lunes, 6 de julio de 2015

San Sisoes de Egipto - Beato Tomás Alfield - Beato Agustín José Desgardin - Beata Susana Águeda de Loye 06072015


San Sisoes de Egipto

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San Sísoes, eremita
En Egipto, san Sísoes, de sobrenombre «Magno», ermitaño, muy insigne por la perfección con que practicó la vida monástica.
San Sisoes era un egipcio que decidió entrar en la vida monástica en el famoso convento del desierto de Scete, pero a la muerte de san Antonio el Grande, en el 357, prefirió alejarse del exceso de tumulto que había, y fue a vivir a la Montañas de San Antonio, con un discípulo llamado Abraham. Allí se afincó por unos 70 años, pero al final de su vida, sea por su edad avanzada o por otras causas, se fue a vivir a Clisma, una ciudad egipcia de la ribera del Mar Rojo, donde murió, hacia el 430.

De su vida conocemos bien poco, aunque sí es posible tener contacto con la tradición de su espiritualidad, ya que aparece citado en una cincuentena de entradas en los «Apotegmas de los Padres del Desierto». El apelativo de «Grande» le viene de la tradición de que devolvió la vida a un niño. Las anécdotas que lo tienen como protagonista son también toda una escuela de oración, de las que extraeré dos ejemplos:

Una nos hace acordar a la viuda insistente de la parábola de Jesús: En cierta ocasión, Abraham, el discípulo del abad Sisoés, fue tentado por el demonio. El anciano, al verlo caído, se levantó y elevando las manos al cielo dijo: «Dios mío, quieras o no, no te dejaré hasta que lo hayas curado». Y se curó el hermano.;
la otra nos da ejemplo de humildad: Un hermano que había sido insultado por otro hermano, acudió al abad Sisoés de Tebas y le dijo: «Ese hermano me ha insultado y quiero vengarme». El anciano le rogaba: «No, hijo. Deja en manos de Dios la venganza». Pero el otro decía: «No descansaré hasta que me haya vengado yo mismo». El anciano insistió: «Hermano, hagamos oración». Y el anciano puesto en pie añadió: «Dios mío, ya no necesitamos que te ocupes de nosotros, pues nos vengamos nosotros mismos». «Al oir esto el hermano se echó a los pies del anciano y le dijo: «Ya no tengo nada contra aquel hermano. ¡Por favor, Padre, perdóname!».

Así describen los Apotegmas la muerte de Sisoes: El abad Sisoés, cuando estaba en su celda, cerraba siempre la puerta. Se contaba de él que el día de su muerte, estando rodeado de Padres, su rostro brillaba como el sol, y les dijo: «Viene el abad Antonio». Y poco después: «Llega el coro de los profetas». Y de nuevo su rostro se puso más resplandeciente, y dijo: «Viene el coro de los Apóstoles». Y su rostro brilló aún dos veces más y parecía estar hablando con alguno. Los ancianos le suplicaron: «¿Con quién hablas, Padre?», y les respondió: «Los ángeles han venido a buscarme y les pido que me dejen un poco más para hacer penitencia». Los ancianos le dijeron: «Padre, no necesitas hacer más penitencia». Pero él les contestó: «En verdad, no tengo conciencia de haber empezado a hacer penitencia». Todos comprendieron entonces que era perfecto. De nuevo su rostro se puso brillante como el sol y todos tuvieron miedo. Pero él les dijo: «Mirad, viene el Señor, y dice: "Traedme ese vaso de elección del desierto"». Y al punto entregó su espíritu. Y se puso brillante como un relámpago, y aquel lugar se llenó de suavísimo olor.

La fuente para conocer la vida del Abad es, como hemos visto, los Apotegmas, de los que hay ediciones en castellano; la memoria ha sido incorporada en la última edición del Martirologio Romano.


Beato Tomás Alfield

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Beato Tomás Alfield, presbítero y mártir
También en Londres, beato Tomás Alfield, presbítero y mártir, que abjuró de la fe católica bajo torturas, pese a lo cual fue expulsado de Inglaterra, aunque después, arrepentido, volvió a la patria, y bajo el reinado de Isabel I, por haber divulgado una Apología en favor de los católicos, sufrió en Tyburn el suplicio del patíbulo.
Tomás Alfield nació en Gloucester y se educó en Eaton, en el King's College de Cambridge. Habiéndose convertido del protestantismo al catolicismo, se trasladó, en 1576, a Douai a prepararse para el sacerdocio. Recibió las sagradas órdenes en Reims, en 1581. En la misión de Inglaterra, a la que fue enviado por sus superiores, conoció a san Edmundo Campion. En la primavera de 1582, le hallamos ya prisionero en la Torre de Londres, donde soportó la tortura con gran constancia. Sin embargo, más tarde, flaqueó en la fe y durante un corto período se conformó exteriormente a los usos de la Iglesia anglicana. Cuando recobró la libertad, volvió a Reims; ahí se arrepintió de su cobardía y retornó a Inglaterra.

