Santa Rictrudis, abadesa
fecha: 12 de mayo
n.: c. 614 - †: c. 688 - país: Francia
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 614 - †: c. 688 - país: Francia
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En el monasterio de Marchiennes, en la
región de Cambray, en Austrasia, santa Rictrudis, abadesa, que, después de la
violenta muerte de su esposo Adalbaldo, tomó el velo religioso por consejo de
san Amando y gobernó con gran acierto a sus monjas en el citado monasterio.
refieren a este santo: Santa Eusebia de
Hamay, San Mauronto, San Ricario
La familia de santa Rictrudis era una de
las más ilustres de Gascuña. Los padres de la santa eran tan devotos como
ricos. Cuando niña, Rictrudis conoció en la casa de su padre al que, con el
tiempo, habría de ser su director espiritual: san Amando,
a quien desterró el rey Dagoberto por haberle echado en cara su conducta
licenciosa. El santo prelado evangelizaba entonces la Gascuña, cuyos habitantes
eran todavía paganos. Más tarde, los padres de Rictrudis recibieron a otro
ilustre personaje, Adabaldo, noble francés que gozaba del favor del rey
Clodoveo. Los padres de la joven le concedieron la mano de su hija, a pesar de
la oposición de los que veían con malos ojos toda alianza con los francos.
Adalbaldo se transladó con su esposa a Ostrevant de Flandes. Dios los bendijo
con cuatro hijos: Mauronte, Eusebia, Clotsinda y Adalsinda, destinados también
a alcanzar el honor de los altares.
Al término de su destierro, san Amando
pasaba algunas temporadas con sus antiguos amigos, cuya vida santa y feliz
describió en términos idílicos, en el siglo X, el biógrafo de santa Rictrudis.
Después de dieciséis años de matrimonio, Adalbaldo fue asesinado en Gascuña por
algunos parientes de su esposa que nunca le perdonaron su matrimonio con ella.
Fue un golpe terrible para santa Rictrudis, quien decidió entrar inmediatamente
en el convento; pero san Amando le aconsejó que esperase hasta que su hijo
pudiera establecerse en la corte. La dilación provocó más tarde serias
dificultades a santa Rictrudis, pues el rey Clodoveo II, al verla tan rica y
atractiva, determinó casarla con uno de sus favoritos. En tales casos, los
deseos del rey eran órdenes. Santa Rictrudis se defendió en vano; pero al fin
san Amando persuadió al monarca de que dejase a su protegida seguir su
vocación. Santa Rictrudis se trasladó entonces a Marchiennes, donde fundó un
monasterio para hombres y otro para mujeres; en éste último recibió el velo de
manos de san Amando.
Sus dos hijas menores, Clotsinda y
Adalsinda, la siguieron al convento, en tanto que Eusebia fue a vivir con santa
Gertrudis, su abuela paterna, en Hamage. Tras de pasar algunos años en la
corte, Mauronte determinó también abandonar el mundo; recibió la tonsura en
Marchiennes, en presencia de su madre. Adalsinda murió joven. Clotsinda sucedió
a santa Rictrudis en el gobierno del convento. Santa Rictrudis murió a los
sesenta y seis años de edad.
Hubaldo de Elnone, que escribió la vida de
santa Rictrudis el año 907, trató de exponer realmente la verdad histórica, a
pesar de que casi todos los documentos se habían perdido cuando los normandos
saquearon e incendiaron Marchiennes, en 881. Ver el admirable estudio que hizo
sobre el tema L. Van der Essen, en Revue d'histoire ecclésiastique, vol. XIX
(1923), sobre todo pp. 543-550, y Etu.de Critique... des Sainls Mérovingiens
(1907, pp. 260-267) del mismo autor. La biografía de Hubaldo y otros documentos
se hallan en Acta Sanctorum, mayo, vol. III. W. Levison, en Monumenta Germaniae
Historica, Scriptores Merov., vol. VI, reeditó únicamente el prólogo. Algunas
veces se confunde a Santa Rictrudis con Santa Rotrudis; se venera a esta última
en Saint-Bertin y Saint-Omer, pero no sabemos nada de su vida.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1593
San Germán de Constantinopla, obispo
fecha: 12 de mayo
†: 733 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 733 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Constantinopla, san Germán, obispo,
el cual, insigne por su doctrina y virtudes, refutó con gran persuasión el
edicto contra las imágenes sagradas promulgado por el emperador León Isáurico.
