miércoles, 20 de mayo de 2015

San Arcángel Tadini - Beata María Crescencia Pérez - Beato Anton Durcovici 20052015


San Arcángel Tadini

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 «La caridad no conoce el orgullo salvo para triunfar sobre él, no conoce el amor propio sino para sacrificarlo, ni a la naturaleza sino para hacerla perfecta, ni al hombre sino para hacerle santo». Quién esto expresaba quemó las naves para alzar el vuelo conquistando la eternidad. Nació en Verolanuova, Brescia, Italia, el 12 de octubre de 1846. Era fruto del segundo matrimonio de su padre, que fue secretario del ayuntamiento, y que había enviudado muy joven de sus primeras nupcias; fruto de esta unión vinieron al mundo siete hijos. Desde el principio Arcángel tuvo una salud delicada, al punto de que a los 2 años se temió por su vida ya que estuvo al borde de la muerte. En 1864 inició los estudios eclesiásticos en el seminario de Brescia, donde le había precedido su hermano Julio. Precisamente en la primera misa oficiada por éste en la casa familiar de Verola, Arcángel se había sentido particularmente conmovido y llamado a ser sacerdote como él. Aunque en esta decisión influyeron otros factores históricos. Porque la Italia de su tiempo estaba inmersa en una lucha anticlerical. La Revolución francesa dejó un reguero de mártires en la Iglesia, tanto de religiosos como de sacerdotes, sufriendo destierro otros muchos. Y estos hechos calaron en el santo: «fue entonces cuando me decidí a ser clérigo». En el seminario se distinguió por su piedad y por su obediencia. En esa época sufrió una funesta caída quedando afectada su pierna derecha; le dejó marcado de por vida con una cojera.
Culminó los estudios en 1870 y fue ordenado sacerdote. Su fidelidad a la Iglesia y al Santo Padre le infundían el anhelo de poner a su servicio cualquier medio que tenía a su alcance para defenderlos. Abrió brecha en el apostolado en consonancia con los nuevos tiempos. Observaba que en medio de tantos contratiempos y de situaciones tensas creadas por los incrédulos –esto es, los que tenían a la Iglesia en el punto de mira crítico–, la llama de la caridad cristiana y los rasgos de piedad se mantenían vivos en el hogar de numerosas personas. El primer año de su ministerio Arcángel tuvo que permanecer en el domicilio familiar restableciéndose de la lesión contraída. De 1871 a 1873 estuvo afincado en Lodrino. Después, fue trasladado al santuario de Santa María de la Nuez, de Brescia, y durante ese tiempo ejerció como maestro. Sumamente atento con las personas necesitadas, les ayudó siempre; especialmente se ocupó de las que perdieron todos los enseres por causa de una riada, consiguiendo comida para varios centenares que alojó en la parroquia. Su celo apostólico y su buen hacer hizo que se pensase en él para ocuparse de una parroquia con feligresía delicada, la de Botticino Sera. Llegó en 1885 para ser su coadjutor. Enseguida constató el escaso cuando no nulo entusiasmo que los ciudadanos mostraban hacia la fe. Pero le animaba un ímpetu y espíritu de entrega tales que fue conquistándolos y, a su tiempo, una mayoría se irían convirtiendo. Frágil de salud, confiándose a la divina providencia, estaba inmerso en la oración y la penitencia. Muchas horas del día las dedicaba a la confesión, cuidaba la liturgia, y era especialmente devoto de la Eucaristía. Fue un hombre austero, un predicador excepcional, tenía grandes dotes de oratoria de las que se aprovechó para inculcar principios morales en los fieles con fuerza y persuasión. Muchas personas acogían sus palabras con gran emoción y deseos de penitencia. Fue nombrado párroco arcipreste de esta Iglesia a los 41 años, y allí celebraría, poco antes de sorprenderle su muerte, las bodas de plata sacerdotales.
Una de sus líneas de acción apostólicas fueron los niños. No solo les instruía en la fe, también se ocupaba de su salud, de que tuviesen buenas pautas higiénicas y les animaba en sus estudios. Además, hizo de ellos buenos monaguillos. Para niños y jóvenes Arcángel fue como un buen padre. Entre otras muchas acciones apostólicas, estableció la escuela de canto, introdujo el canto gregoriano e incluso fundó una banda que tuvo gran éxito. Al reparar en la explotación que sufrían las mujeres en las fábricas –trabajaban catorce horas diarias en un ambiente moralmente degradante para recibir un mísero sueldo–, se empeñó en resolver la injusticia. Con sus bienes, fundó la Sociedad obrera católica del mutuo socorro, e inauguró así una fábrica hilandera en la cual generó decenas de empleos dotándolas de condiciones dignas para sus obreras. Dejó todo solventado para que se les reconocieran los derechos mientras que estuviesen en activo y que no tuvieran problemas tampoco después de la jubilación. En este sentido, Arcángel aplicó fructíferamente la Rerum novarum de León XIII. El jesuita P. Maffeo Franzini, amigo suyo, le aconsejó que fundara una nueva orden para asistir a las operarias. Compartiendo con ellas su trabajo y fatigas creaba un ambiente propicio para difundir el Evangelio. En 1900 con un grupo de mujeres creó la congregación de las Hermanas operarias de la santa Casa de Nazaret a quienes puso como modelo la Sagrada Familia. Esta iniciativa apostólica contó con la oposición de algunos potentados de la localidad, pero él no se arredró y siguió adelante. En un momento dado quisieron fusionar su fundación con la de las Hermanas de la Caridad de Brescia, pero el asunto no prosperó. Arcángel sufrió muchas penalidades. Fue calumniado, vilipendiado y generalmente incomprendido incluso en estamentos eclesiales. Y aunque murió sin ver reconocida su obra dentro de la Iglesia, decía: «Dios la ha querido, la guía, la perfecciona, la lleva a término». Falleció el 20 de mayo de 1912. Fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de octubre de 1999. Y canonizado por Benedicto XVI el 26 de abril de 2009.


