Santo Domingo de la Calzada, presbítero
fecha: 12 de mayo
n.: c. 1050 - †: 1109 - país: España
canonización: pre-congregación
n.: c. 1050 - †: 1109 - país: España
canonización: pre-congregación
En la región de Castilla, en España, en
la localidad posteriormente designada con su nombre, santo Domingo de la
Calzada, presbítero, que construyó puentes y caminos para uso de los peregrinos
jacobeos y, movido por su inmensa piedad, edificó también un hospital de
peregrinos, provisto de salas destinadas a socorrerlos.
Nació en Viloria de Rioja, en una humilde
familia. Hacia el año 1050 decidió ser monje benedictino pero le rechazaron en
los monasterios de Santa María de Valvanera y San Millán, tomándole quizá por
vagabundo o por algún fugitivo de las tareas del campo, por lo que se decidió
por la vida eremítica. Y en los montes que rodean al San Lorenzo, pasó cinco
años dedicado a la oración y penitencia. Sucedió entonces que el Papa Benedicto
IV envió como Legado a Gregorio de Ostia, a Navarra y La Rioja, para que les
llevara consuelo en una plaga de langosta que asolaba aquellas regiones. Cuatro
años vivió Domingo en el séquito de Gregorio, con gran provecho espiritual.
Cuando San Gregorio muere en Logroño, Domingo decide quedarse en la vega
riojana, para socorrer a los muchos romeros necesitados que cruzaban por allí.
En la Edad Media cobró gran auge -junto
con Roma y Jerusalén- la peregrinación a Santiago de Compostela. De noche, se
orientaban los peregrinos por la Vía Láctea, llamada por ello Camino de
Santiago. De día, desde Roscenvalles hasta Nájera estaba bien marcada la ruta
del camino francés. Después se borraba el camino. Veredas inhóspitas,
infestadas de alimañas y salteadores, los montes de Grañón y Cirueña, los
encinares de Carrasquilla, el valle del Oja, la Bureba burgalesa... Un
verdadero riesgo. Ya lo dice el viejo cantar: "Vos que andáis a Santiago,
mire vostra mercé, non ay puentes nin posadas nin cosa para comer". Era
una aventura. Nuestro Santo había encontrado su vocación: ser el buen
samaritano, el ángel protector de los romeros a Santiago, mejorar los caminos,
preparar albergues, movido únicamente por su deseo de ayudar a los peregrinos.
A Santo Domingo se le atribuyen muchos
milagros. Pero él no ahorró esfuerzos por facilitar el paso a los romeros. El
Santo Patrono de la ingeniería española construyó primero una ermita dedicada a
Santa María, desde la que exploraba el horizonte para acudir en ayuda de
cualquier prójimo en apuros. Edifica después un albergue, en el que hace de
albañil, enfermero y hospedero. Luego busca recursos y levanta el famoso puente
sobre el Oja, que todavía subsiste, después de diez siglos.
Más tarde tala montes y construye una
calzada, que llegará a ser su glorioso apellido. Se le agregan muchos para
colaborar con él, y empieza a nacer una ciudad, Santo Domingo de la Calzada
«ciudad cortés e hidalga con la caridad de Cristo que inflamó a su Fundador,
por cuyas calles aparece todavía la sonrisa amable que hace mil años acogía a
los peregrinos». San Juan de Ortega y Santo Domingo de Silos, que lo
conocieron, atestiguan las múltiples obras de caridad llevadas a cabo durante
más de sesenta años por este benefactor insigne de la humanidad.
Habiendo muerto nonagenario en 1109, se
conservan documentos oficiales de 1112 en que ya le denominaban Santo. Para
albergar el sepulcro que conserva sus venerables restos, se construyó después
una hermosa catedral, de arte gótico primitivo.
Las buenas obras de santo Domingo a favor
de los peregrinos de Santiago no parecen haber cesado con su muerte. Varias
milagrosas curaciones de peregrinos, ocurridas en la villa, se atribuyen a la
influencia de Domingo. Tal fue el caso de la curación del caballero francés
poseído por el demonio que fue librado del espíritu maligno ante el sepulcro
del santo; o la de Bernardo, un peregrino alemán del siglo XV que se curó de
una infección purulenta de los ojos al visitar la tumba de santo Domingo; o el
normando que recobró la vista en aquel santo lugar. Un juego de nueve tablas
pintadas hoy adorna una pared de la catedral y recuerda los milagros de santo
Domingo.
