Santos Fausto, mártir, y compañeros, confesores
fecha: 3 de octubre
†: s. III/IV - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: s. III/IV - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En Alejandría de Egipto,
conmemoración de los santos Fausto, Cayo, Pedro, Pablo, Eusebio, Querimón,
Lucio y otros dos, todos los cuales, primero en tiempo del emperador Decio y
después bajo Valeriano, por mandato del prefecto Emiliano sufrieron de muchas maneras,
junto con el obispo Dionisio, y llegaron a ser confesores de la fe; entre
ellos, Fausto alcanzó la palma del martirio bajo el emperador Diocleciano.
Eusebio de Cesarea, en su imprescindible
Historia Eclesiástica -que tantas veces citamos en estas páginas-, transcribe
una carta de san Dionisio el
grande, que no llegó a ser mártir, pero sí fue un glorioso
confesor de la fe, que sufrió grandes persecuciones bajo Valeriano y Galieno,
es decir, hacia el 260; en esa carta el santo cuenta a otros obispos (Domecio y
Dídimo) los padecimientos que ha sufrido su iglesia de Alejandría, y gracias a
este relato se nos han conservado algunos -no todos- de los nombres de los
confesores compañeros del obispo, algunos presbíteros, otros diáconos, y
algunos laicos.
Dice la carta: «...Pero es
superfluo haceros lista nominal de los nuestros, que son muchos y no los
conocéis; sabe, con todo, que hombres y mujeres, jóvenes y viejos, doncellas y
ancianos, soldados y civiles, y todo sexo y toda edad, vencedores en ia lucha,
unos por azotes y fuego y otros por el hierro, todos recibieron sus coronas [de
martirio]. A otros, en cambio [es decir: a los que no llegaro a ser mártires],
no les ha bastado un tiempo bastante largo para aparecer aceptables al Señor.
Tampoco a mí hasta el presente, por lo que se ve, por lo cual me ha reservado
para el momento oportuno que bien conoce el mismo que dice: 'En tiempo
aceptable te escuché y en día de salvación te socorrí'. Puesto que preguntáis
por nuestra situación y queréis que os informe de cómo vamos marchando,
seguramente ya oísteis cómo nos conducían prisioneros un centurión y oficiales
con los soldados y criados que iban con ellos, a mí y a Cayo, Fausto, Pedro y
Pablo, y presentándose algunas gentes de Mareota, nos arrebataron, bien a pesar
nuestro, arrastrándonos por la fuerza al negarnos a seguirlos. Y ahora yo, Cayo
y Pedro, los tres solos, nos hallamos encerrados en un paraje desierto y árido
de Libia, huérfanos de los demás hermanos, apartados de Paretonio tres días de
camino.»
En este punto Eusebio omite parte de la
carta, y luego continúa: «Sin embargo, en la ciudad se hallan
escondidos y visitan en secreto a los hermanos, de una parte, los presbíteros
Máximo, Dióscoro, Demetrio y Lucio -ya que los más conocidos en el mundo,
Faustino y Aquilas, andan errantes por Egipto-, y de otra, los diáconos que
sobrevivieron a los que murieron en la isla: Fausto, Eusebio y Queremón.
Eusebio es aquel a quien Dios fortaleció y preparó desde el principio para
cumplir ardorosamente el servicio a los confesores encarcelados y llevar a
cabo, no sin peligro, el enterramiento de los cuerpos de los perfectos y santos
mártires. Efectivamente, incluso hasta el presente, el gobernador no deja de
dar cruel muerte, como dije antes, a algunos de los que a él son conducidos, de
desgarrar a los otros en torturas y de consumir en cárceles y prisiones al
resto, ordenando que nadie se les acerque, e indagando si alguien aparece. Y,
sin embargo, Dios no cesa de aliviar a los oprimidos, gracias al ánimo y
perseverancia de los hermanos.»
