San Oengo «Cúldeo», monje
fecha: 11 de marzo
†: c. 824 - país: Irlanda
otras formas del nombre: Aengo, Dengus, Oengus
canonización: culto local
hagiografía: Abel Della Costa
†: c. 824 - país: Irlanda
otras formas del nombre: Aengo, Dengus, Oengus
canonización: culto local
hagiografía: Abel Della Costa
En
el monasterio de Tallaght, en Hibernia, san Oengo, de sobrenombre «Cúldeo»,
monje, que compuso el catálogo de los santos de aquel país.
refieren a este santo: San Máel Rúain
«Cúldeo»
(culdee) es una palabra gaélica de etimología desconocida, pero que significa
«ermitaño». Y esto fue Oengo, que en Maryborough de Irlanda, cerca del río
Nore, llevaba vida eremítica, y era conocido por comunicarse con los ángeles.
Se formó en el monasterio fundado por san Fintán.
Su
fama de santidad le atrajo a muchos que querían ser sus discípulos, por lo que
se retiró al monasterio de Tallaght, cerca de Dublin, en la abadía de san Maelruan,
a la que ingresó como hermano «lego» sin instrucción, ocultando su identidad.
Permaneció allí trabajando en el granero, en el desprecio de sí y olvidado de
todos, con el pelo y la barba sin forma, semidesnudo y sucio del trabajo rudo,
«tenido como un hórrido e hirsuto monstruo», resume la «Vita».
Pero
un día se escondió en su granero un niño de los que se formaban en el
monasterio; le costaba mucho el estudio, y había huído del maestro. Le contó a
san Oengo su caso, y quedó dormido. El santo impetró para el niño la
ciencia infusa, y cuando se despertó, le hizo recitar la lección, cosa que el
niño pudo hacer sin ninguna dificultad. Volvió a sus clases, pero transformado:
quien antes no conseguía avanzar era ahora un alumno aventajado. San Maelruan
sospechó algo extraño, y le pidió al niño que le contara qué había pasado. Así
descubrió la identidad de Oengo, y con ello sus capacidades y formación.
Recibido ahora como monje, san Maelruan escribió con él el llamado
«Martirologio de Tallaght», hacia el 790, una de las fuentes para el
conocimiento de los santos irlandeses, así como una regla para los ermitaños.
También escribió el «Feliré», versión poética del martirologio. Terminadas
estas dos obras, Oengo se retiró de nuevo a su vida de ermitaño. Falleció el 11
de marzo de hacia el 824.
Acta
Sanctorum, marzo II, 84-87 (vers. 1867), reproduce la Vita escrita por Juan
Colgano; ver también el artículo de la Catholic Encyclopedia dedicado
al santo. Para la palabra «culdee» puede consultarse el New Catholic Dictionary.
Abel Della Costa
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o última modificación relevante: 10-3-2013
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biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
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San Eulogio de Córdoba, presbítero
y mártir
fecha: 11 de marzo
†: 859 - país: España
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 859 - país: España
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Córdoba, en la región de Andalucía, en Hispania, san Eulogio, presbítero y
mártir, decapitado por su preclara confesión de Cristo. Su memoria litúrgica se
celebra en España el 9 de enero.
patronazgo: patrono de
caldereros y carpinteros.
refieren a este santo: San Abundio, San Fandila, Santos Jorge,
Aurelio y Sabigótona, Félix y Liliosa, Santos Rogelio y
Servideo, San Sisenando
oración:
Señor y Dios nuestro: tú que, en la difícil situación
de la Iglesia mozárabe, suscitaste en san Eulogio un espíritu heroico para la
confesión intrépida de la fe, concédenos superar con gozo y energía,
fortalecidos por ese mismo espíritu, todas nuestras situaciones adversas. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración
litúrgica).
Se
ha dicho que san Eulogio fue la mayor gloria de España en el siglo IX. Era
descendiente de una familia que había tenido posesiones en Córdoba desde la
época de los romanos. El santo tenía tres hermanos y dos hermanas. Córdoba se
hallaba entonces ocupada por los moros, quienes la habían convertido en su
capital. Los moros toleraban a los cristianos, aunque les imponían condiciones
vejatorias. El culto público se les permitía mediante el pago de un impuesto
mensual; pero el proselitismo se castigaba con la pena de muerte. Sin embargo,
muchos cristianos ocupaban puestos de importancia; por ejemplo, José, hermano
menor de san Eulogio, desempeñaba un alto cargo en la corte de Abderramán II.
