miércoles, 12 de noviembre de 2014

Odiarse a sí mismo (AUTOLIBERACIÓN INTERIOR) Anthony de Mello


Odiarse a sí mismo

En el corazón de cada joven existe un trono que le ha sido usurpado. Cuan­do se restituya ese trono, el joven esta­rá curado. Hay que aprender sólo porque se quiere aprender, y para ello hay que respetar y salvaguardar la curiosi­dad innata del niño. De adentro viene la demanda. Al niño le gusta la ense­ñanza, lo que rechaza es el método y la manipulación.

Al niño se le enseña desde pequeño a odiar su cuerpo. Se le hace sentir ver­güenza por ciertas partes de su cuerpo. Y es nuestra cultura quien lo hace. En las tribus no hay problemas de viola­ción ni de infidelidad, porque no exis­ten traumas sexuales.

Si no hubiera ley no habría pecado. La ley sólo sirve para las personas pro­gramadas, para las libres no. No se pue­de comenzar la vida con autodesprecio. Los niños van pasando de una expe­riencia a otra cuando se sacian de la anterior. Si tú detienes esa experiencia, se la cortas, haciéndole creer que es algo malo. No sólo provocas un miste­rio y rompes una evolución natural, sino que habrás metido en él un miedo a algo que desconoce, porque no exis­te una razón convincente para hacerlo. Si le dices que está mal, lo habrás in­troducido en la ley expulsándolo del Paraíso.

Si yo logro que te odies a ti mismo, me será más fácil dominarte, domesti­carte; y eso es lo que hace nuestra mal llamada educación. La sociedad te en­seña a estar siempre insatisfecho, para dominarte y controlarte. Con ello, la sociedad se ha beneficiado, pero ha pa­gado un precio muy alto: la guerra. Nunca podrás amar a los demás si te detestas a ti mismo. El amor significa no hacer violencia y respetar la liber­tad. El amor es: yo estoy de tu lado, no estoy en contra de ti.

Los niños crecen con la sensación de que los padres están en su contra. Si tú no haces violencia al niño, él tampoco tendrá ganas de ser violento con nadie.

Lo primero para cambiar al niño reprimido es destruirle la conciencia, la ley que le impusieron. La conciencia del bien y del mal es lo contrario de la toma de conciencia. La toma de con­ciencia es la sensibilización, la sensi­bilidad que no necesita la conciencia. Si eres consciente estás despierto y sen­sible a todo.

 

Tendremos que aprender a llamar las cosas por su nombre para no engañarnos.

 

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