Beata María Crescencia Pérez

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Maria Crescencia Perez
El 17 de Agosto de 1897, nacía en San Martín, Provincia de Buenos Aires, María Angélica Pérez: 34 años más tarde moría en Vallenar (Chile), un viernes 20 de Mayo la Hermana María Crescencia Pérez.
Entre la aurora y el ocaso, una existencia enteramente vivida ¨en el nombre Del Señor. María Angélica vino al mundo de unos padres profundamente enraizados en la fe, llenos de confianza en la Voluntad de Dios, humanamente íntegros. En ese ambiente familiar de coherencia espiritual y humana, María Angélica fue bendecida por Dios con cualidades excepcionales y con ella fue bendecido el Instituto del Huerto y la Iglesia a la que durante 14 años sirvió.
En el año 1917 hizo su profesión religiosa inundada de paz interior. Esa paz estuvo precedida por sufrimientos diversos como la pobreza familiar y la muerte de su padre que se produjo el mismo día en que ella hizo su profesión religiosa. Aceptó esa muerte con generosidad y dolor contenido. Al consagrarse a Dios nació muy pronto un amor especial a la oración y una extraordinaria capacidad de sufrir. En su apostolado los más beneficiados fueron los enfermos y los pobres, podemos decir que vivió una auténtica vocación: los pobres. A los enfermos les enseñó que en el sufrimiento se esconde una fuerza especial que los acerca a Cristo. Hizo propias las esperanzas, las angustias y las tristezas de las personas que trataban con ella. El supremo mandamiento del Señor ¨Amaos los unos a los otros¨ había arraigado profundamente en ella durante los años de su consagración, vividos en fidelidad al carisma de la congregación. La devoción mariana resplandeció de un modo elocuente en su vida.
Amó y veneró a la Virgen con afecto filial. A ella recurrió en todo momento, especialmente en las situaciones de dificultad y prueba.
Sus fatigas y sufrimientos tuvieron como único objeto trasmitir el gran tesoro de la fe en Jesucristo, único Salvador del mundo.
En su incansable actividad a pesar de su corta vida, sembró una semilla que poco después de su muerte dio abundante fruto.
El amor a Jesús, a María del Huerto, a su Iglesia y al Padre fundador de su Instituto, San Antonio María Gianelli la fueron transformando y así abrazada y consumida por ese fuego interior entregó su vida a Dios. En el umbral del tercer milenio, el testimonio de santidad sencilla y cotidiana de María Crescencia, puede ayudar a muchos a ser como ella.


