San Juan XXIII, papa
fecha: 11 de octubre
n.: 1881 - †: 1963 - país: Italia
otras formas del nombre: Angelo Giuseppe Roncalli
canonización: B: Juan Pablo II 3 sep 2000 - C: Francisco 27 abr 2014
hagiografía: Vaticano
n.: 1881 - †: 1963 - país: Italia
otras formas del nombre: Angelo Giuseppe Roncalli
canonización: B: Juan Pablo II 3 sep 2000 - C: Francisco 27 abr 2014
hagiografía: Vaticano
Elogio: Memoria de san Juan XXIII, papa,
cuya vida y actividad estuvieron llenas de una singular humanidad. Se esforzó
en manifestar la caridad cristiana hacia todos y trabajó por la unión fraterna
de los pueblos. Solícito por la eficacia pastoral de la Iglesia de Cristo en
toda la tierra, convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II. Murió piadosamente
en Roma el 3 de junio de 1963.
Fragmento dedicado a Juan XXIII en la
homilía de la ceremonia de batificación por SS Juan Pablo II, el 3 de
septiembre del 2000:
«Tú eres bueno y dispuesto al perdón»
(Antífona de entrada). Contemplamos hoy en la gloria del Señor a otro
Pontífice, Juan XXIII, el Papa que conmovió al mundo por la afabilidad de su
trato, que reflejaba la singular bondad de su corazón. Los designios divinos
han querido que esta beatificación uniera a dos Papas [SS Pío IX fue
beatificado en la misma ceremonia] que vivieron en épocas históricas muy
diferentes, pero que están unidos, más allá de las apariencias, por muchas
semejanzas en el plano humano y espiritual. Es muy conocida la profunda
veneración que el Papa Juan XXIII sentía por Pío IX, cuya beatificación
deseaba. Durante un retiro espiritual, en 1959, escribió en su Diario: «Pienso
siempre en Pío IX, de santa y gloriosa memoria, e, imitándolo en sus
sacrificios, quisiera ser digno de celebrar su canonización» (Diario del alma,
p. 560).
Ha quedado en el recuerdo de todos la
imagen del rostro sonriente del Papa Juan y de sus brazos abiertos para abrazar
al mundo entero. ¡Cuántas personas han sido conquistadas por la sencillez de su
corazón, unida a una amplia experiencia de hombres y cosas! Ciertamente la
ráfaga de novedad que aportó no se refería a la doctrina, sino más bien al modo
de exponerla; era nuevo su modo de hablar y actuar, y era nueva la simpatía con
que se acercaba a las personas comunes y a los poderosos de la tierra. Con ese
espíritu convocó el concilio ecuménico Vaticano II, con el que inició una nueva
página en la historia de la Iglesia: los cristianos se sintieron llamados a
anunciar el Evangelio con renovada valentía y con mayor atención a los «signos»
de los tiempos. Realmente, el Concilio fue una intuición profética de este
anciano Pontífice, que inauguró, entre muchas dificultades, un tiempo de
esperanza para los cristianos y para la humanidad.
En los últimos momentos de su existencia
terrena, confió a la Iglesia su testamento: «Lo que más vale en la vida es
Jesucristo bendito, su santa Iglesia, su Evangelio, la verdad y la bondad».
También nosotros queremos recoger hoy este testamento, a la vez que damos
gracias a Dios por habérnoslo dado como Pastor.
Ángelo Roncalli nació el 25 de noviembre
de 1881 en Sotto il Monte, diócesis y provincia de Bérgamo (Italia). Ese mismo
día fue bautizado, con el nombre de Ángelo Giuseppe. Fue el cuarto de trece
hermanos. Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904, en Roma. En 1921 fue
llamado a Roma por Benedicto XV como presidente para Italia del Consejo central
de las Obras pontificias para la Propagación de la fe, recorrió muchas diócesis
de Italia organizando círculos de misiones. En 1925 Pío XI lo nombró visitador
apostólico para Bulgaria y lo elevó al episcopado. Su lema episcopal, programa
que lo acompañó durante toda la vida, era: «Obediencia y paz».
En 1953 fue creado cardenal y enviado a Venecia
como patriarca. Fue un pastor sabio y resuelto, a ejemplo de los santos a
quienes siempre había venerado, como san Lorenzo Giustiniani, primer patriarca
de Venecia. Tras la muerte de Pío XII, fue elegido Papa el 28 de octubre de
1958, y tomó el nombre de Juan XXIII. Su breve pontificado, de apenas cinco
años, marcó sin embargo una profunda huella en la Iglesia al ser quien convocó
el Concilio Vaticano II. Puede leerse aquí el
discurso del Papa en al inauguración del Concilio, el 11 de octubre de 1962.
Fue beatificado por SS Juan Pablo II en el
año 2000 y canonizado por SS Francisco el 27 de abril de 2014, en una
ceremonia conjunta con la canonización de san Juan Pablo II.
