lunes, 3 de octubre de 2016

Santos Fausto, mártir, y compañeros, confesores - San Hesiquio, monje (3 de octubre)

Santos Fausto, mártir, y compañeros, confesores

fecha: 3 de octubre
†: s. III/IV - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa

Elogio: En Alejandría de Egipto, conmemoración de los santos Fausto, Cayo, Pedro, Pablo, Eusebio, Querimón, Lucio y otros dos, todos los cuales, primero en tiempo del emperador Decio y después bajo Valeriano, por mandato del prefecto Emiliano sufrieron de muchas maneras, junto con el obispo Dionisio, y llegaron a ser confesores de la fe; entre ellos, Fausto alcanzó la palma del martirio bajo el emperador Diocleciano.
Eusebio de Cesarea, en su imprescindible Historia Eclesiástica -que tantas veces citamos en estas páginas-, transcribe una carta de san Dionisio el grande, que no llegó a ser mártir, pero sí fue un glorioso confesor de la fe, que sufrió grandes persecuciones bajo Valeriano y Galieno, es decir, hacia el 260; en esa carta el santo cuenta a otros obispos (Domecio y Dídimo) los padecimientos que ha sufrido su iglesia de Alejandría, y gracias a este relato se nos han conservado algunos -no todos- de los nombres de los confesores compañeros del obispo, algunos presbíteros, otros diáconos, y algunos laicos.
Dice la carta: «...Pero es superfluo haceros lista nominal de los nuestros, que son muchos y no los conocéis; sabe, con todo, que hombres y mujeres, jóvenes y viejos, doncellas y ancianos, soldados y civiles, y todo sexo y toda edad, vencedores en ia lucha, unos por azotes y fuego y otros por el hierro, todos recibieron sus coronas [de martirio]. A otros, en cambio [es decir: a los que no llegaro a ser mártires], no les ha bastado un tiempo bastante largo para aparecer aceptables al Señor. Tampoco a mí hasta el presente, por lo que se ve, por lo cual me ha reservado para el momento oportuno que bien conoce el mismo que dice: 'En tiempo aceptable te escuché y en día de salvación te socorrí'. Puesto que preguntáis por nuestra situación y queréis que os informe de cómo vamos marchando, seguramente ya oísteis cómo nos conducían prisioneros un centurión y oficiales con los soldados y criados que iban con ellos, a mí y a Cayo, Fausto, Pedro y Pablo, y presentándose algunas gentes de Mareota, nos arrebataron, bien a pesar nuestro, arrastrándonos por la fuerza al negarnos a seguirlos. Y ahora yo, Cayo y Pedro, los tres solos, nos hallamos encerrados en un paraje desierto y árido de Libia, huérfanos de los demás hermanos, apartados de Paretonio tres días de camino.»
En este punto Eusebio omite parte de la carta, y luego continúa: «Sin embargo, en la ciudad se hallan escondidos y visitan en secreto a los hermanos, de una parte, los presbíteros Máximo, Dióscoro, Demetrio y Lucio -ya que los más conocidos en el mundo, Faustino y Aquilas, andan errantes por Egipto-, y de otra, los diáconos que sobrevivieron a los que murieron en la isla: Fausto, Eusebio y Queremón. Eusebio es aquel a quien Dios fortaleció y preparó desde el principio para cumplir ardorosamente el servicio a los confesores encarcelados y llevar a cabo, no sin peligro, el enterramiento de los cuerpos de los perfectos y santos mártires. Efectivamente, incluso hasta el presente, el gobernador no deja de dar cruel muerte, como dije antes, a algunos de los que a él son conducidos, de desgarrar a los otros en torturas y de consumir en cárceles y prisiones al resto, ordenando que nadie se les acerque, e indagando si alguien aparece. Y, sin embargo, Dios no cesa de aliviar a los oprimidos, gracias al ánimo y perseverancia de los hermanos.»
Así narra Dionisio la gesta de los confesores que celebramos hoy, quienes, como se ve, son apenas una «muestra» de lo que el nombre de Cristo tenía que padecer en ese tiempo, ya que el propio Dinonisio rehusaba al inicio de su carta el hacernos una lista exhaustiva de todos los mártires y confesores. Ahora bien, el propio Eusebio nos comenta luego (apenas unos párrafos más abajo), que el Eusebio que se nombra en la carta como diácono, fue luego instituido obispo de Siria. A Máximo no lo celebramos en esta fecha, porque fue luego obispo de Alejandría (sucedió, precisamente, a Dionisio) y tiene su propia fecha de celebración. En cuanto a Fausto, nos cuenta Eusebio que llegó a ser presbítero y que «ya anciano y lleno de días», sufrió el martirio -fue decapitado- bajo Diocleciano, es decir, hacia el 303/305.
La última identificación, es decir, entre el Fausto diácono, confesor junto con san Dionisio, y el Fausto presbítero, mártir bajo Dioclesiano, no es del todo segura. Eusebio la da por buena, pero no puede asegurarse a ciencia cierta; sin embargo el Martirologio actual, en ausencia de datos más concluyentes, acepta esa posibilidad.
La fuente única es, como queda dicho, es la Historia Eclesiástica de Eusebio, los libros VII,11,20-26, para la carta de Dionisio y los comentarios, VIII 13,7, para la afirmación sobre el presbiterado de Fausto.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3606




