Ejercicio 2
Mira todo lo que
alcance tu vista sin poner ningún nombre. Pasa más allá del concepto y ve la
realidad que hay detrás de cada cosa, sin fragmentación, englobando, tratando
de descubrir la unidad. No podrás explicarlo con palabras. No existen las
etiquetas para la realidad. Por eso, al místico no le dan ganas de hablar.
¿Cómo explicaría el mundo que él descubre viviendo metido en la realidad que
le descubre la sabiduría? Sólo te cuenta parábolas, para ver si saca su
esencia.
Eso mismo hacen los
poetas. León Felipe dice: "La distancia entre un hombre y la realidad es
un cuento." El poeta, por medio de un cuento, te hace captar una realidad
sin etiquetas. No se puede narrar lo inefable sin disparates que parecen sin
sentido, que van más allá de los conceptos, como ocurre en los Evangelios.
Lo que nos narran
los Evangelios es un misterio, pero luego, la Iglesia ha querido encerrar ese
misterio en una cárcel de conceptos y normas. Si no eres capaz de expresar la
esencia del árbol con el nombre árbol, ¿cómo vas a tratar de expresar a Dios?
"El que sabe, no dice. El que habla, no sabe": esto dicen en Oriente.
El mismo idioma
constituye una forma de programar a las personas. En realidad, nadie tiene la
capacidad de ofenderme. Lo que me ofende es la forma en que interpreto el
lenguaje. Ocurre cuando yo relaciono esa palabra que has dicho con una imagen
determinada o un concepto. Es la etiqueta que lleva colgada la palabra.
Sólo algo de la
realidad queda desvelado por la palabra que empleamos continuamente, y con esa
fracción nos movemos, sin indagar dónde queda lo demás. Hasta los científicos
reconocen no conocer más que una parte pequeñísima de la realidad. Algo nos
dan a conocer el concepto y la palabra, pero el movimiento, la inmensidad, el
no poder expresarla ni encajarla, ni definirla, eso, lo tenemos que deformar
cuando queremos expresarlo con palabras.
El ciego, cuando le
describen con palabras lo que es el color amarillo, no tiene ni la menor
conciencia de cómo es ese color. Para comprender la realidad, el místico hace
como el pájaro, no se agarra a nada. La realidad no se deja encerrar en
fórmulas.
Todas las
religiones creen, o quieren tener la verdad, poseer toda la verdad. La
Realidad, la Verdad, por ser Una, no es de nadie en exclusiva, porque es de
todos, pero menos lo es de los que quieren cristalizarla, porque eso que se
deja atrapar, ya no es Verdad.
"Cuando el
sabio señala la Luna, el necio se queda mirando el dedo." Eso es lo que
ocurre con las religiones cuando quieren atrapar la verdad. E igual ocurre con
los idealistas en política, y en cualquier campo en que se trata de poseer la
verdad.
El terrorista es un
hombre programado para morir por su tierra, por su política, por su religión
o por algo que cree su verdad. Y lo hace creyendo liberar el mundo y encontrar
en ello la felicidad. Y lo único que ocurre es que son unos adoctrinados: no
conocen la sabiduría. Es posible que alguno no lo sea, pero la mayoría son
producto de un fanatismo proporcionado por su programación cultural o
religiosa. Y lo peor es que no tienen la menor conciencia del daño que, con su
fanatismo, pueden hacer.
Los adoctrinados
dieron pie a cosas tan crueles como quemar en la hoguera a los considerados
herejes o brujas, en nombre de su religión fanática. La verdadera religión
tendría que liberarnos, quitarnos miedos y no esclavizarnos.
¿No predicamos que
la eucaristía es un banquete de amor? La religión ha querido sacar -traspasar-
relatos del Evangelio al pie de la letra. Si hubiésemos nacido en Oriente, nos
daríamos cuenta en seguida de que las parábolas del Evangelio, y muchos hechos
narrados en él, son sólo como cuentos para que extraigamos de ellos la
realidad.