La homilía está reproducida en español en
el sitio del Vaticano, donde puede leerse completa;
lamentablemente, la biografía del Papa en el site no está traducida al español,
pero en cambio se podrá hallar allí mismo algo
del material de su pontificado (discursos, encíclicas, etc). Los breves dato
biográficos los hemos tomado de L'Osservatore Romano de la época de la
beatificación. Los artículos completos con la biografía pueden leerse en
Mercabá.
fuente: Vaticano
accedida 1880 veces
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_5023
San Felipe el diácono, santo del NT
fecha: 11 de octubre
fecha en el calendario anterior: 6 de junio
†: s. I - país: Israel
canonización: bíblico
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 6 de junio
†: s. I - país: Israel
canonización: bíblico
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Conmemoración de san Felipe, uno de
los siete diáconos elegidos por los Apóstoles, que convirtió a los samaritanos
a la fe en Cristo, bautizó al eunuco de Candace, que era la reina de los etíopes,
y evangelizó todas las ciudades por las que pasaba hasta llegar a Cesarea de
Palestina, donde, según la tradición, descansó en el Señor.
Todo lo que en realidad sabemos acerca de
san Felipe, se encuentra en los Hechos de los Apóstoles, principalmente en el
capítulo 8. Su nombre sugiere que era de origen griego, pero san Isidoro de
Pelusium afirma que había nacido en Cesarea (de Palestina). Su nombre figura en
segundo lugar en la lista de los siete diáconos especialmente destinados, en
los primeros días de la Iglesia, a cuidar al núcleo de fieles necesitados de
protección e instrucción, a fin de que los Apóstoles quedaran desligados de esa
obligación y pudieran dedicarse exclusivamente a difundir la «Palabra» (hechos
6,5). Sin embargo, no tardó en ampliarse la tarea de los diáconos, puesto que
asistían al sacerdote en el ministerio de la Eucaristía, bautizaban en la
ausencia del sacerdote y también ellos predicaban el Evangelio. San Felipe el
diácono ponía tanto entusiasmo en la misión de extender la nueva fe, que ya en
el propio Hechos de lso Apóstoles se registra para él el sobrenombre de
«Evangelista» (Hechos 21,8); también es posible, como hipótesis, que
«evangelista» haya sido un oficio en la primitiva Iglesia (quizás
evangelizador, o compositor de evangelios), tal como sugiere la lista de
«carismas» de Efesios 4,11.
Cuando los discípulos se dispersaron,
después del martirio de san Esteban, él llevó la luz del Evangelio a Samaria.
El gran éxito que obtuvo indujo a los Apóstoles a enviar, desde Jerusalén, a
san Pedro y a san Juan, para confirmar a los conversos. Entre éstos se hallaba
Simón Mago, a quien Felipe había bautizado. Probablemente, el diácono se
encontraba aún en Samaria, cuando un ángel le dio instrucciones para que se
dirigiese al sur, hacia el camino que llevaba de Jerusalén a Gaza. Allí
encontró Felipe a uno de los altos funcionarios de la reina Candace de Etiopía.
El hombre, que sin duda era un africano prosélito de los judíos, iba en viaje
de regreso luego de una peregrinación al Templo de Jerusalén y se hallaba
sentado sobre una carreta, abstraído y desconcertado por las profecías de
Isaías que estaba leyendo. San Felipe se le acercó para explicarle que los
vaticinios del profeta ya se habían cumplido totalmente, con la encarnación, el
nacimiento y la muerte de Jesucristo. El etíope creyó y fue bautizado.
El Espíritu de Dios condujo después a San
Felipe hacia Azotus, donde predicó lo mismo que en todas las ciudades por las
que pasaba, hasta llegar a Cesarea, que tal vez era su lugar de residencia.
Unos veinticuatro años después, cuando san Pablo visitó Cesarea, se hospedó en
la casa donde san Felipe vivía con sus cuatro hijas solteras, que eran
profetisas. De acuerdo con una tradición griega posterior, san Felipe llegó a
ser obispo de Tralles, en Lidia. Eusebio de Cesarea menciona a Felipe el
diácono, aunque no cuenta más que lo que dice Hechos, pero en una sección donde
habla de Felipe el apóstol cita un escrito de Próculo donde dice: «Después de
Felipe, hubo en Hierápolis (la de Asia) cuatro profetisas que eran hijas de
éste. Su sepulcro y el de su padre se hallan en aquel lugar» (H.E. III,31,4).
Parece claro que, aunque Eusebio se haya confundido y citado este testimonio en
relación a Felipe el apóstol, se refiere en realidad, con toda probabilidad, a
Felipe el diácono, cuyas cuatro hijas, vírgenes y profetizas, son ya conocidas
por el Nuevo testamento (Hechos 21,9). En suma, no se sabe con certeza el lugar
donde murió Felipe el diácono. El Martirologio Romano actual prefiere ceñirse
al dato más seguro, Cesarea de palestina, que proviene del Nuevo Testamento.
Ver el Acta Sanctorum, junio, vol. I;
también Eusebio y las introducciones modernas a Hechos de los Apóstoles, como
Comentario Bíblico San Jerónimo, tomo III (Hechos) y especialmente Nuevo
Comentario Bíblico San Jerónimo, Nuevo Testamento, Hechos, nº 59 (p. 234).
Vale, naturalmente, para Felipe el diácono lo mismo que está escrito sobre
estos diáconos en el artículo de san Esteban.
Este artículo está basado en el Butler, pero con amplias revisiones.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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