San Epifanio de Salamina, obispo
fecha: 12 de mayo
n.: c. 315 - †: 403 - país: Chipre
otras formas del nombre: Epifanio de Constanza de Chipre, Epifanio de Salamis
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 315 - †: 403 - país: Chipre
otras formas del nombre: Epifanio de Constanza de Chipre, Epifanio de Salamis
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Salamina, en Chipre, san Epifanio,
obispo, que sobresalió por su vasta erudición y conocimiento de las ciencias
sagradas, y fue admirable también por su santidad de vida, por su celosa
defensa de la fe católica, por su generosidad para con los pobres y por su
poder taumatúrgico.
refieren a este santo: San Hilarión de
Gaza, San Jerónimo, Santa Paula
San Epifanio nació en Besandulk,
pueblecito en los alrededores de Eleuterópolis de Palestina, hacia el año 310.
Como preparación para el estudio de la Sagrada Escritura, aprendió desde joven
el hebreo, el copto, el sirio, el griego y el latín. El trato frecuente con los
anacoretas, a los que iba a visitar regularmente, despertó en él la inclinación
a la vida religiosa, que abrazó desde muy joven. Aunque uno de sus biógrafos
dice que tomó el hábito en Palestina, lo cierto es que pasó poco después a
Egipto para perfeccionarse en la disciplina ascética, en el seno de alguna de
las comunidades del desierto. Hacia el año 333, volvió a Palestina, donde fue
ordenado sacerdote. En Eleuterópolis fundó y gobernó un convento. Las
mortificaciones que practicaba parecían exageradas a algunos de sus discípulos;
pero el santo respondía a sus objeciones: «Dios sólo da el Reino de los Cielos
a los que sufren por Él, y cuanto hagamos será siempre poco en comparación con
la corona que nos espera». Sus mortificaciones corporales no le impedían
dedicarse al estudio y la oración; puede decirse que la mayoría de los libros
importantes de la época pasaron por las manos de san Epifanio. En el curso de
sus lecturas, le impresionaron particularmente los errores que descubrió en los
escritos de Orígenes, a quien consideró desde entonces como la fuente de todas
las herejías que afligían a la Iglesia en su tiempo.
En Palestina y en los países circundantes
se llegó a considerar a san Epifanio como un oráculo y se decía que cuantos le
visitaban salían espiritualmente consolados. Su fama se extendió, con el
tiempo, hasta regiones muy distantes y, en el año 367 fue elegido obispo de
Salamis (que entonces se llamaba Constancia), en Chipre. Sin embargo, siguió
gobernando su monasterio de Eleuterópolis, al que iba de vez en cuando. La
caridad del santo con los pobres era ilimitada, y numerosas personas le
constituyeron administrador de sus limosnas. Santa Olimpia le confió con ese
fin una importante donación de tierras y dinero. La veneración que todos le
profesaban le libró de la persecución del emperador arriano Valente;
prácticamente fue el único obispo ortodoxo en las riberas del Mediterráneo a
quien el emperador no molestó para nada. En 376, san Epifanio emprendió un
viaje a Antioquía para convertir a Vital, el obispo apolinarista; pero sus
esfuerzos fueron vanos. Seis años más tarde, acompañó a san Paulino de
Antioquía a Roma, donde asistieron al Concilio convocado por san Dámaso. Ambos
se hospedaron en casa de una amiga de san Jerónimo, la viuda Paula, a la que
san Epifanio encontró tres años más tarde en Chipre, cuando se dirigía a
Jerusalén para reunirse con su padre espiritual.
San Epifanio era un santo, pero era
también un hombre apasionado, y sus prejuicios de hombre de edad le llevaron en
algunas ocasiones a excesos lamentables. Así, por ejemplo, después de que el
obispo Juan de Jerusalén le había acogido honrosamente como huésped, tuvo el
mal gusto de predicar en la catedral un sermón contra el prelado, a quien
sospechaba contagiado de origenismo. Como si esto no hubiera sido suficiente,
en Belén, que no era su diócesis, se atrevió a ordenar, contra todos los
cánones, a Pauliniano, el hermano de san Jerónimo. Las quejas del obispo de
Jerusalén y el escándalo provocado por su conducta, le obligaron a llevar
consigo a Pauliniano a Chipre. En otra ocasión, furioso al ver una imagen de
Nuestro Señor o de un santo sobre la cortina que cubría la puerta de una
iglesita de pueblo, desgarró la tela y dijo a los presentes que se sirivesen de
los harapos para limpiar el suelo. Cierto que después pagó otra cortina, pero
tal vez los habitantes del lugar no quedaron muy contentos. El malvado Teófilo
de Alejandría se sirvió de san Epifanio, enviándole a Constantinopla para
acusar a los cuatro «hermanos altos», quienes habían escapado de la persecución
de Teófilo por apelación al emperador. Al llegar a Constantinopla, san Epifanio
se negó a aceptar la hospitalidad que le ofrecía san Juan Crisóstomo, porque
éste había protegido a los monjes fugitivos; pero, cuando san Epifanio
compareció junto con los cuatro hermanos ante el juez, y éste le exigió que
probase sus acusaciones, el santo debió reconocer que no había leído ninguno de
sus libros ni conocía nada de sus doctrinas. Muy humillado, sé embarcó, poco
después, con rumbo a Salamis, pero falleció en el camino.
