente comunismo con socialismo. Cuando el
documento afirma que yo me habría manifestado como siendo comunista,
simplemente calumnia. «Por el momento -dice Don Sigaud- me limito a probar que
él defiende el comunismo. El mismo es quien lo afirma».
También
es calumnia decir que confundo cristianismo con comunismo o subversión, o
afirmar que me confesé adepto de Fidel Castro o decir que es grande el número
de obispos que hicieron opción por el comunismo: lo cual ya es calumnia
colectiva.
Yo
dije, públicamente, que soy anticapitalista, eso sí, y que opto por un
socialismo democrático.
La Filosofía y la Historia ayudan muy bien a
distinguir las cosas.
Sobre
el régimen brasileño
Nunca
rompí con el Régimen. Porque nunca me vinculé a él. Y nunca pienso vincularme a
ningún Régimen. Quiero ser libre para predicar el Evangelio.
Mi
afirmación de que los poderes económicos imponen la ley y amordazan la justicia
en el Brasil, u otras (afirmaciones) semejantes, son compartidas por la Orden
de los Abogados del Brasil, por los pronunciamientos oficiales de la Oposición,
por editoriales de periódicos; entre los cuales los del propio «Jornal do
Brasil» y «O Estado de São Paulo», por ocasión de la sorprendente reforma
judiciaria. Son también estas las opiniones de un gran número de intelectuales
y de la opinión pública más esclarecida del País.
No
me considero responsable por la tensión entre la Iglesia y el Estado, en el
Brasil. Cuando mucho, he denunciado, con otros, las causas que provocan esta
tensión.
Nunca
he defendido ni defiendo la lucha armada o la «derribada» del régimen. Ni las
guerrillas. Soy, eso sí, totalmente contrario a toda dictadura, capitalista o
comunista, militar o civil. Soy contra toda violencia y falta de respeto a los
derechos humanos, sea en América Latina sea en la Siberia.
Con
relación al Che Guevara, que admiro, como admiro a todos los que son capaces de
dar la vida por una causa, pido que se lea íntegramente mi poema, dedicado a
él. Como pido que se lean, también íntegramente, los poemas que se refieren al
Latifundio, a la propiedad privada y a otros asuntos, citados truncadamente en
el documento Sigaud.
Lo
que digo sobre los militares no es una afirmación apriorística. Incluso, tuve y
tengo amigos militares. Lo que yo denuncio referente a los militares es la pura
y triste historia experimentada en la propia carne del Pueblo y de los agentes
de Pastoral de esta Prelatura.
Sobre
el socialismo democrático
(Al
preguntársele qué entiende por socialismo democrático, D. Pedro Calsaldáliga
responde citando uno de sus propios libros: «Yo creo en la Justicia y en la
Esperanza», precisamente, donde narra la Investigación policial a que fue
sometido).
Este
asunto merecería una respuesta más detallada, por ser más complejo. Aquí yo voy
a responder de manera resumida.
Entiendo
por socialización la mayor participación posible de todos los ciudadanos, y
dentro del mayor nivel posible de igualdad, en los bienes de la naturaleza y de
la producción.
Para
eso, evidentemente, habrá que sacudir y destruir el egoísmo del capital, el
privilegio de las minorías, la explotación del ser humano por el ser humano.
¿Esto
es utópico? Sería mucho más utópico el Evangelio. Como está citado en el propio
Documento, a Sigaud, que me acusa, yo dije que, como cristiano, debo ir más
allá que el comunismo: porque creo en la Trascendencia y en la Parusía.
Imagino
que el pavor de pensar que un obispo pueda ser comunista viene de considerar al
comunismo como ateo, materialista y esencialmente dictatorial. Gracias a Dios,
creo que no tengo nada de ateo, ni de materialista, ni de simpatizante con
ninguna especie de dictadura.
Sobre
la muerte de los Padres
Acusándome
como responsable por el clima de terror en el Mato Groso, el documento acepta
tranquilamente que yo sea apuntado como el responsable por la muerte de los PP.
Rodolfo y João Bosco. Ya dije a la Prensa y lo repito ahora que el verdadero
responsable por todas estas muertes es el propio Jesucristo, por Quien yo
también desearía morir.
