lunes, 14 de noviembre de 2016

Beata María Merkert, virgen y fundadora - Beata María Teresa de Jesús, virgen y fundadora (14 de noviembre)

Beata María Merkert, virgen y fundadora

fecha: 14 de noviembre
n.: 1817 - †: 1872 - país: Polonia
canonización: 
B: Benedicto XVI 30 sep 2007
hagiografía: Vaticano

Elogio: En Nysa, Polonia, beata María Luisa Merkert, virgen, cofundadora, junto con Clara Wolff, de las Hermanas de Santa Isabel.

Nació el 21 de septiembre de 1817 en Nysa, en Silesia de Opole (entonces diócesis de Breslavia), en el seno de una familia muy católica de la burguesía. Era la segunda hija de Carlos Antonio Merkert y María Bárbara Pfitzner. En el bautismo le pusieron los nombres de María Luisa. Sus padres y su hermana pertenecían a la Cofradía del Santo Sepulcro. Su padre murió cuando ella tenía un año. Su madre influyó mucho en la inclinación de sus dos hijas, María Luisa y Matilde, al servicio caritativo de los necesitados y a la vocación a la vida religiosa.
A la muerte de su madre, acaecida en 1842, decidió dedicarse totalmente a los pobres, a los enfermos y a los abandonados. Aconsejada por su confesor, junto con su hermana Matilde y con Francisca Werner, se unió a Clara Wolff, joven virtuosa y terciaria franciscana, que había decidido servir a los enfermos y a los pobres a domicilio. Comenzaron la actividad caritativa en Nysa el 27 de septiembre de 1842. Se prepararon para dar ese paso con la confesión, la comunión y un acto de consagración al Sacratísimo Corazón de Jesús. El presbítero Francisco Javier Fischer les dio la bendición. A partir de entonces, María cumplía diariamente los compromisos asumidos, asistiendo a los enfermos y a los pobres en sus casas y recogiendo limosnas para los necesitados. El 8 de mayo de 1846 murió su hermana Matilde, que se había contagiado de tifus mientras cuidaba a los enfermos.
María Merkert, con Clara Wolff, se dirigió a las Hermanas de la Misericordia de San Carlos Borromeo en Praga, para un período de noviciado, trabajando como enfermera en los hospitales de Podole, Litomierzyce y Nysa. Notando que estas religiosas consideraban secundaria la asistencia de los enfermos a domicilio, dejó su noviciado el 30 de junio de 1850, si bien la formación recibida en ese período le sirvió de mucho. No faltaron incomprensiones, pero María pudo dedicarse totalmente al proyecto original de la asistencia a domicilio de los enfermos, los pobres y los más necesitados.
El 19 de noviembre de 1850, fiesta de santa Isabel de Hungría, María Merkert y Francisca Werner, llenas de confianza en Dios, reemprendieron en Nysa la actividad caritativa-apostólica, escogiendo a santa Isabel, llena de amor a Dios y a los indigentes, por patrona de la comunidad naciente. Nueve años más tarde, el 4 de septiembre de 1859, la Asociación de santa Isabel recibió la aprobación por parte del obispo de Breslavia. El 15 de diciembre sucesivo se celebró el primer capítulo general, que eligió a María Merkert como superiora general. El 5 de mayo de 1860, María, junto con otras veinticinco religiosas hizo los votos de castidad, pobreza y obediencia, a los que añadieron un cuarto voto de servir a los enfermos y necesitados. En los años 1863-1865 construyó en Nysa la casa madre de la congregación; el instituto obtuvo el reconocimiento jurídico estatal en 1864. El 7 de junio de 1871, el Papa Pío IX le concedió el "Decretum laudis"; y León XIII le otorgó la aprobación definitiva en 1887.
El amor a Dios impulsaba a María al amor al prójimo, en favor del cual gastó todas sus energías hasta la muerte. La asistencia a los enfermos y abandonados en sus domicilios no distraía a la sierva de Dios de la vida de oración, pues en su relación íntima con el Señor y en la filial devoción al Sacratísimo Corazón de Jesús encontraba la fuerza para su obra caritativa; sentía también una gran devoción a la Virgen, a la que tenía como modelo de fe y mediadora.
Se preocupaba mucho por sus religiosas, a las que instruía intelectual y espiritualmente en un espíritu de humildad profunda. En sus veintidós años de gobierno, formó a casi quinientas hermanas y fundó noventa casas, distribuidas en nueve diócesis y en dos vicariatos apostólicos. La llamaban "la querida madre de todos" y "la samaritana de Silesia".
Murió con fama de santidad el 14 de noviembre de 1872 y esa fama fue aumentando después de su muerte. SS Benedicto XVI la beatificó el 30 de septiembre de 2007.
fuente: Vaticano
accedida 592 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4746





Beata María Teresa de Jesús, virgen y fundadora

fecha: 14 de noviembre
n.: 1825 - †: 1889 - país: Italia
otras formas del nombre: Maria Scrilli
canonización: 
B: Benedicto XVI 8 oct 2006
hagiografía: Vaticano

Elogio: En Florencia, Italia, beata María Teresa de Jesús (Maria Scrilli), virgen, fundadora de la congregación de Hermanas de Nuestra Señora del Monte Carmelo.
Fragmentos de la homilía del card. Mons. José Saraiva Martins, prefecto de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, en la misa de beatificación de la nueva beata, el 8 de octubre de 2006 en Fiésole. La homilía puede leerse completa aquí. En este dossier carmelita pueden encontrarse datos de interés sobre la beata.