San Epifanio es, sobre todo, famoso por
sus escritos. Los principales son: el «Anachoratus», una apología de la fe; el
«Panarium» o remedio contra todas las herejías; el «Libro de los Pesos y
Medidas", en el que describe las costumbres y las medidas de los judíos; y
un estudio sobre las piedras preciosas que el sumo sacerdote judío ostentaba en
su pectoral. Estas obras, que eran muy apreciadas antiguamente, revelan la
vasta cultura del autor; pero, juzgándole con nuestra sensibilidad moderna, san
Epifanio carece de sentido crítico y es incapaz de exponer claramente una idea.
¡Con razón, san Juan le describía como «la última reliquia de la antigua
piedad»!
Los detalles sobre la vida del santo hay
que entresacarlos de las obras de los historiadores de la Iglesia, como
Sozomeno y de los controversistas que estudiaron los escritos de Orígenes y la
vida de san Juan Crisóstomo. La Academia Prusiana de Ciencias tomó por su
cuenta la edición crítica de las obras de san Epifanio, pero la publicación
avanzó muy lentamente. Acerca de la vida y los escritos del santo, cf. DTC,
vol. V (1913), ce. 363-365; Bardenhewer, Geschichte der
altkirchlichen Literatur, vol. III, pp. 293-302; y P. Mass, en Byzantinische
Zeitschrijt, vol. 30 (1930), pp. 279-289.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1590
San Modoaldo de Tréveris, obispo
fecha: 12 de mayo
†: c. 647 - país: Alemania
otras formas del nombre: Modowald, Modowando, Modwald, Romoaldo
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: c. 647 - país: Alemania
otras formas del nombre: Modowald, Modowando, Modwald, Romoaldo
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Tréveris, en el territorio de
Renania, en Austrasia, san Modoaldo, obispo, que fundó y ornamentó varias
iglesias y monasterios, y constituyó también diversas agrupaciones de vírgenes.
Fue sepultado junto a su hermana Severa.
refieren a este santo: San Germán de
Granfeld, Santa Modesta
El santo obispo Modoaldo nació en
Aquitania. Según parece, pertenecía a una noble familia en la que abundaban los
santos, pues una de sus hermanas era la abadesa santa Severa y otra fue la
beata Iduberga, esposa de Pipino de Landen y madre de santa Gertrudis
de Nivelles. Modoaldo iba con frecuencia a la corte del rey
Dagoberto, donde conoció a san Arnulfo de
Metz y a san Cuniberto de
Colonia, de los que fue muy amigo. Dagoberto estimaba tanto al
joven clérigo, que le nombró obispo de Tréveris; pero el santo no dejó por ello
de reprender constantemente al rey por su vida licenciosa y la frivolidad de su
corte. Finalmente, las reprensiones del santo obtuvieron el fruto deseado, ya
que Dagoberto se arrepintió sinceramente y trató de reparar sus pasadas faltas.
San Modoaldo se convirtió en consejero y
director espiritual del rey y éste, a su vez, le regalaba tierras y dinero para
la fundación de nuevos monasterios. En realidad, sabemos muy poco sobre la vida
del santo, ni siquiera podemos determinar con certeza las fechas de su
consagración y de su muerte. Sí es seguro que asistió al Concilio de Reims, el
año 625. San Modoaldo ordenó al mártir san Germán de
Grandval, a quien había educado, y ofreció hospedaje a san Desiderio de
Cahot, según se desprende de la carta que éste último le
escribió para darle las gracias. Los bolandistas calculan que San Modoaldo fue
obispo de Tréveris del año 622 al año 640.
La biografía sumaria de San Modoaldo,
escrita cuatro siglos después de su muerte por el abad Esteban de Lieja, carece
de valor histórico. Puede verse, junto con una introducción y un comentario, en
Acta Sanctorum, mayo, vol. III.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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