Sobre
programas oficiales
Solamente
ironizo acerca de aquellos programas sociales que encubren injusticias, que
amparan el latifundio y que pretenden substituir lo que el Pueblo necesita por
lo que los grandes ambicionan. Por eso mismo he denunciado varias veces la
actuación de la FUNAI, ciertas actuaciones del INCRA, la policía, el
Polamazônia, las multinacionales.
Según
el documento -refiriéndose a mis denuncias-, «se puede imaginar el clima creado
en el Mato Grosso con tales palabras y actitudes». Es evidente
quién está creando en el Mato Grosso un clima de inseguridad y de marginación
social...
Además,
en aquellos tiempos, cuando escribí críticas a los órganos del Gobierno y a la
integración de la Amazonia, el propio Presidente Médici reconocía que «el País
iba bien pero el Pueblo iba mal». Y más tarde el Presidente Ernesto Geisel
denunció, como un yerro fundamental, la prisa con que se estaba haciendo la
integración de la Amazonia, conforme él mismo dijo a la Prensa.
Sólo
me niego al diálogo cuando éste se transforma en complicidad. Yo,
personalmente, y todos los agentes de Pastoral de la Prelatura hemos hecho
hincapié en mandar relaciones y otros documentos a las más variadas autoridades
del País y a órganos oficiales.
Nunca
maldije a los terratenientes. Maldigo, es verdad, el Latifundio. No tengo odio
a nadie.
Sobre la Iglesia y el Vaticano
Nunca
jamás me he manifestado contrario al derecho y al deber del Magisterio del Sumo
Pontífice y de los Obispos, aun cuando haya discordado en aquello que una
visión pluralista me permita. No he discordado nunca en materia de Fe.
Hacer
la revolución desde dentro de la Iglesia significa, precisamente, continuar
fiel a la Iglesia, aun reconociéndola pecadora y peregrina. La renovación es
una misión de toda la Iglesia y un llamado constante del espíritu de Cristo
Resucitado. ¿Para qué se habría celebrado si no el Concilio Vaticano II?
Considero
la estructura burocrático-económica del Vaticano, y deseo, ardientemente una
mayor libertad evangélica para el Papa, en su misión. Creo que esta mayor
libertad evangélica será una gran señal para el mundo y una maravillosa fuerza
ecuménica.
No
me consta que la doctrina social de la Iglesia sea el capitalismo, aún habiendo
sido muchas veces, por desgracia, práctica suya en la Historia, como lo fue, a
veces el feudalismo, el colonialismo.
Sobre
el celibato
Nunca
jamás he condenado el celibato. Muy al contrario: yo, personalmente, he optado
por el celibato y hasta ahora me mantengo en él sin arrepentimiento. Ya formé a
muchos seminaristas y religiosos en esa opción. Me gustaría, eso sí, que se
desvinculase el celibato del sacerdocio, para que el celibato sea siempre una
vocación, un testimonio libre de oblación evangélica.
Sobre
la Iglesia en el Brasil y la CNBB
Apuntar
las Comunidades de Base como un peligro social, me parece no sólo una calumnia
como también una especie de traición eclesial: equivale a entregar un programa
oficial de la CNBB a las fuerzas de la represión.
Quiero
dejar claro que de ningún modo fui yo quien entregó el documento de Itaici
(«Exigências cristâs de uma Ordem Política») a la Prensa y afirmo,
categóricamente, que ignoro quién lo entregó. Lamenté de veras el hecho, porque
sospeché luego que eso desvirtuaría el impacto del documento en su hora cierta.
No
he organizado ningún grupo de obispos. Otra cosa es que unos obispos se
encuentren, a puertas abiertas (y aunque fuese a puertas cerradas, añado
ahora), para discutir juntos programas comunes. Estas reuniones fueron hechas,
muchas veces, durante la propia Asamblea Nacional de la CNBB y en salas
abiertas. El Grupo-No Grupo es claro que no existe como grupo organizado. Su
propio nombre humorístico lo indica.
Alexandre
Vanucchi, estudiante muerto, como se sabe, por la Represión, y cuya memoria
venero, nunca participó de ninguna de estas reuniones. El participó, con
centenares de otros estudiantes, de una charla pública que yo di, con ocasión
de una Asamblea de la CNBB.