Beato Anton Durcovici

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Beatificado Mons. Anton Durcovici, el obispo martir torturado y asesinado por el comunismo en Rumanía


Miles de fieles de Rumania se reunieron el 17 de mayo en Lasi para asistir a la beatificación del obispo mártir Anton Durcovici. Según calculan los organizadores, más de 20.000 personas estuvieron presentes en el estadio Emil Alexandrescu. Entre los participantes había unos 2.000 obispos, sacerdotes y religiosos, así como muchos grupos organizados por las parroquias católicas. La Santa Misa fue presidida por el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.



Anton Durcovici nace en Bad-Deutsch-Altenburg (Austria) el 1888, su padre Franz Durcowitsch, era croata y murió por la tisis en 1893; su madre María Mittermaier parte con sus dos hijos (Franz y Anton) a Rumania, donde vivía su tía, primero en Iasi (Moldavia), y luego en la calle Isvor (Bucarest); en sus estudios en el liceo católico de San Andrés (1898-1905) de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, la italiana Sor Tecla, de las Hermanas de Mary Ward, le daba comida siendo Durcovici monaguillo de la capilla.

El padre Lucio Fetz, capellán de las Hermanas y secretario del arzobispo Raymund Netzhammer, le descubre su vocación y lo anima a ingresar al seminario; Durcovici terminó los estudios en el liceo San José, también de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

De 1905 a 1910 estudió en Roma filosofía en la Pontificia Universidad Santo Tomás, y teología en el Colegio de Propaganda Fide y Derecho Canónico en la facultad del Seminario Romano; se ordena sacerdote en la Basílica San Juan de Letrán en 1910, regresa a Rumania y lo hacen canónigo del Capítulo de la Catedral de San José (Bucarest) y Prelado.

Durante la II Guerra Mundial en 1916 Rumania le declara la guerra a Austria y Durcovici fue deportado al puerto Galaţi (Moldavia) por ser austriaco, bajo trabajo forzado, y donde contrajo el tifus que lo afectará el resto de su vida; el arzobispo Netzhammer intervino ante el rey Fernando de Rumania para liberarlo con los otros sacerdotes austriacos y alemanes.

Cuando regresó de la prisión, Durcovici se ocupó de las parroquias abandonadas de Târgovişte y Giurgiu (donde convierte al ruso Iván de Krassovski), y dicta clases de religión en San Andrés; en 1924 Netzhammer fue reemplazado por Alejandro Cisar, que era obispo de Iasi. Desde 1924 Durcovici fue director y luego rector del Seminario de Bucarest hasta 1948; siendo profesor, proponía como modelos sobre todo a tres santos, Alfonso María de Ligorio por la vida interior, Tomás de Aquino por el estudio de la fe, e Ignacio de Loyola por la organización de vida.

Devoto del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen María, fue director espiritual de la Congregación Mariana, la Asociación de San Vicente, la Tercera Orden Franciscana, la Asociación de Madres Cristianas, etc. Apoyaba las revistas católicas Cranicul y luego Farul Nou («nuevo faro»); era hombre de profunda oración, disciplina e inteligencia, silencioso, de integridad moral y de ánimo severo. Confesaba los sábados por la tarde y domingos por la mañana en alemán, rumano, italiano, francés, húngaro e inglés.