Eulogio
se educó con los sacerdotes de San Zoilo. Una vez que hubo aprendido todo lo
que podían enseñarle, se puso bajo la dirección del ilustre escritor
Esperandeo, abad de un monasterio. Allí conoció a Pablo Álvarez, de quien se
hizo muy amigo y quien escribió más tarde la biografía del santo. Al terminar
sus estudios, san Eulogio recibió la ordenación sacerdotal, en tanto que
Álvarez se casó y abrazó la carrera de escritor. Los dos amigos sostuvieron una
nutrida correspondencia, pero destruyeron por mutuo acuerdo las cartas, que
eran demasiado íntimas y no suficientemente trabajadas. En su «Vida de San
Eulogio», Álvarez le describe como muy piadoso y mortificado, versado en todas
las ramas del saber, especialmente en la Sagrada Escritura; de rostro
agradable; tan humilde, que con frecuencia se atenía a las opiniones de otros,
mucho menos sabios que él, y tan amable, que se ganó el cariño de cuantos le
trataron. Su gran descanso consistía en visitar los monasterios y los
hospitales. Los monjes le tenían en tal estima que, con frecuencia, le pedían
que redactase sus reglas. En esa forma, el santo estuvo en muchas casas
religiosas de España y visitó los monasterios de Navarra y Pamplona para
revisar sus constituciones y escoger las mejores reglas.
El
año 850, estalló una súbita persecución contra los cristianos de Córdoba, ya sea
porque éstos hubiesen combatido abiertamente a los mahometanos, ya porque
trataran de convertir a algunos de ellos. La situación de los cristianos se
complicó, pues un obispo andaluz, llamado Recaredo, en vez de defender a su
grey, abrió a los lobos la puerta del redil. No sabemos por qué procedió en esa
forma; tal vez se trataba de un «moderado» que prefería la paz y la tolerancia,
al celo misionero y la persecución. En todo caso, dicho prelado fue el
responsable de la aprehensión del obispo de Córdoba y de algunos miembros de su
clero. En la prisión, Eulogio se ocupó en leer la Biblia a sus compañeros y en
exhortarles a permanecer fieles a la fe. También escribió entonces su
«Exhortación al Martirio», dedicada a las vírgenes Flora y María.
En ella decía: «Sé que estáis amenazadas de ser vendidas como esclavas y de
perder la virginidad; pero podéis estar seguras de que no es posible manchar la
virginidad de vuestras almas, por mucho que atormenten vuestros cuerpos.
Algunos cristianos cobardes os dirán, para desanimaros, que las iglesias están
silenciosas, vacías y sin culto, a causa de vuestra obstinación, y que si
cedéis durante algún tiempo, os dejarán practicar libremente vuestra religión.
Os ruego que no olvidéis que el sacrificio que agrada verdaderamente a Dios es
la contrición del corazón y que no tenéis derecho a volver atrás y renunciar a
la fe que habéis confesado». Las doncellas no perdieron la virginidad y, antes
de ser decapitadas, declararon que, en cuanto llegasen a la presencia de
Jesucristo, le pedirían que sus hermanos alcanzasen la libertad. Seis días
después de su muerte, los prisioneros quedaron libres. San Eulogio compuso
entonces una narración en verso del martirio de las dos vírgenes, para animar a
los cristianos a seguir su ejemplo. Su hermano José fue despedido de la corte y
san Eulogio fue obligado a vivir con el traidor Recaredo, pero no por ello dejó
de seguir instruyendo y alentando a los fieles con la predicación y con la
pluma.
