San Pablo «el ermitaño», monje
eremita
fecha: 10 de enero
fecha en el calendario anterior: 15 de enero
n.: c. 228 - †: c. 341 - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 15 de enero
n.: c. 228 - †: c. 341 - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En la Tebaida, san
Pablo, eremita, uno de los primeros en abrazar la vida monástica.
Patronazgos: patrono
de colchoneros y canasteros.
Elías
y san Juan Bautista santificaron el desierto, y el mismo Jesucristo fue un
modelo de vida eremítica, durante sus cuarenta días de ayuno. Pero, aun
reconociendo que el Espíritu Santo impulsaba en la antigüedad a los santos a
vivir lejos de los hombres, hemos de considerar esto más como una vocación
particular, que como un ejemplo. Hablando en general, tal modo de vida está
lleno de peligros y sólo puede convenir a hombres muy bien fundados en la
virtud y familiarizados con la práctica de la contemplación.
San
Pablo había nacido en Egipto, en la baja Tebaida, y había perdido a sus padres
cuando tenía catorce años. Se distinguía por su conocimiento del griego y de la
cultura egipcia. Era bondadoso, modesto y temeroso de Dios. La cruel
persecución de Decio perturbó la paz de la Iglesia el año 250; el demonio
trataba no tanto de matar los cuerpos cuanto las almas con sus sutiles
artificios. Durante esos peligrosos días, Pablo permaneció oculto en la casa de
un amigo; pero al saber que un cuñado suyo, que codiciaba sus propiedades, se
aprestaba a denunciarle, huyó al desierto. Allí encontró unas cavernas que,
según la tradición, habían sido el taller de los acuñadores de moneda en la
época de Cleopatra, reina de Egipto. Escogió por morada una de dichas cavernas,
cerca de la cual había una fuente y una palmera. Las hojas de la palmera le
proporcionaban el vestido, su fruto el alimento y la fuente le daba el agua.
Pablo tenia veintidós años cuando llegó al desierto. Su primer propósito había
sido el de gozar de libertad para servir a Dios durante la persecución; pero,
habiendo gustado las dulzuras de la contemplación en la soledad, resolvió no
volver jamás a la ciudad y olvidar totalmente el mundo. Bastante tenía con
saber que el mundo existía y con orar por su conversión. Pablo vivió del fruto
de la palmera hasta los cuarenta y tres años. Desde entonces hasta su muerte,
fue milagrosamente alimentado, como Elías, por el pan que le traía cada día un
cuervo. Ignoramos en qué forma vivió y se ocupó hasta su muerte, ocurrida
cuando tenía noventa años; pero Dios se encargó de dar a conocer a su siervo
después de su muerte.
El
gran san Antonio,
que contaba entonces noventa años, fue asaltado por una tentación de vanidad.
El diablo le hacía creer que nadie había servido a Dios tantos años como él en
la soledad, inclinándole a imaginar que él había sido el primero en adoptar tan
extraordinaria forma de vida. Pero Dios le reveló en un sueño que estaba equivocado,
y le ordenó partir inmediatamente en busca de un solitario con más perfecciones
que él. El santo se puso en marcha en cuanto amaneció. San Jerónimo relata que
san Antonio encontró en el camino a un centauro, mitad caballo y mitad hombre,
y que el monstruo o fantasma (san Jerónimo no se atreve a determinarlo)
desapareció cuando el santo trazó la señal de la cruz, no sin antes haberle
indicado el camino que debía seguir. El mismo autor añade que san Antonio
encontró poco después a un sátiro, quien le dio a entender que habitaba en el
desierto y que era uno de los seres a quienes los paganos adoraban como
divinidades. [Los cristianos de la época no eran menos crédulos que los
paganos. Plutarco narra en su vida de Sila que un sátiro fue transportado a
Atenas para que lo viese dicho general. San Jerónimo cuenta que en Alejandría
existió un sátiro vivo, que fue embalsamado después de su muerte y enviado a
Antioquía para que lo viera Constantino. Plinio y otros autores afirman que
había gentes que habían visto a los centauros.] Tras dos días de
búsqueda, san Antonio descubrió la morada de san Pablo, gracias a una luz que
guió sus pasos hasta la entrada. Muchas veces llamó san Antonio a la puerta de
la celda, y san Pablo le abrió por fin, con la sonrisa en los labios. Los dos
santos se abrazaron y se llamaron por sus nombres, que conocieron por
revelación divina. San Pablo preguntó si la idolatría reinaba aún en el mundo.
