San Esteban Teodoro Cuénot, obispo y mártir
fecha: 14 de noviembre
n.: 1802 - †: 1861 - país: Vietnam
canonización: B: Pío X 2 may 1909 - C: Juan Pablo II 19 jun 1988
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1802 - †: 1861 - país: Vietnam
canonización: B: Pío X 2 may 1909 - C: Juan Pablo II 19 jun 1988
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En la fortaleza de Binh Dinh, en Cochinchina, san Esteban Teodoro
Cuénot, obispo de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que
tras veinticinco años de trabajos apostólicos, durante la feroz persecución
bajo el emperador Tu Duc fue arrojado a una cuadra de elefantes, donde murió
agotado de sufrimientos.
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Esteban Teodoro nació en 1802. Hizo sus
estudios en el seminario de las Misiones Extranjeras de París y llegó a Annam
en 1829. En 1833 estalló una violenta persecución. Los superiores del P. Cuénot
le enviaron a refugiarse en Siam con los seminaristas aborígenes que se
preparaban para el sacerdocio. El futuro mártir sufrió en todas partes reveses
y decepciones, pero no por eso menguaron su valor y su tesón, de suerte que, en
1835, fue consagrado en Singapur obispo coadjutor de Mons. Taberd. Aunque la
persecución seguía haciendo estragos en Annam, Mons. Cuénot consiguió penetrar
en el territorio. Como tenía que vivir oculto, su trabajo era especialmente
difícil. Sin embargo, obró maravillas: reorganizó a los cristianos dispersos y
alentó a los sacerdotes y catequistas asiáticos. No obstante las circunstancias
adversas, su celo contagioso produjo numerosas conversiones. En quince años,
Mons. Cuénot estableció tres vicariatos apostólicos en la Cochinchina. En cada
uno de ellos había unos veinte sacerdotes. Debe notarse que, cuando Mons.
Cuénot fue nombrado vicario apostólico, no había en toda la región más que una
docena de sacerdotes y casi todos ellos eran ancianos y decrépitos.
Al cabo de más de veinticinco años de
episcopado, durante los cuales la persecución no había cesado, la provincia de
Binh-Dinh, en la que los cristianos habían gozado hasta entonces de una paz
relativa, se convirtió en el centro de una persecución fanática. El obispo se
refugió en casa de un pagano, «quien le ocultó en una celda hábilmente
construida en el espesor de un muro doble». Los perseguidores no lograron
descubrir el escondite, pero, como hallasen ciertos objetos que le pertenecían,
permanecieron al acecho. A los dos días, Mons. Cuénot, exhausto, enfermo e
incapaz de soportar por más tiempo la sed que le consumía, salió de su
escondite. Inmediatamente fue hecho prisionero. Los perseguidores le arrojaron
en una estrecha jaula en la que tenía que estar doblado, y le transportaron en
ella a la presencia del jefe de la principal población del distrito. Aunque se
le dio cierta libertad de movimiento en el interior de una fortaleza, el mártir
falleció a los pocos días, víctima de un violento ataque de disentería.
Precisamente cuando acababa de morir, llegó de la capital la orden de
decapitarle. Uno de los mandarines propuso que se ejecutase la sentencia en el
cadáver, pero los otros dos se opusieron a ese inútil exceso de barbarle.
Noticia extraída del artículo conjunto
dedicado a los «Mártires de Indochina» (segunda parte), Butler-Guinea, tomo IV,
pág. 283. No he encontrado noticias donde se corrobore lo que afirma el
«elogio» del Martirologio Romano, de que fue arrojado a una cuadra de
elefantes.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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