domingo, 17 de julio de 2016

San Alejo, el hombre de Dios, peregrino - San Ennodio de Pavía, obispo (17 de julio)

San Alejo, el hombre de Dios, peregrino

fecha: 17 de julio
†: s. IV - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Roma, en la basílica situada en el monte Aventino, se celebra con el nombre de Alejo a un hombre de Dios que, como cuenta la tradición, abandonó su opulenta casa para vivir como un pobre, mendigando limosna.
patronazgo: patrono de los peregrinos, mendigos, vagabundos y enfermos; protector en terremotos, rayos y tormentas, y contra la peste y la pestilencia.
refieren a este santo: San Guido o Guy

Se cuenta que a principios del siglo V, vivía en Edesa de Siria un mendigo a quien el pueblo veneraba como a un santo. Después de su muerte, un autor anónimo escribió su biografía. Como ignoraba el nombre del mendigo, le llamó simplemente «el hombre de Dios». Según ese documento, el hombre de Dios vivió en la época del obispo Rábula, quien murió el año 436. El mendigo compartía con otros miserables las limosnas que recogía a las puertas de las iglesias y se contentaba con lo que sus compañeros le dejaban. A su muerte, fue sepultado en la fosa común. Pero antes de morir, reveló a un enfermero del hospital, que él era el único hijo de un noble romano. Cuando el obispo se enteró del caso, mandó exhumar el cadáver, pero no se encontraron más que los andrajos del hombre de Dios y ningún cadáver. La fama del suceso se extendió rápidamente.
Antes del siglo IX, se había dado en Grecia el nombre de Alejo al hombre de Dios, y san José el Himnógrafo (+ 833) dejó escrita en un «kanon» la leyenda, adornada, naturalmente, con numerosos detalles. Aunque se tributaba ya cierto culto al santo en España, la devoción a san Alejo se popularizó en Occidente gracias a la actividad de un obispo de Damasco, Sergio, desterrado a Roma a fines del siglo X. Dicho obispo estableció en la iglesia de San Bonifacio del Aventino un monasterio de monjes griegos, y nombró a san Alejo copatrono de la iglesia. Como se decía que san Alejo era romano, el pueblo adoptó pronto la leyenda y, desde entonces, el santo ha sido muy popular. Se cuenta que en el siglo XII la leyenda de san Alejo ejerció profunda influencia sobre el hereje Pedro Waldo. En el siglo XV, los «Hermanos de San Alejo» le eligieron por patrono y, en 1817, la congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María le nombró patrono secundario. También en el Oriente le profesa el pueblo gran devoción y aun le llama «el hombre de Dios».
La leyenda de este predecesor de san José Benito Labre, que tiene también cierto parecido con san Juan Calibites, puede resumirse así, por lo menos tal como circula en Occidente: san Alejo era el hijo único del rico senador romano Eufeimo y de su esposa Aglaé. Nació y pasó su juventud en Roma, en el siglo V. Sus padres le enseñaron, con el ejemplo, que las riquezas que se reparten entre los pobres constituyen un tesoro en el cielo y un tesoro colmado y desbordante. Así pues, Alejo socorría desde niño a cuantos necesitados encontraba, considerándolos como benefactores por el hecho de recibir su ayuda. Temiendo que una vida de honores le distrajese del fin principal de la existencia, Alejo determinó renunciar a todas las cosas y retirarse del mundo. Por dar gusto a sus padres se casó con una rica joven, pero el mismo día del matrimonio partió de Roma, con el consentimiento de su