El
CIMI
No
soy Vicepresidente del CIMI (cosa que me honraría mucho) y nunca tuve cargo en
el mismo. Concuerdo plenamente con la línea del Consejo Indigenista Misionero y
considero ésta del CIMI una de las mejores obras pastorales de la Iglesia del
Brasil en los últimos años. Tal vez, por el momento, sea ésta la única
esperanza externa, o sea no indígena, real para los Indios.
Sobre
teatro y Eucaristía
Es
calumnia, más que grosera, decir que el copón utilizado en la representación
escénica de la inauguración de la catedral contenía hostias consagradas. La
representación era simplemente teatro -una especie de auto sacramental- y tenía
el único objetivo de servir como preparación para la Eucaristía verdadera, que
se celebró después».
(«Jornal
do Brasil», 8-5-1977. Los títulos son del mismo periódico. Los paréntesis son
adiciones que he añadido ahora.)
Bajo
las primeras impresiones de las denuncias de Don Sigaud, tuve que hacer un
alto, en Gurupi, durante tres días. La carretera de Barra do Garças a São Félix
estaba cortada por las lluvias. Las denuncias y las crecidas llegaron al mismo
tiempo. Sólo me restaba, como vía de regreso de Goiânia a casa, esperar, a otro
lado de la Isla del Bananal, en Gurupi -Belén, Brasilia, buenos amigos y
diócesis de Don Celso- un “teco-teco” de retorno, siempre más en cuenta
económicamente.
La
avioneta no aparecía y fue en esa pausa, de espera y de oración también, cuando
escribí ese poema. Suavemente melancólico, un poco irónico, pero esperanzado.
En verso uno silba lo que no acaba de saber decir en prosa cruda. Quizás estos
versos ayudarán a otros a entender lo que yo he sentido en la marejadilla de
esa historia...
SALMO
ENTRE ESPERANZADO Y MELANCÓLICO
DE
UN OBISPO TACHADO DE COMUNISTA
Cansados
en la bruma, marineros; labradores al sol;
Cansados
de mirar los ojos míos
¿de
ver o de mirar?
Cansado
de buscar, el corazón,
perdido
y optimista
como
un niño, en la aurora. bosque adentro, a la Vida;
como
un barco, al ocaso, mar afuera, a la Muerte;
como
un destino humano, amado desde Siempre.
cansada de ser vieja la
cabeza (¿con gripe?, ¿con malaria?)
-la
campana de la torre, con nido de cigüeñas, a pesar de las leyes-
llamada
a responder por tantas altas cosas...
Cansado,
todo entero, del cansancio
de
tantos compañeros de camino
-¡si
es que se cansaron!-,
Cansado
de esperar, en todo caso, siempre.
De
vivir, de esperar.
Cansado
y descansando en la Esperanza!
La
tarde en Gurupi
-Belén-Brasilia-
llueve
con sol.
La
tarde está de brujas.
-"Plou
i fa sol, les bruixes es pentinen"-.
Las
plan del jardín de las Hermanas
-Hermanas
de Jesús Crucificado,
hermanas
también mías-
son
plantas de jardín, ni más ni menos,
vivas,
en flor, creciendo, libremente!
Inútilmente
llevo tres días
esperando
un
«teco» de retorno
al
Araguaia nuestro,
subversivo
-subversivo
de garzas y de pacús de plata-.
No
hay vuelo ni hay retorno y hay que esperar la
El
arzobispo -hermano, digo yo-,
por
razones de celo, sin duda muy laudables,
quiere
llevarme a un tribunal condigno.
Soy,
por lo visto y hecho, peligroso, comunista de mí!
-Igual
que un toro en pleno presbiterio,
en
los tiempos de aquellas buenas misas de las solemnes doce.
Como
un sapo, nutrido de luna y de tinieblas, en la patena túrgida.
Como
un pequeño Judas (traidor) entre los doce traidores...
La
cosa está tan seria
que
hay que llevarla a Roma
-a
la Roma del César y a la Roma del Papa,
a
la muy vieja usanza conocida-.