Mientras se hallaban conversando, un cuervo vino volando hacia ellos y dejó
caer una pieza de pan. San Pablo dijo: «Nuestro buen Señor nos manda la comida.
Durante los últimos sesenta años yo he recibido cada día media pieza de pan en
esta forma. Como tú has venido a visitarme, Cristo ha doblado la ración para
que nada falte a sus servidores». Habiendo dado gracias a Dios, se sentaron a
comer junto a la fuente. Pero surgió una ligera discusión entre ellos para
determinar quién de los dos debía partir el pan. San Antonio hacía valer la
mayor edad de san Pablo, y éste a su vez alegaba que san Antonio era su
huésped. Finalmente, decidieron partir el pan entre los dos. Al terminar la
comida bebieron un poco de agua, y pasaron toda la noche en oración.
A
la mañana siguiente, san Pablo anunció a su huésped que se acercaba la hora de
su muerte y que Dios le había enviado para que se encargase de darle sepultura:
«Ve a traer la túnica que te regaló Atanasio, el obispo de Alejandría -le
dijo-, porque quiero que en ella envuelvas mi cadáver». Esto era probablemente
un simple pretexto para permanecer solo, en oración, hasta el momento en que
Dios le llamara a Sí, y también para mostrar su veneración por Atanasio y la
gran estima en que tenía la fe y la comunión de la Iglesia católica, por la que
el santo obispo sufría entonces grandes pruebas. San Antonio se sorprendió al
oírle mencionar esa túnica, cuya existencia sólo podía conocer por revelación.
Cualquiera que haya sido el motivo por el que quería ser enterrado con ella,
san Antonio se acomodó a su deseo y partió apresuradamente a su monasterio para
traerla. Más tarde confesaba a sus monjes que él no era más que un simple
pecador que se decía siervo de Dios, pero que le había sido dado ver a Elías y
a Juan Bautista en el desierto. Habiendo tomado la túnica, volvió a toda prisa,
temeroso de encontrar a Pablo ya muerto, como sucedió en efecto. Cuando se
hallaba todavía en camino, Dios permitió que viera subir al cielo el alma de
san Pablo, acompañada de coros de ángeles, profetas y apóstoles. Aunque se
alegró por el santo, no pudo dejar de entristecerse por haber perdido un tesoro
tan recientemente descubierto. En la cueva encontró el cadáver del santo,
arrodillado, con las manos extendidas en cruz. Viéndole en tal posición, creyó
que estaba aún vivo y, lleno de gozo, se arrodilló a orar con él. El silencio
total de san Pablo le hizo pronto comprender que estaba muerto. Mientras san
Antonio se preguntaba cómo podría cavar la tumba, dos leones se acercaron
quedamente, como si estuvieran tristes, y abrieron un agujero con sus zarpas.
San Antonio depositó ahí el cadáver, cantando los salmos del ritual de la
Iglesia en aquel tiempo. Después volvió a su monasterio alabando a Dios, y
relató a sus monjes lo que había visto y hecho. Hasta su muerte conservó como
un tesoro la vestidura de san Pablo, tejida de hojas de palmera y él mismo la
revestía en las grandes festividades. San Pablo murió el año 341 a los ciento
trece de su edad y a los noventa de vida eremítica. Se le conoce generalmente
con el título de «el primer ermitaño», para distinguirle de los otros santos
del mismo nombre. Los ritos copto y armenio le conmemoran en el canon de la
misa.
El
resumen de la vida de san Pablo que Butler nos ofrece en este artículo está
tomado de la breve biografía editada en latín por san Jerónimo, muy conocida en
Occidente. Aunque es cosa muy discutida, no es imposible que san Jerónimo se
haya prácticamente limitado a traducir un texto griego, del que existen
versiones en sirio, en árabe y en copto, y que está plagado de datos fabulosos.
