domingo, 13 de marzo de 2016

San Leandro de Sevilla, obispo - San Eldrado, abad (13 de marzo)

San Leandro de Sevilla, obispo

fecha: 13 de marzo
fecha en el calendario anterior: 27 de febrero
n.: c. 545 - †: c. 600 - país: España
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Sevilla, en Hispania, san Leandro, obispo, hermano de los santos Isidoro, Fulgencio y Florentina, que con su predicación y diligencia convirtió, contando con la ayuda de su rey Recaredo, a los visigodos de la herejía arriana a la fe católica. En España se celebra su memoria el 13 de noviembre.
patronazgo: patrono de Sevilla; protector contra el reumatismo.
oración:
Oh Dios, que por medio de tu obispo san Leandro mantuviste en tu Iglesia la integridad de la fe, concede a tu pueblo permanecer siempre libre de todos los errores. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
Los godos o visigodos, que reinaron en España durante cuatro siglos, se convirtieron del arrianismo gracias sobre todo a los esfuerzos de san Leandro. El padre del santo era Severiano, duque de Cartagena, ciudad en la que Leandro nació. Su madre era hija de Teodorico, rey de los ostrogodos. Sus hermanos fueron san Fulgencio, obispo de Écija, y san Isidoro, quien le sucedió en la sede de Sevilla. Tenía también una hermana, santa Florentina y la tradición afirma que otra de sus hermanas se casó con el rey Leovigildo. Pero este último dato no es seguro y, en caso de ser cierto, debió crear muchas dificultades al santo, pues Leovigildo era un ferviente arriano.
Desde niño, se distinguió Leandro por su elocuencia y su fascinante personalidad. Siendo muy joven, entró en un convento de Sevilla, donde se entregó durante tres años a la oración y el estudio. A la muerte del obispo de Sevilla fue elegido unánimemente para sucederle; pero su nueva dignidad no le hizo cambiar de costumbres. El santo se dedicó inmediatamente a combatir el arrianismo, que había hecho grandes progresos, y con su oración y predicación obtuvo numerosas conversiones, entre otras la de Hermenegildo, el hijo mayor del rey Leovigildo. El año 583, san Leandro fue a Constantinopla al frente de una embajada; en esa ciudad conoció a san Gregorio Magno, que aun no era papa, y había ido allí como legado del papa Pelagio II. Una gran amistad les unió desde entonces, y san Gregorio escribió su comentario sobre el libro de Job («Moralia in Iob»), a instancias de san Leandro.
Al regresar a España, san Leandro continuó luchando por la fe; pero en el 586 Leovigildo condenó a muerte a su propio hijo, san Hermenegildo, por haberse negado a recibir la comunión de manos de un obispo arriano, y al mismo tiempo desterró a varios prelados católicos, entre los que se contaba a san Leandro y a su hermano san Fulgencio. El santo obispo continuó su tarea desde el destierro, escribiendo dos libros contra el arrianismo y otro más para responder a las objeciones que se habían hecho a los dos primeros. Leovigildo levantó la pena de destierro poco después y, ya en su lecho de muerte, confió a san Leandro a su hijo Recaredo para que le instruyese en la verdadera fe. Sin embargo, el propio Leovigildo murió sin reconciliarse con la Iglesia, por miedo de ofender al pueblo, según cuenta san Gregorio. Bajo la dirección de san Leandro, Recaredo llegó a ser un fervoroso católico, bien instruido en la fe. Leandro demostró tal sabiduría en sus discusiones con los obispos arrianos, que acabó por ganarles a su doctrina, más con sus argumentos que con su autoridad. Esto produjo la conversión de todo el pueblo visigodo. Igual éxito tuvo el santo con los suevos, otro pueblo de España pervertido por Leovigildo. Nadie se regocijó más de los triunfos del santo obispo que san Gregorio Magno, quien le escribió una afectuosa carta de felicitación y le envió un palio.
En el 589, san Leandro presidió el tercer Concilio de Toledo, que redactó una solemne declaración de la consustancialidad de las tres Personas divinas y votó veintitrés cánones disciplinares. Como se ve, san Leandro no se preocupaba menos de la pureza de la fe que de las buenas costumbres. Al año siguiente, tuvo lugar en Sevilla otro concilio con el fin de confirmar y sellar la conversión del pueblo a la verdadera fe. San Leandro conocía, por experiencia, el poder de la oración y trabajó por fomentar la verdadera devoción en todos los fieles, pero sobre todo en los que se habían consagrado a Dios en la vida religiosa. Su carta a santa Florentina, documento conocido con el nombre de «Regla de la Vida Monástica», tiene por tema principal el desprecio del mundo y la oración. Una de las obras más importantes de san Leandro fue la reforma de la liturgia. Siguiendo la práctica de las iglesias orientales, el tercer Concilio de Toledo introdujo en la misa el Credo de Nicea, que repudiaba la herejía arriana. Más tarde, otras Iglesias de Occidente y la misma Iglesia de Roma adoptaron esa práctica.
San Leandro se vio frecuentemente atacado por las enfermedades, particularmente por la gota. San Gregorio, que sufría también de ese mal, alude a ello en una de sus cartas. Según una antigua tradición española, la famosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en Cáceres, Extremadura, fue un regalo del Papa san Gregorio a su amigo san Leandro. De los numerosos escritos del santo, los únicos que han llegado hasta nosotros son la «Regla de la Vida Monástica» y una homilía de acción de gracias por la conversión del pueblo godo. San Leandro murió hacia el año 600. Sus reliquias se conservan en la catedral de Sevilla. La liturgia española celebra la memoria de san Leandro el 13 de noviembre.
Ver Acta Sanctorum, marzo, vol. II; Gams, Kirchengeschichte von Spanien; vol. II pte. 2, pp. 37 ss., 66 ss.; DTC, vol. IX, p. 95. Ver también el excelente artículo de la Sra. Humphry Ward sobre san Leandro, en A dictionary of Christian Biography, ed. William Smith y Henry Wace, vol. III, pp. 637-640. Leovigildo y la conversión de Recaredo corresponden al cuadro general de la historia de la Iglesia en su transición a la Edad Media, cfr. Jedin, H. manual de Historia de la Iglesia, II, pág 757ss. Herder. Leandro como autor está tratado en Patrología, Di Berardino, BAC, tomo IV, pág 91.
Cuadro: Bartolomé Murillo: «Leandro y Buenaventura», 1665-1666, en el Museo de Ballas Artes de Sevilla.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=870






