Odiarse a sí mismo
En el corazón de
cada joven existe un trono que le ha sido usurpado. Cuando se restituya ese
trono, el joven estará curado. Hay que aprender sólo porque se quiere
aprender, y para ello hay que respetar y salvaguardar la curiosidad innata del
niño. De adentro viene la demanda. Al niño le gusta la enseñanza, lo que
rechaza es el método y la manipulación.
Al niño se le
enseña desde pequeño a odiar su cuerpo. Se le hace sentir vergüenza por
ciertas partes de su cuerpo. Y es nuestra cultura quien lo hace. En las tribus
no hay problemas de violación ni de infidelidad, porque no existen traumas
sexuales.
Si no hubiera ley
no habría pecado. La ley sólo sirve para las personas programadas, para las
libres no. No se puede comenzar la vida con autodesprecio. Los niños van
pasando de una experiencia a otra cuando se sacian de la anterior. Si tú
detienes esa experiencia, se la cortas, haciéndole creer que es algo malo. No
sólo provocas un misterio y rompes una evolución natural, sino que habrás
metido en él un miedo a algo que desconoce, porque no existe una razón
convincente para hacerlo. Si le dices que está mal, lo habrás introducido en
la ley expulsándolo del Paraíso.
Si yo logro que te
odies a ti mismo, me será más fácil dominarte, domesticarte; y eso es lo que
hace nuestra mal llamada educación. La sociedad te enseña a estar siempre
insatisfecho, para dominarte y controlarte. Con ello, la sociedad se ha
beneficiado, pero ha pagado un precio muy alto: la guerra. Nunca podrás amar a
los demás si te detestas a ti mismo. El amor significa no hacer violencia y
respetar la libertad. El amor es: yo estoy de tu lado, no estoy en contra de
ti.
Los niños crecen
con la sensación de que los padres están en su contra. Si tú no haces violencia
al niño, él tampoco tendrá ganas de ser violento con nadie.
Lo primero para
cambiar al niño reprimido es destruirle la conciencia, la ley que le
impusieron. La conciencia del bien y del mal es lo contrario de la toma de
conciencia. La toma de conciencia es la sensibilización, la sensibilidad que
no necesita la conciencia. Si eres consciente estás despierto y sensible a
todo.
Tendremos
que aprender a llamar las cosas por su nombre para no engañarnos.
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