San Hesiquio, monje

fecha: 3 de octubre
†: s. IV - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En Mayuma, en Palestina, conmemoración de san Hesiquio, monje, discípulo de san Hilarión y compañero suyo de peregrinación.
refieren a este santo: San Hilarión de Gaza

San Hesiquio fue un fiel discípulo de san Hilarión y se le menciona en la biografía de su maestro. Cuando san Hilarión pasó de Palestina a Egipto, Hesiquio le acompañó y, cuando san Hilarión, no queriendo volver a Gaza, donde era muy conocido, huyó secretamente a Sicilia, san Hesiquio le buscó durante tres años. Como no encontró huella alguna de su maestro ni en el desierto ni en los puertos de Egipto, san Hesiquio se dirigió a Grecia, donde finalmente le llegaron noticias sobre un taumaturgo que se había refugiado en Sicilia. Inmediatamente emprendió el viaje a dicha isla, descubrió el escondite de san Hilarión, «cayó de rodillas a sus plantas y bañó con sus lágrimas los pies de su maestro». Ambos ermitaños partieron juntos a Dalmacia y a Chipre, en busca de la soledad total. Dos años más tarde, san Hilarión envió a san Hesiquio a Palestina con saludos para los hermanos y con el propósito de darles cuenta de sus progresos en la vida espiritual, así como el de visitar el antiguo monasterio de Gaza. Cuando san Hesiquio retornó en la primavera del año siguiente, san Hilarión, desalentado por la afluencia de visitantes, le manifestó que quería huir a otra parte; pero para entonces era ya muy anciano, y san Hesiquio le convenció finalmente de que se contentase con retirarse a un sitio más apartado de la isla. Allí murió san Hilarión.
San Hesiquio se hallaba entonces en Palestina. En cuanto le llegó la noticia de la muerte de su maestro, partió apresuradamente a Chipre para evitar que los habitantes de Pafos se apoderasen del cadáver. Al llegar a Chipre, encontró una carta de san Hilarión en la que éste le dejaba en herencia todos sus bienes, que consistían en un libro de los Evangelios y algunos vestidos. Para no despertar sospechas entre los que vigilaban la ermita, san Hesiquio fingió que iba a pasar ahí el resto de su vida. Diez meses más tarde, enfrentándose a mil riesgos y dificultades, consiguió transportar el cuerpo de san Hilarión a Palestina. Allí le recibió una gran multitud de monjes y laicos, quienes le acompañaron a enterrar el cadáver de su maestro en el monasterio que había fundado en Majuma. En él murió san Hesiquio algunos años después.
En Acta Sanctorum, oct., vol. II, hay un relato bastante completo sobre san Hesiquio, basado en las obras de san Jerónimo.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3607

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