esposa. Disfrazado de mendigo, llegó hasta Siria, donde vivió en extrema pobreza en una miserable casucha contigua a la iglesia de la Madre de Dios, en Edesa. Así pasó diecisiete años, hasta que una imagen de la Santísima Virgen habló para revelar al pueblo la santidad de su siervo, a quien calificó de «el hombre de Dios». Entonces, san Alejo huyó nuevamente a Roma para escapar a los honores. Su padre no le reconoció, pero le recibió como criado y le permitió habitar en una covacha. debajo de la escalera. Así vivió Alejo otros diecisiete años en la casa de su madre, soportando con paciencia y en silencio que le tratasen como criado. Después de su muerte, se encontró un escrito en el que revelaba su verdadera identidad y relataba su vida.
Algunos de los caminos extraordinarios que el Espíritu Santo emplea para santificar a ciertos privilegiados son más admirables que imitables. Pero la vida del santo es también un ejemplo excelente de la manera como una leyenda crece y se deforma con el tiempo. Fijémonos simplemente en ciertos puntos: por ejemplo, la fuga de Alejo el día mismo del matrimonio es un incidente muy común en los anales hagiográficos. Evidentemente, un hombre sensato que no quiera casarse, no espera hasta el día del matrimonio para huir; pero, naturalmente, el dato de que aguarde hasta el día del matrimonio impresiona más la imaginación popular. Otro ejemplo: la imagen que revela al pueblo la santidad del hombre de Dios, ofrece al hagiógrafo un pretexto edificante para hacer volver al personaje a su país natal.
Aunque en 1217 se encontraron unas reliquias en la iglesia de San Bonifacio, en Roma, lo único cierto que sabemos sobre San Alejo es que vivió (si es que existió), murió y fue sepultado en Edesa. Ningún martirologio antiguo y ningún libro litúrgico romano menciona el nombre de san Alejo, el cual, según parece, era desconocido en la Ciudad Eterna hasta el año 972. No hubo nunca ninguna aprobación oficial del culto, sin embargo, la inclusión en la última edición del Martirologio Romano puede tomarse como un cierto aval.
A. Amiaud editó en «La légende syriaque de S. Alexis» (1889) el texto sirio del siglo V, en el que se narra que el «hombre de Dios» reveló antes de morir que había nacido en Roma. En Analecta Bollandiana, vol. XIX (1900), pp. 241-256, se halla el texto de la versión griega más conocida; según parece, el texto griego fue redactado en Roma. Las versiones latinas pueden verse en Acta Sanctorum, julio, vol. IV. La literatura sobre el tema es enorme. Merecen especial mención los artículos de Poncelet en Science Catholique, vol. IV. (1890) y de Mons. Duchesne en Mélanges d'Archéologie, vol. X (1890). Acerca de San Alejo en el arte, cf. Künstle, Ikonographie der Heiligen, II, pp. 48-49. Véase también Analecta Bollandiana, vol. LXII (1944), pp. 281-283; vol. LXII (1945), pp. 48-55; y vol. LXV (1947), pp. 157-195. En este último artículo el P. B. de Gaiffier cita otros veintiún ejemplos, tomados de la hagiografía, de maridos que abandonaron a su esposa inmediatamente después del matrimonio sin haberla tocado ("Intactam sponsam relinquens"), o de parejas que, habiendo sido forzadas a contraer matrimonio, hacen voto de virginidad. Dichos ejemplos van desde las Actae Thomae hasta Bernardo de Montjoux. El P. de Gaiffier estudia también la evolución de la leyenda de la huida de san Alejo.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2430





