Date el gusto de vivir
El Reino de Dios
está aquí y es ahora. Es posible que hayas ganado el mundo con el aplauso,
pero perdiste la vida. La vida es algo que pasa mientras tú estás ocupado
haciendo cosas. No te has dado nunca el placer de vivir y vas a llegar
inconsciente hasta la muerte, sin ser nunca libre como el pájaro que planea
majestuoso, viviendo y siendo.
Se dice que un gran
sabio le dijo a un emperador romano: "Cuando llegue el día de tu muerte,
morirás sin haber vivido." Despertemos, para que este epitafio no sirva
para nuestra tumba. ¡Qué bien se siente uno haciendo lo que quiere! Deja,
mientras, a los burros que se reúnan para criticarte. El ser libre y estar
despierto a la realidad te permite vivir como un rey. Si tú eres el rey de la
Creación, ¿qué te importan el ministro, el cardenal o el presidente?
No hay más que
distanciarse uno de sí mismo -como santa Teresa y darte cuenta de cuándo actúa
la programación en ti y de cuándo eres tú mismo. Al darte cuenta de tu programación
y de cómo actúa a través de ti, ya te has disociado de ella, y ya no tiene fuerza
sobre ti, ya no te puede, porque tú eres algo muy distinto a tu programación;
ella no es más que una forma de expresión que usas por hábito, pero nada tiene
que ver contigo. Entonces, cuando observas esos hábitos, los tomas con humor:
"¡Ya se me pasará!" Y entonces ya no estás molesto, porque a tu yo
verdadero no lo afecta.
La vida se escapa y
hay que aprovecharla hasta el fondo. Importa fijarse en la ofensa, para
aprender, pero no en el ofensor, que actúa por su programación.
Se cuenta de un oso
al que metieron en una jaula de seis metros de largo, que caminaba de un lado
a otro, sin parar. Al cabo de un año le quitaron la jaula y el animal seguía
paseando los mismos seis metros, ida y vuelta, incapaz de ir más allá. Se
había acostumbrado. Así, los hombres somos incapaces de salir del espacio de
la programación.
La
sociedad enseña a estar siempre insatisfecho, para dominarte y controlarte.
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