Hay
que llevarla a Roma,
a
través de las vías diplomáticas, por sagrado
O
hay que llevarla a cuestas, [supuesto.
como
una cruz de tantas, sin grandes heroísmos.
Como
se lleva un niño, un herido, una azada.
O
como una bandera de verde natural,
al
paso de otras muchas,
bandera
natural del Tercer Mundo, palmera caminante!
Con
la verde esperanza
-muy
natural, muy sobre-
de
que seamos todos,
un
poco,
cada
día
-Vaticano
II, Vaticano III, Jerusalén II, Belén, Belén I-
más
libres, más humanos, más hermanos, más nuevos: los fieles, los pequeños sobre
todo;
incluso
los obispos
-otra
vez pescadores de horizontes,
otra
vez curtidores de Evangelio,
otra
vez degollados, las cabezas sin mitra, en las plazas mayores del Imperio, para
dar Testimonio.
Mira
por dónde, uno se parece
a
un Lutero cualquiera
-haciendo
Ecumenismo, de contrabando y Gracia!-
(La
augusta tradición de los mayores,
la
insobornable Escuela que nos hizo,
¿qué
se hizo?
La mare i els mossens
y
el Padre Fundador
y
el Codex,
¿qué
se hicieron?)
La
tarde llueve sol, sin muchas precisiones, la luz impenitente!
y
los muchachos mixtos
juegan
a pecho abierto,
en
este claro patio de las buenas Hermanas, sin clausura y sin velos.
Sobre
la mesa de esta galería
-donde
espero y recuerdo,
un
poco temeroso, la verdad sea dicha;
bastante
esperanzado, en todo caso, siempre;
con
un verso en rescoldo,
con
un libro en la mano,
con
el alma en Sus Manos, traspasadas de clavos y de Gloria;
dispuesto
a lo que sea;
para
que sea día
mañana,
cada
día,
para
que sea cada día Pascua...!
todavía
persisten
-arrugadas,
¿de
miedo?, ¿de vergüenza?-
unas
flores de plástico,
...tan
cerca del jardín!
-¿Qué
le vamos a hacer?
¿Qué
no le haremos?
¿Qué
no le harás, Señor?
La
Historia se va haciendo de pequeñas historias,
también
mías.
Llueve
con sol.
-Las
brujas peinan luto,
prehistóricamente-...
Y
el Reino va creciendo
con
los nuevos muchachos,
en
la Belén-Brasilia.
Don
Sigaud, como dije, había mandado las denuncias, vía Nunciatura, a la Santa
Sede. La pelota estaba en Roma.
Y a Roma fuimos a buscarla, Tomás y yo, para no
desaprovechar el partido, el crecimiento de la libertad eclesial, la expresión
de la comunión de Fe dentro del pluralismo de opciones concretas. Para que no
continúen quedándose en los archivos o en las cancillerías eclesiásticas, los
conflictos y las aspiraciones de la total Comunidad eclesial.
Fuimos a Roma, por carta. Enviándole, en manos, a Pablo
VI, nuestro Pedro anciano y sufrido, este mensaje que publico aquí porque lo
escribimos también para ser público.
A SU SANTIDAD, EL PAPA
PABLO VI,
CIUDAD DEL VATICANO
Santo
Padre:
En
esta hora, en que el Episcopado Brasileño se siente vulnerado en nosotros y en
otros de sus miembros, sometidos a sospecha, incluso por algún cohermano en el
Apostolado, nos creemos en el deber fraterno y apostólico de comunicarnos con
Vuestra Santidad.
Reafirmamos,
en primer lugar, con jubilosa gratitud, nuestra fidelidad al Señor Jesús,
dentro de su Iglesia, misteriosamente una y católica, y nuestra plena comunión
con Vuestra Santidad, como Pedro del Colegio Apostólico y Pastor Universal de
la Iglesia de Cristo.
Por
las exigencias de esta fidelidad que el Concilio Vaticano II definió, con nueva
luz, como un servicio evangélico a los Hombres, en sus sufrimientos y
esperanzas, en cada tiempo y en cada lugar de la Historia, estamos siendo
juzgados.
No
pretendemos justificarnos, ni pedimos una privilegiada atención. Confiamos que
Aquel que es el único Juez y el Testigo Fiel (Ap 1,5) juzgará un día
misericordiosamente nuestras deficiencias.
