martes, 18 de noviembre de 2014

Ejercicio 1(AUTOLIBERACIÓN INTERIOR) Anthony de Mello


Ejercicio 1

Acordémonos del camello que creía estar atado. ¿Cuáles son las cosas que me causan miedo? Ordinariamente, re­sulta más fácil romper las paredes de cemento que las de tu mente. Es que el hombre no quiere salir de la cárcel por­que prefiere lo conocido al cambio. Le es más cómodo hacer lo acostum­brado.

Tu miedo brota de la manera que tie­nes de ver las cosas y de las consignas de tu mente. Analiza sinceramente, so­segadamente, cuáles son tus cárceles imaginarias y el porqué de tus miedos. Cuestiónalo todo y saca la realidad que hay detrás de los cuestionamientos. El día en que sientas el vacío de quedarte sin nada a qué agarrarte, ¡buena señal! Entonces ya puedes comenzar a cons­truir con realidad.

Las fronteras sólo estaban en tu mente, como las fronteras que querían que yo viese desde el avión. Eso es que­rer fragmentar la realidad, y la realidad es global, es unidad. En cuanto me creo indio, inglés, catalán, vasco o castella­no, soy un producto de mi cultura, y como tal pienso y actúo como una má­quina, como un robot. Hay que ver y obrar por propia visión y libre albedrío. ¿Es que el fin justifica los medios? La realidad no conoce fronteras y la natu­raleza tampoco. Tu esencia, tu ser, no es ser español, ni catalán, ni francés. Entre tú y el otro tampoco hay fronte­ras, porque ambos pertenecéis a la uni­dad. Lo que ocurre es que, de no tener palabras, no habría cosas; por eso, la realidad se capta mejor en el silencio. Se capta fluida, en movimiento.

Estúdiate a ti mismo y estudia las reacciones que se disparan en ti ante las cosas.

Ver las cosas y las personas sin nom­bre, sin conceptos, tal como son en cada instante.

El día que veas a un niño emboba­do, atento y admirado de ver volar un pájaro, si vas y le enseñas la palabra "pájaro" para definirlo, el niño se que­dará con la palabra pero dejará de ver al pájaro. Krisnamurti dice: "¿Veis cómo los niños miran con admiración a los pájaros? Si les dices un nombre, creerán que todos los pájaros son igua­les, puesto que tienen el mismo nom­bre." Son los nombres los que fijan las cosas. Si no sabemos el nombre de una cosa, nos sentimos desasosegados, como si necesitásemos clasificarla.

Hay que entender que los nombres se les ponen a las cosas porque es ne­cesario en la práctica, pero que es muy peligroso quedarnos en el nombre, como en el concepto, porque es así como funciona la ciencia del bien y del mal, que clasifica sin profundizar. Hay que vomitar la ciencia del bien y del mal -como hacían los místicos- para volver a entrar en el Paraíso.

 

Prueba a verte a ti mismo con ojos nuevos, luego a las personas más cercanas, luego la naturaleza y, así, estarás más cerca de poder ver a Dios.

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