Beato Pedro Adrián Toulorge, presbítero
y mártir
fecha: 13 de octubre
n.: 1757 - †: 1793 - país: Francia
otras formas del nombre: Pierre-Adrien
canonización: B: Benedicto XVI 29 abr 2012
hagiografía: Abadía San José de Clairval
n.: 1757 - †: 1793 - país: Francia
otras formas del nombre: Pierre-Adrien
canonización: B: Benedicto XVI 29 abr 2012
hagiografía: Abadía San José de Clairval
Elogio: En Coutances, en la región francesa
de Manche, beato Pedro Adrián Toulorge, sacerdote premonstratense y mártir, que
en los días de la Revolución Francesa dio muestra de su entrega incondicional a
Cristo.
«Señora, las lágrimas que derrama son indignas de usted y de mí. ¿Qué dirán
las gentes del mundo si saben que, habiendo renunciado al mundo, nos duele
abandonarlo?» Con estas palabras consuela y alecciona el beato Pedro Adrián a
una religiosa detenida con él cuando el mártir anuncia que se le ha sentenciado
ya a muerte de manera inapelable.
Pedro Adrián nació y fue bautizado el 4 de
mayo de 1757 en Muneville-le-Bingard, en la península de Cotentin, como tercer
hijo de Julián Toulorge y de Juliana Hamel, propietarios agrícolas. La diócesis
de Coutances, donde se hace mayor, sigue siendo, en la época del triunfo de
Voltaire, una región de fervor religioso; casi todos celebran la Pascua y las
vocaciones religiosas abundan. Pedro Adrián es piadoso y, cuando manifiesta las
primeras aspiraciones al sacerdocio, se hace cargo de él uno de los vicarios de
la parroquia, que lo inicia en el latín. El joven ingresa pronto en un colegio
para seguir estudios de humanidades, y luego de filosofía. Hacia 1776, le
admiten en el seminario mayor de Coutances, regentado por los eudistas. Tras
ser ordenado sacerdote en 1782, Pedro Adrián Toulorge es nombrado vicario de
Doville, parroquia de seiscientos habitantes cuyo párroco es un canónigo
premonstratense, hombre metódico y diligente. La situación material de ambos
sacerdotes les permite vivir modestamente, aunque con decencia. La parroquia
cuenta con muchos indigentes, como consecuencia de la guerra de independencia
norteamericana, que ha arruinado los oficios del mar. El párroco y su vicario
ponen todo de su parte para asistirlos.
En julio de 1790, la Asamblea Nacional
promulga la «Constitución Civil del Clero», acto cismático que coloca a la
Iglesia de Francia bajo la tutela del poder civil. En adelante, los obispos y
sacerdotes serán elegidos por el pueblo, y la Santa Sede se ve despojada de
toda autoridad. En noviembre, una nueva ley impone a los sacerdotes
funcionarios públicos (obispos, párrocos y vicarios) que presten juramento de
fidelidad a la Constitución civil, bajo pena de destitución y, llegado el caso,
de persecuciones penales. En marzo de 1791, el Papa Pío VI condena la
Constitución civil y prohíbe al clero que preste el juramento cismático.
Mientras tanto, numerosos sacerdotes han «jurado» por ambición, codicia, debilidad
o ignorancia. Algunos se retractarán al conocer la condena pontificia.
El 26 de agosto de 1792, cuando la
«máquina revolucionaria» avanza inexorablemente, una ley condena a la
deportación a todos los eclesiásticos funcionarios que no hayan prestado juramento.
Los «rebeldes» que permanezcan en Francia, o que regresen después de haber
emigrado, serán pronto reos de muerte. El clero que se mantiene fiel toma en
masa el camino del exilio. El padre Toulorge comete entonces un error de
cálculo: se considera afectado por la ley de destierro, cuando ésta sólo
concierne a los sacerdotes funcionarios. Solicita sus pasaportes y se embarca
el 12 de septiembre rumbo a la isla anglonormanda de Jersey, muy próxima. Allí
coincide con más de quinientos sacerdotes de la diócesis de Coutances, llevando
durante cinco semanas la existencia precaria de un emigrado sin recursos. No
obstante, un compañero de exilio le indica su error sobre el alcance de la ley
de destierro. Pedro Adrián, pensando en su país que está desprovisto de
sacerdotes fieles, decide entonces regresar cuanto antes, con la esperanza de
que su ausencia haya pasado desapercibida. Desembarca clandestinamente en una
playa de Cotentin y enseguida se oculta en el monte; desde noviembre de 1792
hasta septiembre de 1793, vive en la clandestinidad desplazándose de un pueblo
a otro, disfrazado, para celebrar Misa en casas particulares y administrar los
sacramentos. Hay otros veinte sacerdotes rebeldes que ejercen el mismo
ministerio en el deanato. El padre Toulorge celebra la santa Misa con
ornamentos improvisados, y ha copiado de su puño y letra las principales
oraciones del misal. Su actividad continúa a pesar del hostigamiento de los
comisarios y de los clubes revolucionarios locales. Se insta a las personas que
localicen a un sacerdote rebelde a que los denuncien, prometiéndoles una
recompensa.
