miércoles, 23 de noviembre de 2016

Santa Lucrecia de Mérida, mártir - San Anfiloquio de Iconio, obispo (23 de noviembre)


Santa Lucrecia de Mérida, mártir

fecha: 23 de noviembre
†: s. IV - país: España
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa

Elogio: En Mérida, de Lusitania, santa Lucrecia, mártir.
No debe confundirse esta santa Lucrecia de Mérida con la más conocida santa Lucrecia, o Leocricia, de Córdoba, de la que habla san Eulogio a propósito de la persecución musulmana; entre una y otra median no menos de cuatro siglos. De la santa que veneramos hoy apenas si quedan noticias. Se sabe que existió en Mérida un templo dedicado a la santa, pero fue antes de la invasión musulmana en España, y no quedan de él rastros. D. Bernabé Moreno de Vargas (1576-1648) en su «Historia de la ciudad de Mérida» conjetura que ese templo puede haber estado donde, en su tiempo, estaba la ermita de Nuestra Señora de Loreto, lamentablemente desaparecida también, y cuyo emplazamiento es también objeto de conjeturas, cercano al Matadero Regional.
Lucrecia aparece mencionada en en Hieronymianum y en otros martirologios antiguos, en época de Diocleciano, y aunque no puede darse por completo seguro este dato, parece que fue martirizada bajo la presidencia de Daciano. Conocemos a este perseguidor porque en su viaje por la Península, en los primeros años del siglo IV, fue sembrando su camino de mártires cristianos, pero no se sabe con certeza el año en que estuvo en Mérida. Los autores antiguos dan fechas entre el 305 y el 308, pero parece que la mayor probabilidad es el 306 o después.
Se conserva una «passio» no auténtica, pero que expresa bien el tipo de las pasiones de mártires de los primeros siglos. En ella hay un diálogo que resume, si no las frases pronunciadas por uno y otro en aquel momento, sí la fortaleza de las mártires cristianas, débiles en su figura, pero llenas de una fortaleza sobrenatural; en efecto, viendo Daciano que todas las reconvenciones eran inútiles, dice: «...elige por último uno de estos dos extremos, o padecer como necia diferentes penas entre los sentenciados a muerte, o sacrificar a los Dioses como sabia y noble persona. A esto respondió Lucrecia: Sacrifica tú a los demonios, que yo solo ofrezco sacrificio al verdadero Dios y a Jesucristo, su único Hijo.»
Noticias tomadas de historia de la Ciudad de Mérida, de D. Bernabé Moreno de Vargas, pág 113-114, Madrid, 1633, y del «Suplemento á la última edición del año christiano del Padre Juan Croiset», tomo II, pág 338ss., por D. Juan Julián Caparrós, Madrid, 1743. La imagen, reproducida en varios santorales de internet, posiblemente no sea de santa Lucrecia de Mérida sino de la de Córdoba, mucho más difundida.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4275



San Anfiloquio de Iconio, obispo

fecha: 23 de noviembre
n.: c. 340 - †: 395 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En Iconio, de Licaonia, san Anfiloquio, obispo, que fue compañero en el desierto de los santos Basilio y Gregorio Nacianceno y también colega en el episcopado. Esclarecido por su santidad y doctrina, libró muchas batallas en favor de la fe católica.
refieren a este santo: Santa Olimpíada

San Anfíloco fue amigo íntimo de san Gregorio Nacianceno, su primo, y de san Basilio, aunque era más joven que ellos. Las cartas de esos dos santos a Anfíloco son nuestra principal fuente de información. Anfíloco nació en Capadocia; en su juventud fue retórico en Constantinopla, donde, según parece, tuvo dificultades económicas. Siendo todavía joven, se retiró a un sitio solitario de las proximidades de Nacianzo, junto con su padre, que era ya muy anciano. San Gregorio daba a su amigo un poco de grano a cambio de las legumbres de su huerto. En una carta se queja, en broma, de que siempre sale perdiendo en el negocio. El año 374, cuando tenía unos treinta y cinco años, Anfíloco fue elegido obispo de Iconium (actualmente Konya, en Turquía) y aceptó el cargo muy contra su voluntad. El padre de Anfíloco se quejó a san Gregorio de que le habían privado de su hijo. En su respuesta, el santo afirmó que no tuvo parte alguna en el nombramiento y que él también sufría al verse privado de su amigo. San Basilio, a quien probablemente se debía el nombramiento, escribió a Anfíloco una carta de felicitación; en ella le exhorta a no dejarse arrastrar nunca al mal, aunque esté de moda y existan otros precedentes, puesto que está llamado a guiar a los otros y no a dejarse guiar por ellos.
Inmediatamente después de su consagración, San Anfíloco fue a visitar a san Basilio en Cesarea. Allí predicó al pueblo y sus sermones fueron más apreciados que los de todos los extranjeros que habían predicado en la ciudad. San Anfíloco consultó frecuentemente a san Basilio acerca de diversos puntos de doctrina y disciplina y, gracias a sus ruegos, escribió san Basilio su tratado sobre el Espíritu Santo. San Anfíloco fue quien predicó el panegírico de san Basilio en sus funerales. Nuestro santo reunió en Iconium un concilio contra los herejes macedonianos, que negaban la divinidad del Espíritu Santo y, en el año 381, asistió al Concilio Ecuménico de Constantinopla contra los mismos herejes. Allí conoció a san Jerónimo, a quien leyó su propio tratado sobre el Espíritu Santo. Anfíloco pidió al emperador Teodosio I que prohibiese las reuniones de arrianos, pero el emperador se negó porque juzgaba demasiado rigurosa esa medida. Poco después fue el santo a palacio. Arcadio, que había sido ya proclamado emperador, estaba junto a su padre. San Anfíloco saludó a Teodosio e ignoró a su hijo. Cuando Teodosio se lo hizo notar, el santo acarició la mejilla de Arcadio. Teodosio montó en cólera. Entonces Anfíloco le dijo: «Veo que no soportas que se trate con ligereza a tu hijo. ¿Cómo puedes, pues, sufrir que se deshonre al Hijo de Dios?» Impresionado por esas palabras, el emperador prohibió poco después las reuniones públicas y privadas de los arrianos. San Anfíloco combatió también celosamente la naciente herejía de los mesalianos. Eran éstos maniqueos e iluminados, que ponían la esencia de la religión en la oración exclusivamente. El santo presidió en Sida de Panfilia un sínodo contra dichos herejes. San Gregorio Nacianceno llama a san Anfíloco «obispo irreprochable, ángel y heraldo de la verdad». El padre de nuestro santo afirmaba que curaba a los enfermos con sus oraciones.
Conocemos bastante bien a san Anfíloco, gracias a las referencias que se hallan en la literatura cristiana de la época. Además, existen dos biografías griegas, que pueden verse en Migne, PG., vol. XXXIX, pp. 13-25, y vol. CXVI, pp. 956-970. La colección de fragmentos de las obras del santo que hay en Migne no es completa. Se hallarán otros fragmentos en K. Holl, Amphilochius von Ikonium (1904), y G, Ficker, Amphilochiana (1906). En Quasten, Patrología, volumen II hay un capítulo dedicado al santo, con mayor insistencia, desde luego, en al obra escrita.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4276

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