Así narra Dionisio la gesta de los confesores
que celebramos hoy, quienes, como se ve, son apenas una «muestra» de lo que el
nombre de Cristo tenía que padecer en ese tiempo, ya que el propio Dinonisio
rehusaba al inicio de su carta el hacernos una lista exhaustiva de todos los
mártires y confesores. Ahora bien, el propio Eusebio nos comenta luego (apenas
unos párrafos más abajo), que el Eusebio que se nombra en la carta como
diácono, fue luego instituido obispo de Siria. A Máximo no lo celebramos en
esta fecha, porque fue luego obispo de Alejandría (sucedió, precisamente, a
Dionisio) y tiene su propia fecha de
celebración. En cuanto a Fausto, nos cuenta Eusebio que llegó a ser presbítero
y que «ya anciano y lleno de días», sufrió el martirio -fue decapitado- bajo
Diocleciano, es decir, hacia el 303/305.
La última identificación, es decir, entre
el Fausto diácono, confesor junto con san Dionisio, y el Fausto presbítero,
mártir bajo Dioclesiano, no es del todo segura. Eusebio la da por buena, pero
no puede asegurarse a ciencia cierta; sin embargo el Martirologio actual, en
ausencia de datos más concluyentes, acepta esa posibilidad.
La fuente única es, como queda dicho, es
la Historia Eclesiástica de Eusebio, los libros VII,11,20-26, para la carta de
Dionisio y los comentarios, VIII 13,7, para la afirmación sobre el presbiterado
de Fausto.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3606
San Hesiquio, monje
fecha: 3 de octubre
†: s. IV - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: s. IV - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Mayuma, en Palestina, conmemoración de san Hesiquio, monje,
discípulo de san Hilarión y compañero suyo de peregrinación.
refieren a este santo: San Hilarión de
Gaza
San Hesiquio fue un fiel discípulo de san Hilarión y
se le menciona en la biografía de su maestro. Cuando san Hilarión pasó de
Palestina a Egipto, Hesiquio le acompañó y, cuando san Hilarión, no queriendo
volver a Gaza, donde era muy conocido, huyó secretamente a Sicilia, san
Hesiquio le buscó durante tres años. Como no encontró huella alguna de su
maestro ni en el desierto ni en los puertos de Egipto, san Hesiquio se dirigió
a Grecia, donde finalmente le llegaron noticias sobre un taumaturgo que se
había refugiado en Sicilia. Inmediatamente emprendió el viaje a dicha isla,
descubrió el escondite de san Hilarión, «cayó de rodillas a sus plantas y bañó
con sus lágrimas los pies de su maestro». Ambos ermitaños partieron juntos a
Dalmacia y a Chipre, en busca de la soledad total. Dos años más tarde, san
Hilarión envió a san Hesiquio a Palestina con saludos para los hermanos y con
el propósito de darles cuenta de sus progresos en la vida espiritual, así como
el de visitar el antiguo monasterio de Gaza. Cuando san Hesiquio retornó en la
primavera del año siguiente, san Hilarión, desalentado por la afluencia de
visitantes, le manifestó que quería huir a otra parte; pero para entonces era
ya muy anciano, y san Hesiquio le convenció finalmente de que se contentase con
retirarse a un sitio más apartado de la isla. Allí murió san Hilarión.
San Hesiquio se hallaba entonces en
Palestina. En cuanto le llegó la noticia de la muerte de su maestro, partió
apresuradamente a Chipre para evitar que los habitantes de Pafos se apoderasen
del cadáver. Al llegar a Chipre, encontró una carta de san Hilarión en la que
éste le dejaba en herencia todos sus bienes, que consistían en un libro de los
Evangelios y algunos vestidos. Para no despertar sospechas entre los que
vigilaban la ermita, san Hesiquio fingió que iba a pasar ahí el resto de su
vida. Diez meses más tarde, enfrentándose a mil riesgos y dificultades,
consiguió transportar el cuerpo de san Hilarión a Palestina. Allí le recibió
una gran multitud de monjes y laicos, quienes le acompañaron a enterrar el
cadáver de su maestro en el monasterio que había fundado en Majuma. En él murió
san Hesiquio algunos años después.
En Acta Sanctorum, oct., vol. II, hay un
relato bastante completo sobre san Hesiquio, basado en las obras de san
Jerónimo.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
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