Santa Lucrecia de Mérida, mártir
fecha: 23 de noviembre
†: s. IV - país: España
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: s. IV - país: España
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En Mérida, de Lusitania, santa
Lucrecia, mártir.
No debe confundirse esta santa Lucrecia de
Mérida con la más conocida santa Lucrecia, o Leocricia, de Córdoba, de la que
habla san Eulogio a propósito de la persecución musulmana; entre una y otra
median no menos de cuatro siglos. De la santa que veneramos hoy apenas si
quedan noticias. Se sabe que existió en Mérida un templo dedicado a la santa,
pero fue antes de la invasión musulmana en España, y no quedan de él rastros.
D. Bernabé Moreno de Vargas (1576-1648) en su «Historia de la ciudad de Mérida»
conjetura que ese templo puede haber estado donde, en su tiempo, estaba la
ermita de Nuestra Señora de Loreto, lamentablemente desaparecida también, y
cuyo emplazamiento es también objeto de conjeturas, cercano al Matadero
Regional.
Lucrecia aparece mencionada en en
Hieronymianum y en otros martirologios antiguos, en época de Diocleciano, y
aunque no puede darse por completo seguro este dato, parece que fue martirizada
bajo la presidencia de Daciano. Conocemos a este perseguidor porque en su viaje
por la Península, en los primeros años del siglo IV, fue sembrando su camino de
mártires cristianos, pero no se sabe con certeza el año en que estuvo en
Mérida. Los autores antiguos dan fechas entre el 305 y el 308, pero parece que
la mayor probabilidad es el 306 o después.
Se conserva una «passio» no auténtica,
pero que expresa bien el tipo de las pasiones de mártires de los primeros
siglos. En ella hay un diálogo que resume, si no las frases pronunciadas por
uno y otro en aquel momento, sí la fortaleza de las mártires cristianas,
débiles en su figura, pero llenas de una fortaleza sobrenatural; en efecto,
viendo Daciano que todas las reconvenciones eran inútiles, dice: «...elige por
último uno de estos dos extremos, o padecer como necia diferentes penas entre
los sentenciados a muerte, o sacrificar a los Dioses como sabia y noble
persona. A esto respondió Lucrecia: Sacrifica tú a los demonios, que yo solo
ofrezco sacrificio al verdadero Dios y a Jesucristo, su único Hijo.»
Noticias tomadas de historia de la
Ciudad de Mérida, de D. Bernabé Moreno de Vargas, pág 113-114,
Madrid, 1633, y del «Suplemento á la
última edición del año christiano del Padre Juan Croiset», tomo
II, pág 338ss., por D. Juan Julián Caparrós, Madrid, 1743. La imagen,
reproducida en varios santorales de internet, posiblemente no sea de santa
Lucrecia de Mérida sino de la de Córdoba, mucho más difundida.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4275
San Anfiloquio de Iconio, obispo
fecha: 23 de noviembre
n.: c. 340 - †: 395 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 340 - †: 395 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Iconio, de Licaonia, san Anfiloquio, obispo, que fue compañero en
el desierto de los santos Basilio y Gregorio Nacianceno y también colega en el
episcopado. Esclarecido por su santidad y doctrina, libró muchas batallas en
favor de la fe católica.
refieren a este santo: Santa Olimpíada
San Anfíloco fue amigo íntimo de san Gregorio
Nacianceno, su primo, y de san Basilio,
aunque era más joven que ellos. Las cartas de esos dos santos a Anfíloco son
nuestra principal fuente de información. Anfíloco nació en Capadocia; en su
juventud fue retórico en Constantinopla, donde, según parece, tuvo dificultades
económicas. Siendo todavía joven, se retiró a un sitio solitario de las
proximidades de Nacianzo, junto con su padre, que era ya muy anciano. San
Gregorio daba a su amigo un poco de grano a cambio de las legumbres de su
huerto. En una carta se queja, en broma, de que siempre sale perdiendo en el
negocio. El año 374, cuando tenía unos treinta y cinco años, Anfíloco fue
elegido obispo de Iconium (actualmente Konya, en Turquía) y aceptó el cargo muy
contra su voluntad. El padre de Anfíloco se quejó a san Gregorio de que le
habían privado de su hijo. En su respuesta, el santo afirmó que no tuvo parte
alguna en el nombramiento y que él también sufría al verse privado de su amigo.
San Basilio, a quien probablemente se debía el nombramiento, escribió a
Anfíloco una carta de felicitación; en ella le exhorta a no dejarse arrastrar
nunca al mal, aunque esté de moda y existan otros precedentes, puesto que está
llamado a guiar a los otros y no a dejarse guiar por ellos.
Inmediatamente después de su consagración,
San Anfíloco fue a visitar a san Basilio en Cesarea. Allí predicó al pueblo y
sus sermones fueron más apreciados que los de todos los extranjeros que habían
predicado en la ciudad. San Anfíloco consultó frecuentemente a san Basilio
acerca de diversos puntos de doctrina y disciplina y, gracias a sus ruegos,
escribió san Basilio su tratado sobre el Espíritu Santo. San Anfíloco fue quien
predicó el panegírico de san Basilio en sus funerales. Nuestro santo reunió en
Iconium un concilio contra los herejes macedonianos, que negaban la divinidad
del Espíritu Santo y, en el año 381, asistió al Concilio Ecuménico de
Constantinopla contra los mismos herejes. Allí conoció a san Jerónimo,
a quien leyó su propio tratado sobre el Espíritu Santo. Anfíloco pidió al
emperador Teodosio I que prohibiese las reuniones de arrianos, pero el
emperador se negó porque juzgaba demasiado rigurosa esa medida. Poco después
fue el santo a palacio. Arcadio, que había sido ya proclamado emperador, estaba
junto a su padre. San Anfíloco saludó a Teodosio e ignoró a su hijo. Cuando
Teodosio se lo hizo notar, el santo acarició la mejilla de Arcadio. Teodosio
montó en cólera. Entonces Anfíloco le dijo: «Veo que no soportas que se trate
con ligereza a tu hijo. ¿Cómo puedes, pues, sufrir que se deshonre al Hijo de
Dios?» Impresionado por esas palabras, el emperador prohibió poco después las
reuniones públicas y privadas de los arrianos. San Anfíloco combatió también
celosamente la naciente herejía de los mesalianos. Eran éstos maniqueos e
iluminados, que ponían la esencia de la religión en la oración exclusivamente.
El santo presidió en Sida de Panfilia un sínodo contra dichos herejes. San
Gregorio Nacianceno llama a san Anfíloco «obispo irreprochable, ángel y heraldo
de la verdad». El padre de nuestro santo afirmaba que curaba a los enfermos con
sus oraciones.
Conocemos bastante bien a san Anfíloco,
gracias a las referencias que se hallan en la literatura cristiana de la época.
Además, existen dos biografías griegas, que pueden verse en Migne, PG., vol.
XXXIX, pp. 13-25, y vol. CXVI, pp. 956-970. La colección de fragmentos de las
obras del santo que hay en Migne no es completa. Se hallarán otros fragmentos
en K. Holl, Amphilochius von Ikonium (1904), y G, Ficker, Amphilochiana (1906).
En Quasten,
Patrología, volumen II hay un capítulo dedicado al santo, con mayor
insistencia, desde luego, en al obra escrita.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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