San Alejo, el hombre de Dios, peregrino
fecha: 17 de julio
†: s. IV - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: s. IV - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Roma, en la basílica situada en el
monte Aventino, se celebra con el nombre de Alejo a un hombre de Dios que, como
cuenta la tradición, abandonó su opulenta casa para vivir como un pobre,
mendigando limosna.
patronazgo: patrono de los peregrinos, mendigos,
vagabundos y enfermos; protector en terremotos, rayos y tormentas, y contra la
peste y la pestilencia.
refieren a este santo: San Guido o Guy
Se cuenta que a principios del siglo V,
vivía en Edesa de Siria un mendigo a quien el pueblo veneraba como a un santo.
Después de su muerte, un autor anónimo escribió su biografía. Como ignoraba el
nombre del mendigo, le llamó simplemente «el hombre de Dios». Según ese
documento, el hombre de Dios vivió en la época del obispo Rábula, quien murió
el año 436. El mendigo compartía con otros miserables las limosnas que recogía
a las puertas de las iglesias y se contentaba con lo que sus compañeros le
dejaban. A su muerte, fue sepultado en la fosa común. Pero antes de morir,
reveló a un enfermero del hospital, que él era el único hijo de un noble
romano. Cuando el obispo se enteró del caso, mandó exhumar el cadáver, pero no
se encontraron más que los andrajos del hombre de Dios y ningún cadáver. La
fama del suceso se extendió rápidamente.
Antes del siglo IX, se había dado en
Grecia el nombre de Alejo al hombre de Dios, y san José el Himnógrafo (+ 833)
dejó escrita en un «kanon» la leyenda, adornada, naturalmente, con numerosos
detalles. Aunque se tributaba ya cierto culto al santo en España, la devoción a
san Alejo se popularizó en Occidente gracias a la actividad de un obispo de
Damasco, Sergio, desterrado a Roma a fines del siglo X. Dicho obispo estableció
en la iglesia de San Bonifacio del Aventino un monasterio de monjes griegos, y
nombró a san Alejo copatrono de la iglesia. Como se decía que san Alejo era
romano, el pueblo adoptó pronto la leyenda y, desde entonces, el santo ha sido
muy popular. Se cuenta que en el siglo XII la leyenda de san Alejo ejerció
profunda influencia sobre el hereje Pedro Waldo. En el siglo XV, los «Hermanos
de San Alejo» le eligieron por patrono y, en 1817, la congregación de los
Sagrados Corazones de Jesús y de María le nombró patrono secundario. También en
el Oriente le profesa el pueblo gran devoción y aun le llama «el hombre de
Dios».
La leyenda de este predecesor de san José Benito
Labre, que tiene también cierto parecido con san Juan
Calibites, puede resumirse así, por lo menos tal como circula en
Occidente: san Alejo era el hijo único del rico senador romano Eufeimo y de su
esposa Aglaé. Nació y pasó su juventud en Roma, en el siglo V. Sus padres le
enseñaron, con el ejemplo, que las riquezas que se reparten entre los pobres
constituyen un tesoro en el cielo y un tesoro colmado y desbordante. Así pues,
Alejo socorría desde niño a cuantos necesitados encontraba, considerándolos
como benefactores por el hecho de recibir su ayuda. Temiendo que una vida de
honores le distrajese del fin principal de la existencia, Alejo determinó
renunciar a todas las cosas y retirarse del mundo. Por dar gusto a sus padres
se casó con una rica joven, pero el mismo día del matrimonio partió de Roma,
con el consentimiento de su esposa. Disfrazado de mendigo, llegó hasta Siria,
donde vivió en extrema pobreza en una miserable casucha contigua a la iglesia
de la Madre de Dios, en Edesa. Así pasó diecisiete años, hasta que una imagen
de la Santísima Virgen habló para revelar al pueblo la santidad de su siervo, a
quien calificó de «el hombre de Dios». Entonces, san Alejo huyó nuevamente a
Roma para escapar a los honores. Su padre no le reconoció, pero le recibió como
criado y le permitió habitar en una covacha. debajo de la escalera. Así vivió
Alejo otros diecisiete años en la casa de su madre, soportando con paciencia y
en silencio que le tratasen como criado. Después de su muerte, se encontró un
escrito en el que revelaba su verdadera identidad y relataba su vida.