Hoy, en el sugestivo marco de este anfiteatro romano, celebramos la misa de beatificación de la madre María Teresa Scrilli. Por consiguiente, se reconoce oficialmente, por mandato del Santo Padre Benedicto XVI, la ejemplaridad de las virtudes heroicas de una mujer de esta tierra de Toscana, que en una época de grandes fermentos culturales supo dar un «sí» total al Señor. Fue Dios quien la atrajo al desierto y habló a su corazón, para convertirla en su esposa para siempre. Por tanto, la nueva beata, María Teresa Scrilli, fundadora del instituto de las Religiosas de Nuestra Señora del Carmen, vivió una experiencia de santidad.
Los textos litúrgicos que acabamos de escuchar, en la primera lectura, tomada del profeta Oseas, y en el pasaje del evangelio de san Mateo, subrayan esta relación esponsal entre Dios y su pueblo, entre Dios y la Iglesia, entre Dios y toda alma consagrada. [...] La santidad de la nueva beata maduró en una espiritualidad esponsal. Precisamente el oráculo de Oseas, que acabamos de escuchar en la primera lectura, pone de relieve esta dimensión. En efecto, el profeta quiere subrayar, en la vida del creyente, la experiencia del redescubrimiento, de la recuperación de una dimensión más viva, más existencial, en la relación entre Dios e Israel, como relación de pertenencia recíproca. La imagen matrimonial subraya también el aspecto personal e interpersonal del diálogo entre Dios y su pueblo. El Señor renueva esta relación con su pueblo «para siempre». [...] Para comprender mejor la dimensión bíblica de la espiritualidad y de la santidad cristiana que vivió la nueva beata, bastará volver a escuchar algunas frases de su Autobiografía: «Ya no me consideraba dueña de mí, sino sólo guiada por aquel impulso que sentía en mi corazón, procedente de mi dulcísimo Amor, que todo lo poseía. ¡Oh Esposo mío!, decía yo, nadie me impedirá complacerte, nada me lo impedirá. Tú eres mucho más fuerte: dígnate indicarme el camino» (Autobiografía, 45).
Otra importante dimensión de la santidad cristiana es la dimensión cristocéntrica, que consiste fundamentalmente en la identificación con Cristo, en la configuración con él y, por tanto, en la conformidad con su voluntad. La nueva beata comprendió y vivió a fondo también esta dimensión de la santidad. En efecto, la configuración con el Señor y su total conformidad con su voluntad constituye uno de los pilares de su intensa espiritualidad. En las primeras Reglas y Constituciones de su instituto recordaba a sus compañeras: «No estamos en esta tierra más que para cumplir la voluntad de Dios y llevar almas a él» (Reglas y Constituciones 1845-1855, n. 7). En varias partes de su Autobiografía, en las que nos revela los caminos misteriosos por donde la llevaba el Espíritu, los espacios de inmensidad que engendraron celos y alegrías, sufrimientos y abrazos amorosos, se aprecia más claramente este deseo: «Me comparaba a mí misma, entregada a Dios, con el oro en manos de un orfebre y con la cera en manos de quien la modela, dispuesta a tomar cualquier forma que le agradara a él» (Autobiografía, 45).
Además de estas frases, que se refieren a su juventud, antes de entrar en el convento de carmelitas de Santa María Magdalena de Pazzi de Florencia, se pueden citar otras afirmaciones hechas en un período de tribulación, después de la fundación del Instituto, en las que decía: «Señor, por mí misma no puedo nada; y, aunque pudiera, no quisiera nada, porque mi único deseo es que se haga tu voluntad en mí, sobre mí, en torno a mí. Fiat voluntas tua. Si el Instituto debe proseguir con mi contribución, ayúdame y fiat; si debo abandonarlo e ir a ti, con el miedo de que deje de existir al morir yo, fiat; si quieres que siga viviendo y que, atribulada e impotente, vea que se deshace lo que he construido y obtenido, fiat. Sí, Dios mío, siempre repetiré: hágase tu voluntad. Fiat» (Autobiografía, 90).
Uno de los ejes de la espiritualidad de la beata madre Scrilli es la adhesión a Dios en el camino de la cruz. Todos sus escritos expresan de un modo sencillo, pero muy eficaz, esta convicción. Dice: «sufrir por amor». Y también: «En la oración, considerando las grandes ofensas que se hacían a Dios, fue tanto mi dolor, que le pedí con gran insistencia que me concediera sufrir, pues quería convertirme en víctima para repararle a él» (Autobiografía, 61). Este amor al sufrimiento y el deseo de reparar las ofensas que se hacían al Señor estaban sostenidos por una continua meditación en la pasión de Cristo. [...] Estas afirmaciones ponen de manifiesto que la madre Scrilli comprendía plenamente el misterio de muerte y resurrección con el que el bautismo marca a todo creyente, pero debe convertirse en programa de vida, itinerario de santidad, camino de transformación interior, especialmente para quien quiere tender a la perfección.
En la economía divina, la fuerza revitalizadora del carisma de todo fundador o fundadora está unida, de algún modo, a la vida propia del Instituto conservada y desarrollada con su auténtica originalidad en su carisma específico. Para responder a los anhelos de su tiempo, la madre Scrilli quiso dar a las jóvenes, en especial a las más indigentes, una preparación humana completa desde el punto de vista cultural, escolar y religioso, que respondiera a las necesidades de su vida específica de mujeres, preparándolas para un trabajo digno. Desde esta perspectiva, se puede comprender el carisma contemplativo-educativo que la madre Scrilli vivió y transmitió a sus hijas. Les pidió que, además de los tres votos acostumbrados -castidad, obediencia y pobreza-, hicieran un cuarto voto: el de «ofrecerse para bien del prójimo por medio de la instrucción moral cristiana y civil de las mujeres» (Reglas y Constituciones, 1854-1855, n. 1). [...]
fuente: Vaticano
accedida 476 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4732

No hay comentarios:

Publicar un comentario