San Ennodio de Pavía, obispo

fecha: 17 de julio
n.: 473 - †: 521 - país: Italia
otras formas del nombre: Enodio
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Pavía, ciudad de la Liguria, san Ennodio, obispo, que compuso himnos en honor de los santos y de sus lugares de culto, y repartió generosamente sus bienes.
refieren a este santo: San Máximo de Pavía

Magno Félix Enodio pertenecía a una ilustre familia establecida en la Galia. Por una alusión suya, se puede deducir que nació en Arles; en todo caso, pasó sus primeros años en Italia y se educó en Milán, bajo la tutela de una tía. Después de la muerte de ésta, el joven contrajo matrimonio, pero muy pronto se sintió llamado a las sagradas órdenes. Su esposa, mujer muy rica, que lo había sacado de la pobreza, accedió a la separación y ella misma ingresó en un convento. Enodio, que era ya un orador consumado, recibió la ordenación de diácono por parte de san Epifanio de Pavia y, desde entonces, se consagró al estudio de las ciencias sagradas y a la enseñanza. Escribió por aquel tiempo una apología del papa san Símaco y del sínodo que había condenado el cisma de los partidarios de Lorenzo. «Dios -dice San Enodio- quiere ciertamente que los hombres juzguen a los hombres; pero se ha reservado para sí mismo el juicio del Pontífice de la Sede Suprema». Enodio fue elegido para pronunciar el panegírico del rey Teodorico, a quien sólo alabó por sus victorias y éxitos temporales. San Enodio escribió la vida de san Epifanio de Pavia, quien murió el año 496, y la de san Antonio de Lérins; dejó, además, otras obras en prosa y en verso. Fue uno de los últimos representantes de la antigua retórica: aunque sus escritos no carecen de valor histórico, tienden a la verbosidad, son ininteligibles por momentos y están llenos de los convencionalismos de la literatura mitológica de la Roma pagana. Según cuenta el propio autor, durante una violenta fiebre de la que los médicos le desahuciaron, recurrió al Médico Celestial, por la intercesión de su patrono, san Víctor de Milán y recobró la salud. Para perpetuar su testimonio de gratitud, escribió una obra titulada «Eucharisticón» («Acción de gracias»), en la que, imitando las Confesiones de san Agustín, cuenta brevemente su vida y, sobre todo, su propia conversión.
Hacia el año 514, san Enodio fue elegido obispo de Pavia y gobernó su diócesis con un celo y una autoridad dignos de un discípulo de san Epifanio. El papa san Hormisdas le envió dos veces a Constantinopla, donde el emperador Anastasio II estaba favoreciendo a los monofisitas. Ambas misiones fracasaron. Al fin de la segunda embajada, el santo se vio obligado a hacerse a la mar en un viejo navío destartalado, con grave peligro de naufragar, y con el veto para desembarcar en algún puerto del imperio de oriente. A pesar de todo, llegó sano y salvo a Italia y regresó a Pavia. La gloria de haber sufrido por la fe con celo y constancia, le espoleó aún más en el camino de la perfección. Así pues, se consagró a la conversión de las almas, al socorro de los pobres, a la construcción y ornamentación de las iglesias y a la composición de poemas religiosos sobre Nuestra Señora, sobre san Ambrosio y santa Eufemia, sobre los misterios de Pentecostés y la Ascensión, sobre un bautisterio adornado con las pinturas de los mártires cuyas reliquias se hallaban ahí, etc. Otros de sus poemas son simplemente mitológicos, como por ejemplo, el de Pasifae y el toro. Alguien ha dicho a propósito de sus poemas que: «Enodio temía escribir con claridad para no caer en los lugares comunes». El santo compuso dos himnos que debían cantarse en el momento de encender el cirio pascual, en los que implora la protección divina contra los vientos, las tempestades y todas las amenazas del enemigo. Su muerte ocurrió el año 521, cuando tenía apenas cuarenta y ocho años de edad.
Casi todos los datos que poseemos sobre él provienen de su obra Eucharisticón; a lo que parece, no fue él quien tituló así su tratado, sino el editor de sus obras, Sirmond. Hay dos ediciones modernas de los escritos de Enodio: la de Hartel, en el Corpus Scriptorum Latinorum de Viena, y la de Vogel, en Monumenta Germaniae Historica. Véase Acta Sanctorum, julio, vol. IV. En el tomo IV de la Patrología de Quasten-Di Berardino, BAC, 2000, páginas 241 a 250, hay un resumen con algunos datos más sobre al vida de Enodio y una catalogación de la obra, que se conserva, con juicios de valor menos severos que los del Butler. Imagen: San Enodio en el altar de mármol del siglo XIV de la basílica de San Miguel Mayor, en Pavia.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2432

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