Algunos de los caminos extraordinarios que
el Espíritu Santo emplea para santificar a ciertos privilegiados son más
admirables que imitables. Pero la vida del santo es también un ejemplo
excelente de la manera como una leyenda crece y se deforma con el tiempo.
Fijémonos simplemente en ciertos puntos: por ejemplo, la fuga de Alejo el día
mismo del matrimonio es un incidente muy común en los anales hagiográficos.
Evidentemente, un hombre sensato que no quiera casarse, no espera hasta el día
del matrimonio para huir; pero, naturalmente, el dato de que aguarde hasta el
día del matrimonio impresiona más la imaginación popular. Otro ejemplo: la
imagen que revela al pueblo la santidad del hombre de Dios, ofrece al
hagiógrafo un pretexto edificante para hacer volver al personaje a su país
natal.
Aunque en 1217 se encontraron unas
reliquias en la iglesia de San Bonifacio, en Roma, lo único cierto que sabemos
sobre San Alejo es que vivió (si es que existió), murió y fue sepultado en
Edesa. Ningún martirologio antiguo y ningún libro litúrgico romano menciona el
nombre de san Alejo, el cual, según parece, era desconocido en la Ciudad Eterna
hasta el año 972. No hubo nunca ninguna aprobación oficial del culto, sin
embargo, la inclusión en la última edición del Martirologio Romano puede
tomarse como un cierto aval.
A. Amiaud editó en «La légende syriaque de
S. Alexis» (1889) el texto sirio del siglo V, en el que se narra que el «hombre
de Dios» reveló antes de morir que había nacido en Roma. En Analecta
Bollandiana, vol. XIX (1900), pp. 241-256, se halla el texto de la versión
griega más conocida; según parece, el texto griego fue redactado en Roma. Las
versiones latinas pueden verse en Acta Sanctorum, julio, vol. IV. La literatura
sobre el tema es enorme. Merecen especial mención los artículos de Poncelet en
Science Catholique, vol. IV. (1890) y de Mons. Duchesne en Mélanges
d'Archéologie, vol. X (1890). Acerca de San Alejo en el arte, cf. Künstle,
Ikonographie der Heiligen, II, pp. 48-49. Véase también Analecta Bollandiana,
vol. LXII (1944), pp. 281-283; vol. LXII (1945), pp. 48-55; y vol. LXV (1947),
pp. 157-195. En este último artículo el P. B. de Gaiffier cita otros veintiún
ejemplos, tomados de la hagiografía, de maridos que abandonaron a su esposa
inmediatamente después del matrimonio sin haberla tocado ("Intactam
sponsam relinquens"), o de parejas que, habiendo sido forzadas a contraer
matrimonio, hacen voto de virginidad. Dichos ejemplos van desde las Actae
Thomae hasta Bernardo de Montjoux. El P. de Gaiffier estudia también la
evolución de la leyenda de la huida de san Alejo.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 1607 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2430
San Ennodio de Pavía, obispo
fecha: 17 de julio
n.: 473 - †: 521 - país: Italia
otras formas del nombre: Enodio
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 473 - †: 521 - país: Italia
otras formas del nombre: Enodio
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Pavía, ciudad de la Liguria, san
Ennodio, obispo, que compuso himnos en honor de los santos y de sus lugares de
culto, y repartió generosamente sus bienes.
refieren a este santo: San Máximo de
Pavía
Magno Félix Enodio pertenecía a una
ilustre familia establecida en la Galia. Por una alusión suya, se puede deducir
que nació en Arles; en todo caso, pasó sus primeros años en Italia y se educó
en Milán, bajo la tutela de una tía. Después de la muerte de ésta, el joven
contrajo matrimonio, pero muy pronto se sintió llamado a las sagradas órdenes.
