Beatos Leonardo Kimura y cuatro compañeros, mártires
fecha: 18 de noviembre
†: 1619 - país: Japón
canonización: B: Pío IX 7 may 1867
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 1619 - país: Japón
canonización: B: Pío IX 7 may 1867
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Nagasaki, en Japón, beatos mártires Leonardo Kimura, religioso de
la Orden de la Compañía de Jesús, y Andrés Murayama Tokuan, Cosme Taquekeya,
Juan Yoshida Shoun y Domingo Jorge, todos los cuales, por el nombre de Cristo,
fueron quemados vivos.
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Las circunstancias en que el beato
Leonardo Kimura y sus cuatro compañeros dieron testimonio de su constancia en
la fe, deben haber sido un remedo de aquellas crueles escenas en las que
entregaron sus vidas los primeros mártires, sobre la arena del Circo de Roma.
Se afirma que acudieron veinte mil personas desde Nagasaki y sus alrededores, a
presenciar el espectáculo. Las cinco víctimas fueron quemadas por etapas sobre
un altozano, frente al mar. Eran tres cristianos japoneses (Leonardo Kimura,
Andrés Murayama Tokuan y Juan Yoshida Shoun), un coreano (Cosme Taquekeya) y un
portugués (Domingo Jorge); pero entre ellos no había ningún sacerdote, puesto que
Leonardo Kimura sólo era hermano lego de la Compañía de Jesús que, por
humildad, había rehusado ordenarse.
A raíz de las investigaciones que se
hicieron sobre sus historia, se descubrió que, entre los antecesores del
jesuita se hallaba el otro Kimura, que fue uno de los primeros en brindar su
amistad a san Francisco Javier al llegar al Japón, veinticinco años antes.
Leonardo Kimura había nacido en 1575, por lo que tenía cuarenta y cinco años al
momento del martirio, y desde su juventud se había ocupado en catequizar e
instruir en la religión a sus compatriotas. Aun durante los dos años y medio
que estuvo en la prisión, se las arregló para bautizar a noventa y seis
personas, entre las que compartían su encierro y las que se atrevían a
visitarlo.
Sus cuatro compañeros de martirio eran
laicos (se desconocen sus respectivas edades), todos miembros de la
Confraternidad del Rosario, detenidos por haber dado ayuda y refugio al padre
Carlos Spíndola y a otros sacerdotes. En el curso de su prolongado
encarcelamiento, fueron vanas las amenazas y las promesas para doblegar su
constancia y, cuando al fin se les comunicó la cruel sentencia de que iban a
morir quemados vivos, todos la recibieron con demostraciones de júbilo. Se ha
declarado que, aun hallándose entre las llamas, se mostraron serenos, sin dar a
conocer su angustia. Los restos carbonizados se arrojaron al mar, pero los
cristianos pudieron recoger fragmentos, aunque nunca se llegó a saber a cuál
mártir pertenecían esas reliquias. El 18 de noviembre de 1619 fue el día de su
pasión.
Extractado del artículo sobre los mártires
de Japón (segunda serie), Butler, Vidas de los santos, 1964, México, tomo II,
pág. 428.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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