San Olegario de Barcelona y Tarragona, obispo
fecha: 6 de marzo
†: 1137 - país: España
otras formas del nombre: Olaguer
canonización: Conf. Culto: Clemente X 25 may 1675
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 1137 - país: España
otras formas del nombre: Olaguer
canonización: Conf. Culto: Clemente X 25 may 1675
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Barcelona, ciudad de Cataluña, en el Reino de Aragón, san Olegario, obispo, que
asumió también la cátedra de Tarragona al ser esta antiquísima sede liberada
del dominio de los musulmanes.
En
1123, San Olegario asistió al primer Concilio de Letrán y propuso al Papa y a
la asamblea que hiciesen extensivos los privilegios de los cruzados de
Palestina a los hombres que luchaban contra los musulmanes en España. Su
petición tuvo éxito y el santo volvió a España como legado apostólico, con el
encargo de predicar la Cruzada contra los moros. San Raimundo logró reunir
ejércitos suficientes para infligir severas derrotas a los moros y arrojarles
de algunos sitios en que se habían hecho fuertes. El santo hizo también mucho
por extender, en su diócesis, la orden recientemente fundada de los Caballeros
Templarios. Los moros habían destruido casi por completo la ciudad de Tarragona
y san Olegario se dedicó a reconstruirla. Con el mismo fervor, se entregó al
cuidado de los enfermos y los pobres; los enfermos mentales fueron objeto de
muy particular solicitud de su parte. Aunque el santo estaba estrechamente
emparentado con la familia reinante, no dudó en levantar la voz contra Raimundo
III, cuando el conde trató de imponer un tributo injusto, que su padre había
suprimido. En un sínodo que se llevó a cabo en 1137, el arzobispo, que era ya
muy anciano y estaba enfermo, fue súbitamente atacado por un mal muy grave. De
la sala conciliar le transportaron a su lecho, del que no se levantó más.
Villanueva,
en su «Viaje literario a las iglesias de España» trae un curioso testimonio
sobre el cuerpo incorrupto del santo obispo: «Tambien puede añadirse la
extraordinaria integridad y flexibilidad de su sagrado cuerpo. La flexibilidad
es notoria, y puede asegurarse por muchas y varias experiencias. No ha mucho
que á mi sabio amigo y chantre de esta iglesia, Don Mariano Oliveras de Plana,
le fué preciso ponerle al Santo una sortija que le habia ofrecido la devocion
de un particular; y al colocarla en uno de los dedos asegura que levantó y bajó
su brazo y mano, como lo habría hecho en un cuerpo vivo.» (Viaje literario,
tomo XVII, página 182)
Existe
una biografía latina, o más bien dos, del santo. Pueden leerse en Florez,
España Sagrada, vol. XXIX, pp. 472-499, junto con una colección de los milagros
de san Olegario. En España y particularmente en Cataluña, se profesó en una
época gran devoción al santo; aparecieron entonces muchas biografías de tipo
popular, como la de Jaime Rebullosa, Vida y Milagros del d. Olaguer (1609). Ver
también Acta Sanctorum, marzo, vol. I. En la imagen: sepulcro de mármol de san
Olegario en la catedral de Barcelona; el cuerpo se expone, cubierto con sus
vestimentas episcopales y en una urna de cristal, cada 6 de marzo.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
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al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=790
Beata Rosa de Viterbo, virgen
fecha: 6 de marzo
fecha en el calendario anterior: 4 de septiembre
n.: 1234 - †: 1253 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Calixto III 1457
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 4 de septiembre
n.: 1234 - †: 1253 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Calixto III 1457
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Viterbo, en la Toscana, beata Rosa, virgen de la Tercera Orden Regular de San
Francisco, que, asidua en las obras de caridad, a los dieciocho años de edad
consumó prontamente el breve curso de su vida.
Cuando
el ambicioso Federico II fue excomulgado por segunda vez por el papa Gregorio
IX, el emperador respondió con una campaña militar destinada a conquistar los
mismos Estados papales. En el año de 1240, había avanzado tanto, que tomó la
ciudad de Viterbo, en la Romaña. Pocos años antes, una pareja de pobres
trabajadores de Viterbo llevaron a bautizar con el nombre de Rosa, a su hija
recién nacida. Aquella niña dio muestras, desde su edad más tierna, de una
extraordinaria bondad natural. Su virtud y devoción infantiles impresionaron
tanto a las gentes que la rodeaban que, posteriormente, se crearon diversas
leyendas asombrosas que se mezclaron con su historia hasta el punto de que
ahora resulta muy difícil separar la verdad de la fantasía.