Allí se habla de
ti. Cuando plantea si eres cabrito u oveja, no se refiere a los demás, sino a
ti. Y cuando menciona los terrenos áridos, pedregosos o con espinas, no se
refiere a diferentes personas, sino a que tú analices cuánto tienes de árido,
de pedregoso, de espinoso y también de buena tierra que da el ciento por uno.
La Buena Nueva no
está hablando de un mundo separado, sino de ti, y te anuncia que todo lo malo
se destruirá y lo bueno aflorará. Pero si, en vez de esto, predicamos miedo y
reglas terroríficas, ¿qué Buena Nueva es ésa? Jesús trataba de liberar de la
opresión a la gente.
La mayoría de las
personas religiosas son idólatras. Todas las cosas que se dicen de Dios, si
las tomáramos al pie de la letra, ¿a dónde nos conducirían? ¿Qué tipo de Dios
predicamos? Hay que tener cuidado, pues si no cuestionamos todo, fácilmente caeremos
en esa idolatría.
Dios es tan
inefable que no se puede explicar. Dios es lo Incomprensible. El Misterio
absoluto. Al olvidarnos de esto, formamos un ídolo de conceptos. Dios se
manifiesta en la vida, y la vida, si la metemos en conceptos, nos resulta tan
misteriosa como Dios. Sólo podemos conocer la vida viviendo, y a Dios sólo
llegamos viviendo y conociéndonos.
San Juan de la Cruz
se pregunta: ¿Qué hacemos nosotros al hablar de Dios? Él intuye la
imposibilidad de encerrar a Dios en palabras y sólo lo expresa con poesía.
Sólo con analogías que en nada se parecen. Santo Tomás de Aquino dice:
"Todo el intelecto humano es incapaz de describir la esencia de una
hormiga. ¡Cuánto más la esencia de Dios!" Pero quizá mirando la esencia de
esa hormiga podamos acercarnos a la esencia de su Creador. Las ideas son las
que nos confunden y pueden ser un gran obstáculo para conocerlo.
Las mismas
preguntas que se hacen acerca de Dios, son absurdas. Dionisio -el místico-
dice: "Él no es luz ni tinieblas; no es persona, ni bueno, ni malo, ni
esta cosa ni la otra, pues a Él no se lo puede encerrar en una palabra."
A Krisnamurti lo
quisieron entronizar como jefe de la orden que lo había educado, pero él, en
el discurso que dijo el día que lo querían entronizar, desbarató todo al decir:
"No me podéis seguir a mí, ni a nadie. El día que sigáis a una persona,
dejará de existir la verdad." Si seguimos a alguien nos quedamos con la
fórmula; hay que ser iluminado, no seguir a los iluminados. Hay que mirar la
Luna, y no quedarse mirando el dedo.
Quizá una
prostituta pueda entrar en el Cielo antes que una monja porque la prostituta, a
fuerza de vivir y conocer la vida, puede llegar a amar, pero la monja puede,
por buscar amar a Dios, dejar de amar a todo el mundo.
"Cuando el ojo
no está bloqueado, el resultado es la visión. Cuando el oído no está bloqueado,
el resultado es poder escuchar, y cuando la mente no está bloqueada, el
resultado es la verdad." Cuando el corazón no está bloqueado ya existe el
amor, y cuando no hay apego en la persona, ya existe la felicidad. Bien
mirado, el ateo no existe, pues si no podemos concebir ni expresar a Dios,
tampoco podemos negarlo. No se niega lo que no se conoce. Los ateos, lo que
niegan son los conceptos.
La vida no tiene
sentido para unos, pues la ley de la vida, como la de la selva, desborda toda
forma y todo concepto; pero para los místicos, el fondo de la vida -la
realidad- es un campo maravilloso, inagotable de luz, de amor, de paz y
felicidad. ¿Cómo explicar esto?
Hay
que ver y obrar por propia visión y libre albedrío.
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