Su esposa, mujer muy rica, que lo había sacado de la pobreza, accedió a la
separación y ella misma ingresó en un convento. Enodio, que era ya un orador
consumado, recibió la ordenación de diácono por parte de san Epifanio de
Pavia y, desde entonces, se consagró al estudio de las
ciencias sagradas y a la enseñanza. Escribió por aquel tiempo una apología del
papa san Símaco y
del sínodo que había condenado el cisma de los partidarios de Lorenzo. «Dios
-dice San Enodio- quiere ciertamente que los hombres juzguen a los hombres;
pero se ha reservado para sí mismo el juicio del Pontífice de la Sede Suprema».
Enodio fue elegido para pronunciar el panegírico del rey Teodorico, a quien
sólo alabó por sus victorias y éxitos temporales. San Enodio escribió la vida
de san Epifanio de Pavia, quien murió el año 496, y la de san Antonio de
Lérins; dejó, además, otras obras en prosa y en verso. Fue uno de los últimos
representantes de la antigua retórica: aunque sus escritos no carecen de valor
histórico, tienden a la verbosidad, son ininteligibles por momentos y están
llenos de los convencionalismos de la literatura mitológica de la Roma pagana.
Según cuenta el propio autor, durante una violenta fiebre de la que los médicos
le desahuciaron, recurrió al Médico Celestial, por la intercesión de su
patrono, san Víctor de Milán y recobró la salud. Para perpetuar su testimonio
de gratitud, escribió una obra titulada «Eucharisticón» («Acción de gracias»),
en la que, imitando las Confesiones de san Agustín, cuenta brevemente su vida
y, sobre todo, su propia conversión.
Hacia el año 514, san Enodio fue elegido
obispo de Pavia y gobernó su diócesis con un celo y una autoridad dignos de un
discípulo de san Epifanio. El papa san Hormisdas le
envió dos veces a Constantinopla, donde el emperador Anastasio II estaba
favoreciendo a los monofisitas. Ambas misiones fracasaron. Al fin de la segunda
embajada, el santo se vio obligado a hacerse a la mar en un viejo navío
destartalado, con grave peligro de naufragar, y con el veto para desembarcar en
algún puerto del imperio de oriente. A pesar de todo, llegó sano y salvo a Italia
y regresó a Pavia. La gloria de haber sufrido por la fe con celo y constancia,
le espoleó aún más en el camino de la perfección. Así pues, se consagró a la
conversión de las almas, al socorro de los pobres, a la construcción y
ornamentación de las iglesias y a la composición de poemas religiosos sobre
Nuestra Señora, sobre san Ambrosio y santa Eufemia, sobre los misterios de
Pentecostés y la Ascensión, sobre un bautisterio adornado con las pinturas de
los mártires cuyas reliquias se hallaban ahí, etc. Otros de sus poemas son
simplemente mitológicos, como por ejemplo, el de Pasifae y el toro. Alguien ha
dicho a propósito de sus poemas que: «Enodio temía escribir con claridad para
no caer en los lugares comunes». El santo compuso dos himnos que debían cantarse
en el momento de encender el cirio pascual, en los que implora la protección
divina contra los vientos, las tempestades y todas las amenazas del enemigo. Su
muerte ocurrió el año 521, cuando tenía apenas cuarenta y ocho años de edad.
Casi todos los datos que poseemos sobre él
provienen de su obra Eucharisticón; a lo que parece, no fue él quien tituló así
su tratado, sino el editor de sus obras, Sirmond. Hay dos ediciones modernas de
los escritos de Enodio: la de Hartel, en el Corpus Scriptorum Latinorum de
Viena, y la de Vogel, en Monumenta Germaniae Historica. Véase Acta Sanctorum,
julio, vol. IV. En el tomo IV de la Patrología de Quasten-Di Berardino, BAC,
2000, páginas 241 a 250, hay un resumen con algunos datos más sobre al vida de
Enodio y una catalogación de la obra, que se conserva, con juicios de valor
menos severos que los del Butler. Imagen: San Enodio en el altar de mármol del
siglo XIV de la basílica de San Miguel Mayor, en Pavia.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 831 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2432
No hay comentarios:
Publicar un comentario