Sin embargo, es cierto que san Jerónimo consideraba esa biografía como
sustancialmente histórica. El original griego parece haber sido un suplemento
destinado a corregir la Vida de san Antonio escrita por san Atanasio. Sobre
este punto ver F. Nau, Analecta Bollandiana, vol. XX (1901), pp. 121-157. Los dos
principales textos griegos han sido editados por J. Bidez (1900), los textos
sirio y copto por Pereira (1904). Cf. también J. de Decker, Contribution a
l´étude des vies de Paul de Thebes (1905); Plenkers, en Der Katholik (1905),
vol. II, pp. 294-300;
Schiwietz, Das morgenlandische Monchtum (1904), pp. 49-51; Cheneau
d"Orléans, Les Saints d´Egypte (1923), vol. I, pp. 76-86. R.
Draguet, Les Peres du désert (1949) tradujo al francés la vida de san Pablo
escrita por san Jerónimo; cf. H. Waddell, The Desert Fathers (1936), pp.
35-53.). Hay accesible en español una buena traducción reciente de la "Vida de
san Pablo" por san Jerónimo, editada por Cuadernos
Monásticos.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant
2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_120
San Melquíades, papa
fecha: 10 de enero
fecha en el calendario anterior: 10 de diciembre
†: 314 - país: Italia
otras formas del nombre: Miltiades, Milcíades
canonización: pre-congregación
hagiografía: Catholic Encyclopedia
fecha en el calendario anterior: 10 de diciembre
†: 314 - país: Italia
otras formas del nombre: Miltiades, Milcíades
canonización: pre-congregación
hagiografía: Catholic Encyclopedia
Elogio: En Roma, en el
cementerio de Calixto, en la vía Apia, san Melquíades, papa, oriundo de África.
Conoció la paz concedida por el emperador Constantino a la Iglesia, pero
víctima de los ataques de los donatistas, se distinguió por sus esfuerzos
encaminados a obtener la concordia.
refieren
a este santo: San Inocencio de
Tortona
Se
desconoce su año de nacimiento, pero fue elegido en el 310 o 311, y murió el 10
u 11 de enero del 314. Después del destierro del papa san Eusebio,
la sede romana permaneció vacante por cierto tiempo, probablemente por las
complicaciones del problema de los apóstatas, que había motivado el destierro
de Eusebio (ver el artículo sobre él), y que no había quedado aclarado con el
alejamiento del papa y de Heraclio, el instigador de la revuelta. El 2 de julio
del 310 o 311, Melquíades, nativo de África, fue elevado al papado. Se
desconoce el año exacto ya que el Catálogo Liberiano dice 2 de julio del 311
(«ex die VI non. iul. a cons. Maximiliano VIII solo, quod fuit mense septembri
Volusiano et Rufino»), pero en contradicción con este dato, se dice que su
muerte ocurrió el 2 de enero del 314, luego de un pontificado que duró «tres
años, seis meses y ocho días», lo que llevaría al 310. Lo más probable es que
se trate de un error de copista, y que haya querido decir que el pontificado
duró II años, no III, por lo que la fecha correcta sería el 311.
En
este tiempo (el 310 o el 311) se promulgó un edicto de tolerancia firmado por
los emperadores Galerio, Licinio y Constantino, poniendo fin a la gran
persecución, y permitiendo que se reconstruyera la vida religiosa cristiana.
Solamente en los pueblos del Oriente que estaban bajo el mando de Máximo Daia
el cristianismo constinuó siendo perseguido. El emperador dio al papa
Melquíades el derecho de recibir nuevamente, a través del prefecto de la
ciudad, todos los edificios eclesiásticos y posesiones que habían sido
confiscadas durante la persecución. Los dos diáconos romanos, Estratón y
Casiano, fueron comisionados por el papa para discutir esta cuestión con el
prefecto y recibir las propiedades eclesiásticas, lo que hizo posible
reorganizar a fondo la administración eclesiástica y la vida religiosa de los
cristianos en Roma.