Queremos
apenas expresar a Vuestra Santidad nuestra preocupación -en este rumoroso
proceso que nos envuelve- frente a la distorsión de la Doctrina Social de la
Iglesia y la instrumentalización de algún miembro de sus Organismos. Esto, por
razones diplomáticas o por discrepancias de visión, cuando éstas deberían caber
perfectamente en el pluralismo que la vivencia histórica de la única Fe exige.
El
Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios entre los hijos de los Hombres nos
lleva a asumir, en nuestras respectivas Iglesias, los problemas y aspiraciones
que constituyen el substrato de una vida humana condigna, la infraestructura
indispensable para la realización de todos los hijos de Dios -en nuestro caso,
particularmente, los indios, los humildes labradores, los emigrados del campo-.
Los
últimos Documentos Oficiales de la Iglesia, más directamente preocupados con
las exigencias de un nuevo orden socio-político-económico, nos confirman en
esta opción.
Esta
actitud, que consideramos evangélica y eclesial, engendra sus riesgos y
contradicciones y suscita lógicamente prevenciones y hasta la persecución, por
parte de los explotadores o privilegiados. Creemos que la Cruz de Cristo es la
señal de la autenticidad de la Iglesia. Los siervos no podemos pretender ser
mejor tratados que el Señor (Jn 15,20).
No
tememos posibles sanciones de ningún poder contra nosotros. Nuestras vidas están
sacramentalmente marcadas para el Servicio y el Sacrificio. Nos preocupa, entre
tanto, por amarga experiencia de nuestras propias Iglesias y de tantas Iglesias
de esta América Latina, en hora de Martirio y de Liberación, la suerte de los
pequeños, el desconcierto y el desamparo en que quedaría el Pueblo de Dios,
bajo las represalias de los poderosos, si nosotros, los pastores, pecásemos de
omisión por el silencio o fuéramos cómplices por la ambigüedad.
Por
eso recurrimos directa y públicamente a Vuestra Santidad cuyo ministerio de
Pastor Universal puede, una vez más, en esta hora, confirmar en la Fe (Le
22,S2) y confortar en la Esperanza a sus hermanos, pastores y fieles.
Renovando
el testimonio de nuestra total comunión, pedimos a Vuestra Santidad el aliento
de la bendición y de la oración apostólica de Pedro.
Fraternalmente,
en Cristo, el Señor
Tomás
Balduino Pedro Casaldáliga
obispo
de Goiás obispo de São Félix
Goiânia-Brasil,
16-V-1977».
En
los días posteriores. Don Ivo, el Secretario General de la CNBB, hizo públicas
denuncias contra la acción de la Seguridad Nacional que investigaba vidas y
bienes de la Iglesia, y manifestó también su solidaridad con Tomás y conmigo.
Por añadidura, que yo no esperaba, el mismísimo
«Osservatore Romano», órgano oficioso de la Santa Sede, había publicado, el 14
de abril, una crítica bastante favorable de Giovanni Caprile a este mi libro,
Yo creo en la Justicia y en la Esperanza.
El comentarista de «L'Osservatore» insiste en que se lea
el libro dentro de su contexto, lo que me parece muy razonable; porque fuera
del contexto, dice, «ciertas expresiones podrían parecemos paradoxales e
inadmisibles».
Conste, sin embargo, que esas ciertas expresiones
«fuertes» -sobre la Iglesia y el Vaticano, sobre el Gobierno y la Sociedad- que
yo escribo en el libro, para mí tienen valor también fuera del contexto que
circundan las aguas del Araguaia y el Xingú y la línea fronteriza entre el Mato
Grosso y el Pará. No me gustaría que se relativizaran excesivamente las cosas,
porque así nos quedaríamos siempre en simples reformismos o en ambiguas
connivencias, justificadas según los meridianos. Hablo del Vaticano sabiendo en
qué meridiano está; y hablo del Capitalismo sabiendo que está en todos los
meridianos.
Eso, con mi gratitud por
el comentario de Caprile que vino como agua de mayo. «No quita lo cortés a lo
valiente», dicen en mi celtibérica España.
No hay comentarios:
Publicar un comentario