El
año 852, otros cristianos fueron martirizados. En el mismo año, el Concilio de
Córdoba prohibió entregarse espontáneamente a los perseguidores. El sucesor de
Abderramán llevó adelante la persecución con mayor violencia que su padre; ello
no hizo sino acrecentar el celo de san Eulogio, quien evitó que apostatasen
muchos cristianos débiles y alentó a muchos otros al martirio. En los tres
volúmenes de su obra titulada «Memorial de los Santos» describió los
sufrimientos y la muerte de los mártires de la persecución. También escribió
una «Apología» contra los que negaban que las víctimas de aquella persecución
eran verdaderos mártires, alegando que no habían obrado milagros, que se habían
entregado espontáneamente, que no habían sido torturados sino tan sólo
decapitados y que los perseguidores no eran idólatras, sino que creían en el
verdadero Dios. San Eulogio se defendía también a sí mismo, ya que él había
aprobado y alentado a los mártires.
Cuando
murió el arzobispo de Toledo, el clero y el pueblo eligieron a san Eulogio para
sucederle; pero el santo fue ejecutado antes de su consagración.
Había
en Córdoba una joven llamada Leocricia, convertida y bautizada por un pariente,
aunque sus padres eran mahometanos. Esto constituía un crimen que se castigaba
con la pena de muerte. Cuando los padres de la joven se enteraron de lo
sucedido, la golpearon y maltrataron cruelmente para hacerla apostatar. La
joven narró sus cuitas a san Eulogio, quien con la ayuda de su hermana Anulona,
la ayudó a escapar y la escondió en casa de unos amigos suyos. Las autoridades
descubrieron el sitio en que se hallaba la joven y llevaron ante el kadí a
todos los que la habían ayudado a escapar. Sin amedrentarse por ello, Eulogio
dijo al juez que estaba dispuesto a mostrarle el verdadero camino del cielo y
declaró que Mahoma era un impostor. El kadí le amenazó con hacerle perecer a
latigazos. El santo respondió que nada le haría renegar de su religión.
Entonces, uno de los presentes habló en privado a san Eulogio, diciéndole:
«Está bien que los ignorantes se precipiten a la muerte; pero un hombre de tu
ciencia y de tu posición no debería alentarles con su ejemplo. Hazme caso;
pliégate a las circunstancias y di una sola palabra. Después podrás practicar
libremente tu religión y te prometo que no te molestaremos más». Eulogio
replicó sonriendo: «Si sospecharas siquiera el premio que espera a quienes
perseveran hasta el fin en la fe, cambiarías en el acto todas tus dignidades
por él». En seguida empezó a predicar osadamente el Evangelio a los presentes.
Para evitarlo, el juez le condenó inmediatamente a muerte. Uno de los guardias
que le condujeron al sitio de la ejecución le abofeteó por haber hablado contra
Mahoma; el santo presentó con gran mansedumbre la otra mejilla y recibió otro
golpe. Al llegar al lugar del martirio, san Eulogio presentó el cuello al
verdugo. Santa Leocricia sufrió
el martirio cuatro días después.
Como
lo hicimos notar en el artículo, casi la única fuente que poseemos sobre san
Eulogio es la corta biografía latina escrita por su amigo Álvarez o Álvaro.
Puede leerse dicha biografía en Acta Sanctorum, marzo, vol. II, y también en
Migne, PL., vol. CXV, cc. 705-720 y en otras colecciones. Ver igualmente Gams,
Kirchengeschichte von Spanien, vol. II, pp. 299-338, y el artículo Eulogius en
el Kirchenlexikon. Cf. Dozy, Histoire des Musulmans d´Espagne, vol. II, pp.
1-174; y W. von Baudissin, Eulogius und Alvar (1872); J. Pérez de Urbel, Un
Santo de la dominación Musulmana (1937).
N.ETF:
El obispo Recaredo (o Recafredo) que menciona el escrito no era obispo de
Córdoba sino -deduce Flórez en España Sagrada- Metropolitano con jurisdicción
sobre Córdoba, ya que el obispo de Córdoba era Saulo, partidario de la causa de
los mártires y confesor él mismo; encarcelado, aunque no muerto, por la fe. Ver
sobre esto Flórez, España Sagrada, volumen X, pág. 272ss.
Imagen: mural en la Iglesia del Juramento, en Córdoba, España.
Imagen: mural en la Iglesia del Juramento, en Córdoba, España.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=845
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