Melquíades
hizo traer de Sicilia a Roma los restos de su predecesor, Eusebio, y los hizo
enterrar en una cripta del cementerio de Calixto. Al año siguiente el papa fue
testigo del triunfo de la Cruz, con la vistoria sobre Majencio (victoria de
Puente Milvio, 27 de octubre del 312), y la entrada en Roma del emperador
Constantino, vuelto cristiano. Más tarde el emperador regaló a la Iglesia
romana el palacio de Letrán, que vino a ser residencia de los papas, y por
consecuencia, la sede de las sedes de la administración de la Iglesia romana.
la basílica que estaba adjunta al palacio, o que fue construida después, vino a
ser la iglesia principal de Roma.
En
el 313 los donatistas (movimiento rigorista surgido en África encabezado por el
obispo Donato) apelaron a Constantino para que nombrara obispos de la Galia
como jueces para dirimir la controversia en el episcopado africano en relación
a la consagración en Cartago de dos obispos, Ceciliano (rechazado por los
donatistas) y su oponente, Majorino. Ceciliano había cedido a la presión de las
torturas en la persecución, y luego se arrepintió y volvió a la comunión de la
Iglesia; pero los donatistas consideraban que quien se había hecho indigno por
la caída, no podía celebrar los sagrados misterios, y mucho menos ser
consagrado obispo. Constantino escribió acerca de esto a Melquíades y a Marcos,
pidiendo al papa que reuniera en Roma tres obispos de la Galia para escuchar a
Ceciliano y a su oponente, y decidir el caso. El 2 de octubre del 313, reunido
en el palacio lateranense, bajo la presidencia de Melquíades, un sínodo de
dieciocho obispos de Galia e Italia, luego de una deliberación de tres días
sobre los argumentos donatistas, decidieron a favor de Ceciliano, cuya elección
y consagración como obispo de Cartago fue declarada legítima.
El
«Liber Pontificalis» -libro con biografías de los papas editado hacia el siglo
VII, que contiene muchas inexactitudes históricas, aunque es a menudo la única
fuente disponible- señala que en época de Melquíades había algunos maniqueos en
Roma; efectivamente es posible que los maniqueos hayan comenzado a desplazarse
hacia Occidente en el siglo IV. También atribuye a Melquíades dos decretos: uno
en el que prohibe absolutamente el ayuno los días jueves y domingos, «quia eos
dies pagani quasi sacrum ieiunium celebrabant» («porque en esos días los
paganos celebraban un ayuno sagrado»); la razón probablemente no proviene de la
época de Melquíades, sino de la más tardía del autor del «Liber Pontificalis»
(en la que ya se había perdido memoria de las costumbres paganas en Roma). El
mismo libro no es menos arbitrario en atribuir a Melquíades un decreto según el
cual la Oblación consagrada en las misas solemnes del papa (es decir, el pan
eucarístico) debía repartirse a las diversas iglesias de Roma. Esta costumbre
es propia de la Iglesia romana, pero no hay nada en firme que permita
remontarla hasta Melquíades, como afirma el «Liber Pontificalis».
Después
de su muerte, ocurrida el 10 u 11 de enero (el «Catálogo Liberiano» dice «III
id. jan.», mientras que la «Depositio Episcoporum» trae «IIII id. jan.») del
314, Melquíades fue enterrado en la catacumba de san Calixto, y fue venerado
como santo. El «Martyrologium Hieronymianum» lo inscribe el 10 de enero, y así
lo vuelve a inscribir el nuevo Martirologio Romano, luego de que el antiguo lo
recordara el 10 de diciembre.
Liber Pontificalis, ed
Duchesne, I, 168-196; Urbain Ein Martyrologium der christl. Gemeinde zu Rom
(Leipzig, 1901), 118-119; Langen, Geschichte der römischen Kirche, I, 328 sqq.;
Allard, Histoire des persécutions, V, 200, 203; Duchesne, Histoire ancienne de
l'Église, II, 96, 97, 110-112. Traducido para ETF, con algunos pocos
cambios, del artículo de J.P. Kirsch en la Catholic Encyclopedia.
fuente: Catholic Encyclopedia
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ingreso o última modificación relevante: ant
2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_119
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