San Eldrado, abad

fecha: 13 de marzo
†: c. 840 - país: Italia
otras formas del nombre: Heldrado
canonización: 
Conf. Culto: Pío X 9 dic 1903
hagiografía: Abel Della Costa

En el monasterio de Novalesa, a los pies del Montecenisio, en el valle de Susa, san Eldrado, abad, que, apasionado del culto divino, revisó el salterio y promovió la construcción de nuevas iglesias.
La abadía de Novalesa fue fundada en el siglo VIII y bajo los benedictinos llegó a ser un célebre centro de cultura, aunque con los siglos decayó. En la actualidad está nuevamente al cuidado de esta Orden. Fue a través del paso de Mont Cenis, en Francia, hacia el 810, que san Eldrado llegó a Novalesa (Nova Lesa, es decir: «lex nova»). 
Los testimonios más antiguos sobre el santo y la fundación derivan de la llamada «Vita rhytmica», una composición en verso de los siglos IX-X, de la que lamentablemente sólo quedan fragmentos, pero que ha sido la fuente de los posteriores relatos en prosa que han llegado hasta nosotros.
De la infancia y juventud del santo nada sabemos, excepto que nació en la noble familia de los Lambesc, de la Provenza, que fue ejemplar en su vida, y que bien pronto se sintió llamado al estado religioso, por lo que fue a Italia, a instalarse en el Valle de Susa.
Dos documentos ciertos, uno del 825 y otro del 827, se refieren expresamente a Eldrado llamándolo Abad de Novalesa; el primero es un diploma original del emperador Lotario I (795-855), que dona al abad Eldrado el monasterio de Pagno, en Cuneo; el segundo es una sentencia resuelta a favor de la abadía de Novalesa, tras una disputa entre los monjes y algunos de los habitantes de Oulx, pueblo situado en la misma provincia de Turín.
Resulta constatable lo que indica el elogio: el celo de Eldrado por el culto del Señor y su laboriosidad como constructor de nuevas iglesias. Se puede mencionar la de San Pedro, en su ciudad natal de Lambesc, las cuatro de Monestier-les-Bains, y el grandioso campanario de la abadía de Novalesa. En cuanto al otro aspecto, se cuenta su revisión del Libro de los Salmos para el uso litúrgico.
Entre sus méritos debe contarse su capacidad para haber tutelado los derechos de la abadía, en aquel tiempo en su máximo esplendor, y el haber hecho construir un nuevo monasterio en Monestier, en la vecina Francia, que era en ese momento localidad de paso para peregrinos y viajeros.
Su presencia como abad de una de las dieciséis abadías más importantes de la época está atestiguada entre el 820-25 hasta el 840-45; pero el testimonio más importante de la santidad de vida de Eldrado es la existencia dentro de los terrenos de la abadía, de una iglesia dedicada a él, construida entre 1229 y 1265 por voluntad de Giacomo delle Scale, prior en esos años.
La capilla se encuentra entre las obras de arte más significativas del Piamonte, de evidente ascendencia bizantina, ornada internamente con un ciclo de pinturas que desarrollan la vida de san Eldrado: es representado primero como agricultor, tratando de cortar con el hacha un arbusto, luego en el río, luego como peregrino frente a un sacerdote, y luego a las puertas del monasterio de Novalesa, donde un sacerdote de nombre Arnulfo lo consagra y viste con el hábito monacal. Sigue a este conjunto una pintura que muestra al santo librando a la región de Briançon de las serpientes, encerrándolas en una caverna; y finalmente una en al que se muestra al abad a punto de morir, que recibe la comunión mientras un monje llora a su lado.
Murió en Novalesa hacia el 840. Sus reliquias se conservan en una urna de plata repujada en la iglesia parroquial de Novalesa. El culto fue confirmado, junto con el de otros santos, en diciembre de 1903.
Traducido para ETF, con algunos cambios, de un artículo de Antonio Borrelli en Santi e Beati. Curiosamente, ni ese artículo ni el de Agasso en la misma página, ni la breve biografía de Año Cristiano, BAC (2003), mencionan la confirmación de culto, cuyo decreto puede leerse en ASS 36 [1903-4], pág 423. Ver también Acta Sanctorum, marzo II, pág. 326 (día XIII, ed. 1865). En el sitio de la abadía de Novalesa puede verse las pinturas a las que alude el artículo (de las que reproducimos una), así como mucho otro material.

Abel Della Costa
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