El 22 de septiembre de 1793, Pedro Adrián
comparece ante la Comisión administrativa de Coutances, encargada de decidir si
debe ser declarado «emigrado regresado». Allí se encuentra el representante
Lecarpentier, enviado por la Convención (el parlamento de la República) para
«tomar las medidas necesarias a fin de exterminar los vestigios de la realeza y
de la superstición». Tras un largo interrogatorio, a pesar de su agotamiento
físico, reconoce su breve emigración a Jersey. Los jueces, que temen a
Lecarpentier pero que quisieran salvar la cabeza del sacerdote, declaran que
«el acusado debe considerarse emigrado», basándose en los pasaportes expedidos
a su nombre, pero no transcriben sus confesiones, para dejarle una posibilidad
de disculparse; después lo envían ante el tribunal criminal, al que compete
dictar sentencia. El juez que preside esa instancia, Loisel, aunque jacobino,
no es un «terrorista» fanático -en la Baja Normandía no gustaba el
derramamiento de sangre-. Antes de la sesión, intenta salvar al acusado
sugiriéndole que se retracte de sus confesiones de emigración a Jersey y que
alegue vagamente una residencia cualquiera en Francia; el tribunal se
contentará con ello y Toulorge evitará la guillotina. Algunos jueces están
incluso dispuestos a responder en lugar del padre a las preguntas del
presidente, con objeto de que no tenga un cargo de conciencia; le bastará con
guardar silencio. Pero él prefiere morir antes que dejar de decir toda la
verdad, incluso ante un tribunal revolucionario.
En el fallo del Tribunal Criminal del 12
de octubre de 1793, puede leerse: «Toulorge, interpelado para que diga si está
en condiciones de justificar que no ha abandonado el territorio de la República
Francesa, ha dicho que no podía justificarlo, e incluso ha reconocido haber
abandonado el territorio francés y haberse retirado a la isla inglesa de
Jersey». El final de esta frase («e incluso ha reconocido«») fue añadida en el
margen del acta preparada por anticipado; ese detalle muestra que el tribunal
había previsto invocar el beneficio de la duda a favor del acusado. Sin
embargo, sus confesiones inequívocas obligaron a los jueces a aplicar la ley
terrorista. Un silencio impresionante sigue a la lectura del fallo. Entonces,
Pedro Adrián pronuncia las siguientes palabras: «¡Deo gratias! (gracias, Dios
mío)« ¡Que se haga la voluntad de Dios y no la mía! ¡Adiós, señores, hasta la
Eternidad, si es que son dignos de ella!». Su rostro resplandece de alegría.
Unas amas de casa que se lo encuentran mientras es conducido a la cárcel creen
que le han absuelto. Cuando al día siguiente, 13 de octubre, el verdugo viene a
buscarlo, Pedro Toulorge bendice a los presentes. La guillotina se levantaba en
pleno centro de Coutances, y, desde la Revolución, era la primera vez que
funcionaba en esa pequeña ciudad. Al llegar al pie del cadalso, Pedro Adrián
dice: «Dios mío, entrego mi alma en vuestras manos. Os pido el restablecimiento
y la conservación de vuestra Santa Iglesia, y os ruego que perdonéis a mis
enemigos». Tras la ejecución, el verdugo agarra la cabeza por los cabellos y la
muestra al pueblo. Según un relato de un testigo ocular, Pedro Adrián fue
enterrado por personas piadosas, en el cementerio de San Pedro. Fue beatificado
el 29 de abril del 2012.
Extractos de la larga
hagiografía escrita por Dom Antoine Marie osb, de la Abadía
San José de Clairval
fuente: Abadía San José de Clairval
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4966
can.: pre-congregación
país: Francia - †: s. V
país: Francia - †: s. V
En Tours, en la Galia
Lugdunense, hoy Francia, san Venancio, abad, el cual, habiéndose casado en su
juventud, al visitar la basílica de San Martín se conmovió ante la vida de los
monjes y, con el permiso de su esposa, se unió a ellos para vivir para Cristo.
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