miércoles, 12 de octubre de 2016

REFORMA LAICISTA EN CHILE (¿Qué hace Dios en mi escaño?) 11102016

REFORMA LAICISTA EN CHILE
¿Qué hace Dios en mi escaño?
La diputada Camila Vallejo, del Partido Comunista, intentará este martes que la Cámara de Diputados reforme dos artículos Reglamento, el 94 y el 255, para que las sesiones del parlamento dejen de abrirse “en el nombre de Dios y de la patria”, y lo hagan, a partir de ahora, “en representación del pueblo de Chile”. [El Mercurio]
La iniciativa persigue el “respeto efectivo de la libertad de conciencia”, corrigiendo “el anacronismo en que incurre este Poder del Estado, por cuanto es precisamente una inconstitucionalidad invocar a Dios al inicio de cada sesión de la Cámara”. 
Lo constitucional –afirma la señora Vallejo– es invocar al pueblo, “el único y legítimo soberano”. La reforma sería coherente –añade- con la “laicidad del Estado chileno” que reconoce “la igualdad entre las creencias” y garantiza que “ningún Poder del Estado debe actuar en conformidad a un credo religioso determinado, en detrimento de otros”.
La aversión a Dios, extirpar la religión de la vida de las personas, no es una reforma, sino el conjuro más viejo de la izquierda desde el célebre mandato de Voltaire: “Aplastar la infame” –refiriéndose a la Iglesia católica. 
La señora Vallejo estuvo en la vanguardia de las protestas de estudiantes de los últimos años, y se ha forjado una carrera política junto a las pancartas. Nada que objetar, cada uno se busca la vida como puede, y la demagogia suele ser uno de los atajos más rápidos y eficaces para llegar al poder. ¿Qué vamos a decir desde España, el país del mundo con la mayor densidad de demagogos por metro cuadrado del Parlamento? 
Que un Estado sea laico no significa que no reconozca la contribución del hecho religioso al bien común. Tampoco significa que sea ciego a las creencias de la mayoría. De hecho, eso es exactamente lo que significa la laicidad positiva del Estado. Reconocer que las creencias de las personas hacen bien a la sociedad y merece la pena apoyarlas. Después de todo, siempre es mejor creer en Dios, que creer en el Estado, en el “pueblo soberano” o en el Partido Comunista. Laicidad no es lo mismo que laicismo. Incluso para una diputada bregada en la rudeza de los cócteles molotov, la belleza de los matices puede ser un descubrimiento sorprendente a estas alturas.
Invocar la ayuda de Dios al inicio de las sesiones de la Cámara de Diputados quizá no sea un anacronismo teocrático, si la alternativa a invocar a Dios es invocar al pueblo soberano para que políticos como la señora Vallejo puedan actuar sin freno. 
Quizá, invocar a Dios sea la última línea de defensa de los chilenos frente al avance de la vieja religión del poder. Tal vez no sea una ofrenda, sino una plegaria.

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