Pero el milagro más famoso -de hecho, uno
de los más populares de toda la Europa medieval- es la célebre historia de una
familia alemana que caminaba hacia Compostela. Al pasar por Santo Domingo se
alojaron en un mesón donde la moza de la casa sintió una fuerte atracción por
el hijo de la familia, Hugonell, y se lo hizo saber. Pero el joven resistió los
avances de la moza y ésta, humillada y rencorosa, escondió un vaso de plata en
el zurrón del peregrino. En cuanto salieron los peregrinos a continuar su
camino, ella le acusó de haberle robado el vaso.
Los oficiales de la ciudad prendieron y
ahorcaron al romero. Los tristes padres siguieron su romería y, de regreso de
Compostela, descubrieron que su hijo seguía vivo en la horca, milagrosamente
sostenido y protegido por santo Domingo. Fueron a decírselo al juez del pueblo,
que en aquel momento estaba en la mesa a punto de comer un plato de pollo. Al
oír lo que le afirmaban los padres, replicó con ironía: «Esta historia es tan
verdadera como que este gallo y esta gallina van a levantarse del plato y
cantar». Así lo hicieron las aves, ante el asombro de todos.
La biografía del santo, tomada de www.valvanera.com,
la leyenda del gallo y la gallina, de www.lacalzada.com.
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1595
Beata Imelda Lambertini, virgen
fecha: 12 de mayo
fecha en el calendario anterior: 13 de mayo
n.: 1321 - †: 1333 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León XII 20 dic 1826
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 13 de mayo
n.: 1321 - †: 1333 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León XII 20 dic 1826
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Bolonia, de la Emilia, beata Imelda
Lambertini, virgen, aceptada desde muy pequeña como monja en la Orden de Predicadores,
donde, siendo aún joven, después de haber recibido de modo admirable la
Eucaristía, entregó de inmediato su espíritu.
La beata Imelda, patrona de la primera
comunión, pertenecía a una de las más antiguas familias de Bolonia. Era hija
del conde Egano Lambertini y de Castora Galuzzi. Desde muy niña dio muestras de
excepcional piedad; era muy amante de la oración y acostumbraba a retirarse en
un rincón de la casa, donde se había construido un pequeño oratorio con flores
e imágenes. A los nueve años, sus padres, accedieron a su deseo y la enviaron a
educarse al convento dominicano de Val di Pietra. Allí se ganó Imelda el cariño
de todos, y su fervor edificó mucho a las religiosas. La joven tenía especial
devoción a la presencia eucarística de Cristo en la misa y en el tabernáculo.
Imelda deseaba ardientemente hacer la primera comunión, pero, según la
costumbre de la época, ésta no podía tener lugar antes de cumplir los doce
años. Imelda exclamaba algunas veces: «¿Cómo es posible recibir a Jesús y no
morir de gozo?»
Cuando tenía once años, Imelda asistió,
con el resto de la comunidad, a la misa de la Ascensión. Como era la más joven,
fue la única que no recibió la comunión. Las religiosas se disponían ya a salir
de la capilla, cuando vieron que una hostia volaba hasta Imelda, quien se
hallaba absorta en oración, cerca del tabernáculo. Inmediatamente le hicieron
notar al sacerdote que había celebrado la misa, el cual, impresionado por el
milagro, dio inmediatamente a Imelda la primera comunión, que fue también la
última. La emoción que produjo a la beata la presencia de Cristo fue demasiado
grande. Fulminada por un ataque al corazón, Imelda cayó por tierra; cuando las
religiosas acudieron a levantarla la encontraron muerta.
Los bolandistas insertaron en Acta
Sanctorum. (mayo, vol. III) un artículo sobre la beata Imelda, en razón de la
antigüedad de su culto, aunque éste no fue confirmado oficialmente sino hasta
1826. Existen varias biografías de tipo devoto, como las de Lataste (1889) ,
Corsini (1892), Wilms (1925) y T. Alfonsi (1927). Ver sobre todo M. C. de
Ganay, Les Bienheureuses Dominicaines (1913), pp. 145-152. También hay un corto
artículo en Procter, Lives of Dominican Saints, pp. 259-262.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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