A mediados de 1584 el P. Alfield, ayudado por un paisano suyo llamado Tomás Webley, se encargó de hacer circular algunas copias de la «Apología Modesta y Verídica», escrita por el Dr. Alien en respuesta a la «Ejecución de Justicia» de Burhley, ya que dicho autor había tratado de demostrar que en Inglaterra no se procesaba a los católicos por su religión, sino por su traición. Tanto el P. Alfield como Tomás Webley cayeron pronto prisioneros y fueron atormentados en la Torre de Londres para que revelasen a quiénes habían dado a leer la obra del Dr. Alien. Ambos fueron juzgados y condenados a muerte por ese delito. Como se negasen a aceptar la libertad que se les ofrecía a condición de que confesasen la supremacía de la reina en lo espiritual, fueron ahorcados en Tyburn el 6 de julio de 1585. En el último momento, no sabemos por qué razón, se indultó al P. Alfield; pero el indulto llegó demasiado tarde. Un católico llamado Crabbe, que había sido juzgado con el P. Alfield y con Tomás Webley, apostató para salvar la vida. También apostató Roberto Alfield, hermano del beato. Tomás Alfield fue beatificado en 1929, mientras que la causa del Venerable Tomás Webley está todavía pendiente.

Véase Memoires of Missionary Priests (1924), pp. 105-106; y las Publications de la Catholic Record Society, vol. V.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



Beato Agustín José Desgardin

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Beato Agustín José Desgardin, monje mártir
Frente a la costa de Rochefort, en Francia, beato Agustín José (Elías) Desgardin, monje cisterciense y mártir, el cual, durante la Revolución Francesa, en odio a la fe fue sacado de su monasterio de Septfontaines y encerrado en una vieja nave, en la que, entregado al cuidado de sus compañeros enfermos, murió también él al contagiarse.
Agustín José Desgardin nació el 21 de diciembre de 1750 en Hénin-Liétard, diócesis de Arrás, hoy en el Pas-de-Calais. Educado cristianamente en su casa, y luego de practicar unos años el oficio de cuchillero, sintió la vocación religiosa y con veintisiete años no cumplidos optó por la vida monacal, tomando el hábito cisterciense el 8 de mayo de 1777 en la abadía de Sept-Fons, en el Allier. Hecho el noviciado, profesó con el nombre de hermano Elías el 20 de junio de 1778.

Como hermano lego, prestaba sus servicios con humildad y empeño en la comunidad, constando que en 1790 era el cirujano o enfermero de los monjes. Cuando llegó la Revolución y la abadía fue clausurada, él se marchó con su prior, el P. Paul-Jean Charles, y otros religiosos, y vivía con ellos en Montluçon, cuando el 6 de diciembre de 1791, como todos sus compañeros, se negó él también a prestar el juramento constitucional, lo que le valió la prisión junto con el prior. Ambos volvieron a encontrarse en la prisión de Sainte-Claire des Moulins. El directorio del departamento del Allier lo condenó a la deportación (31 de marzo de 1794), saliendo el día 3 de abril y constando que el 16 de mayo estaba ya en Rochefort. Fue llevado al barco Les Deux Associés, donde ya se hallaba su prior.

Como antiguo enfermero del convento, se dedicó a asistir a todos los enfermos en cuanto obtuvo la licencia de su prior. Era consciente de que se trataba de algo peligroso pues podía contagiarse de cualquiera de las muchas enfermedades que había en el barco, pero decidió sacrificarse voluntariamente por aliviar a los enfermos. Religioso fervoroso, lleno de bondad y de virtudes, fue un ángel de consuelo en aquellas terribles circunstancias. Había podido llevar consigo algunos remedios que aplicaba como mejor sabía. Todavía en buena edad y bastante fuerte, se contagió atendiendo a los enfermos y murió mártir de la fe y la caridad el 6 de julio de 1794, siendo enterrado en la isla de Aix. Fue beatificado el 1 de octubre de 1995.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003



Beata Susana Águeda de Loye

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Beata Susana Águeda de Loye, virgen y mártir
En Orange, también en Francia, beata Susana Águeda (María Rosa) de Loye, virgen de la Orden de San Benito y mártir, que durante la Revolución Francesa, encarcelada junto con otras treinta y dos monjas de varias órdenes y comunidades religiosas, perseveró fiel a su vocación monástica, y fue ella la primera, entre todas las condenadas a muerte por quienes odiaban el cristianismo, en subir impávida al patíbulo.
Susana Águeda de Loye nació en Sérignan, el 4 de febrero de 1741. Educada cristianamente, se sintió llamada a la vida del claustro e ingresó en el monasterio de la Asunción, de monjas de la Orden de San Benito, de Caderousse. Allí hizo el noviciado y profesó los votos religiosos tomando en religión el nombre de sor María Rosa.

Su camino al martirio comenzó cuando su monasterio fue suprimido por la Revolución y, llegada la época del Terror, ella y varias compañeras fueron detenidas y encarceladas, siendo llevadas a Orange, donde pasó varios meses en la cárcel. Impelida a que cumpliera la ley del 9 de nivoso que obligaba a las religiosas a prestar el juramento de libertad-igualdad, sor María Rosa se negó alegando motivos de conciencia. Y por ello fue la primera religiosa condenada a muerte. La acusación decía: «Ciudadanos jueces: Yo traigo ante vosotros y acuso a Antonio José Lousignan, sacerdote aquí presente, y a Susana Águeda Deloye, religiosa, de ser los dos culpables del mismo delito: muy enemigos de la libertad, que han intentado subvertir la República por el fanatismo y la superstición, y refractarios a la ley, ellos se niegan a prestar el juramento que se les exige». Como consecuencia de esta acusación, comprobada -decía la sentencia- en el curso del juicio, fue condenada a guillotina, y así ejecutada el 6 de julio de 1794 en Orange. Fue beatificada con las otras mártires de Orange el 10 de mayo de 1925 por Pío XI.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003

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