Beato Juan Bautista Righi de Fabriano, religioso
presbítero
fecha: 11 de marzo
n.: c. 1469 - †: 1539 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León XIII 7 sep 1903
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
n.: c. 1469 - †: 1539 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León XIII 7 sep 1903
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
En
el lugar de Cupramontana, del Piceno, beato Juan Bautista Righi de Fabriano,
presbítero de la Orden de los Hermanos Menores.
Las
Marcas, fertilísimo vivero de santos y beatos más que todas las regiones
fértiles de Italia, recuerdan a un personaje ejemplar, nacido en Fabriano hacia
el 1469, de la familia Righi, el beato Juan Bautista. De Juan Bautista Righi
podría decirse que fue un personaje de una época histórica y sobre todo
espiritualmente diversa de aquella en la cual vivió realmente; un personaje
todavía medieval, por cuanto se puede atribuir a este término de apasionado,
sincero e inflexible, sobre todo en sentido místico.
Ilustre
por su linaje, dio muestras de nobles sentimientos por la forma de aprender y
llevar a la práctica las enseñanzas religiosas recibidas en la familia. A lo
cual añadió un carácter incisivo enteramente suyo, el ardor en la oración, el
celo en la caridad, espiritual y material, típicos de una época en la cual los
motivos religiosos se vivían con el entusiasmo de una aventura caballeresca.
Deseoso
de una vida más perfecta, leyó la vida de san Francisco, y de inmediato
reconoció en el paladín de la Dama Pobreza su propio ideal, que ni los años ni
las circunstancias podrían borrar o alejar. Fue así como se hizo hermano
franciscano menor, vivió largos años en un convento retirado, en Forano,
ocultando el fuego de su alma bajo el sayal de la humildad y la obediencia.
Para subir un grado más en la perfección se hizo solitario en Massati, «La
Romita» (la ermita), dedicándose sobre todo a la contemplación de la Pasión del
Señor. Fue un fraile sencillo, pero no ignorante, que supo sacar provecho
franciscanamente de la cultura adquirida en su juventud y continuada en la vida
de convento. Habiendo hallado su ideal de perfección leyendo la vida de san
Francisco, ahora encontraba el alimento espiritual en la lectura de las obras
de los Padres de la Iglesia. Aunque sabio, no era soberbio, y su sabiduría no
servía para alejarlo del prójimo. Más bien le ayudaba a hacer el bien y a hacer
que lo hicieran los que estaban a su alrededor. Gastó sobre todo al servicio de
los demás los talentos que el Señor le dio y que su vocación había multiplicado.
Su
vida transcurrió entre el altar y el ministerio sacerdotal, los trabajos
humildes del convento, la oración intensa y ásperas penitencias, junto con
mortificaciones austeras; pasaba semanas enteras a pan y agua. A menudo después
del oficio de media noche no regresaba a su celda para permanecer en adoración
ante el sagrario. En la comunidad era modelo de obediencia, paciencia, humildad
profunda y bondad para con todos. La penitencia y el trabajo lo fueron
agotando, hasta morir a los 70 años aproximadamente, en 1539. Su cuerpo reposa
en la iglesia de Santiago en Cupramontana. De inmediato se le rindió culto
público. Su culto fue aprobado por León XIII el 7 de septiembre de 1903.
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