San Germán era hijo de un senador de
Constantinopla. Después de su ordenación sacerdotal ejerció, durante algún
tiempo, un cargo en la iglesia metropolitana; pero, a la muerte de su padre,
fue elegido obispo de Cízico, aunque no sabemos exactamente la fecha. Nicéforo
y Teófanes afirman que no se opuso abiertamente a la divulgación de la herejía
monotelita por parte del emperador Filípico; pero esto cuadra mal con la
actitud posterior del santo respecto de la herejía, y con las alabanzas que le
tributó el segundo Concilio Ecuménico de Nicea, el año 787. Durante el reinado
de Anastasio II, San Germán fue trasladado de Cízico a la sede de
Constantinopla. Un año después, convocó un sínodo de cien obispos, que definió
la doctrina católica frente a la herejía monotelita, que suprimía en Jesús su
voluntad humana.
El año 717, San Germán coronó en Santa
Sofía al emperador León el Isáurico, quien juró solemnemente defender la fe
católica. Diez años más tarde, cuando el emperador empezó a favorecer a los
iconoclastas y se opuso a la veneración de las imágenes, san Germán le recordó
su juramento. No obstante, León el Isáurico promulgó un decreto por el que
prohibió el culto público a las imágenes y mandó que éstas fuesen colocadas de
tal modo que el pueblo no pudiese besarlas. Poco después, con un decreto más
drástico, ordenó la destrucción de las sagradas imágenes. El patriarca, que era
ya muy anciano, predicó sin temor en defensa de las imágenes y escribió para
recordar la tradición cristiana a los obispos que se inclinaban a favorecer a
los iconoclastas. En una carta al obispo Tomás de Claudiópolis, decía: «Las
imágenes son la concretización de la historia y no tienen más fin que el de dar
gloria al Padre celestial. Quien venera las imágenes de Jesucristo, no adora la
forma de la madera, sino que rinde homenaje al Dios invisible que está en el
seno del Padre; a Él es a quien adora en espíritu y en verdad». El papa san
Gregorio II respondió a san Germán con una carta que se conserva todavía, en la
que le felicita por el valor con que había defendido la doctrina y la tradición
católicas.
León el Isáurico hizo cuanto pudo por
ganar para su causa al anciano patriarca, hasta que, al ver que todos sus
esfuerzos resultaban inútiles, obligó a renunciar a san Germán, el año 730. El
santo se retiró entonces a la casa paterna, donde pasó el resto de su vida
apegado a las reglas monacales y preparándose para la muerte. Fue a recibir el
premio celestial cuando tenía ya más de noventa años. La mayor parte de sus
escritos se han perdido. El más famoso de ellos es una defensa de san Gregorio
de Nissa contra los origenistas. Baronio dice que los escritos de san Germán
eran como un faro que iluminaba a toda la Iglesia.
A. Papadópulos Kerameus editó en 1881 una
biografía medieval de san Germán, escrita en griego; pero se trata de un
documento sin valor. Por ejemplo, el autor de esa biografía cuenta que el
patriarca, huyendo de la ira de León el Isáurico, se refugió en un convento de
religiosas en Cízico y que, con el hábito de las monjas parecía realmente una
viejecita; ahora bien, esto es muy poco verosímil, teniendo en cuenta que todos
los obispos de oriente se dejaban crecer la barba. La mejor fuente de
información es la colección de cartas de la época y las actas de los concilios.
En Dictionnaire de Théologie Catholique, vol. VI (1920), ce. 1300-1309, hay un
excelente artículo sobre san Germán, con una bibliografía muy abundante; ver
también Bardenhewer, Geschichte der altkirchlichen Literatur, vol. v, pp.
48-51, y Hefele-Leclercq, Histoire des Conciles, vol. ni, pp. 599 ss.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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