domingo, 10 de mayo de 2015

LA MUERTE QUE DA SENTIDO A MI CREDO 7 (FINAL) (PEDRO CASALDÁLIGA)

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Las últimas vivencias son éstas:
Otro misionero, muy del CIMI y muy amigo de nuestra Iglesia, que fue misionero en la nostálgica Viana de Don Hélio, el P. Alfonso De Caro, acaba de morir, el día 15 de mayo, ahogado -reciente de Eucaristía- en la confluencia de los ríos Acre y Purús, allá en la Iglesia hermana que pastorea Don Moacyr Grechi.
Se está celebrando en Brasilia -en medio de los muchos interrogantes que flotan, estos días, en el aire enrarecido de la capital- la «Comisión Parlamentaria de Investigación», la CPI de la Tierra; sacando a la luz pública la problemática de la tierra que se vive en el País. Yo habré de prestar declaración el día 15 de junio. El mismo día en que la vieja España va a votar Gobierno, por primera vez después de cuarenta años. Por fin, parece, está queriendo amanecer la Libertad sobre los montes y llanuras de la adusta Patria.
Los estudiantes, estos días -gloriosos utópicos de siempre, primeros siempre en las alvoradas- han salido a la calle (o han hecho calle de su campus), organizando varias manifestaciones masivas, en las principales capitales del Brasil, reclamando: «Libertades democráticas», «Amnistía a los presos políticos», «Fin de torturas», «Inmediata liberación de los obreros y estudiantes presos»... Algunos se han solidarizado con Tomás y conmigo. También un día la Libertad amanecerá sobre esta nueva Patria, verde y amarilla, que uno ha hecho suya, definitivamente.
El Festival Internacional de Nancy -igualmente ahora en mayo- que pretende ensayar un nuevo Diálogo Euro-Latinoamericano, me había convidado a participar. Naturalmente me limité a escribirles una carta. Si iba, quizás no podría volver. Pero en esa carta les decía todo mi apoyo a esa iniciativa descolonizadora y fraterna. «Mentes y corazones» están mudando, en muchos sectores de las metrópolis del Colonialismo.
En junio, bajo la dirección del Secretariado de Misiones del CELAM y con la ayuda -incómoda, para algunos, del CIMI- vamos a tener, en Manaus, un Encuentro Indigenista Panamazónico, el primero, y en el cual participarán representantes del Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela. El encuentro quiere enfrentar de un modo global la problemática de la Pastoral Indigenista. De un modo continental también.
Yo espero que sea un clarinazo para las responsabilidades indigenistas de la próxima Asamblea Episcopal Latinoamericana, en 1978. Medellín se olvidó (!) de los 30 millones de indios de América Latina, a pesar de la lúcida postura con que miró y asumió el Continente.
Espero asimismo que esa próxima Asamblea Episcopal Latinoamericana no sea un retroceso frente a Medellín -¡ya tan lejano!-. Hay un difuso malestar en torno al CELAM. Hay, también en algún alto dirigente del CELAM, un persistente prejuicio contra Medellín. ¡No vamos a provocar un aborto en retrospectiva de aquel Medellín pentecostal que todavía no hemos asimilado!
Esa Asamblea Episcopal de 1978 deberá reasumir Medellín y completarlo dinámicamente; deberá oír las bases de la Iglesia de Latinoamérica y comprometerse de verdad con el Pueblo de esta Patria Grande, sometida hoy a tantas dependencias, víctima casi toda ella de Regímenes de fuerza y de la arbitraria idolatría de la Seguridad Nacional. América Latina espera una actitud limpia y consecuente de sus obispos. Ellos verán cómo responden a esa expectativa continental. Sería tan necesario no olvidar, en esa hora clave, que sólo se evangeliza a partir de la Encarnación!
Y hablando aún de la Iglesia de América Latina, quiero anotar aquí también la presencia estimulante de un libro, ya internacional, que me está acompañando estos días. Muy oportuno para sentir con la Iglesia del Tercer Mundo. (Ahora ya no basta «sentir con la Iglesia», así, en general, como en los tiempos del santo Padre Ignacio de Loyola). Hablo del libro, estadístico y profético, de Walber Bullmann, A Terceira Igreja e o Terceiro Mundo, editado aquí en el Brasil con ese título.
Hay una Iglesia del Tercer Mundo -Asia, África, América Latina, Oceanía- que debe ser reconocida como diferente y autóctona, en fuerza de la misma Catolicidad. Y debe, ella misma, asumir libremente su identidad original y lanzarse a cumplir su misión, sin complejos, sin mimetismos, dentro del propio mundo; como debe coadyuvar corresponsablemente en la común Misión, dentro de las otras dos Iglesias -la primera, del Oriente, la segunda, de Europa y Estados Unidos-.
Muchas veces he pensado que la peculiar Misión de esta Iglesia del Tercer Mundo sería, aquí, entre sus Pobres y allá, para los ricos:
- denunciar la miseria que oprime, y
- anunciar la Pobreza que libera.
Acabo de participar en la Misa de la novena del Espíritu Santo. Está llegando Pentecostés. Es, hace veinte siglos, el Tiempo del Espíritu. Y hay que creer en El con una abierta confianza.
El nos penetra como un aceite derramado en nuestros corazones y es su Unción la que nos hace cristianos, ungidos en el Ungido.
El nos lleva, en Iglesia, como un vendaval o como una brisa, pero siempre en el ímpetu salvífico de su Paz.
El pueblo cantaba la envolvente melodía y yo cantaba, Pueblo también, con toda mi necesitada Fe:
-«A nós descei. Divina Luz,
 e em nossas almas acendei
o amor de Jesus!»
Jesús decía a sus apóstoles, nos decía:
«Recibiréis la Fuerza de lo alto y seréis mis testigos, empezando por Jerusalén, hasta los últimos confines de la Tierra...». (Hch, 1,8).


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