En
el curso de una enfermedad que sufrió Rosa cuando tenía ocho años de edad, tuvo
en sueños una visión de Nuestra Señora, quien le dijo que debería vestir el
hábito de San Francisco, pero sin alejarse de su casa, donde tendría que dar un
ejemplo magnífico a familiares y vecinos, de palabra y de obra. Tan pronto como
Rosa recuperó la salud, recibió el hábito de penitente y, por iniciativa
propia, se entregó cada vez más a la contemplación de los sufrimientos de
Nuestro Señor y a la consideración de la ingratitud de los pecadores. A los
doce años de edad, inspirada tal vez por algún sermón que escuchó o por las
ardientes palabras de algún güelfo, Rosa comenzó a recorrer las calles
predicando para inflamar al pueblo a combatir a Federico II y amotinarse para
arrojar de la ciudad a la guarnición de los gibelinos. Sus palabras simples y
emocionadas no dejaron de producir su efecto, y éste se hizo más profundo a
raíz de los rumores que circulaban con insistencia, sobre las maravillas que
experimentaban muchos de los oyentes de Rosa. Desde entonces, las multitudes se
congregaban frente a su casa, con la esperanza de oírla, hasta que el padre de
la joven se asustó y le prohibió salir a la calle y mostrarse, bajo la amenaza
de una despiadada paliza si desobedecía. A las amenazas de su padre, Rosa
replicó tranquilamente: «Si Jesús fue golpeado por mi causa, yo puedo ser
golpeada por causa suya. Yo sólo haré lo que Él me dijo que hiciera. No puedo
desobedecerle». A instancias del párroco, el padre de Rosa levantó la
prohibición y, durante dos años consecutivos, la chica predicó en pro de la
causa del Papa en las calles de Viterbo. Entonces, los partidarios del
emperador se alarmaron y comenzaron a intrigar para que Rosa fuera condenada a
muerte, por ser una amenaza y un peligro para el Estado. El "podestá"
(señor local) de Viterbo no quiso saber ni una palabra sobre esa conspiración,
porque era un hombre de buenos sentimientos y porque temía las reacciones del
pueblo. Pero en cambio, pronunció la sentencia de destierro contra Rosa y sus
padres.
Entonces
se refugiaron en Soriano, pero Rosa no dejó de predicar y, a partir del mes de
diciembre de 1250, se dedicó a recorrer las calles, como una iluminada,
anunciando, a voz en cuello, la próxima muerte del emperador Federico II. El
día 13 de aquel mes, para asombro y admiración de todos los que habían
escuchado sus vaticinios, el invasor murió en la Apulia. Inmediatamente
después, el partido del Papa dominó la situación en Viterbo, y Rosa regresó
triunfalmente a su ciudad natal. Existe la historia de que, antes de su
regreso, confundió a una fanática mujer gibelina, apelando al "juicio de
Dios". Al volver a Viterbo, intentó ingresar en el convento de Santa María
de las Rosas, pero la madre abadesa se negó a admitirla por falta de dote.
"Muy bien, dijo Rosa con una sonrisa amable. Por ahora no me queréis aquí,
pero tal vez vuestra reverencia tenga mejor voluntad de recibirme cuando esté
muerta". El párroco puso mucho empeño en ayudarla y llegó a construirle
una capilla cerca del convento y una casa adjunta para que Rosa y algunas
compañeras se entregasen a la vida religiosa; pero las monjas de Santa María recibieron
una orden del Papa Inocencio IV para que clausuraran la nueva capilla y la
casa, puesto que el convento de Santa María tenía el privilegio de ser el único
en varios kilómetros a la redonda y no toleraba la competencia de ningún otro.
Entonces regresó Rosa a la casa de sus padres, donde murió el 6 de marzo de
1252, a la edad de diecisiete años. Fue sepultada en la iglesia de Santa María
en Podio, pero el 4 de septiembre de 1258, su cuerpo fue trasladado a la
iglesia del convento de Santa María de las Rosas, como ella lo había
vaticinado. En 1357, un incendio destruyó la iglesia hasta los cimientos, pero
el cuerpo de la joven quedó intacto y, desde entonces, anualmente, el ataúd es
llevado en procesión por las calles de Viterbo. Inmediatamente después de la
muerte de Rosa, el Papa Inocencio IV abrió una encuesta sobre las virtudes de
la doncella, pero su canonización no se pronunció sino hasta 1457.
Si
acaso hubo alguna vez documentos contemporáneos sobre la vida de esta santa, se
perdieron o desaparecieron en alguna forma, y la leyenda ocupa una buena parte
de lo que ahora se presenta como su biografía. En el siglo dieciocho, los
bolandistas recogieron lo que pudieron encontrar, pero no quedaron satisfechos
con ello, como lo dicen en Acta Sanctorum, sept. vol. II. Sin embargo, los
bolandistas nos conservaron resúmenes substanciales del proceso de
canonización. Las biografías más conocidas son las de los escritores italianos
Andreucci (1750) y Mencarini (1828) y, en años más recientes, la de L. de Kerval,
en francés (1896 ) , traducida ya al alemán y al flamenco. En la serie
Oratorian se incluyó, en 1882 una breve biografía en inglés y también hay una
nota breve en la Auréole Séraphigae, de Léon, vol. tu, pp. 98-109. Un artículo
del The Month de sept. de 1890, describe cabalmente la pintoresca fiesta de la
santa en Viterbo y habla de la famosa "macchina" que se lleva en la
procesión. G. Abate estudia profundamente las informaciones que hay sobre la
santa en su libro Santa Rosa da Viterbo (1952).
N.ETF:
el artículo del Butler habla de "canonización", y efectivamente la
santa aparece como formalmente canonizada en una de las dos listas (la de
Delooz) de santos oficialmente reconocidos antes de la Sacrada Congregación de
Ritos. Sin embargo, tal como pasa en otros casos en los que el proceso lo
menciona sólo Delooz, el Nuevo Martirologio Romano no parece que considere ese
proceso como válido, y la inscribe como santa, pero con el asterisco de beata o
confirmación de culto, pero no canonizada. Puesto que la edición española del
Martirologio (2007) contiene muchos errores, es difícil saber si ese asterisco
indica que debe aceptarse sólo el culto confirmado, o es un mero error
tipográfico.
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
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