Pío XII nombra Obispo a Durcovici en 1947, pero por obstáculos estatales el Nuncio Apostólico Patrick O‘Hara lo consagra el 5 de abril de 1948 en Bucarest, y el 14 de abril toma posesión de la Catedral de la Asunción de la Santísima Virgen María de Iasi. La región de Iasi en 1944 tenía unos 140.000 católicos entre cuatro millones de rumanos (el 3,5% de la población), había 46 sacerdotes seculares y 52 sacerdotes religiosos, ninguna comunidad religiosa femenina, y 105 parroquias. Durcovici recorrió todas las parroquias consagrando las iglesias al Inmaculado Corazón de María.

Desde 1948 Rumania estuvo bajo la dictadura del partido socialista hasta 1989, procurando eliminar todas las confesiones religiosas del país. Ese tiempo es llamado el «de la Iglesia del silencio»; el gobierno pretendía separar la Iglesia rumana de la obediencia de Roma, y los obispos Durcovici y Marton Aron fueron los principales opositores al gobierno ateo; tres sacerdotes traidores engañaron al arzobispo Cisar para que presentara peticiones de pensión a los comunistas, por lo cual la Santa Sede lo removió del cargo y Durcovici fue designado Administrador Apostólico de la Arquidiócesis el 14 de abril de 1948.

El 3 de agosto de 1948 el gobierno comunista cierra todas las instituciones católicas, seminarios, escuelas, hospitales y hospicios. En octubre de 1948 la Iglesia Greco-Católica fue disuelta y sus bienes pasaron a la Iglesia Ortodoxa Rumana; todos los obispos greco-católicos (como Ioan Ploscaru e Ioan Suciu) y un buen número de sacerdotes fueron encarcelados. En 1949 le llega el turno a la Iglesia Católica de rito latino: fueron arrestados los obispos Marton Aron, Anton Durcovici, Augustin Pacha y Scheffler; luego fueron arrestados el obispo Joseph Schubert (nuevo Administrador Apostólico), el Vicario Mons. Johannes Baltheiser, y Mons. Mathias Pozar, párroco de Todebald de Graz.

Anton Durcovici fue arrestado por agentes de la «Securitate» (policía comunista) el 26 de junio de 1949 en la vía que de Bucarest conduce a la parroquia Popeşti-Leordeni, tras celebrar el sacramento de la Confirmación; fue llevado a la prisión de Sighetu Marmaţiei. Tras numerosas torturas y humillaciones para que renunciara a la fe, Durcovici se sintió moribundo y a través de una cerradura pidió a otro prisionero, el padre Rafael Friedrich, que le diera la absolución; murió de hambre el 10 de diciembre de 1951 y su cuerpo fue visto por el obispo greco-católico Ioan Ploscaru, también prisionero, a quien ordenaron limpiar la celda.

La Securitate sepultó el cadáver de Durcovici en el cementerio ruteno, sin nombre en su lápida; también sepultaron a los obispos greco-católicos Traian Frenţiu, Ion Suciu y T. Laurian Chinezu; hoy el cementerio está nivelado y destinado a la agricultura, por eso no se hallaron los restos de los obispos. Años después fueron liberados Friedrich y Ploscaru.

Tras la muerte de Anton Durcovici la diócesis de Iasi tuvo sede vacante hasta la caída del régimen comunista de Ceauşescu (1990), cuando asumió Petru Gherghel y se reinició el proceso de recolección de testimonios del mártir Durcovici; al Concilio Vaticano II (1962-1965) ningún obispo rumano pudo asistir (uno de rito latino, cinco de rito bizantino, dos de ellos encarcelados). Tras la caída del comunismo la fe católica ha renacido.

El 11 de junio de 1999 se cerró la fase diocesana para la beatificación de Durcovici y el proceso fue enviado a la Congregación para las Causas de los Santos en el Vaticano. En 2006 la diócesis de Iasi tenía 255.798 católicos (5,4%), 248 sacerdotes seculares, 116 sacerdotes religiosos, 325 religiosos, 463 religiosas y 130 parroquias.

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